Acto I — El silencio del Ignorado
En lo profundo de la Gran Tumba de Nazarick, exactamente en la cámara sagrada conocida como la Tesorería, el silencio era un objeto más en la colección. Denso, antiguo, absoluto… salvo por el tintineo metálico de un anillo al ser girado meticulosamente sobre un cojín de terciopelo.
Entre vitrinas mágicas que contenían artefactos de poder divino, cofres con sellos capaces de contener calamidades y columnas talladas con los emblemas de cuarenta y un seres supremos, una figura se movía con una elegancia... peculiar.
Aquel ser no tenía rostro humano: tres orificios —dos para ver, uno para hablar— adornaban su cabeza ovoide. Aun así, cada movimiento que realizaba, desde ordenar gemas por su resonancia mágica hasta verificar la integridad de pergaminos malditos, lo hacía con una precisión quirúrgica. Era un doppelgänger, sí, pero no uno cualquiera. Ese monigote exagerado, ese bastión de solemnidad y teatralidad... era Pandora's Actor, Guardián de la Tesorería de Nazarick.
Recientemente, se le había concedido una labor adicional: imitar al caballero oscuro Momon, fingiendo ser el protector del Reino Hechicero. Una misión honorable, un papel protagónico en el gran teatro de su amo. Pero él sabía, lo sentía en cada fibra de su cambiante cuerpo, que podía hacer más. Que debía hacer más.
Sin embargo, no era la carga de trabajo lo que lo inquietaba. Era la gente. Específicamente, la percepción de sus compañeros.
Las reverencias eran correctas. Las órdenes se acataban sin vacilación. Pero las miradas… esas miradas. Eran como finas agujas de hielo. Envidia camuflada, desdén contenido, muecas al borde de lo insolente que se desvanecían en cuanto sus ojos se posaban en ellas. Lo notaba incluso en las Pléyades.
Hasta Yuri Alpha —siempre tan pulcra, siempre tan eficiente— lo miraba a veces como si su existencia fuese una broma privada, un chiste cuyo remate solo entendían los demás.
Pandora suspiró, un gesto puramente dramático, pues no tenía pulmones. Dejó el anillo en su lugar, cuadró sus hombros de uniforme y salió de la Tesorería como un soldado que marcha hacia su batalla más difícil: la aceptación.
En la antesala del trono, una sirvienta de nombre Sexto se mantenía erguida como una estatua viviente, un ejemplo de perfecta devoción. Fue ella quien anunció su presencia con voz clara y respetuosa.
—El Guardián de la Tesorería, Pandora's Actor-sama, solicita audiencia con el Ser Supremo.
Desde el interior de la sala, una voz respondió, profunda y resonante, aunque su portador estuviera luchando contra una fatiga existencial.
(¿Ahora? Estoy fingiendo leer este informe sobre la producción de grano… pero no tengo la energía para lidiar con el torbellino de teatralidad que es Pandora.)
—Que entre.
La puerta se abrió con una solemnidad que hacía eco del propio visitante. Pandora entró con paso marcial, elevando las rodillas en un ángulo perfecto, las manos rectas a los costados. Se detuvo a la distancia precisa, se cuadró como si esperara una inspección de regimiento y ejecutó un saludo militar alemán, llevando la mano a la sien.
—Guten Tag, Vater! Heute sehen Sie besonders erhaben aus! (¡Buen día, padre! ¡Hoy se ve especialmente majestuoso!)
(Ugh, ¿por qué tiene que ser tan exagerado…?) Ainz pensó, sintiendo cómo su aura de supresión emocional se activaba para aplastar una oleada de vergüenza ajena.
Afortunadamente, Sexto —que seguía apostada junto a la puerta— no comprendía alemán. Ainz, en un momento de debilidad, le había permitido a Pandora llamarlo "padre"… siempre y cuando estuvieran en privado.
—Buen día, Pandora's Actor. Sexto, puedes retirarte. Danos un momento.
