Capítulo 1
Un día, un muy feliz y orgulloso padre irrumpe en la sala de maternidad, su enorme sonrisa llena su rostro y lleva consigo una cámara gigante. Hacia tan solo medio segundo que el médico le dijo:
—¡Su hija nació sana!
De tan solo 5 minutos obtuvo un cuarto de álbum familiar y otro medio kilo de fotos que quedaron aparte, el mejor trato que pudo conseguir. Siempre que sostenía a su bebe en brazos le tarareaba una canción, misma que su esposa tuvo que aprender porque se volvió la única forma de hacerla dormir.
Otro día, pasea con ella por el parque, acomoda una manta en el suelo y disfruta de una tarde con su familia. Ríe mientras su pequeña intenta agarrar las aves que vuelan sobre ellos.
Luego, grita como maniaco bailando y festejando las primeras palabras de ella, aunque a su esposa no le gustó tanto que dijera “Papa” en vez de “Mama”. Una publicación en internet explicando la situación dejo en claro su postura, sobre todo con el final “¿Pueden creer tanto desagradecimiento?”. El no dejaba de hacerle burla a su esposa, durmiendo en el sillón por 2 meses como un absoluto ganador.
Cuando no trabajaba, se la pasaba con ella y le daba el tiempo sobrante a su esposa, quien siempre se vio obligada a tomar el papel de la villana. Él no podía decir que no, si quería helado lo tenía, si quería dulces los tenia ¿Pasear? Paseaban, aunque le costara dormir en el sillón.
En cierta ocasión, la esposa salió de compras y el, apodado “Deri” por qué su hija se negaba a decir “Fe” y “co”, se quedó jugando con ella. Ella se quedó dormida sobre la hierba del patio, bajo la sombra, Deri permaneció a su lado, mirando su barriguita subir y bajar mientras se preguntaba sobre su sueño.
—¿Deri? ¡Deri!
—¿Ah? Ah, hola amor ¿Qué hora es?
—Las 5 y media ¡Me canse de llamarte para que me ayudes! ¿Qué estabas haciendo?
—Créelo o no; pero me pase más de una viendo a Lucia dormir, ya te ayudo.
A su tiempo, se la pasaba llorando todo el tiempo que su hija se la pasaba en el jardín. Afortunadamente ella heredo el carácter de su madre, por lo que se encargó de ser fuerte por su padre. Gracias a esto, madre e hija llegaron a unir fuerzas; pero Lucia desertaba de la alianza según le convenía.
Con 5 años, ella miró a su padre por encima del helado y vio, como toda su vida, los brillantes y felices ojos de su padre. Esa adoración de su parte despertó una curiosidad enorme dentro de ella.
—¿Por qué me miras tanto papa?
—Porque si un día despierto y descubro que esto fue un sueño, quiero llevarme tu rostro conmigo y no perderme un solo detalle ¡Auh! — Había recibido una patada por debajo de la mesa.
—Te dolió y sigues aquí ¡No es un sueño!
—Si tú lo dices entonces es cierto — Como venganza por patearlo le mancho la nariz con helado.
Había muchas expresiones y momentos que él no llegaba a fotografiar y quería mostrárselos a su esposa y guardar para el futuro. Así que empezó a estudiar arte, se volvió un experto en dibujo y coloreado, a pesar de sus capacidades nunca busco reconocimiento. El siempre prefería los dibujos infantiles de su hija antes que los suyos propios.
Era una vida hermosa, feliz, la vida de ensueño que cualquiera pudiera desear; pero todo había sido de subida para él y todo lo que sube, tiene que bajar. El final de esa vida, mas no de esta historia, llega en una agradable tarde de invierno, mientras viajaban por ruta, el auto se descarrillo en un puente.
Lucia gritaba llena de miedo, veía a su adorado padre colgar del auto sobre el vacío, su madre apenas reaccionaba. El trataba de calmar a su hija; pero su cuerpo pegaba fuertes sacudidas cuando el cinturón amenazaba con soltarse.
—Tranquila mi amor, todo saldrá bien, despierta a mamá, ella sabrá que hacer, siempre sabe qué hacer.
