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Muerte en Hawái — One-Shot

Sinopsis

Descripción: Donde Bob quiere mostrarle a Yelena que es una buena opción como novio así que decide pedirle ayuda a sus agradables compañeros. O donde Bob hace el ridículo casi terminando con su vida en más de una ocasión. One-Shot. ★★★ N/A: One-shot con la canción Muerte en Hawaii de Calle 13 con Boblena como pareja principal.

Genero:
Humor
Autor/a:
Madelyn Grater
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Hawái

Bob tenía un plan.

Era descabellado, tonto, ridículo, lo había pensado John, pero eso no lo detendría.

Y es que él, Bob, Robert Reynolds, tal vez también Void y Sentry, se habían enamorado de su mejor amiga, Yelena Belova.

La más cruel, dura y dulce asesina que había conocido en toda su vida, tampoco conocía muchas, pero ella era muy linda, al menos con él.

Y es que ambos habían pasado por mucho desde que se unieron todos como grupo, habían pasado de ser conocidos a enemigos para finalmente convertirse en mejor amigos. Pero egoístamente él quería algo más que eso.

Quería que todas las mañanas ella estuviera a su lado sonriéndole como solo lo hacía con él porque ninguno de sus amigos tenía el derecho de verla sonreír, solo Bob podía verla, también quería todo lo cursi de una relación, tomarse de las manos, abrazos por la espalda, apodos cariñosos y sonreír como bobos enamorados.

Aunque había un inconveniente en todo eso.

Él.

Conseguir parejas en el pasado no se le había hecho complicado en ningún aspecto en especial porque todas sus parejas eran adictas y solo bastaba con compartirles un poco de heroína y terminar en una cama o mejor dicho colchón sucio, pero hacer eso ahora era impensable.

Tenía poco más de un año limpio, a lo mejor más considerando el tiempo en el que durmió en medio de esas cajas polvorientas, no podía hacer lo mismo que antes y como no tenía experiencia tenía que pedir ayuda.

Primer error.

Intento con el que creyó ser el más sensato, Alexei, el padre de Yelena y quien ya sabia de primera mano sus sentimientos por su hija menor aceptándolo como uno en su pequeña y caótica familia.

—Alexei ¿Qué es el amor? — Empezaría con algo sencillo y luego preguntaría si podría ayudarlo.

—El amor, hijo, es como una granada, no importa que tan lejos la tires el estallido tarde o temprano tendrá consecuencias en ti. —

No entendió, está seguro de que el amor no es así, aunque no discutiría eso con el hombre que más quiere su amada, también porque los rusos eran parecidos, se había dado cuenta que eran lo mismo, pero con pequeñas modificaciones, Yelena era la verdadera prueba de que de tal palo tal astilla.

Así que intento nuevamente, pero con otra persona al grupo, Scott.

Lo conoció cuando él y su hija llegaron un día a la torre buscando a Ava por su cumpleaños, la llevarían a comer con toda su familia y Bob en un principio dudo de que eso fuera verdad, pero al ver la sonrisa de Ava al ver a la adolescente supuso que era así.

Sin más se fueron y Ava no volvió hasta la noche con una señora un tanto mayor que cargaba un bolso de tela y le daba instrucciones que no escucho bien, pero Ava, pareció muy interesada en prestar atención.

La segunda vez, solo fue Scott, tenía un bolso de tela en un brazo y una bolsa de comida china en el otro.

—Ava y yo nos conocimos peleando, ella me atacó y luego a mi novia Hope, luego ataco a mi buen amigo Hank porque quería entrar al reino cuántico, un mundo muy pequeño que vive en todas partes, logramos salvarla porque en ese tiempo tenía problemas con sus poderes, pero no recuerdo mucho, paso hace tiempo, aunque Luis, mi supermejor amigo, sabe más del tema, te llevaré algún día a conocerlo, te va a encantar. —

Solo lo saludo.

—O te parecerá muy irritante. — Hablo Ava acercándose. —¿El anciano te envió? —

—Janet, está preocupada por ti, dice que estás desconcentrada y que debes comer más si quieres salvar el mundo. —

Bob observó la interacción, parecía como cuando vino la princesa Shuri hace un par de meses, le reclamaba constantemente a Bucky que no se cuidaba ni dormía bien, también parecía cuando vino Melina, la madre de Yelena, solo que ella no reclamaba, iba directo a los castigos, en cierta forma fue divertido ver como hasta Alexei respetaba todo lo que decía la mujer, poniéndose recto y evitando el alcohol por la semana en el que la Black Widow estuvo de visita, cuando se fue ambos volvieron a la antigua normalidad.

