Tasting Of God

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Sinopsis

Aziz, un joven universitario común, ve su vida trastornada al conocer a Adir, una demonio enviada a la Tierra como parte de un experimento divino. Lo que comienza como una convivencia forzada se convierte en una aventura de aprendizaje mutuo: Aziz descubre los límites del poder otorgado por su nueva compañera, mientras Adir experimenta por primera vez las maravillas y desafíos del mundo humano. Juntos, enfrentan no solo situaciones mágicas, sino también preguntas existenciales sobre el propósito, la libertad y el significado de la felicidad

Genero:
Fantasy
Autor/a:
ivinik
Estado:
En proceso
Capítulos:
33
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Adir parte 1

—Este fin de semana, tal vez deba visitarla —pensaba Aziz mientras se encontraba sentado en el sillón.

Estaba caminando por un bosque, llegando finalmente a una hermosa casa. En el patio, vio a su abuela, su padre, su madre y su hermana riendo y jugando juntos.

—Hermano, llegaste —le dijo su hermana mientras se acercaba para abrazarlo.

—Hijo, ¿cómo te fue en la incursión? —preguntó su padre.

—Sí, ya llegué —respondió Aziz.

—Bien, vayamos a almorzar, propuso su madre.

Todos entraron a la casa, pero Aziz no podía avanzar. Tras la escena que acababa de presenciar, sus lágrimas comenzaron a brotar sin cesar.

—Hermano, ¿qué te pasa? ¿Te duele algo? —preguntó su hermana preocupada.

—¿Por qué... por qué estoy viendo esto? —murmuró Aziz, incapaz de contener sus emociones.

—¿Quieres hacerla feliz, ¿verdad? —preguntó su hermana.

—Sí —respondió Aziz.

—Puedo darte el poder para hacerla feliz, para cumplir todos tus deseos —le ofrecía una voz misteriosa.

En ese momento, Aziz despertó como si hubiera estado soñando. Se sentía como si hubiera consumido un calmante, y un misterioso humo parecía envolverlo mientras una silueta se situaba a sus espaldas y le susurraba al oído.

—Puedes recordarlo, ¿verdad? Todos esos momentos repugnantes, dolorosos... ¿quieres cambiarlos? —susurraba la silueta.

—Sí, si mi hermana solo hubiera nacido en otra familia... —respondió Aziz, comenzando a recordar momentos de su hermana.

—Lo entiendes. Solo di las palabras de lo que deseas. Vamos, solo dilo, insistió la silueta.

Entre los recuerdos y sentimientos que Aziz estaba experimentando, pudo comprender algo importante: su hermana ya era feliz con lo que tenía. Nunca había sentido odio hacia nadie ni deseado otra vida.

—Si, como tú dices, no deseo nada —declaró Aziz.

—¿Qué? —La misteriosa mujer parecía confundida por la respuesta.

—Y pensar que nunca me tomé el tiempo para pensar en esto tan simple. Mi hermana ya es feliz con lo que tiene. Nunca odió a nadie ni quiso otra vida —reflexionó Aziz.

—Vaya, qué humano tan interesante —comentó la silueta.

—Espera, yo debería estar solo —dijo Aziz, apartándose rápidamente hacia el otro lado de la habitación. —¿Quién demonios eres? Un momento, ¿cómo entraste aquí?

—Vaya, parece que ya me recordaste. Qué mal, por lo general, esto se debe responder después de que me digas cuál es tu deseo —bromeó la silueta.

—¿Mi deseo? A mi cabeza, ¿qué demonios pasó? —exclamó Aziz.

—En fin, mientras hagas un trato conmigo, supongo que no habrá mucha diferencia —dijo la silueta.

—¿Un trato? No entiendo qué quieres decir con todo esto —expresó Aziz confundido.

—Yo soy un demonio. Ahora mismo, los dioses están realizando un tipo de experimento. Con mi poder, puedes cumplir todos tus deseos —explicó la silueta.

—Experimento, ¿de qué va todo esto? ¿Los dioses? ¿En verdad crees que me voy a tragar todo ese cuento? —preguntó Aziz, escéptico.

Y ahí el demonio se situo junto a el, extendiendo su brazo.

—Vaya, para estos casos lo mejor es mostrarles algún ejemplo. —Ahí el demonio movió su brazo e hizo aparecer un fajo de dinero de la nada, luego de ver la expresión de Aziz, movió el mismo cuerpo de Aziz, haciéndolo levitar. —Ya lo entiendes ahora solo acepta y has un pacto conmigo.

Aziz estaba anonadado con tal acción que habían logrado presenciar sus ojos. La demonio parecía estar orgulloso, con una leve sonrisa que enmarquecia su rostro, echo un pequeñovistazo a Aziz, dada su expresión atónita decidió darle una demostración de lo que era capaz. Se acentuo enfrente de el extendiendo su brazo, tal acción hizo que empezara a levitar.