La sirvienta asintió con una inclinación perfecta, la personificación de la gracia y la obediencia. Abandonó la sala, cerrando la puerta con un sonido casi imperceptible. Pandora la observó marcharse con la atención de un halcón… hasta que la voz de Ainz lo interrumpió.
—Te he dicho que moderes esa efusividad. No es propia de un Guardián frente al soberano de Nazarick.
—Mis más sentidas disculpas, Vater. Es una faceta ineludible de mi ser. Fui creado así… por usted.
(Era una idea genial cuando era Joven y pensaba que el alemán era lo más ‘cool’. Ahora, solo siento que mi yo más joven viene a avergonzarme desde el pasado.)
—¿Es así? —dijo Ainz, con un tono neutro que ocultaba su incomodidad.
—Es así. Ich wurde von Ihnen erschaffen. (Fui creado por usted). Mi esencia es un reflejo de su magnífica voluntad.
Ainz se aclaró una garganta que ya no tenía. —¿Qué asunto te trae aquí, Pandora's Actor? Habla sin rodeos.
Pandora, aún firme como una estatua de guerra, respondió sin titubear, aunque su tono delató una fisura en su compostura.
—Padre… he notado una disonancia en la atmósfera de Nazarick. Miradas de extrañeza, murmullos que cesan cuando me doy la vuelta. Comentarios velados sobre mi vestimenta, mi vocabulario… y sobre el hecho de que soy yo, entre todos, a quien usted confía su propia apariencia. Siento la envidia de algunos y el desdén de otros. Estoy aquí para solicitar su sabiduría. Para encontrar una solución.
Ainz apoyó su mentón huesudo en su mano, pensativo.
(Ya veo. El síndrome del "favorito del jefe". No lo había considerado. Para ellos, no es solo el hijo de Momonga, sino también mi doble, el que puede ocupar mi lugar. Debe ser increíblemente complicado… Quizá debería pasar más tiempo con los otros guardianes para equilibrar las cosas. O no, qué pereza...)
—Entiendo la situación. Pero la solución debes encontrarla tú.
—¿Pero… mi Señor? ¿No podría usted emitir un decreto? ¿O guiarme con su infinita sabiduría?
—¿Un decreto para forzar el respeto? El respeto ganado vale más que el impuesto, Pandora's Actor. Considera esto una prueba. Eres uno de los intelectos más brillantes de Nazarick. ¿Cómo crecerás si yo te doy todas las respuestas? Debes aprender a navegar las corrientes sociales de esta tumba por ti mismo.
(La verdad es… ni yo sé cómo ayudarte, hijo mío. Eres un bicho raro, y lo digo con todo el cariño de un creador avergonzado. ¿Qué les digo? ¿"Oigan, dejen de mirar raro a mi hijo, el que se viste de oficial nazi y grita en alemán"? Me encerrarían en un manicomio si existieran aquí.)
Pandora procesó la orden. Su postura se irguió aún más, si eso era posible. Una mano en el pecho, se inclinó profundamente.
—Verstanden. Ich werde dieses Problem selbst lösen. (Entendido. Resolveré este problema por mi cuenta). ¡Su confianza es el mayor honor!
Sin decir más, retomó su postura de desfile, giró 180 grados sobre su eje con una precisión robótica y marchó fuera de la sala con el mismo ritmo con que si estuviera presentando armas ante un emperador.
La puerta se cerró. Pasaron unos momentos de silencio. Ainz llamó.
—Sexto.
La puerta se abrió y la sirvienta regresó, retomando su puesto con la misma eficiencia silenciosa.
(¿Cómo debo actuar con ella? Es la creación de uno de mis mejores amigos... no puedo simplemente ignorarla. Pero si soy demasiado amable, podría malinterpretarlo. Si le doy el día libre, seguro llorará creyendo que ya no es útil… y luego pedirá ser ejecutada por incompetencia. Qué complicado es todo.)
Ainz se aclaró la garganta de nuevo.
—Sexto.
—¿Sí, Ainz-sama? —respondió ella, sin levantar la vista del suelo.