—¿No es esto una excusa porque Hope de nuevo te echo a la calle? — Recrimino Ava comiendo lo que Scott le llevo.

—Solo por eso no te daré los dumpings. — Le quito una caja que venía con la bolsa. —Y no me echo, tiene mucho trabajo y no puedo estar molestándola, Cassie está en clases, Hank sí que me echo y Janet me dio la idea de molestarte. —

—Claro, nadie te quiere y vienes a molestar. — Casi la vio rodando los ojos, casi, porque realmente no la miraba.

—¿Cómo enamoraste a Hope? Digo, su familia parece un tanto complicada. — Preguntó sin indirectas, seguro el hombre hormiga se distraería con otras cosas y no quería escuchar más historias de héroes, tenía suficiente con las del Guardián Rojo.

Segundo error.

—La sorprendí, entre a robar a su casa, entrene con ella y luego hice un gran robo, así se enamora a las chicas rudas como ella. —

Pésima idea, pero no tanto como para convencerlo de no hacerlo.

Así que aprovecho una misión en la sabana, no iba a misiones con mucha regularidad, apenas y lograba controlar sus poderes, muy poco, casi nada, no tenía accidentes con Void, pero estaba ahí susurrándole que Yelena lo rechazaría y lo odiaría.

“Al carajo contigo amigo, puedo hacerlo” Le decía y Void solo bufaba.

Iban a rescatar a un caimán alvino de unos contrabandistas, el caimán en cuestión se comió una esfera llena de archivos valiosos, su comprador quería esos archivos.

El problema era que había muchos de esos caimanes albinos, no sabían cuál era el de los archivos, no había nada que los diferenciará, no podían matarlos y revisar cadáver por cadáver como sugirió Bucky, solo Dios sabe por qué necesitaba terminar tan rápido.

Valentina fue clara con la misión, no debían llamar mucho la atención, solo encontrar al caimán y llevárselo a ella quien se aseguraría de dejar con vida al animal y llevarlo a un zoológico.

—¿Seguros que no seguiremos mi plan? — Volvió a preguntar Bucky sobre un árbol, él estaba a su lado.

—No podemos matarlos, son pobres animalitos que no saben que es lo que pasa, ¿no sientes poquita empatía por ellos? — Pregunto y el soldado solo bufo.

—Está bien, está bien, pero sería más fácil y no seriamos comida de cocodrilos. —

—No son cocodrilos, son caimanes, es lo mismo que decirle fetuccini a la pasta. — Hablo Yelena desde otro árbol por el intercomunicador.

—Pero el fetuccini es una pasta. — Refuto Bucky rodando los ojos en el proceso haciendo reír a Bob. —Como sea, si tienen un mejor plan díganlo, debo regresar para mi terapia con Sam. —

—Qué lindo, van a terapia de parejas, me estoy quemando aquí, ¿quieren apresurarse de una puta vez? — Ese fue John por el intercomunicador desde el helicóptero con el que llegaron, a unos kilómetros de distancia.

Bob miró hacia abajo, era el poso de los caimanes, cualquiera moriría si caía ahí, bueno, cualquier humano.

—Tengo un plan. —

Y antes de que pudiera explicarlo solo salto al poso.

Al apenas tocar el agua del poso fue atacado por uno de los caimanes, el más grande, no sabía si los caimanes tenían jerarquías, pero seguramente era el líder de la… ¿Caima-nada? O como se llamen los grupos de caimanes.

—¡BOB! — Escucho gritar a Yelena, pero no le respondió.

Solo golpeo al caimán gigante y golpeo a otros cuantos que intentaron atacarlo, fue mordido solo una vez, tal vez dos, pero no lo sintio y solo siguió con los golpes hasta que los caimanes terminaron noqueados, no muertos, pero sí noqueados.

—¿¡CÓMO SE CUÁL ES!? — Pregunto a Yelena parado en medio del poso, la rubia bajo del árbol con una agilidad que demostró sus años de entrenamiento y con esa misma agilidad le lanzo una roca en la cabeza.

—¿¡QUÉ CARAJOS TE PASA!? ¡PUDISTE MORIR BOB! — Le exclamo y luego empezó a murmurar palabras en ruso que Bob agradeció no entender.

—¡Es el más grande! — Claro, Bucky espero a que le regañaran para ayudar, muchas gracias soldado.

Bob tomó al caimán en brazos y camino detrás de Yelena que parecía dispuesta a regañarlo en ruso todo el viaje hasta casa, él solo bajo la cabeza con pena, ella no se había sorprendido ni enamorado como dijo Scott.

“Se preocupó por nosotros ¿no?” Al menos Void decidió no echarle sal a la herida.