—¿Estas entendiendo? Solo tienes que aceptar y hacer un trato.

—Un pacto, parece que voy a tener que creer todo lo que esta pasando…, dame un segundo para procesar la información. —mientras Aziz fue a buscar un vaso de agua y a sentarse para procesar toda la información. —Dime demonio hay algo que no entiendo todo esto solo suena como beneficios para mí, cual es la trampa acaso tengo que vender mi alma o algo por el estilo.

—Vaya, siempre es lo mismo con los humanos. Tienen demasiada imaginación. Tal vez por eso son tan interesantes. Estoy aquí simplemente para observar cómo se comportan los humanos con estos poderes. No te voy a imponer ningún castigo; después de todo, tus acciones siempre llevarán su propio castigo en la vida —explicó la demonio.

Aziz reflexionó sobre la situación al día siguiente mientras se dirigía a la universidad. Se preguntaba dónde estaría el demonio cuando lo necesitara para ayudarlo con este poder que le había dado.

Esa mañana, cuando se despertó, se encontró con que sus pies apuntaban al techo. El poder parecía activarse cuando menos lo esperaba.

Al llegar a la universidad, Aziz tuvo clases difíciles, ya que en ocasiones su cuaderno volaba o movía a sus compañeros cercanos. Afortunadamente, confundieron estos incidentes con un temblor. Estuvo lidiando con esta situación hasta la hora del almuerzo, cuando decidió relajarse en el césped.

—Hey, demonio, ¿puedes escucharme? ¿O estás en tu hora de descanso? —preguntó Aziz.

—Sí, ¿qué pasa? —respondió la silueta, apareciendo de la nada a su lado.

—Oye, ¿cómo puedo dejar de ser molestado por este poder? —preguntó Aziz.

—No puedes —fue la respuesta tajante.

—¿Cómo? —preguntó Aziz sorprendido.

—No se puede. Una vez hecho el contrato, te quedas con ese poder. Lo mejor que puedes hacer es usarlo hasta que te acostumbres —explicó la silueta.

—Así que, ¿entrenar? Y tú, ¿dónde has estado todo este tiempo? No te he visto. ¿Acaso te vuelves invisible o algo por el estilo? —preguntó Aziz.

—Bueno, técnicamente no es invisibilidad, pero no sé cómo explicarlo. Puedo camuflarme para que no me vean, para no interferir en el experimento... —dijo la silueta.

La demonio no pudo terminar la frase, ya que quedó mirando fijamente el almuerzo de Aziz.

—¿Tienes hambre? ¿Quieres la mitad? —ofreció Aziz.

—Emm, pero no debo interferir en el mundo de los humanos —titubeó la demonio.

—Ya veo. Bueno, si no lo vas a querer, tendré que tirarlo. Así que aquí te lo dejo —dijo Aziz.

—Bueno, si ese es el caso, lo aceptaré —aceptó la demonio.

La demonio disfrutó del almuerzo con entusiasmo, como si fuera su última comida.

—¿Y qué tal estaba? ¿Te gustó mi cocina? Aunque, bueno, no era nada del otro mundo —comentó Aziz sonriendo.

—Bueno, es la primera vez que como algo así —reveló la demonio.

—¿En serio? Pero si solo era arroz con hamburguesa, un plato bastante común —observó Aziz.

—La verdad es que los demonios somos seres divinos gracias a nuestro poder, por lo que no necesitamos ingerir alimentos ni bebidas, ni generamos desechos ni experimentamos somnolencia —explicó la demonio.

—Eso lo explica. Me alegra saber que ustedes también pueden poner esas caras —bromeó Aziz.

—¿Eh? ¿A qué te refieres? —preguntó La demonio.

—Bueno, como decirlo, cuando llegaste, tenías unos ojos bastante vacíos. Llegué a pensar que eras como una máquina simplemente siguiendo las órdenes de Dios. Dime, ¿dónde exactamente te diviertes o, mejor dicho, ¿qué hacen? —reflexionó Aziz.

—¿Qué hacemos? Bastante simple: seguir órdenes, para eso nacimos —respondió la demonio.

—Pero eso no es muy diferente de la esclavitud, ¿no crees? —cuestionó Aziz.

—No lo sé, la verdad es que nunca me había puesto a cuestionar la vida que llevo —admitió La demonio.

—Entonces, ¿qué te parece si empezamos a hacer cosas que no pudiste hacer en tu vida? —propuso Aziz.

—¿Eh? Pero eso no viene al caso. Yo no tengo que interferir con tu vida —dijo la demonio.

—Pero ya lo hiciste al contarme características de los demonios. Eso podría cambiar mis decisiones en el futuro —señaló Aziz.

—Bueno, tienes razón, pero... —la demonio titubeó.

—¿Qué tal si te ayudo a conocer las cosas maravillosas de este mundo y, a cambio, tú me ayudas a controlar este poder, al menos para que no sea molesto en la vida diaria? También podrás probar más comidas deliciosas. ¿Qué te parece? ¿O es que acaso no quieres vivir y ver lo amplio que es el mundo? —propuso Aziz.