—Tu trabajo hoy… ha sido impecable. Agradezco tu apoyo constante. Has hecho un gran trabajo.
Sexto levantó la cabeza, sus ojos brillando con una emoción abrumadora. Una leve sonrisa, cargada de una devoción que podría mover montañas, apareció en su rostro.
—Sus palabras… son un tesoro inmerecido para esta humilde sirvienta, Ainz-sama. Son más valiosas que cualquier artefacto en la Tesorería.
(Uff, menos mal. Creo que eso funcionó. Debería hacer una lista y escribir cartas de agradecimiento para todos… no, eso sería demasiado trabajo.)
De vuelta en la Tesorería, Pandora's Actor se movía en una coreografía de angustia existencial. Estaba solo, lo cual era afortunado, pues cualquier espectador habría creído que estaba luchando contra enemigos invisibles… o con su propia vergüenza.
—¡Padre me ha encomendado una misión! ¡Una prueba de intelecto y corazón! —exclamó al silencio, girando sobre sí mismo y alzando un brazo con teatralidad—. ¡Debo ganarme a las masas! Y empezaré por la base de la pirámide informativa de Nazarick… ¡las sirvientas!
Se quedó quieto, meditando.
—¿Pero cómo? No puedo cambiar mi personalidad ni mi vestuario… ¡así me hizo padre! ¡Alterarlo sería una traición a su genio creativo! Was für ein Dilemma… (Qué dilema). ¿Ayudarlas con su trabajo? ¡Imposible! Ellas aman su labor, es su sagrada misión. Si otro guardián hiciera mi trabajo en la Tesorería, yo… yo moriría de vergüenza y me autodestruiría.
Comenzó a hacer una serie de posturas aún más absurdas, dignas de una ópera futurista sin libreto.
—¡Lo tengo! ¡Una reunión! Una reunión de té. Sutil, elegante, no intrusiva. Pero antes… necesito inteligencia. ¡Datos! ¡Debo entender a mi objetivo!
Y así, el guardián más incomprendido de Nazarick partió en su misión. Correr por los pasillos no era digno, pero marchar a paso rápido, con las manos en la espalda y levantando las rodillas como en un desfile, entonces, claro… sí lo era.
En su camino, se cruzó con Eclair Ecleir Eicler, el pingüino mayordomo, quien pulía una sección del suelo con una concentración maníaca.
—Buen día, Pandora's Actor-sama. Cada baldosa limpia es un paso más hacia mi conquista de Nazarick.
—Buen día, Eclair-san. Admiro tu diligencia y tu ambición —respondió Pandora con total seriedad—. Sigue así.
(…y todos ignoramos esa ambición porque su incompetencia para gobernar es entrañable. Si lo lograra, perderíamos una valiosa fuente de humor.)
Finalmente, llegó a su destino: el comedor reservado para las sirvientas homúnculos. Se colocó en cuclillas al borde de la puerta, con la espalda perfectamente recta, el mentón alzado y un solo ojo asomando por la rendija. Aquello era una operación de reconocimiento. Un ensayo ceremonial previo a su ofensiva emocional.
Dentro, el ambiente era relajado. Un grupo de sirvientas charlaba animadamente.
—…y entonces la jalea se negó a cuajar. ¡Fue una crisis! —decía una, mientras las otras reían.
Al fondo, más serias, estaban Yuri Alpha y CZ Delta. Yuri leía un manual sobre etiqueta, mientras CZ comía una tarta de fresa con una concentración absoluta.
—CZ —dijo Yuri, sin levantar la vista—. He escuchado que sigues intercambiando cartas con esa humana del Reino Sagrado.
—Sí. Neia me gusta. Es fuerte.
—Recuerda mantener la distancia emocional. No es un ser de Nazarick. Nuestra lealtad no debe tener fisuras.
CZ ladeó la cabeza, procesando la orden. No respondió. Su mundo era binario: lealtad o no lealtad, pegatinas o no pegatinas.