“Ella nos ama” Claro, Centry tenía que hablar también.

Para su segundo intento nuevamente recurso a su grupo, le pregunto a Ava.

Tercer error.

—Bob, dulce Bob, soy tu mejor opción para esto, me ofende que no hayas pensado en mí. — “Tengo un mal presentimiento” Él también lo tenía. —Me he visto millones de películas de amor y leído mil veces Orgullo y Prejuicios, soy el cupido fantasma. —

—No creo que ver una película o leer un libro ayude. —

—No verás la película, Yelena no es esa clase de chica, a ella le encantan los desafíos, hay un laberinto de espejos en la feria a diez cuadras de aquí, llévala como en una cita, se van a divertir. —

Acepto la idea.

Era buenísima, excepto por un detalle que no se le ocurrió decir a Ava.

El laberinto de espejos era real, la feria era real, pero todo tenía una temática, zombies.

Bob le tenía miedo a pocas cosas, él era una de esas, pero en algo más externo eran los zombies.

Los odiaba, eran horribles, solo mataban y sinceramente eran su más grande temor… Después de Void, nada superaba a Void.

Cuando los dos llegaron a la feria Bob se aferró a la mano de Yelena durante todo el viaje hasta el laberinto de espejos creyendo que solo sería eso y que no habría ningún zombie dentro.

Falso, fake, фальшивый, no sabía más traducciones, pero falso.

Cada que llegaban a un callejón sin salida un zombie salía de un espejo falso y fingía querer atacarlos, por instinto Bob gritaba y salía corriendo por donde vino olvidando en más de una ocasión a Yelena que parecía muy divertida riéndose de él.

Luego ocurrió algo horrible y se arrepentía con todo el corazón.

Llegaron a un nuevo callejón sin salida, en él había una niña con sangre falsa en el cuello y un hombre disfrazado de zombie fingiendo comerse a la niña, pero Bob, solo vio una escena de terror y como el héroe que es se lanzó contra el hombre golpeándolo, asustando a la niña, rompiendo dos espejos y haciendo reír a carcajadas a Yelena hasta el punto en el que cayó al piso revolviéndose entre risas.

Los vetaron de la feria, pero fue una buena cita o eso dijo la rusa aun riéndose de lo que paso, Bob también pensó lo mismo.

Su siguiente intento vino de la mano de una anécdota de Bucky.

—Recuerdo que con Steve solíamos salir al parque, nos echábamos en el pasto y él recitaba poemas, era una hermosa forma de pasar la tarde. — Tal vez por eso Sam había pedido el divorcio, pero no se lo dijo, se lo guardo para sí mismo y para Void, un chismoso.

Lo primero que hizo fue tomar la computadora de la torre y ordenar libros de poemas y cuentos por línea, uso la opción de entrega rápida y espero.

Paso media hora y llego una caja con diez libros que no leería por completo.

Fue corriendo en su habitación y se encerró con llave, leería todo el día y trataría de aprenderse a memoria al menos dos cuentos cortos y se llevaría uno de los libros de poemas con él para recitarle una vez estén sentados en el parque.

Nada saldría mal.

Cuarto error.

No vio el pronóstico del día, tampoco es como si hubiera señales de tormentas eléctricas, solo salió con Yelena esa tarde y al llegar a Central Park se sentaron bajo la sombra de un árbol.

—Breve silencio que estira el tiempo anhelando eternidad. — Empezó recitando “Audacia” un microcuento que encontró en uno de los libros. —Miradas cómplices ansiosas con toques de franqueza y atracción. — Yelena volteo a verlo y sintió que no podría seguir narrando. —Abrazos que elevan suspiros sin miedo de caer al abismo, osadía en tiempos de diferencia. —

—Eso es bonito. — Le sonrió y Bob no pudo ser más feliz. —¿De dónde lo sacaste? —

—Lo leí, me gusta leer. — Prefería ver películas, no odiaba leer, pero tampoco era de sus actividades favoritas. —Recordaba cuando se conocieron, él la buscaba con la mirada, ella disimulaba una sonrisa. — Otro relato del mismo libro, “Inesperados”, lo escogió por lo similar a su historia con Yelena. —El corazón agitado les dio la señal. —

Ella nuevamente sonrió a su corto relato y sin decir nada acostó su cabeza sobre sus piernas. Aún dubitativo saco el pequeño libro de poemas de su bolsillo delantero y con una de sus manos lo sostuvo para leerlo, su otra mano acaricio su cabello.

—Llueve- — Se detuvo por un trueno. —La tarde es una hoja de niebla, llueve- — Otro trueno, pero esta vez acompañado de finas gotas de lluvia.