Lucia golpeaba el rostro de su madre suplicándole que despertara; pero la sangre que salía de su cabeza era mucha. Lucia no se bajaría, asi que Deri dependía que su querida esposa tomara a su hija y salieran del auto.
Entonces, el auto se sacudió, arrastrándose un poco mas hacia el borde y un trozo de concreto golpeo su cabeza, haciéndole un corte. Con una fuerza desconocida, Deri consiguió estirar su otra mano para evitar que Lucia cayera del auto.
—¡Ya despierta maldita sea!
Grito con todo el aire de sus pulmones, logrando que ella reaccione tomando a su hija y retrocediendo al asiento trasero. Pero la puerta estaba trabaja, no iban a poder salir y el cinturón parecía no querer ceder más. El auto iba a caer, con los 3, al abismo.
Lucia se escapó de los débiles brazos de su madre y se asomó por la puerta.
Deri había soltado el cinturón.
La madre y esposa se abalanzo sobre su hija, sintiendo la estabilidad del auto.
—Las amo.
Dijo el, mientras el viento se robaba sus palabras.
Se sentía ligero, como si volara, su cerebro se desconectó de todo mientras abría sus brazos para abrazar a la muerte. Quizás, solo quizás, si le daba un abrazo como se los daba a su hija, le permitiría verla crecer desde el más allá en lugar de tener que esperarla. Mientras cae con los ojos cerrados, repasa la vida de su hija, especialmente sus momentos favoritos, no sabía cuándo llegaría al suelo, solo quería que fuera suficiente como para ver todos sus recuerdos.
Y entonces, desperté.
Estaba en la cama de un hospital, escuchaba los pitidos de las maquinas, mi corazón se estrujo, mi estómago me apretada, mi cerebro parecía seco y mis ojos no dejaban de llorar. Lo único que no hice fue gritar, no tenía fuerza, me aferraba al dolor como si me anclara a algo a través de él, entendía todo y lo ignoraba, oscilaba entre mis pensamientos: No me gustaba ninguna realidad.
Luego de unos minutos me dormi sin mas, soñé con Lucia. La veía de lejos y por mas que corriera no la alcanzaba, como si el piso retrocediera a cada paso. La llamaba a gritos, me desgarraba la garganta y aun asi no me escuchaba. Se giro de súbito y vi su carita triste.
—Me abandonaste.
—¡No hija! ¡Eso no es cierto!
—¡Te odio!
—¡No Lucia, por favor, ven, hablemos!
Desperté gritando el nombre de ella mientras le agarraba la muñeca a una enfermera, una muy confundida. Cuando me di cuenta que no era mi hija, volví a llorar, no podía soportar la realidad que mi cerebro me quería enseñar.
Estaba sentado mirando hacia el frente, a la pared, negándome a mirar por la ventana, porque no la vería a ella. Escuche unos pasos y la voz de la enfermera, traía a alguien consigo, primero no supe que pasaba, mi mente se bloqueaba y hoy si lo se: Venia con mi familia.
—Hola Santiago ¿Has visto a Lucia? ¿Sabes si está bien? — Mi hermano quedo confundido con la pregunta.
—¿Quién es Lucia?
—Creo que no es momento de bromas.
—Hijo ¿Qué te pasa? — Mi pobre madre, ya rota, se enfrentaba al panorama de que su hijo no la viera. Mi hermano estaba muy confundido.
—Bueno, si puedes bromar significa que las dos están bien, eso es suficiente. Por cierto, te ves muy joven ¿Estás haciendo algún tratamiento?
—Sí, me estoy cuidando, es bueno que te des cuenta.
Mi madre no lo soportaba más, ya conocían sobre mi comportamiento extraño; pero fue peor de lo esperado.
—Solo pude tener tiempo por este ratito; pero vendré otro día a verte con más tiempo.
—Okey, ve tranquilo.
Sacaron a mama casi a rastras, apenas conteniéndola para que no cayera. Al día siguiente no pude comer nada, al otro tampoco; pero tenía que cambiar eso, ya no podía vivir del suero.
—Por favor, coma.
