Lo que no se dice

Sinopsis

Lincoln tendrá un amorío con varías amigas de sus hermanas va a haber escenas algo subidas de tomo pero no llegando al límite de ser explícitos si les gusta léanlo

Genero:
Erotica
Autor/a:
obertura93
Estado:
En proceso
Capítulos:
10
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Después de la Victoria capítulo 1

Era un día caluroso en Royal Woods. El sol caía con fuerza sobre el campo de fútbol, y las gradas vibraban con la energía de un partido reñido. El sonido de los silbatos, gritos y pasos acelerados llenaban el aire. En medio de esa intensidad, Lynn Loud corría con la mirada fija en la portería rival, el balón controlado como si fuera una extensión de su propio cuerpo.


—¡Dale, Lynn! —gritó Lincoln desde las gradas, con una pancarta improvisada entre las manos que decía “¡Lynnzilla imparable!”.


Con un giro ágil y una patada certera, Lynn envió el balón directo al fondo de la red.


¡Gol!


El público estalló. Sus compañeras corrieron hacia ella, rodeándola en una celebración de gritos y abrazos. Lynn sonreía de oreja a oreja, empapada de sudor, con los ojos encendidos por la victoria.


Ya en la línea de salida, mientras el público comenzaba a dispersarse y las jugadoras iban camino a los vestidores, Lincoln se acercó.


—Lo diste todo allá adentro, hermanita —le dijo con una sonrisa, chocando el puño con el de ella.


—Obvio —respondió Lynn con una risa breve, limpiándose el sudor de la frente.


—Me encantaría quedarme para la entrega, pero tengo que hacer una cosa. Nada grave, solo algo que tengo que arreglar rápido.


—¿Tan urgente?


—Más o menos —dijo él, bajando un poco la voz—. Pero te veo en un rato, ¿sí?


—Está bien —aceptó Lynn, aunque no pudo evitar alzar una ceja.


Lincoln se dio la vuelta y comenzó a alejarse. Lynn lo observó un momento… y entonces lo vio.


Margo. Su mejor amiga.


También se escabullía, no hacia los vestidores ni hacia la zona común, sino en la misma dirección que Lincoln. Caminaba rápido. Demasiado rápido. Y mirando de reojo, como si no quisiera que la vieran.


Frunció el ceño.


Sin pensarlo demasiado, decidió seguirla a distancia.


Margo caminaba con paso decidido hacia el edificio de mantenimiento, una zona poco transitada y cubierta por sombra. Lynn la vio abrir una puerta oxidada y desaparecer dentro. Se acercó con sigilo, pegando la espalda a la pared y conteniendo la respiración.


Desde dentro, se oían voces.


—Ya felicitaste a tu hermana, ¿por qué no me felicitas ahora a mí? —dijo Margo, su tono juguetón, pero cargado de algo más.


Lynn se asomó por una rendija, el corazón en la garganta.


Era Margo. Y frente a ella… Lincoln.


Él tenía las manos en los bolsillos, tenso. No parecía incómodo, pero sí atrapado.


—Sabes que tengo que estar a escondidas de mi familia —murmuró Lincoln—. Y además, tú aceptaste los términos de las demás.


—Sí, lo sé. Los acepté —replicó Margo con firmeza—. Pero aun así me jode. Últimamente pasas más tiempo con las demás que conmigo.


Lincoln soltó un suspiro, el tipo de suspiro que mezcla cansancio con frustración.


-Estoy repartiendo mi tiempo con todas, Margo. Estoy haciendo lo mejor que puedo para que esto funcione sin que nadie se sienta menos.


Ella lo miró directo, sin parpadear.


-Pero yo no quiero ser una más, Lincoln. Cuando estás conmigo... quiero que se note. Quiero sentir que soy distinta, que hay algo más.


Un silencio denso se instaló entre ambos, hasta que Margo se acercó un poco más, bajando la voz a un susurro cargado de intención.


-Y si ya lo sabes... ayúdame a soltar esta tensión. A mi manera.