—Parece que empezó a llover. — Yelena recalco lo obvio parándose del césped. —Pero lindo poema, García Márquez es de mis favoritos. — Y empezó a caminar.

Bob sonrió y la siguió con rapidez mojándose en el proceso, pero no importaba estaba feliz, hasta que le cayó un rayo encima.

Después de estar en cama toda una semana, porque parecía ser que un cocodrilo no le puede hacer nada, pero sí un rayo, se puso de pie y siguió con su plan.

Iria con algo que no hubiera preferido hacer y que lo tenía como último recurso para todo, pero tiempos desesperados, medidas desesperadas.

Envió un mensaje, corto y preciso y espero.

—¡BOOOB! — Gritaron desde la cocina y él no dudó en correr al encuentro de la persona que lo llamaba.

Al llegar se encontró con una joven de cabello azabache y con un perro golden retriever a su lado que ladro al verlo.

—Leí el mensaje y no dude en correr hasta aquí, tienes suerte de que estuviera cerca, tengo miles de ideas. — Hablo la chica tomándolo de los hombros y samaqueándolo un poco.

—Kate me estoy mareando. — Murmuro hasta que la chica dejo de moverlo.

—Perdóname, estoy muy, pero muy emocionada. — Le dijo con una sonrisa y soltándolo. —Escucha, necesitas hacer un gesto muy romántico así ella te amara por toda la vida. —

—Ya intenté hacer algo para impresionarla y solo me tiro una piedra en la cabeza. —

—No es impresionarla, bueno sí, pero no, es hacer algo lindo, ¿qué tal una cena a la luz de la luna con solo unas velas alumbrando todo? — Pregunto ella con tono soñador y Bob sonrió alegre, esa sí era una buena idea.

Quinto error.

No había nada imposible para el dinero y Kate Bishop tenía mucho dinero.

No fue difícil para ella conseguir una linda cabaña frente a un lago, solo para ellos, solo para Yelena y para él, le dio una tarjeta de crédito, las llaves de un auto, de la cabaña y se fue deseándole suerte.

¿Cómo lo hizo todo en quince minutos? Prefirió no preguntárselo.

Esa tarde cuando Yelena llego de una reunión con Valentina se le acercó con una sonrisa.

—¿Quieres ir a cenar? —

—Claro, ¿por qué no? —

Aquello basto para que ambos se fueran a sus habitaciones a cambiarse de ropa y alistarse para la cena, al terminar ambos bajaron por el ascensor con sonrisas y sin decirse nada, solo mirándose de vez en cuando. Al llegar a la entrada se encontraron con el auto que Kate le presto y en cuanto lo vio llego a una conclusión.

“Tú no sabes conducir”

Si había conducido, su forma fue poco alagada por los tres oficiales que lo arrestaron y por el vagabundo que una vez atropello.

—¿Quieres conducir tú? — Pregunto en un hilo de voz a la rubia quien rio sonoramente arrebatando las llaves.

—Solo dime por donde voy. —

Otro detalle, Kate solo le entrego una tarjeta de crédito y le deseo suerte, ¿y la comida?

—Primero vayamos a comprar algo para comer…— Yelena nuevamente rio mientras se movía hacia la puerta del copiloto y la abría para Bob.

—Vamos a un McDonald’s. — Le dijo cuando subió y le cerraba la puerta, luego rodeo nuevamente el auto y llego al asiento del piloto.

—¿Puedes ir por el automac? Se suponía que te tenía una sorpresa, pero no hice buenos cálculos. — Nuevamente, risas de parte de la rubia, al menos la hace feliz.

Esta vez hablaron, sobre misiones pasadas, sobre sus amigos, de las mascotas de la casa, que solo eran dos, hablaron de algunas personas del pasado y todo de lo que pudieran en su viaje a la tienda de comida rápida.

Cuando llegaron al automac pidieron dos hamburguesas con dos bebidas y Bob guio a la rubia hacia la cabaña que Kate había conseguido para ellos.

La noche ya había tomado su lugar en el cielo y el ruido de la ciudad desapareció en algún momento el único ruido en el auto era el de Yelena comiendo algunas papas fritas y el de la radio que Bob intentaba sintonizar, pero solo se escuchaba interferencia.

Al final se rindió de intentar poner música terminando de guiar a la rubia hacia una cabaña alumbrada por la luz de la luna y las estrellas, el lago frente a esta estaba completamente en calma y el viento parecía cálido.

La primera en bajar fue Yelena, quien rodeo nuevamente el auto y le abrió la puerta para que Bob bajara, él sonrió un poco, realmente fue una mueca ¿no debía el hacer aquel gesto amable? Daba igual, el orden de los factores no alteraba el producto.

