Sofia 1
Nuevo comienzo…
nunca pensé que una ciudad pudiera sentirse tan abrumadora desde el primer segundo. La ciudad de México tiene un ritmo que no espera nadie. Autos, ruido, gente por todas partes… y yo, comí mochila al hombro y un nudo en la garganta, sintiéndome tan pequña como nunca.
Albert abrió la puerta principal con una sonrisa enorme en la cara. Él siempre ha sido así: amable, relajado, como si todo estuviera bajo control.
—¿Lista?— me pregunto.
Asentí, pero la verdad era que no. no estaba lista para dejar detrás mi antigua vida. Ni para vivir en una casa llena de extraños. Ni para aprender a respirar sin mamá. Entramos la casa era enorme paredes claras, muebles modernos y una vibra que no sabría describir
Entramos. La casa era enorme. Paredes claras, muebles modernos y una vibra que no sabría describir… como si estuviera viva.
En la sala habían varios chicos. sentados en sillones, tirados sobre alfombras pegados a sus celulares, o viendo una película en el televisor.
No conocía a ninguno.
—¡Chicos ella es mi hermana, Sofia— dijo Albert con una sonrisa, mientras cerraba la puerta tras de si.
cinco pares de ojos se posaron en mi. Algunos levantaron la ceja, otro solo me observaron por un segundo y luego sonrieron. Uno de ellos. El de rulo despeinados y camiseta blanca se levantó del sillón con energía.
—¡hola! Bienvenida, sofia, yo soy peter— me dijo, extendiéndome la mano como si ya fueramos amigos de toda la vida.
—Soy Alan— añadio otro desde el sillon, con una sonrisa tranquila.
—Alejandro— se presento en siguiente, asintiendo con educacion.
—Adrian— agrego el ultimo, con voz relajada—. Por fin te conocemos. Albert habla de ti como si fueras una princesa perdida o algo así.
Me reí bajito. Por ahora todo iba mejor de lo que esperaba. Al menos ellos eran buena onda.
Exepto uno.
Había un chico sentado en el sillón más grande con el brazo alrededor de una chica que me miró. Él tenía el cabello castaño, revuelto, y un expresión tan seria, que parecía que le molestaba hasta respirar.
Me observó un segundo con esos ojos grises, que ya escalofríos, y luego dijo:
—¿ y donde dormira?, ya no quedan mas cuartos—
Frío. Seco. Como si yo no estuviera ahí.
—contigo— respondió Albert sin titubear—. El cuarto de Marco está libre, pero lo dejó cerrado con llave, y tú eres el único que duerme solo, los demás comparten cuarto, así que por lo tanto dormirá contigo.
El chico soltó un sonido apenas audible, algo entre un suspiro y un bufido, y volvió a la vista del televisor.
No supe qué decir. Ni siquiera sabía su nombre. Pero si tuviera que adivinar… diría que era el típico chico que no quiere que nadie le cambie su rutina. Y claramente yo era una interrupción.
—No le hagas caso— me dijo Peter en voz baja, dandome un pequeño codazo amistoso—. El no es asi normalmente.
—Si, en cerio— añadio Alan, levantando la vista de su celular—. Esta de mal humor, pero es buena onda… cuando quiere.
—¿Y como se llama?— me atrevi a preguntar, apenas en un susurro.
Peter se río.
—Se llama luka, Luka Lancaster.
Y ahí estaba. Nombre y apellido. el chico grosero, que tendría que ver todos los días. El que por alguna razón ya me había juzgado sin conocer.
Lo mire de reojo.
Luka.
Perfecto.








