CALLE EL NIGROMANTE: EL RENACER

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Sinopsis

Una historia de dolores que se vuelven parte del cuerpo, de afectos que se deshacen en la distancia… y de un muchacho que, entre escombros, aprende a ser su propio refugio.

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
ENRIQUE B. D.
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

CAPITULO 1: EL OCASO

Era una hermosa tarde de febrero, Santi entró en su pequeño departamento situado en el centro de Morelia, cerrando la puerta con un pequeño suspiro. Había sido una semana agotadora, llena de papeleo y clientes exigentes en el banco, pero finalmente era viernes, su día favorito de la semana. Estaba tan cansado que dejo su mochila sobre el sofá, camino directo al baño buscando agua fría para despejarse y relajarse un poco. Está noche tenía una cita con Jocelin; hacía semanas que no salía a una fiesta y ella le había asegurado que esta salida sería inolvidable.

Morelia vibraba con una energía especial cada fin de semana. Desde su ventana Santi observaba cómo el atardecer teñía las fachadas coloniales del centro, trasformando la cuidad en un cuadro de tonos dorados y violetas. Las calles se llenaban de luces cálidas y reflejos de unas noches llenas de estrellas, y conforme avanzaba la noche, el bullicio de la gente, las risas y la música comenzaban a envolver la ciudad.

Santi al pararse enfrente del espejo de su cuarto se mira y recuerda que es un joven lleno de vida que debe divertirse a pesar de todo el estrés del día a día. Mirándose ve su piel morena resaltaba muy bien bajo la luz de su cuarto, y el reflejo del espejo le devolvía una imagen de unos ojos grandes color verdes, grandes, profundos y curiosos, enmarcadas por unas dos cejas oscuras que le daban una expresión segura y cautivadora. Llevaba una barba ligeramente recortada con un estilo desordenado que resaltaba su mandíbula bien definida y un cabello negro, de una forma gruesa y algo desordenada, que parecía encajar a la perfección con su estilo relajado que a el le gustaba llevar.

Aquella noche, eligió una camisa oscura que ajustaba a sus hombros anchos y resaltaba la forma de su torso. Sus pantalones, ceñidos pero elegantes completaban el look sexy y despreocupado que sabía como llevar. Después de vestirse y terminar de verse en el espejo intento imaginar cómo sería la noche que le aguardaba.

“Debería ser una salida más”, - Se dijo a sí mismo.

Pero una sensación de expectativa latía en su pecho, algo que no podía definir pero le emocionaba y le causaba alegría.

Al salir de su departamento sintió el aire fresco de la noche y el eco de sus pasos sobre las calles empedradas le recordaron por qué amaba esa ciudad.

Se había quedado de ver con Jocelin en la gran catedral de Morelia en la entrada principal, que brillaba majestuosamente bajo las luces doradas que resaltaban cada arco y cada detalle arquitectónico.

Al verse a lo lejos los dos empiezan a caminar deprisa y al llegar, se dieron un gran abrazo, Jocelin con su sonrisa picarona de complicidad y su estilo inigualable de vestir le da un beso en la mejilla.

¡Santi! Esta noche te lo prometo, no nos vamos a arrepentir – dijo ella, guillándole un ojo.

Ambos caminaron juntos hacia el antro tomados de la mano, al llegar las luces de neón y la música retumbante los esperaba, con una vibrante promesa de desinhibición. Y entre risas y miradas de complicidad ingresaron al lugar.

En ese momento la música pulsaba como un latido, y Jocelin y Santi se movían al ritmo de las luces y la música, sintiendo el calor de los cuerpos y de todo a su alrededor. El ambiente vibrante envolvía a todos en un frenesí seductor, y él, con su sonrisa enigmática, parecía brillar en medio de la multitud. Las miradas se deslizaban hacia él, algunas con curiosidad, otras con una chispa de deseo, Santi lo sabía, pero a pesar de la atención, se sentía por instantes con un vacío persistente agitándose en el interior. Todos esos encuentros, miradas y sonrisas siempre terminan del mismo modo: en un instante de fugaz conexión, seguido de un hueco en el alma que nunca puede llenar.

Jocelin por momentos se desaparecía de la vista de Santi, pero eso no le preocupaba a él, suponía que al ser tan sociable ella estaría hablando con algún chico o chica del lugar. A medía noche Jocelin se acercó a él con una sonrisa traviesa susurrándole algo al oído antes de señalar hacia el otro lado de la pista. Al levantar la vista, Santi se encontró con dos mesas que lo miraban fijamente. La intensidad de sus miradas parecían atravesarlo, desnudándolo con una mezcla de interés y curiosidad. En la primera mesa del fondo se encontraba un hombre muy alto, con una barba bien recortada y una presencia imponente, parecía estar solo en su mesa. La segunda mesa se encontraba el sobrino de un funcionario local y con una chica que parecía su mejor amiga, estas dos mesas no dejaban de sonreír y mirar la mesa, mejor dicho no dejaban de observar a Santi.

Fue entonces que Jocelin le hizo una seña para que la siguiera, y Santi con una sonrisa tentadora y un movimiento fluido se abrió paso entre la multitud hacia ellos.

Jocelin sin conocer al hombre de la primera mesa le presenta a Santi. Al presentarse notan un pequeño acento extranjero, el hombre al pronunciar su nombre Eduardo, el cual extendió la mano hacia él, con una sonrisa que prometía deseo. Santi, sin apartar sus ojos verdes de los suyos, acepto el saludo, sintiendo cómo una corriente eléctrica se deslizaba entre ellos.

Jocelin con su voz entre copas pronuncia:

¡Estoy segura que se llevarán muy bien!, sin parar de sonreír.

Sin percatarse Jocelin estaba juntando a la otra mesa de alado para platicar, en donde se encontraba David el sobrino del funcionario local y su mejor amiga Paola.

El calor en la mirada de Eduardo era innegable, era una invitación silenciosa. Y David también lo observaba con un interés que desbordaba la provocación. Santi sintió cómo algo se encendía en su interior, esa chispa de aventura que lo llevaba a lanzarse a estos momentos sin pensar en las consecuencias, aunque supiera que, en el fondo, sólo era una distracción pasajera. Y, aun así, no podía evitar sentirse atraído. No podía negar que esos instantes de intensidad fugaz, aunque nunca duraran le hacían olvidar por un momento el eco de su propia soledad.

El circulo que formaron parecía aislado del resto del lugar. El ruido, las luces, el mundo entero, se desvanecían alrededor de ellos, como si en ese instante no existiera nada más.

El magnetismo de Eduardo y la intensidad de David le ofrecían un escape, una oportunidad para sumergirse en el momento y dejar de lado la ansiedad y el vacío que sentía en su día a día. Y aunque sabía que este tipo de conexiones nunca lo llenaban por completo, algo en él anhelaba esa intimidad efímera, el ardor y el olvido que sólo estas noches de desenfreno podían brindarle.

Santi les dedico una sonrisa seductora, consiente del efecto que su presencia tenía sobre ellos, y por un momento permitió que su propio deseo y la promesa en las miradas de Eduardo y David dominaran su mente. La noche apenas comenzaba, y aunque sabía que el amanecer traería consigo la misma sensación de vacío, no le importó. Por ahora, sólo quería perderse en esos ojos que lo miraban con promesas de placer, y en esas horas que parecían ser todo, pero que, en el fondo, sabía que desaparecerían con la primera luz del día.


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