Bajo del vehiculo con las bolsas de hamburguesas en una de sus manos y las llaves de la cabaña en la otra.

—Vamos. — Susurro mirándola a los ojos.

Guio a su acompañante a la entrada dejando que ella entrara primero a la cabaña, otro error, todo estaba oscuro y ella casi cae al chocar con algo.

—¿No hay luz aquí? — Pregunto Yelena.

Bob suspiró, debió ir a la cabaña antes de llevar a Yelena, no solo confiar en que todo saldría bien, culparía a John de eso, siempre es bueno culparlo a él.

—Espera aquí, voy a buscar algo. — Dijo caminando con total naturalidad por la cabaña.

Beneficios del suero dorado: podía ver en la oscuridad.

No encontró ningún interruptor, pero sí velas y fósforos.

Los prendió esparciéndose por la sala de la cabaña siendo ayudado por Yelena quien logro ver mejor cuando encendió la quinta vela, prendieron al rededor de diez velas por la sala y cuando terminaron se sentaron en el sillón donde comieron las hamburguesas y bebieron sus bebidas entre algunas charlas y risas.

—En serio, tuve que golpearlo y luego salir corriendo. — Relato la rubia con una sonrisa.

—No puedo creer que hayas seducido y golpeado a Justin Hammer. — Dijo entre risas algo leves.

—Era para obtener información para mi hermana, un favor. — Complemento con una sonrisa.

Ambos se quedaron mirando por unos segundos aun sonriéndose, Yelena se acercó más tocando su mejilla y Bob tembló al sentir el tacto de la rubia, pero no se apartó o se quedó quieto, por el contrario, se acercó más a la rubia poniendo su mano sobre la que sostenía su mejilla.

—Me gusto mucho tu sorpresa, el lago es hermoso. — Susurro la rubia poniéndose de pie y saliendo de la cabaña mientras se quitaba los zapatos y su chaqueta.

“Muy bien Bob, ataca tigre”

“Lo dices de una forma muy asquerosa”

“Es porque lo somos”

Y ya no los escucho, era mejor no seguir escuchando a esos imbéciles.

Se puso de pie y se acercó a la puerta de la cabaña donde observo como Yelena se encontraba dentro del lago y por la ropa tirada en el camino hacia él pudo adivinar que la rubia estaba desnuda dentro.

“Siempre podemos salir corriendo”

Claro, porque aquello es muy fácil decirlo. Salto dos veces en su lugar tratando de darse valor y se apresuró para quitarse los zapatos y su ropa mientras se dirigía al lago con la voz de Centry animándolo y la voz de Void diciéndole lo espantada que estaría Yelena al verlo desnudo.

Soltó un suspiro cuando se desnudó por completo aún frente al lago, el frío viento choco con su piel causando un escalofrío en su espalda, lo mismo sucedió cuando sus pies tocaron el agua del lago.

No dudo en seguir avanzando hasta que la mitad de su pecho fue cubierta por el agua, aún la sentía algo fría, pero se estaba acostumbrando, pronto llego al lado de Yelena. Ella observaba la luna que se alzaba frente al lago con una pequeña sonrisa que sin notarlo se agrandó al ver a Bob a su lado.

—Sin miedo, no te morderé. — Murmuro tomando su mano por debajo del agua.

—Tal vez yo lo haga. — Pésimo momento darle el control a Centry, nunca más lo dejaría hacer de nuevo.

—Tal vez yo te deje hacerlo. —

Y aquello fue suficiente para ambos.

Tal vez ese intento no fue tan malo, luego le agradecería a Kate y también se disculparía con ella por haberse quedado en la cabaña toda una semana.

Aunque aun con todo lo que vivieron esa semana no tuvo la oportunidad de confesarse como se supone debía hacer, por lo que recibió un mensaje de Kate diciéndole que se arme de valor y lo afronte como el héroe que realmente es, pero no sabía como.

Así que nuevamente decidió pedir ayuda.

Esta vez le escribió un correo a Valentina, ella había estado casada, seguro tenía ideas.

¿Cuántos errores llevaba ya? Con este quizás seis.

Ella vino ese día, tan solo quince minutos después del correo, venía con Mel y ella venía con un montón de bolsas de tienda muy caras que ni conocía, porque esas tiendas son tan caras que la gente común como él no las conoce.

—¡ROBERT! — El grito se escuchó hasta Sakaar. —¿¡Cuándo planeabas decirme!? — Ella lo abrazó con fuerza y Bob pudo sentir como Void abandonaba la idea de que Yelena sería su novia.

