|Prólogo|

Todos sueñan con ser especiales.
No importa cuánto lo nieguen, todos quieren llegar a ser elegidos, queridos, deseados... Él lo sabe, porque él solía ser así.
Solía desear que lo notaran, o al menos... Bueno, siendo honestos, que lo trataran un poquito mejor de lo que lo hacían.
Había un chico, un Alfa. El único que jamás le había tratado con amabilidad, aquel que le ofrecía su amistad a pesar de que el Omega quería algo más que eso. Solía querer que un Alfa, o al menos un Beta, lo notaran, pero no él. Endo Yamato.
Cuando él lo vio, no se detuvo ante nada, ni nadie, para tenerlo, poseerlo, sin importar que el Omega no lo quisiera.
Sin importar que él fuera el Alfa más poderoso y despiadado que jamás se hubiera conocido.
Pero sobretodo... Sin ser consciente del particular apodo con el que sus ojos lo ven y su serpiente proclama.
Exagerado quizás, pero así sentía toda esa peculiar situación, Haruka.