ᴠᴀᴏ̨ᴜᴇʀᴏ [ᴘᴏʀᴛɢᴀs ᴅ. ᴀᴄᴇ x ғᴇᴍ ʀᴇᴀᴅᴇʀ]

Sinopsis

“Ya ponte sabrosa, flojita y cooperando”

Genero:
Romance/Adventure
Autor/a:
Momo
Estado:
En proceso
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

⁰¹ ᴠᴀǫᴜᴇʀᴏ 𖣧


Hiroko se despertó temprano, antes de que el sol saliera por completo. Se estiró y se sentó en la cama, frotándose los ojos para despertar del todo. Se levantó y se dirigió al armario, donde seleccionó un vestido rosa de algodón con encaje blanco. Se lo puso y se miró en el espejo, ajustándose el vestido y peinándose el cabello en un moño simple.


Se calzó unos zapatos bajos de cuero y se dirigió a la cocina para preparar su desayuno. Encendió el fuego y puso una olla con agua a hervir. Mientras esperaba, se sentó a la mesa y se sirvió un vaso de leche fresca. Cuando el agua estuvo lista, preparó un té y se lo bebió mientras comía un poco de pan tostado.


Después de desayunar, Hiroko se dirigió al pueblo para comprar víveres. Caminó por la calle principal, saludando a los vecinos que se encontraba por el camino. Llegó a la tienda de comestibles y entró, saludando al dueño.


¿Qué necesita hoy, señorita Hiroko? — le preguntó el señor Tanaka.


Solo un poco de pan, queso y verduras — respondió Hiroko.


Mientras el señor Tanaka le preparaba la compra, Hiroko escuchó a los clientes que estaban en la tienda hablando sobre los bandidos de Barba Blanca.


Dicen que están rondando pueblos cercanos — dijo uno de los clientes.


No me preocupan — respondió otro — No creo que vengan por aquí.


El señor Tanaka le entregó la compra y Hiroko se dirigió a la cantina, donde trabajaba. Se puso detrás de la barra y comenzó a preparar las bebidas para los clientes que ya habían llegado. Mientras trabajaba, escuchó a los clientes hablar sobre los rumores que circulaban por el pueblo.


Dicen que los bandidos de Barba Blanca están rondando pueblos cercanos — dijo uno de los clientes, un hombre mayor con una cicatriz en el rostro.


Es cierto — respondió otro cliente, un joven vaquero — Mi hermano vio a uno de ellos en el pueblo de al lado. Dijo que era un hombre alto y delgado, con un sombrero café y una pistola en el cinturón.


Hiroko siguió escuchando a los clientes hablar sobre los rumores de los bandidos de Barba Blanca. Algunos parecían creer que eran solo rumores, mientras que otros estaban convencidos de que eran verdad.


Mi primo dice que vio a uno de ellos en el pueblo de al lado — dijo uno de los clientes, un joven vaquero — Dijo que era un hombre de cabello negro, con el pecho semi descubierto y una pistola en el cinturón, además de llevar un collar de cuentas rojas.


Es solo un rumor — respondió otro cliente, un hombre mayor con un sombrero de vaquero — No hay pruebas de que estén en la zona.


Hiroko siguió escuchando, pero no intervino en la conversación. Se limitó a servir las bebidas y a sonreír a los clientes. La conversación continuó durante un rato, hasta que los clientes comenzaron a dispersarse.


La cantina se quedó en silencio durante un momento, hasta que Hiroko se dirigió a la cocina para preparar su almuerzo. La puerta de la cantina se abrió de nuevo, y un grupo de vaqueros entró, riendo y hablando entre sí. Hiroko sonrió y se dirigió a atenderlos.


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Hiroko caminó por el mercado, examinando las telas y la ropa que se exhibían en los puestos. Se detuvo en una tienda de ropa y comenzó a revisar las blusas y los vestidos que colgaban en las perchas.


La dueña de la tienda, una viejecita con el cabello gris y una sonrisa amable, se acercó a ella.


¿En qué puedo ayudarte, hija mía? — le preguntó con una voz dulce y suave. Hiroko sonrió y señaló una blusa de seda azul.


Me gusta esta blusa. ¿Cuánto cuesta? — la mujer sonrió y comenzó a enrollar la blusa.


Es una buena elección, cuesta 50 Berries — Hiroko pagó y se guardó la blusa en la bolsa. La viejecita la miró con una sonrisa.


Ay, hija... Tan bonita que eres y aún estás soltera — Hiroko se rió y se encogió de hombros.


No hay prisa, supongo — dijo, la mujer mayor asintió.


Es cierto, pero necesitas encontrar marido. Eres muy linda y seguramente muchos jóvenes estarían interesados en ti — dijo, haciendo a Hiroko sonrojarse ligeramente.


No lo sé... — dijo, la viejecita sonrió.


Mi nieto Haruta es un buen joven. Me gustaría presentártelo — dijo, haciendo sorprender a la más joven.


Oh, no... No es necesario — La viejecita se rió.


No te preocupes. Solo es una sugerencia — Hiroko sonrió y se despidió de la viejecita, salió de la tienda y continuó su camino por el mercado.


Hiroko continuó su camino por el mercado, pasando por puestos de frutas y verduras, y otros de ropa y accesorios. Finalmente, llegó a un puesto de utensilios de cocina que llamó su atención. El dueño del puesto, la saludó con una sonrisa.