Estaba al borde del llanto, luego me entere que estaba en prácticas, pobrecita. Pero también era difícil para mí, algo dentro de mí no quería hacer otra cosa más que dibujar; pero no me dejaban tener un lápiz por miedo a que me lastimara.
—Comeré, a cambio de que me traigas lápiz y papel.
—Lo intentare; pero primero…
Cuando acerco la cuchara con el puré, comí.
A las pocas horas volvió con un cuaderno de dibujo y todo lo necesario para dibujar sin parar. Antes de irse me recordó que debo cuidarlo y que nadie lo vea. Me quede con el papel y el lápiz, acariciando el ultimo no sé por cuanto tiempo hasta que empecé.
—¿Quién es la niña que dibujas?
—Lucia, mi hija.
Aunque estaba lucido, a veces respondía automáticamente y sin control, aunque también era porque tenía confianza con esa enfermera, no me juzgaba, no se espantaba, me hacía sentir seguro dentro de una vida que no entendía y que tampoco quería.
—Es un dibujo muy bueno, esplendido de hecho, puedo incluso notar el parecido.
—Gracias, aunque… Sé que no es real, sé que todo eso lo viví en coma, que ella no… Existió, ni todos esos recuerdos — Aunque lo decía en voz alta, parte de mi lo negaba, no lo aceptaba, lo odiaba, era muy difícil ver la realidad en su totalidad —Se lo que pasa, lo sé, aun así él no se va, sigue ahí, sigue aquí.
—¿Quién sigue aquí?
—Yo; pero no el yo que habla con usted, el yo falso, el padre de Lucia, sigue conmigo y no me deja ver a mis padres.
Sinceramente, yo mismo pensé que estaba perdiendo la cabeza, que no me iba a quedar más remedio que ser internado por esta situación, acabar perdiendo todo, de nuevo y esta vez de verdad.
Para resumir las visitas del psiquiatra, quedamos en llamarlo “Deri” y en que la razón por la que no veía a mis padres, era porque para él ya habían fallecido. Podía ver a mi hermano por que seguía vivo y a todas las demás personas por que no habían estado en la fantasía. Llamar “fantasía” a esos 9 años me dolía de manera inimaginable, aun hoy me cuesta hacerlo.
Mientras tanto, yo dibujaba, solo dormía cuando mi cuerpo se rendía a las pastillas.
Mi familia volvió luego, hablaba con mi hermano, Deri tomaba el control y no paraba de hablar de Lucia. Secretamente le había mostrado los dibujos y nuestros padres también los vieron mientras contaba las historias. Mama se sentía tranquila al verme hablar tan alegre de ella y papa, el incluso había llorado deseando que existiera.
—Son unos dibujos muy hermosos — Las palabras de la enfermera me habían sacado del trance —Perdón, no quería distraerte.
—No te preocupes y… Gracias.
—¿Quién es ella?
—La madre de Lucia, mi… Supuesta esposa.
—¿Por qué no dibujas su rostro?
—Porque ella existe, no quiero que nadie se confunda ni que ella se sienta incomoda, es para protegerla.
—Eso es muy noble.
Ella no me conocía, la habían asignado a mi cuidado tan solo unas semanas antes de que despertara; pero siempre me cuido, me dio la más sincera y desinteresada ayuda. De hecho, fue gracias a sus esfuerzos que eventualmente mis elementos de dibujos fueron aceptados y hasta recibí colores.
Con un engaño de mi hermano de por medio, mi mama me los entrego y toque su mano por un segundo. Pude verla, realmente verla, incluso decirle gracias antes de que Deri regresara.
Luego de ese momento, hable con el psiquiatra y la enfermera para preparar un plan, ya había sido suficiente de escapar de este problema.
Era hora de golpear el suelo.
Fue en otra visita de mi familia, la enfermera había escondido un espejo a los pies de la camilla, Deri reaccionaba de forma agresiva a los reflejos y el psiquiatra determino que era el impacto visual del rostro. Íbamos a obligarlo a ver su rostro, a verme a mí.
