Capítulo I
—¿Por qué tengo que hacerlo?!
—Cuida ese tono conmigo, Norwood.
Se mordió la lengua mientras apretaba los puños. La noticia había sido inesperada; apenas hacía tres días había logrado convertirse en caballero de la Orden de la Rosa Negra, un anhelo que había alimentado durante años. En su mente, había imaginado que, al conseguirlo, su primera asignación sería algo más… importante.
—Ya conoces tu tarea. Kendrick y Thatcher irán contigo; deben partir mañana —las palabras del capitán eran firmes y directas, sin dejar espacio a la discusión.
—Mañana —repitió, tenso, como si no pudiera creer que fuese tan pronto.
—¿Algún problema, Drake Norwood?
—Ninguno, capitán —dijo, y se dio la vuelta para salir de la oficina. Al cerrar la puerta detrás de él, soltó un suspiro pesado mientras se sujetaba el puente de la nariz, incapaz de creer que le habían asignado esta tarea.
Caminó un largo trecho hasta el campo de entrenamiento, donde algunos realizaban sus rutinas, otros se debatían en combates amistosos, y un grupo más charlaba sobre sus logros recientes. Apretó los dientes. ¿Fue asignado por el simple hecho de haber sido nombrado caballero?, como si se tratase de delegar la tarea que nadie quería al nuevo.
—¡Nor! Por aquí —el llamado lo sacó de sus pensamientos y volvió a suspirar.
—Wade, ya te dije que mi apellido es Norwood —respondió con fingida molestia. En realidad, ya no le importaba; había desistido de que su amigo lo pronunciara correctamente.
—Pero es más fácil y corto —esbozó una sonrisa burlona.
—Nicholas, dile algo —señaló a su otro amigo, quien mantenía una expresión seria y serena. Al escuchar su súplica, solo negó con la cabeza, consciente de que era inútil intentar cambiar a Wade.
—Dejando eso de lado, ¿qué te dijo el capitán? —la ansiedad por conocer las novedades era evidente; ambos sabían que Wade era un chismoso, por lo que no le sorprendió que preguntara tan directamente.
Drake soltó un suspiro y se tocó la nuca, todavía considerando esto un fastidio. —Al parecer, nosotros tres tenemos que ir al templo de Minderfel para escoltar al segundo príncipe hacia la ciudad capital por órdenes del emperador.
—¿El príncipe exiliado? —la confusión y sorpresa eran palpables en la voz de Wade.
—¿Por qué nosotros? —el tono de Nicholas permanecía neutral, por lo que no estaba claro si le molestaba o si le daba igual la noticia.
—Quién sabe, pero debemos prepararnos para salir mañana temprano.
—¿Mañana? ¿Tan rápido? —Wade se quedó pensativo por un momento, pero luego abrió los ojos exageradamente, pues acababa de recordar algo —¿Tendrá algo que ver con lo que escuché hace unos días?
—Wade, ¿qué te dije sobre estar chismeando con las sirvientas del palacio?
—Que no lo hiciera —respondió, pero rápidamente añadió —escúchame, se dice que el primer príncipe está enfermo.
—¿Qué? —Drake no lo esperaba y lo tomó por sorpresa —No he escuchado nada de eso.
—Es posible que el emperador no quiera que la noticia se esparza, podría ser para no alterar a los nobles —intervino esta vez Nicholas.
—Probablemente. ¿Será por eso que quieren que vayamos a buscar al segundo príncipe? ¿No creen que el primer príncipe se salvará? —se cuestionó Wade.
—Pero eso no tiene sentido, si el emperador quiere un sucesor, aun sin el primer príncipe, aún tiene al tercer príncipe. ¿Por qué traer de vuelta a alguien que él mismo exilió a un templo lejano? —Drake sabía que algo no cuadraba, pero no podía adivinar qué.