—Hola Bobby. — Contrario a su jefa, Mel solo saludo con un ademán de mano y con una sonrisa amable.

Bob fue sometido a tortura psicológica, no podía definirlo de otra forma más que esa.

Valentina le hizo ponerse toda la ropa que le compro creando distintos conjuntos, toda ropa de verano, sabiendo que el cielo parecía estar cayéndose por el feo invierno que había iniciado el día que le cayó un rayo en la cabeza. También salieron de la torre, yendo a zapaterías y muchas más tiendas de ropa, todo con tonos coloridos o claros, nada de eso era su estilo, no eran prendas dos tallas más grandes ni de tonalidades negras, así que dudaba que usaría eso.

No pudo opinar de nada, cada intento de hablar era subyugado por la voz de Valentina pidiendo más prendas y diciéndole que se enderezara.

Mel lo miro todo el tiempo como si fuera un soldado muerto, con pena y con admiración.

Cuando terminaron de comprar, luego de siete horas, regresaron a la torre con muchas más bolsas de la que esperaba y con ganas de echarse en la cama y no salir luego de dos semanas.

—¿¡QUÉ CARAJOS HACES AQUÍ!? — Exclamo Bucky cuando vio llegar a Valentina, es verdad, ellos se odiaban.

Todo el equipo estaba ahí, Alexei en la cocina comiéndose una hamburguesa triple con más queso de lo que se debería poner, John sentado en el sillón bebiendo una cerveza, Ava al lado del rubio con sus pies sobre sus piernas y jugando con un cubo rubix, Bucky había estado en la cocina también tomando una taza de café mientras leía unos papeles y, por último, pero realmente la más importante, Yelena, ella estaba en su lugar en el balcón.

Normalmente, Bob se sentaba en un sillón frente a la ventana para estar con su celular, leer comics o libros normales e incluso dormir un poco, ahora Yelena estaba ahí leyendo el libro de poemas escritos por García Márquez que había comprado para impresionarla.

—Hola a ti también querido, fui con Robert de compras, les trajimos unas cosas, pero eso no es lo importante. — Si no lo era ¿Por qué lo torturo de esa forma? —Déjenme contarles que he notado que el grupo está un poco desanimado y eso no ayuda en su imagen pública, así que les daré unas vacaciones totalmente pagadas a…— Suspenso, qué divertido, Bob ya se quería ir a dormir. —¡HAWÁI! —

Las expresiones no tardaron en mostrarse.

Alexei dejó de comer y abrió mucho sus ojos y boca, John casi escupe su cerveza sobre Ava y ella casi golpea a John, Bucky abrió un poco su boca y su dulce Yelena bufo como si aquello que ofrecía Valentina fuera cosa de todos los días.

“Sabía que esto iba a pasar”

“Gracias por advertirnos amigo, a la próxima hazlo con más tiempo”

—Extraño mi cápsula. — Murmuro mientras caminaba a su habitación dejando la sala donde empezar una nueva discusión.

Llego a su habitación, la más cercana al ascensor, se echó en su cama boca abajo y cerrando los ojos se durmió cuando el cansancio del día le cobro factura.

Pasaron al rededor de dos horas cuando llego Valentina junto con Mel y Ava con menos bolsas con las que habían llegado a la torre, pero sin duda eran muchas.

Bob no alzo su cabeza de la cama fingiendo seguir dormido.

Las mujeres dejaron la bolsa en el piso y cuando las más jóvenes se fueron de la habitación Valentina hablo.

—Robert, esta es tu oportunidad, no hay lugar más romántico que Hawái. — Alzo la cabeza mirándola a los ojos con el ceño fruncido. —Quita esa cara, niño, hago esto por tu bien, no puedo creer que hayas pedido ayuda a un demente que solo come, a un ladrón, un depresivo y la chica fantasma, cuando yo, que soy lo más cercano a tu madre estaba más que dispuesta a ayudarte. —

—Intentaste matarme. —

—El pasado es pasado, vive con él y supéralo, empaca las cosas lindas que te compre, salen mañana temprano. — Y se fue de la habitación.

“Oye, no entendí ¿solo nos quiere matar o también quiere humillarnos en el proceso?”

—Quien sabe…—

Y volvió a dormirse.

A la mañana siguiente con ropa que no le gustaba, con cero ganas de viajar y con menos esperanzas de que Yelena lo quiera en el ámbito sentimental y romántico.

Se topó primero con John, él parecía tan fresco como una lechuga, bebía de una botella de agua fría y vestía el mismo tipo de ropa horrorosa que Valentina le había comprado, el lado positivo es que a él le quedaba mejor que al rubio, podría burlarse de eso en todo el camino a Hawái si se sentaban juntos.

