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The Warriors: Días Retorcidos

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Sinopsis

En una ciudad donde la justicia está ausente y el dolor se oculta entre sombras, Twisted emerge cada noche para castigar a los pecadores. No es un héroe, ni un monstruo común: es el resultado de una crueldad mayor. Días Retorcidos es una historia oscura de venganza, horror psicológico y violencia gráfica. Ideal para lectores que buscan antihéroes extremos y tramas que exploran los límites de la moral. La portada de esta historia fue creada con el apoyo de inteligencia artificial bajo dirección creativa y artística del autor. Toda la composición, diseño del personaje y enfoque visual fue definido por Geron Gonzalez Cruz (InkGeron).

Genero:
Thriller/Action
Autor/a:
Geron
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capitulo #1: Una rutina nocturna

⚠️ ADVERTENCIA DE CONTENIDO

Esta historia contiene violencia gráfica, lenguaje fuerte y temas sensibles como intento de suicidio, abuso sexual y algo de alcoholismo, armas de fuego y temas fuertes como canibalismo, desmembramiento, mutilación, extracción de órganos y exhibición publica de cadáveres. Todo se presenta como parte de una narrativa de justicia oscura, y urbana dentro de un universo ficticio. No se glorifican ni se aprueban estas acciones. Se recomienda discreción al lector.

El cielo se teñía de naranja mientras el sol desaparecía tras los edificios de la ciudad. En lo profundo de los callejones, donde ni siquiera las farolas se atrevían a iluminar, algo emergía entre las sombras: una figura alta, encorvada, cubierta por una capucha marrón que ocultaba un rostro deformado por la evolución... o por el horror.

Twisted caminaba arrastrando los pies, sus garras golpeaban el asfalto con un ritmo lento. El eco de su estómago rugiendo rompía el silencio entre los muros sucios.

—Carajo... —susurró—, tengo mucha hambre...

Su nariz se percató del olor de un contenedor repleto de basura. Se acercó, sin dudar, y comenzó a rebuscar entre los desperdicios. Sin asco, sin pausa.

Masticaba botellas y latas, sobras de carne podrida, lo que fuera que calmara ese vacío interno.

De repente, algo se movió. Una rata, gorda y veloz, salía corriendo de otro contenedor. Twisted sonrió con malicia y la atrapó al vuelo por la cola. El animal chillaba con desesperación.

—Jejeje... vaya vaya... parece que es mi noche de suerte. —levantó la rata a la altura de su nariz—. No te preocupes, amiguito... esto será rápido.

Abrió la boca. Dos hileras de dientes afilados relucían bajo la luna. Su lengua reptó como un látigo, sedienta de carne. Pero un sonido lo detuvo.

Chillidos. Pequeños y agudos. Miró hacia abajo. Junto al contenedor, varias crías de rata asomaban sus narices, temblando, y hambrientas.

Twisted frunció el ceño. Bajó la mirada a su presa. Era su madre.

Suspiró con fuerza, como si el hambre se convirtiera en culpa por un instante.

—Oh... una disculpa... —dijo y soltó a la rata.

Rebuscó entre la basura, encontró una caja de comida a medio comer y la dejó cerca de las crías y a la madre.

—Tomen... necesitarán esto más que yo... —se dio la vuelta y se alejó, no porque le doliera, Twisted no tenía corazón para eso, sino porque su código interno, ese retorcido sentido de justicia, le impedía devorar a una madre frente a sus hijos.

Minutos después, emergió de los callejones e intentó mezclarse con la gente en la avenida. Difícil tarea para alguien que medía más de dos metros y caminaba como si arrastrara la noche consigo.

La mayoría lo miraba de reojo. Algunos cuchicheaban.

—Mira a ese sujeto... —murmuró un hombre—, es enorme.

—¿Será que se sometió a esas operaciones para alargarse el cuerpo? —preguntó una mujer.

Y otros eran menos discretos.

—¡Ja! Parece un poste de luz —dijo un adolescente.

—Mamá, ¡mira! ¡Un hombre muy alto y delgado! —gritó un niño.

—No te le acerques hijo —respondió su madre, disgustada—, qué espantoso...

