Alas de Cristal: La Última Elección

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Sinopsis

En un mundo donde las personas eligen el día de su muerte para despedirse y revelar verdades ocultas, Helena muere sola y amargada, anhelando el amor que nunca pudo alcanzar. Sin embargo, su alma recibe una segunda oportunidad en Veluen, “el mundo que espera, pero no promete”, un reino celestial donde cada alma alada debe cumplir una misión basada en la emoción más profunda que anhela vivir. Con alas de cristal rojo que reflejan su deseo de amor, Helena despierta en este extraño lugar donde no se puede mentir y la única forma de avanzar es enfrentando el pasado y aceptando el futuro. Junto a Kael, un joven fuerte y decidido, y Tali, una alma miedosa pero valiente con alas de escarabajo, Helena se embarca en una aventura para cumplir su misión. Pero no todos lo logran: quienes fracasan desaparecen para siempre. En un mundo donde cada burbuja soplada desde la Fuente de los Comienzos abre el camino hacia el destino, Helena y sus compañeros deben encontrar la fuerza para volar alto y enfrentar la última prueba que decidirá si su alma continuará existiendo o se perderá en el olvido.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
akisefredy
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1: El Último Primer Día


En el mundo que Helena conocía, la muerte había dejado de ser una sorpresa cruel y dolorosa. La humanidad había aprendido a programar el día en que cada uno partiría, eligiendo con precisión cuándo dejar atrás la vida. No había agonías solitarias en hospitales ni despedidas improvisadas. Había fechas marcadas con esperanza o con miedo, según la historia de cada familia.

En el mundo real, la muerte llegaba con monitores apagándose, cuerpos inmóviles sobre camas frías y silencios que dejaban huecos eternos. Pero en la tribu de Helena, morir era distinto. La muerte se elegía.

Se escogía un día, una hora, y se preparaba una despedida. Algunos morían rodeados de amor, otros cubiertos por verdades que lastimaban más que la ausencia. Para Helena, no hubo ni despedidas ni palabras. Solo una cama vacía, una casa silenciosa y un eco de cosas no dichas.

Helena era una mujer de cabello blanco como la ceniza, piel pálida y mirada endurecida por años de soledad. Su vida se había consumido en rutinas, orgullo y paredes cerradas, hasta que un día, sin compañía ni lágrimas, eligió partir.

Unos días antes, sin embargo, algo se despertó en su memoria. Recordó a su abuela, una mujer de voz suave que le contaba cuentos cuando era niña. Uno en especial regresó a su mente como una brisa cálida: un mundo suspendido entre la vida y la eternidad, donde las almas con emociones incompletas vivían una segunda oportunidad. “Un lugar para volar, si aún te queda un motivo”, decía su abuela, acariciándole el cabello.

Y entonces, Helena cerró los ojos… y despertó.


Sus párpados se abrieron con dificultad. La luz era suave, no blanca ni cálida, sino de un azul iridiscente que flotaba como niebla. Debajo de ella no había tierra, sino nubes que sostenían su cuerpo con dulzura. A lo lejos, una estructura inmensa se alzaba hasta el cielo: un árbol de cristal. Sus ramas infinitas se extendían como caminos flotantes, y en su interior, hogares luminosos se distribuían en espirales.

Estaba en Veluen. El mundo que espera, pero no promete.

Helena se incorporó con lentitud. Su cuerpo se sentía distinto: más joven, más liviano. Su cabello ya no era blanco, sino rojo encendido como brasas. Al estirarse, dos alas se desplegaron de su espalda. Eran de cristal, y al moverse, producían un leve tintineo como copas de vidrio chocando.

—Bienvenida, Helena —dijo una voz profunda, envolvente.

Frente a ella flotaba una figura humanoide de piel azulada y luminosa, sin rostro, sin género. Su voz no venía del exterior, sino de su mente misma.

—Has llegado a Veluen. Aquí no hay muerte, solo propósito. Este es el lugar al que vienen las almas marcadas por una emoción inconclusa. Lo llamamos una herida pura.

Con un gesto, el ser azulado la guió por un camino flotante hacia el gran Árbol de Cristal. Desde lo alto, Helena pudo ver cientos de figuras con alas distintas desplazarse entre las ramas: algunas danzaban, otras entrenaban, otras simplemente meditaban.

—Cada alma que llega aquí recibe alas. Estas no son un adorno, sino un reflejo de tu misión en Veluen —explicó el ser—. Hay seis tipos principales de alas:

Alas de Drak, escamosas y oscuras: para quienes deben enfrentar su furia o dominar su poder interior.

Alas de Ixyel, delicadas como las de un insecto: para quienes buscan hallar su voz o superar el miedo.

Alas de Mur, grandes y membranosas como las de murciélagos: para quienes deben mirar hacia su oscuridad sin temerla.

Alas de Naira, de cristal transparente: para quienes anhelaron el amor, pero no supieron vivirlo.

Alas de Sayel, suaves y aéreas como las de una mariposa: para quienes olvidaron su valor o belleza.

Alas de Zarek, rugosas y duras: para quienes han de aprender a soltar el control y confiar.

Helena miró sus alas cristalinas con asombro.

—Tus alas son de Naira. Indican una vida marcada por el amor no vivido. Aquello que no diste, o no supiste recibir. Aquí, tendrás una segunda oportunidad.

El ser extendió una mano. Un haz de luz roja descendió sobre Helena, envolviéndola.

—Desde ahora eres Helena de Naira. Portadora de alas de cristal. Guardiana del amor no vivido.

La luz se desvaneció. Helena sintió un leve temblor bajo los pies. De entre las ramas del Árbol de Cristal, una figura descendió volando.

Era un joven de complexión fuerte, mirada profunda y alas como escamas de obsidiana con vetas encendidas. Al aterrizar, dobló las alas con precisión y se inclinó con respeto.

—Él te mostrará Veluen —dijo el ser azulado antes de desvanecerse en el aire.

—Soy Kael de Drak —dijo el joven—. Y tu vuelo apenas comienza.

Helena no respondió. Solo observó sus propias alas brillar mientras el Árbol de Cristal latía como un corazón de luz detrás de ellos.