Un minuto.

John era un idiota la mayoría del tiempo y cuando no lo era parecía ser casi agradable.

Él había estado casado con una mujer muy dulce, lo sabía porque su exesposa había venido de visita con su hijo en búsqueda de que John pudiera pasar tiempo con el pequeño niño.

Si una mujer tan dulce y cariñosa como lo es Olivia se casó con un miserable despojo de ser humano como lo es John, debe ser por algo.

—Walker, tú estuviste casado con Olivia, ¿cómo lo hiciste? — Parecía ser que aquella noticia lo tomo por sorpresa porque lo hizo casi escupir el agua que bebía, que habito poco agradable.

—¿Ni un saludo antes? Okay, puedo aceptarlo. — Se limpió la boca con un antebrazo. —Pasamos muchas cosas juntos, pero creo que logre enamorarla por mi honestidad, no lo sé Bobby, que pregunta más extraña. — Y se fue a la cocina.

¿Honesto?

Él siempre fue honesto con… Tal vez no.

Honesto es decirle sus sentimientos ¿no?

¿Cómo lo hará?

No podría hacerlo…

No estaba listo…

¡Yelena podría burlarse de él!

¡Moriría!

¡EN HAWÁI!

¡NO PODÍA MORIR EN EL HOGAR DE STITCH Y ELVIS PRESLEY!

¡PODRÍA SIMPLEMENTE NO IR Y QUEDARSE CON LA DUDA DE LO QUE HUBIERA PASADO!

¡ESO SONABA PERFECTAMENTE COMPRESIBLE!

—¿Bob? — Volteo a ver a quién le llamaba encontrándose con la mirada asustada de Yelena. —¿Estás bien? —

Solo entonces noto que sus pies y parte de su cintura estaba tornando un tono oscuro, pero se desvaneció cuando soltó un suspiro sintiendo como su pulso volvía ¿su cuerpo acaso olvido que seguía con vida o porque había dejado de sentir que estaba vivo?

—Sí, solo me quede pensando en algo…— Yelena se le acercó un poco, casi temerosa y eso se sintio asquerosamente mal, por lo que cuando la rubia estuvo lo suficientemente cerca retrocedió dos pasos. —Lo mejor será que no vaya al viaje…—

—Bob… Todo saldrá bien, tranquilo. — Ella caminó los pasos que retrocedió y tomo con una de sus manos su mejilla. —Vamos a desayunar…— Le susurro casi como en un secreto tomándolo de la mano y guiándolo a la cocina.

Ya ahí John les acerco dos tazas de café, dos platos con huevos revueltos y tocino frito, el rubio era dueño de la cocina en todo momento. Él era quien cocinaba en la torre porque era el único capaz de no quemar nada, por lo que pasaba mucho tiempo ahí y tenía prohibido el ingreso, al menos para cocinar, al resto, en especial a Ava, solo Dios sabe como hizo para quemar toda la cocina calentando agua en la hornilla.

Los dos comieron juntos, y si no fuera porque es ambidiestro se daría cuenta de que su mano derecha seguía siendo sostenida por la mano izquierda de Yelena en todo momento, si no fuera porque estaba muy concentrado en comer e ignorar a Void se daría cuenta de que era constantemente observado por Yelena y sus compañeros.

Al terminar todos de desayunar bajaron al estacionamiento de la torre, uno privado en el subsuelo, ahí los esperaba Mel con la misma ropa horrible que todos usaban, pero que, curiosamente a Yelena le quedaba hermoso, detrás de la asistente del diablo, se encontraba una camioneta blindada negra donde todos se subieron y notaron algo horrible.

—Lo lamento chicos, pero el aire acondicionado se averió hace unos días y aún no hemos podido arreglarlo, oh, y no intenten bajar las ventanas, esta camioneta está hecha para criminales así que no se abrirán con nada. — Explico Mel sentándose en el asiento del copiloto, a su lado estaba un chofer que nadie conocía, pero se les hizo curioso que sea muy joven, casi como un niño.

—De todas formas el aeropuerto no está tan lejos y parece que el clima está muy templado. — Trato de calmar el joven conductor.

Pero se equivocó.

El sol salió a los pocos minutos de viaje, se posicionó justo en el centro del azul cielo, pero parecía que los seguía muy de cerca, y dentro de la camioneta no estaba nada bien.