Twisted no respondía. No porque no escuchara, sino porque no le importaba. Él no era parte del mundo normal. Él era el monstruo que acechaba las sombras... y hoy tendría trabajo. Otra vez.

De repente, un olor atravesó la multitud. Un aroma denso, amargo. Triste. Y desesperado.

Twisted lo reconoció al instante y lo siguió, dejando atrás la avenida y metiéndose entre callejones, en tejados y mas callejones. Allí, en un rincón oscuro, vio una horrible escena: una mujer joven, de no más de veinte años, parada sobre una silla vieja, amarrando una soga a un tubo oxidado de un edificio.

Sus manos temblaban. Su rostro estaba cubierto de lágrimas. La escena lo decía todo.

Twisted no dudó. Se acerco hasta llegar a su lado y... con una de sus garras, cortó la soga justo cuando la mujer apretaba los dientes y saltaba.

La soga cayó al suelo como una serpiente muerta.

Ella cayo al húmedo y frio suelo, con vida. Confundida, miró hacia arriba, y lo vio: una silueta encapuchada, con una sonrisa enorme de dientes afilados. Quedó paralizada del miedo.

Twisted la olfateó

—Grrr... —gruñó.

El olor lo confirmó todo. Abuso. Dolor. E Injusticia.

—Oye... valora tu vida, y cuídala... —dijo mientras le hace un gesto de guardar silencio—, yo me encargo del resto... de él...

Twisted dio un paso atrás. Sus ojos brillaron con locura. Y entonces, sin decir una palabra, se desvaneció en la sombra. Su noche acababa de empezar.

En las afueras de la ciudad, una taberna casi vacía dejaba escapar la risa desagradable de un hombre ebrio.

—¡Cantinero! ¡Otra más! —gritó, golpeando la barra.

Lo que no sabía era que, desde afuera, alguien lo observaba. En la ventana, Twisted, apenas visible en la oscuridad, con una sonrisa afilada como una amenaza muda. Twisted ya había encontrado a su presa.

Dos horas después. El hombre salió tambaleando de la taberna. Afuera solo lo esperaba su vieja camioneta y la carretera oscura.

Subió al vehículo, murmurando incoherencias. Encendió el motor y empezó a conducir, sin darse cuenta de que, muy cerca, su verdugo ya se movía.

—Hmm... —refunfuñó mientras miraba por el parabrisas—, qué raro... estos postes no están encendidos... no veo un carajo...

Las luces estaban apagadas a lo largo de todo el camino. Una oscuridad perfecta para lo que venía.

Entonces, un rugido brutal rompió el silencio. Tronando desde la izquierda.

—¡GRRAAAHHH!

—¿¡Pero que mier—?! —gritó el hombre, pero cuando reaccionó ya era tarde.

El impacto fue inmediato. Algo golpeó la camioneta por el costado, haciéndola girar y chocar contra un poste.

El hombre se sacudió, aturdido, con sangre en la ceja. Salió tambaleando del vehículo, y cuando recupera el equilibrio, mira como quedó su camioneta y rápidamente saca una escopeta. Buscando el qué o quien, fue el responsable.

—¡Sé que estás por ahí! ¡Muéstrate, hijo de perra!

Y luego risas. Risas guturales y burlonas. Sonaban desde todos lados... o de ninguno.

De la oscuridad entre los arboles. Una silueta emergió lentamente.

El hombre disparó, una, dos, tres veces. Pero la figura no caía, casi imposible de matar. Los perdigones impactaban en él, pero su cuerpo los expulsaba con facilidad. Cerrando las heridas tétricamente.

Hasta que de repente, un objeto metálico y brillante es lanzado por Twisted, haciendo un corte casi limpio.

—¡AAHHH! —gritó el hombre, cayendo al suelo sosteniendo su muñeca ensangrentada, sin mano.

Su mano derecha cayó al suelo, dejando un pequeño charco de sangre debajo. Intentó arrastrarse. Con la escopeta quedando atrás. Sangrando como un animal herido.

—¡Jejeje! —Twisted rió mientras sale de las sombras.

Twisted apareció frente a él, con una sonrisa que parecía tallada por el mismo demonio.