Fue entonces cuando la atención de Pandora se agudizó. Un grupo de tres sirvientas cerca del ventanal bajó la voz, cuchicheando.
—Hablando de gente extraña… ¿vieron a Pandora's Actor-sama marchando por el pasillo?
Pandora se tensó. ¡La operación había dado frutos inmediatos!
—Sí, parece… extraño. Siempre con ese uniforme.
—"Extraño" es poco —dijo la segunda, con una risita—. Es un bicho raro. Con todas las letras.
¡LANZA NÚMERO UNO! Pandora se estremeció, llevándose una mano al pecho como si hubiera sido atravesado.
—Pero dicen que es tan inteligente como Albedo-sama y Demiurge-sama.
—Imposible. ¿Un bicho raro tan inteligente? No tiene sentido.
—A lo mejor fue creado por Ainz-sama para ser una figura cómica, como Eclair-san. Para aliviar la tensión.
¡LANZA NÚMERO DOS Y TRES! ¡IMPACTO MÚLTIPLE! Pandora se desplomó suavemente contra la pared, aún agachado, y comenzó a retorcerse con un dramatismo silencioso, como una serpiente herida por la ponzoña de la burla.
"Cuán crueles… cuán despiadadas son… todas mis futuras amigas."
Su espectáculo de dolor mudo fue interrumpido por una voz que cortó los murmullos con la elegancia del hielo.
—Su conversación es inapropiada.
Era Yuri Alpha. Se había levantado y se acercaba a su mesa. Las tres sirvientas se pusieron de pie de un salto, sus rostros pálidos.
—¡Lo sentimos mucho, Yuri-sama! ¡No era nuestra intención…!
Yuri las miró con calma, pero con una autoridad que no admitía réplica.
—No deben hablar así de Pandora's Actor-sama… —hizo una pausa, y las sirvientas casi suspiraron de alivio, pero entonces añadió—: …aunque sea un bicho raro.
¡LA LANZA FINAL! ¡LA DAGA DE HIELO DIRECTA AL CORAZÓN! Pandora, aún en el suelo del pasillo, se hizo un ovillo. El orgullo estaba herido. La dignidad, en fuga.
Las sirvientas la miraron, confundidas. Yuri continuó, su tono volviéndose didáctico.
—Pandora's Actor es un bicho raro, sí. Su forma de ser es excéntrica. Pero no olviden lo más importante: fue creado por un Ser Supremo. Por el propio Ainz-sama. Por lo tanto, su existencia, en su totalidad, es perfecta. Su "rareza" es una rareza perfecta, diseñada por la voluntad suprema. Cuestionarla es cuestionar la sabiduría de nuestro amo. ¿Entendido?
Las voces cambiaron de inmediato, llenándose de una comprensión devota.
—Tiene razón, Yuri-sama.
—Fue creado por Ainz-sama, así que es perfecto.
—Su rareza es sagrada.
El tono se suavizó, pero Pandora, desde su escondite, sabía que las mentes no habían cambiado. Solo habían encontrado una justificación teológica para su opinión. Era un "bicho raro perfecto". Un "payaso sagrado".
Se arrastró por el pasillo como un héroe trágico tras una batalla de opiniones, dejando tras de sí un aura invisible de tragedia exagerada.
Volvió a la Tesorería sin fuerzas, pero con la mente funcionando a toda máquina. Se colocó de nuevo en cuclillas en el centro de la sala, trazando un mapa social invisible sobre el suelo de mármol.
Había sido herido, sí. Pero también había obtenido información crucial. No bastaba con ser amable o útil. Debía cambiar la narrativa. Debía demostrar que su "rareza" no era cómica, sino una manifestación del inescrutable genio de su creador.
—Esta será… —susurró a los tesoros silenciosos—, la guerra más dura de todas.
Y con eso, comenzó a planear su siguiente movimiento. La Operación: Corazón de Sirvienta había concluido su fase de reconocimiento. Ahora, comenzaba la ofensiva.