Lincoln tardó un momento en responder, como si necesitara que esas palabras se asentaran.


-Está bien... pero no hagas tanto ruido -murmuró Lincoln.


Lincoln bajó lentamente, dejando un camino de besos por el vientre de Margo, como si cada roce fuera parte de un ritual que conocía de memoria. Cuando se acomodó entre sus muslos, ella contuvo el aliento. Lo sintió ahí, tan cerca, tan suyo, que su espalda se arqueó por instinto.


Sus manos descendieron hasta su cabeza, enredando los dedos entre su cabello con una mezcla de dulzura y necesidad. No lo empujaba, pero sí lo guiaba, marcando el ritmo con un simple gesto.


-Tú... tú sabes cómo... -murmuró Margo, y sus dedos se aferraron un poco más a su cabello-. No pares... por favor... ahí... justo ahí...


Su voz salía entre suspiros y gemidos contenidos, su cuerpo se movía levemente, como si buscara más, como si no pudiera evitarlo.


-Dios... Lincoln... así... como siempre... me encanta cuando... -el resto se ahogó en un gemido más profundo.


Lincoln se separó apenas un segundo, sus labios húmedos, la respiración acelerada.


-Margo... no te muevas tanto -dijo en voz baja, con una mezcla de risa y advertencia-. Y deja de jalarme el cabello, no quiero hacer esto mal.


Ella soltó una pequeña risa jadeante, sin dejar de temblar por el placer.


-Es tu culpa... -susurró-. Me haces perder el control...


-Pues contrólate tantito -bromeó él, y volvió a hundirse con la misma intensidad de antes, decidido a no dejarla pensar ni un segundo más.


El calor creció entre sus cuerpos. Margo lo sentía todo: la lengua, la presión, la forma en que la recorría sin dejar espacio para pensar. El mundo se desdibujaba mientras su cuerpo se tensaba, al borde de algo que sabía que no tardaría en llegar.


-No pares... Lincoln... hazlo más... más fuerte... como esa vez en el sillón... ¿te acuerdas?


Lincoln levantó la vista, arqueando una ceja, con esa sonrisa que la volvía loca.


-¿Quieres un déjà vu?


Ella se mordió el labio, asintiendo apenas, suplicante.


-Tal vez -respondió ella, mordiéndose el labio-. Pero no me hagas esperar.


-Está bien -dijo Lincoln, volviendo a rozarla con los labios-, pero no te quejes si terminas gritando otra vez.


Él respondió con una risa baja, y se inclinó otra vez. Esta vez no fue suave. Fue voraz, decidido, como si quisiera arrancarle cada suspiro, cada grito contenido.


Margo no pudo contenerse. Su cuerpo temblaba con cada movimiento, con cada caricia húmeda y profunda. Sus dedos se aferraron con más fuerza al cabello de Lincoln, guiándolo, rogando sin palabras que no se detuviera.


-Sí... así... no pares... -susurró entre gemidos, con la respiración entrecortada y el rostro ardiendo.


El ritmo fue subiendo, sus caderas moviéndose casi sin control, buscando más, sintiendo cómo todo dentro de ella se tensaba al borde de estallar. Hasta que, finalmente, con un suspiro quebrado y un estremecimiento imparable, Margo se arqueó y lo cubrió con sus fluidos, el clímax recorriéndola por completo, dejándola sin fuerzas.


Lincoln apenas se apartó, relamiéndose los labios con una sonrisa silenciosa, mientras la observaba recuperarse, aún temblorosa.


Lynn se quedó paralizada.


Sintió cómo la sangre le bajaba del rostro y el estómago se le apretaba. Sin pensarlo, se agachó y se ocultó. Cerró los ojos con fuerza. El murmullo lejano del campo, el canto de los pájaros, todo se volvió un zumbido en sus oídos.


No quería ver más. No quería escuchar más.


Pero ya era tarde. Ya lo había visto. Ya lo había escuchado.


Lynn regresó con pasos rápidos, la cara rígida y el corazón latiendo con fuerza. No quería pensar. No quería imaginar. Solo necesitaba actuar como si nada hubiera pasado.


