Prólogo
“Hijo mío. Perdóname por no estar a tu lado. Solo espero que crezcas bien y seas feliz”
Los cuerpos traslúcidos de aquellos viajeros espaciales se estaban difuminando. La pareja que los acompañaba se aferraba fuertemente por las barras de seguridad de la nave, mientras que el bebé situado en la cápsula de emergencia lloraba. Reclamaba por el abrazo de sus padres con urgencia.
Era la primera vez que presenciaban a un ser vivo ir a otra dimensión, en cuerpo y alma. Decían que la experiencia era aterradora, pero emocionante a la vez, dado que solo los espíritus más desarrollados podrían lograr semejante proeza.
La transición dimensional duró poco tiempo, pero permaneció para siempre en la memoria de la joven pareja quien, a partir de ese momento, criaron al hijo de los viajeros espaciales como uno propio.
El tiempo transcurrió y, pronto, aquel bebé pasó de ser niño a un joven dulce y curioso. Dado que provenía de otro mundo, su apariencia distaba mucho a la de sus padres y amigos que hizo en el planeta de acogida. No obstante, todos lo trataron como un igual y sentía que nunca le faltaba nada.
Solo saber cuál era su verdadero origen.