—Sea como sea, mejor dejemos de hablar del tema y concentremos nuestros esfuerzos en preparar todo para mañana —expuso Nicholas, señalando con la mirada a algunos caballeros que comenzaban a prestar atención a su conversación. Ambos entendieron rápidamente a qué se refería.
—Al parecer, Wade no es el único chismoso por aquí —dijo Drake, alzando la voz a propósito para que lo escucharan. Inmediatamente, los demás volvieron a sus asuntos. Una vez que vio que ya no les prestaban atención, se giró de nuevo hacia sus amigos —Bueno, deben ir a prepararse. Yo haré lo mismo. Nos vemos mañana al amanecer en la puerta este del palacio.
Ellos asintieron, y Drake se encaminó hacia el pueblo, donde necesitaba abastecerse de algunas cosas para el largo viaje que tenía por delante.
Al caminar por las calles adoquinadas, varias personas lo saludaban con una sonrisa; algunas lo miraban con admiración, y otras evidenciaban un poco de envidia. Sin embargo, él se dedicaba a corresponder a cada uno. No le importaba si no le caía bien a todos; su arduo trabajo y esfuerzo lo habían llevado a donde estaba ahora: ser un caballero.
Entró por la puerta de madera, vieja y desgastada por el tiempo, haciendo sonar la campana oxidada de la entrada, un sonido que había estado presente desde sus días como simple escudero.
—Buenas tardes, señor Marsden.
El anciano levantó la vista de los papeles y una sonrisa se dibujó en su rostro al ver a Drake en su tienda. —Mira, quién nos honra con su visita, el caballero Norwood —su tono denotaba puro orgullo.
—Drake, muchacho, qué bueno verte —el señor se acercó a él, dándole un fuerte abrazo que fue correspondido —¿Qué te trae por aquí?
—Señor Marsden, también me alegra verlo. Vengo a abastecerme un poco; mañana tengo mi primera tarea como caballero y estaré afuera un tiempo.
—Tan pronto… bueno, es comprensible.
Mientras el anciano cargaba una bolsa con lo esencial para el viaje, como ungüentos, hierbas medicinales, mapas y algunos bocadillos, Drake preguntaba por su familia.
—¿Cómo está la señora Marsden? Escuché que hace poco tuvo un resfriado.
—Mi señora es toda una roca —bromeó el anciano—. Aun estando enferma, atendió la tienda un día y todavía hizo sus recados diarios, pero ya está mucho mejor ahora.
—Me alegra escucharlo, por favor, envíele mis saludos.
—Por supuesto. Se alegrará de saber de ti; en estos días siempre presume de que ahora eres un caballero de la Orden de la Rosa Negra.
Drake esbozó una sonrisa; los señores Marsden siempre lo habían apoyado desde aquel día y estaría eternamente agradecido con ellos.
—Aquí tienes, muchacho.
—Gracias, señor, ¿cuánto es?
El señor Marsden hizo un gesto negativo con su mano. —No te preocupes, esta vez va por mi cuenta. Es tu primera tarea; tómalo como un regalo.
Él quiso protestar, pero la mirada del señor Marsden detuvo sus palabras de inmediato, haciéndolo enmudecer. Sabía que no podía contradecirlo, así que simplemente agradeció con cortesía y luego se despidió con un gesto casual antes de salir de la tienda. Al salir, se percató de que ya había anochecido; el tiempo volaba. Contempló el cielo estrellado y sintió la brisa fresca acariciar su rostro.
Ya se sentía más tranquilo en comparación con cuando recibió la noticia. Sin embargo, la sospecha sobre lo que rodeaba a los príncipes no dejaba de atormentarlo, especialmente en lo que respectaba al segundo príncipe.
Había escuchado historias sobre su exilio, algunas más exageradas que otras, pero que, de igual forma, terminaban en lo mismo…
El segundo príncipe había intentado asesinar al primer príncipe.
Continuará...
21/06/2025


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