El conductor que había llegado con un saco negro y sombrero raro se lo había sacado, Mel había sacado un abanico de su bolso empezando a echarse aire, Alexei se quitó la camisa de colores quedando con una camiseta sin mangas, en algún punto se durmió, John tuvo algo se descendía y solo abrió un poco la camiseta hawaiana y se acercó al asiento de Mel para que le diera algo de viento también, Bucky parecía normal, su cuerpo era constantemente frío por lo que Ava se decidió por apoyar su cabeza en su hombro moviéndose de vez en cuando.

Por otro lado, él tenía pésima suerte, estaba en la parte de atrás, en la orilla, sobre una rueda y sobre el motor, porque tenía mucho calor, lo peor es que no podía moverse mucho porque Alexei estaba a su lado durmiendo causándole aún más calor, pues estaba apoyado en su hombro.

Tampoco podía ver a Yelena, ella estaba del otro lado de Alexei y su enorme barriga tapaba por completo a la rubia. Bob pensaba que el ruso se había sentado deliberadamente entre ambos, pero no le echaría la culpa hasta que lo tuviera perfectamente claro.

—¿¡Por qué carajos huele a rosas!? — Escucho gritar a John desde donde estaba casi saltando sobre Mel para sentir más aire.

—Tal vez sea la mujer adelante tuyo imbécil. — Le respondió Ava casi adormilada, en algún punto termino con su cabeza sobre el regazo de Bucky abrazando el brazo de metal del soldado.

—No uso perfume de rosas, es muy empalagoso, creo que viene de atrás. — Con voz tímida dijo Mel.

¿De atrás? Bob estaba atrás y no olía nada, tal vez John empezó a delirar.

—Yo también lo huelo, pero no uso perfume así que no soy yo. — Yelena, hace mucho no escuchaba su dulce y enojada voz, casi podía sentir que volaba al escucharla.

“Amigo suenas como demente”

“Creí que lo estábamos”

—¿Eres tu Bob? — Escucho preguntar a Alexei ¿en qué momento se despertó?

—¿Yo? No. — Respondió directamente casi murmurando.

Tal vez si era él, Valentina le compro nuevos productos de higiene y por el sueño que tenía en la mañana no supo bien el componente de estos, pero sí que recuerda que todos eran envases rosas.

Iba a decir lo que acababa de recordar, pero la camioneta se detuvo, el conductor dijo algo de que ya habían llegado, casi no pudo escucharlo debido a que lo dijo casi susurrando, seguro por el calor y la falta del aire. Todos bajaron de la camioneta, mejor dicho escaparon de esta, primero Mel, luego John, Ava, Bucky, Yelena y Alexei, él se tomó su tiempo para bajar, quería recuperar un poco de aire antes dé.

Al salir se encontró con una escena ciertamente inesperada, Alexei se abrochaba su camisa, Yelena tomaba una botella de agua como si aquello fuera vida líquida, John le había arrebatado el abanico a Mel y se echaba aire, Bucky seguía sin su brazo, ya que Ava seguía abrazándolo.

A los minutos de bajar el joven conductor bajo todas las maletas que habían llevado, lo quiso ayudar, pero el joven dijo que era su trabajo mientras cargaba dos maletas de veinte kilos en una mano y dos de quince en la otra.

—¿Cómo puede ser posible que no estés oliendo feo y estés bien peinado? — Le pregunto Ava y él no supo qué responder solo alzándose de hombros escuchando luego reír a Yelena.

Luego de hacer esas cosas tediosas de los boletos y control de migraciones, de dejar las maletas y esperar casi dos horas a que llegara el avión y luego otras seis horas de vuelo en primera clase, porque Valentina parecía que los quería en ocasiones, llegaron a Hawái solo para hacer lo mismo. Maletas, migraciones, camioneta blindada sin ventanas y sin aire pero esta vez con la compañía de la congresista Valentina hasta llegar a un hotel lujoso.

Esta vez el conductor era alguien mayor, con gafas raras y bigote divertido que contaba aventuras sobre su hijo y un robot malvavisco. No pudo concentrarse en eso cuando Yelena estaba a su lado dormitando sobre su hombro y con su mano acariciando su muslo.

Tenía demasiado calor y sentía que empezaría a sudar nuevamente, pero no hizo nada para moverla, haría lo que fuera por ella.

Si ella quería cambiarlo y volverlo un león amaestrado que caminaba sobre una pelota de playa lo haría por ella.

Después de todo estaba en Hawái, estaba en la torre, tenía amigos por ella, porque no se rindió para salvarlo, por eso la quería como la hacía, ella era todo lo que quería.

—¿Todo bien Bobby? — Pregunto Yelena susurrando.

—Más que bien, ya que estás a mi lado. —

—Siempre lo estaré. —

Para Yelena no había nada más que quisiera que Bob.

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