¿En qué puedo ayudarle, señorita? — le preguntó, Hiroko sonrió y comenzó a buscar entre los utensilios de cocina.


Estoy buscando un cuchillo nuevo para cortar carne, algo afilado y resistente — el dueño del puesto asintió y le mostró varios cuchillos. Hiroko los examinó cuidadosamente, probando su filo. Finalmente, encontró uno que le gustó y lo compró — También necesito algunos cucharones nuevos, y algunas copas para mi cantina — El dueño del puesto asintió y le mostró varios cucharones y copas. Hiroko los examinó y eligió los que más le gustaron. Pagó y se guardó sus compras en la bolsa — Gracias por su ayuda — le dijo al dueño del puesto.


El dueño del puesto sonrió y se despidió de Hiroko. Ella continuó su camino por el mercado, sintiéndose satisfecha con sus compras.


Hiroko se dirigió hacia la tienda de la costurera, ella estaba sentada en una mesa, cosiendo un vestido.


Hola, Hiroko — dijo Kimi con una sonrisa. ¿Qué te trae por aquí hoy? — Hiroko se sentó en una silla y Kimi comenzó a tomarle las medidas.


Necesito un nuevo vestido — Kimi asintió y siguió tomando medidas.


Sabes, Hiroko, deberías buscar pareja — dijo con una sonrisa — con la situación y los rumores que hay, es peligroso para una mujer sola como tú — Hiroko rodó los ojos.


No necesito un hombre para protegerme, puedo patear el trasero de quien sea — Kimi se rió, pero su risa sonó un tanto... Sarcástica (?.


Eso es cierto, pero no puedes negar que es más seguro tener a alguien que te proteja. Además, no creo que sea difícil para ti conseguir pareja. Eres muy bonita, tanto en figura como en rostro — Hiroko se sonrojó ligeramente.


No es para tanto — Kimi se rió de nuevo, pero esta vez su risa sonó con un tono de envidia.


Ya quisiera yo tener un cuerpo lindo como el tuyo. Si lo tuviera, usaría pantalones ajustados para presumir mi figura, en lugar de estos vestidos largos que usas tú — Hiroko se sentó en una silla mientras Kimi terminaba de tomarle las medidas.


¿Sabes qué? Me gusta usar vestidos largos y cómodos. Me siento bien conmigo misma cuando los uso — Kimi levantó la vista y la miró con una expresión ligeramente sorprendida.


¿De verdad? Yo pienso que te quedaría usar algo más... ajustado — dijo yHiroko se rió.


No, no. Me gusta la comodidad. Y además, es práctico para mi trabajo en la cantina. No quiero tener que preocuparme por mi ropa mientras estoy trabajando — Kimi asintió, pero su expresión seguía siendo un poco sorprendida, tomó la medida de la cadera de Hiroko y dijo:


Tienes una cadera muy bonita, Hiroko. Muchos hombres te querrían de esposa solo por eso — dijo con una sonrisa, haciendo a Hiroko reír


¿Por qué? ¿Porque creen que tengo buenas caderas para dar a luz? — preguntó con una expresión ligeramente sarcástica.


Sí, eso es lo que muchos piensan. Que una mujer con caderas anchas es ideal para tener hijos — Hiroko se encogió de hombros.


No me llama la atención estar con un hombre que opina así de mi físico. Si tuviera hijos, sería con un hombre bueno y que realmente valga la pena. No solo porque tenga una opinión sobre mi cuerpo — dijo con firmeza.


Al fin y al cabo, terminarás con alguien del pueblo, Hiroko. No hay muchas posibilidades de viajar a otro pueblo a menos que te cases con un hombre de dinero — dijo con una expresión pragmática.


Ese no es problema, Kimi. Cuando me case, la que tendrá el dinero seré yo — dijo con confianza y una sonrisa.


¿De verdad? ¿Crees que podrás mantener tu independencia y tu negocio después de casarte? — preguntó con curiosidad.


Por supuesto. No voy a dejar que nadie me controle o me diga qué hacer. Soy una mujer fuerte y capaz, y no voy a cambiar eso por nadie — Kimi sonrió con una expresión un tanto burlona.


En unos años, ya te veré como ama de casa, con muchos hijos y un marido que te controle todo — dijo con una risa ligera.


Hiroko se quedó callada, sin responder nada. No quería empezar una pelea con Kimi, y sabía que si respondía, solo empeoraría las cosas. Así que se limitó a sonreír educadamente y a cambiar de tema.


¿Cuánto tiempo te tomará hacer mi vestido, Kimi? — preguntó, intentando desviar la conversación hacia un tema más neutral.

Kimi se encogió de hombros, aún con una sonrisa ligera en su rostro.

Unos días, no más. Te lo tendré listo para la próxima semana — dijo, volviendo a su trabajo de costura.


Hiroko se despidió de Kimi y salió de la tienda, sintiendo un ligero alivio al dejar atrás la tensión que había surgido en la conversación. Se preguntó si Kimi siempre había sido así, o si había algo más detrás de su comportamiento. Pero no tenía tiempo para preocuparse por eso ahora. Tenía que regresar a la cantina y prepararse para la noche.