-¡Ahí estás! -exclamó Rita Loud, abrazando a su hija-. ¡Gran partido, cariño!


-Sí, sí... gracias -respondió Lynn, con una sonrisa falsa. Su mirada vagó por los alrededores, como si esperara que el piso se abriera y la tragara entera.


Lori, Luan y hasta Leni estaban ahí, tomándose selfies y conversando. Luan incluso soltó un chiste que Lynn no alcanzó a procesar. Todos estaban felices. Todos excepto ella.


Unos minutos después, Lincoln apareció desde el otro lado del gimnasio. El cabello algo revuelto, la camisa desacomodada y ese gesto de satisfacción apenas contenido. Se limpiaba la comisura de los labios con disimulo, como quien acaba de saborear algo... peculiar.


-Perdón, me tardé. Fui al baño -dijo sin mucha convicción, evitando mirar a Lynn directamente.


Ella lo miró de reojo. No dijo nada. No tenía por qué.


Pero lo supo.


Lo supo por la forma en que respiraba. Por el leve sonrojo que todavía no se le borraba. Por cómo evitaba contacto visual.


Y porque ella ya había estado ahí.


Lincoln no tenía idea de que había sido visto. No aún.


Pero Lynn... ya no veía a su hermano de la misma manera.


Ya era de noche en la casa Loud. Las risas y conversaciones que llenaron el comedor durante la cena se habían apagado, y cada uno de los hermanos se había retirado a su cuarto.


Lynn estaba acostada, boca arriba, mirando el techo sin realmente verlo. La habitación estaba en penumbras, solo iluminada por la tenue luz del pasillo que se colaba por debajo de la puerta.


No podía dormir.


Sus pensamientos eran un torbellino. Volvía a ese momento una y otra vez. La conversación. Las palabras susurradas. La cercanía. La actitud de Lincoln. El tono de voz de Margo. Y sobre todo, lo que él hizo... sin ningún tipo de vergüenza.


¿Cómo no se dio cuenta antes?


Lincoln siempre había sido reservado, sí. Pero eso... eso era otra cosa. Era como si estuviera llevando una doble vida. Y lo peor es que lo hacía con total naturalidad. Sin culpa. Sin temor.


Lynn apretó las sábanas entre los dedos.


"¿Qué estás ocultando, Lincoln?", pensó, cerrando los ojos con fuerza. "¿Y por qué siento que esto es solo la punta del iceberg?"


Ya no era solo curiosidad. Era necesidad. Tenía que saber. Y no iba a descansar hasta descubrir qué demonios estaba pasando con su hermano.


Mientras tanto en otra habitación Lincoln estaba sentado en el borde de su cama. La tenue luz de la lámpara apenas iluminaba su rostro. Sus ojos, serenos pero cargados de pensamientos, se clavaron directamente hacia el frente. Como si hablara con alguien invisible.


-Creo que vieron más de lo que debería -dijo de repente, como si hablara con alguien más. Como si supiera que lo estaban observando-. Sobre todo si me han seguido hasta ahora.


Hizo una pausa. Su respiración era lenta, calculada.


-Hay cosas que mi familia no sabe... y supongo que ahora ustedes sí. O al menos parte. Así que sé que habrá preguntas -sonrió apenas, con ese gesto suyo entre ironía y resignación-. La respuesta corta es que no es lo que parece.


Volteó hacia un lado, mirando hacia la cámara imaginaria.


-Y la larga... bueno, la larga tomará un poco más de tiempo.


Cerró los ojos un momento, como si estuviera pesando las próximas palabras.


-Creo que conocieron a la primera. Margo y sé que también escucharon... y probablemente ya quieren saber quiénes son las demás.


Otra pausa. Sus labios se curvaron en una mueca tranquila.


-Pronto las conocerán.


Se giró hacia el lado contrario, tapándose con la sábana hasta los hombros.


Lincoln cerró los ojos.


Y se quedó dormido

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