El hombre intenta huir, pero Twisted era más rápido.

—Jejeje... ¿A dónde crees que vas? —susurró—, no he terminado contigo...

Un tentáculo emergió de la espalda de Twisted, desgarrando su ropa. Se extendió y atrapó al hombre por la pierna, arrastrándolo lentamente hacia él.

—Nadie escapa de mí... ni de sus viles actos.

El hombre chillaba como un cerdo.

—No... no, no... —gritó—. ¡¡Nooo!!

Twisted rugió y se lanzó sobre él. Dientes. Garras. Carne arrancada. El aire se llenó de gritos, sangre y horror.

El cuerpo del hombre fue despedazado sin piedad.

Twisted mordía, cortaba, arrancaba. La sangre salpicaba la camioneta, las ropas, el suelo. Cada grito del violador se apagaba más rápido que el anterior. Los huesos crujían como ramas secas, la carne se rompía como papel mojado.

—Jejeje... qué pena... —susurró mientras devoraba una pierna—, ya estaba disfrutando tus gritos...

Terminó de hacerlo añicos y lo observó con desdén. Luego sacó su machete favorito y empezó a cortar el cuerpo en pedazos.

Colocó las extremidades y órganos en una bolsa negra, y alguna que otra parte se lo llevaba a la boca. Lo hacía con práctica. Con calma. Como quien guarda herramientas en su caja.

Solo dejó atrás el torso vacío y la cabeza destrozada, sin ojos.

A la mañana después...

Una mujer corría por el parque en su rutina matutina. El sol apenas había salido y la ciudad aún estaba en ese extraño limbo entre el silencio y el caos.

Pasó por debajo de un puente y de repente sintió algo húmedo caer sobre su hombro. Se detuvo.

—¿Hm...? —murmuró, mirando la mancha roja en su ropa.

Giró la cabeza lentamente hacia atrás... y gritó a todo pulmón.

Ahí, colgado del puente por una soga, estaba el cadáver mutilado del hombre. Sin brazos. Sin piernas. Con el vientre abierto y la piel rasgada. Y en la espalda, tallado a cuchillo, había una palabra: “Violador”

La escena pronto se volvió viral, y el parque se lleno de gente. Patrullas. Periodistas. Curiosos, de todo. El cuerpo fue retirado por las autoridades, pero el impacto ya estaba hecho. Que hasta llego a las noticias.

Starnews: ¡Noticias de Último Instante!

«Bienvenidos a Starnews, Noticias de Último Instante. Esta mañana se encontró un cuerpo mutilado en el Parque Verde. Los testigos llamaron a emergencias tras presenciar la escena, y la policía confirmó que el cadáver tenía la palabra “Violador” grabada en la espalda a base de un arma blanca...»

«El rostro era irreconocible, la identidad de la persona aún no ha sido confirmada. Algunos creen que pudo ser un acto de venganza personal, otros... dicen algo más.»

La ciudad entera hablaba del tema. En una cafetería local... la televisión del local mostraba la noticia. Sonando algo estático, los clientes cuchicheaban entre sorbos de café.

—Qué horror... —susurró una mujer.

—Lo sé... ¿Quién haría algo así...? —respondió un hombre, cruzado de brazos.

—Esto me esta poniendo de los nervios... —dijo la cajera—, después de mi turno, me voy derecho a casa.

—Sí... yo también... —asintió la mesera—, ¿Desea más café, señor?

Sentado en una mesa al fondo, un “hombre” con gorra, mascarilla y lentes de sol asintió lentamente.

—Sí, por favor... muchas gracias, señorita.

La mesera sirvió sin sospechar nada. Él levantó la taza, se quitó la mascarilla y bebió en silencio.

Pero bajo los lentes oscuros, Twisted sonreía.

En su interior, reía con satisfacción.

Había cumplido su promesa. Había hecho justicia, la mujer que vio en el callejón siguió con vida y tarde o temprano superara esa pesadilla. Y mientras miraba por la ventana de la cafetería, sabía que esta era solo la primera de muchas noches así de retorcidas.

Muchos más pagarían. No sería rápido. Pero él se encargaría de cada uno.

Fin del Capítulo 1…

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