Santiago lo hizo hablar de Lucia, mis padres me rodeaban, estaba tan débil que ellos eran suficientes como para sostenerme. Debían ser ellos, pues eran invisibles para Deri, una vez que mi hermano estuvo listo, se preparó y levanto el espejo.
—¡NO! ¡NO! ¡NO! — Gritaba y pataleaba, cerro sus ojos; pero ya era tarde, había conseguido acceso mutuo —¡Mira al espejo! ¡Mírame Deri! — Y pasó lo más extraño y surrealista, vi a Deri sentado en la camilla y viceversa —Hola, Deri — Su rostro se retorcía de horror —Al fin nos conocemos.
—¿Por qué? ¿Por qué me haces esto?
—Porque no puedo vivir así, porque no podemos vivir así y porque no puedes vivir así.
—Sí, sí puedo.
—No es cierto ¿Cómo podrías vivir sin alcanzar a Lucia?
—¡No hables de ella! — Mientras el llora y habla con furia, yo permanezco tranquilo y calmado, era el mismo cuerpo; pero… Dos diferentes.
—Puedo y lo hare, porque es nuestra hija, tu construiste tu vida a partir de la mía y ya se acabó.
—¡No, no se acabó! ¡Yo sobreviví!
—¡Escúchate! ¿Enserio crees que es posible sobrevivir a esa caída? Tal vez incluso moriste antes de tocar el suelo, no eres idiota — Sus lágrimas se hacían más profundas mientras hablaba —Ya viviste y lo disfrutaste, 9 hermosos años junto a una hermosísima hija, Deri, entregaste tu vida por la de ella, para que siguiera viviendo; pero… ¿Quién era Lucia?
—¿Qué, de que hablas?
La enfermera saca un dibujo de Lucia, el más grande que llena toda la hoja.
—Siempre lo supiste, todo el tiempo, sabias que era un sueño; pero ahora es una pesadilla.
—Prefiero que sea una pesadilla antes que abandonarla.
—Pero no la abandonarías, tú no la abandonaste ¿Cierto?
—Papi?
—¡Lucia, mi amor!
—¿Es cierto, no me abandonaste?
—No, mi amor, nunca podría, es solo que…
—Tenías que hacerlo, lo sé, mama me lo explico, si no… Si no te…
—No llores hijita, tranquila, ahora estamos juntos de nuevo.
—Si… Eso es cierto papi, así que… Deja que Federico vuelva.
—Pero… Si lo hago, desapareceré ¡Desaparecerás! — Y entonces éramos lo 3 en escena ahora.
—Eso no es cierto, ninguno desaparecerá, estarán siempre conmigo.
—¿Harías eso… Por nosotros?
—Ustedes han hecho mucho por mí, me enseñaron muchas cosas, sería imposible no recordarlos, sin parte de mí, de mi vida.
—Gracias, Federico, muchas gracias.
—Papi, Federico ¿Podríamos cantar una vez más?
Intercambie miradas con Deri y empezamos a cantar, Lucia nos hacia los coros hasta que tomo el control del ritmo. Para cuando termino la canción, Deri ya se había ido, la lagrima que cayó de mi rostro era el, quien golpeo el suelo cuando golpeo la sabana.
—Hola ma, pa.
Lo alcanzaron las manos para abrazarnos, finalmente había regresado.
Desde entonces, no deje que nadie olvidara a Deri, a Lucia o a la “Mujer de la sonrisa”, como nombre a la mama de Lucia. La vida de ellos recorrió el mundo y me permitieron recuperar la mía. Aun así, retrase esta escritura por mucho tiempo; pero con el nacimiento de mi propia y verdadera hija, era ya momento de compartir el cierre.
Recuerdo claramente cuando nació, hermosa y perfecta, el medico nos preguntó por su nombre, no lo habíamos hablado; pero no había necesidad, su nombre siempre fue Lucia.
Ella ama las aves, tiene su propia camarita, no puedo decirle que no y hoy, mientras termino de escribir esta parte de mi historia, escucho a mi hijita llamarle a gritos por mi apodo “¡Deri, ven, ven!” y yo solo puedo decirle.
¡Voy! ¡Mi amada hija!