—¿Lo amplio del mundo? Eso me intriga bastante —admitió La demonio.

—Bueno, en ese caso, tenemos un trato, demonio. Sabes, es incómodo llamarte solamente ‘demonio’. ¿No tienes un nombre? —expresó Aziz, mostrando su incomodidad.

—Un nombre, la verdad es que no. Por lo general, tenemos un número asignado —reveló la demonio.

—La verdad es que no es muy cómodo llamar a alguien por un número. ¿Te parece si te sugiero alguno? ¿Qué te parece ‘Adir’? ¿Te gusta? —propuso Aziz.

—Adir suena bonito. ¿Significa algo? He escuchado que algunos nombres tienen significado —preguntó Adir.

—Emm, bueno... Todos los nombres tienen algún significado, se podría decir... ¿Qué te parece si, cuando lo sepa bien, te lo digo? —dijo Aziz.

—Ok, es una promesa —aceptó Adir, estrechando la mano de Aziz.

Al día siguiente, al salir de la universidad, Aziz se dirigió al supermercado, preguntándose qué podría cocinarle a Adir.

—Oye, Adir, ¿estás ahí? ¿Me escuchas? —preguntó Aziz.

—Sí, ¿qué pasa? —respondió Adir.

—Emm, ¿qué es esto? ¿De dónde vino tu voz? —preguntó Aziz, sorprendido.

—Jajaja, envío las palabras directamente a tu cabeza. Sería raro que los demás escucharan una voz salida de la nada —explicó Adir.

—Entonces, si te hablo desde mi cabeza, ¿también me escucharás? —quiso saber Aziz.

—Sí, es una cualidad bastante útil para observar —respondió Adir.

—Bien, esa información es interesante, pero no dijiste que íbamos a hacer que vivieras diferentes cosas de este mundo —recordó Aziz.

—Sí, ¿pero por qué viene eso al caso? —preguntó Adir.

—Todo. Ahora vayamos al supermercado, y voy a necesitar tu ayuda para saber qué cocinar. Así que lo mejor es que me acompañes en tu forma física —explicó Aziz.

—De acuerdo —aceptó Adir.

—Bien, ya estoy aquí. Aunque aun no entiendo del todo el significado de esto —comentó Adir.

—Bueno, lo entenderás con el tiempo. Además, podemos conversar mejor con la boca. De esta forma me da como escalofrío, y, por último, tu forma —explicó Aziz.

—Mi forma, ah, claro. Así no parezco humana. Espera un segundo —dijo Adir. Se transformó, ocultando las partes de demonio, como los cuernos, cola, dientes, y la piel cambió a un tono más parecido a la gente de esta zona. Al verla, Aziz quedó embobado; estaba mucho más hermosa que la primera vez que la vio.

—Ya estoy lista —dijo Adir, mostrando una amplia sonrisa.

—¿Bien, esa es la forma que vas a adoptar cuando estés físicamente independiente del lugar, de acuerdo? —confirmó Aziz.

—Sí, sabes, no soy idiota. Simplemente desconozco un poco del mundo —admitió Adir.

—Vale, jajaja —rio Aziz.

Caminando en el supermercado, no había mucha gente, así que, ante todas estas personas, pasábamos desapercibidos, excepto cuando Adir se emocionaba al ver cuánto desconocía del supermercado.

—¡Aziz, Aziz! ¿Qué es esto? ¡Sabe exquisito! —exclamó Adir sin esconder su entusiasmo.

—Jajaja, bueno, es verdad. Es chocolate... —dijo Aziz.

—Así que, ¿chocolate? ¿Esto vas a cocinar? —preguntó Adir.

—No, y no comas más de esas cosas, o luego no tendrás hambre —advirtió Aziz.

—Sabes, los demonios nunca tenemos la sensación de hambre, dado que no necesitamos comer —explicó Adir.

—Ah, verdad, eso tiene bastante lógica. Pero mi dinero no es infinito, así que ese fue el último dulce, y guarda los envoltorios, que aún debemos pagar por ellos —recordó Aziz.

—Sí —aceptó Adir.

—Me sorprende lo rápido que te estás divirtiendo con todo esto. Te comportas como una niña en una juguetería —observó Aziz.

—¡Wau, ¿qué es esto? es delicioso! —decía sin esconder su entusiasmo.

—Ahora que.

Había un empleado dando a probar muestras de una carne, ante una mirada fija de Adir me decidí por probarla.

—Increíble, en verdad que esta rica.

—Aziz podemos comer de esta carne en la comida.

—Haber déjame pensar, bueno la verdad es que no es muy cara, yo creo que hacerla como un curry quedara bueno.

—¿Curry?

—Lo probaras esta noche.

—Siiii —decía celebrando.

—Bien ahora enfoquémonos en lo demás, ¿ok?

—Si.