Deseo que seas mi regalo 🎁 KOOKMIN "ONE SHOT"

Sinopsis

Un deseo hecho con amor. Una infidelidad. Consecuencias que lastimaron a dos seres que se amaban. Una decisión Un solo amor ☆ Historia 100% mía. ☆ Un solo capítulo. ☆ Prohibido su copia, plagio o como gusten llamarlo.

Genero:
Drama
Autor/a:
Kerfi
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

DESEO QUE SEAS MI REGALO

Lo único que pedí era que mi novio estuviera el día de mi cumpleaños, solo pedí que él fuera mi regalo. No necesitaba nada más, solo lo necesitaba a él.

—Mira, mi amor, una estrella fugaz. Pide un deseo —la suave voz de Jungkook resonó en su oído mientras sus fornidos brazos rodeaban su cintura.

Deseo que seas mi regalo, Jungkookie.

Un deseo lleno de amor pidió mientras cerraba sus ojos y tocaba las manos de su contrario.

—¿No me dirás qué pediste?

—No, Kookie. Si te lo digo, no se cumplirá —sonrió tiernamente.

Palabras que nos han dicho desde pequeños: "pide un deseo, pero no se lo digas a nadie o no se cumplirá". Palabras que tan solo son eso, creencias a las que nos aferramos porque nos dan esperanza de que lo que pedimos un día se haga realidad.

—Mi pequeño amor —sonrió cálidamente para luego dejar un beso en sus cabellos rubios.

Llevaban ya una relación de un año, un año donde compartieron tanto. Un año donde el de cabellera rubia pensaba que conocía muy bien a su novio, donde juraba que este lo amaba incondicionalmente. Donde su Kookie, como lo llamaba con cariño, era el mejor novio del mundo.

—Hace frío, Kookie. Entremos —dijo, haciendo que este lo tomara de la mano e ingresaran a su habitación.

Durante ese año habían decidido vivir juntos y no por separado. El departamento era pequeño pero acogedor: dos habitaciones, sala, comedor y cocina, y por supuesto, un pequeño balcón que daba una hermosa vista hacia el exterior.

Jungkook trabajaba en una academia de canto. La paga era buena, demasiado buena, suficiente para costear por sí solo los gastos que implicaba un hogar.

Jimin, en cambio, era profesor de baile: su sueño hecho realidad. No se quejaba de la paga, era buena aunque menor que la de su novio. Los dos trabajaban en el mismo edificio, solo que en diferentes áreas y horarios.

—Odio los lunes —se quejó Jungkook tirándose sobre la cama boca abajo.

—Tú odias todos los días, Kookie —soltó divertido mientras se subía a horcajadas sobre él.

Era domingo por la noche, día en que ninguno trabajaba y el tiempo se lo dedicaban el uno al otro.

¿Pero por cuánto tiempo durará?

—Eso es mentira, Minnie. Amo los fines de semana donde puedo pasar todo el día junto a ti.

En un movimiento limpio se dio la vuelta sin hacer que Jimin se quitara de encima.

—También amo pasar tiempo contigo, Kookie, pero nuestros trabajos no ayudan mucho.

—Lo sé. Por eso aprovecho al máximo teniéndote junto a mí —se apoyó en sus codos e hizo un poco de presión para que lo besara.

Jimin tan solo sonrió tiernamente al ver tal gesto, que hacía que su corazón latiera desenfrenado, y lo besó. Besó esos labios que tanto amaba y que eran solo de él... ¿o no?

—Te haré mío, Park Jimin —susurró con voz ronca, haciéndose ver más sexy de lo que ya era.

—Siempre he sido tuyo, Jeon Jungkook —respondió para fundirse en sus brazos.

Y ahí, una vez más, se entregaron, uniendo sus cuerpos como la primera vez que lo tomó. Una vez donde hacían el amor y no solo era sexo.

Pero siempre dicen que no todo es color de rosa, que no todo es miel sobre hojuelas, que no todo es perfecto. Siempre, a pesar de los años que puedan transcurrir en la Tierra, habrá algo que lastime y haga daño, algo que borre la felicidad que un día se experimentó.

¿Cómo puede ser posible que las cosas cambien de la noche a la mañana en un abrir y cerrar de ojos?

Jimin había experimentado aquello con su novio. Un día simplemente despertó y su novio ya no era el mismo. ¿Dónde había quedado el chico tierno, cariñoso, cursi, amable, comprensivo? ¿Dónde había quedado la persona que todos los días le recordaba cuánto lo amaba, que todas las noches, a pesar del cansancio, le susurraba un "te amo más que ayer"? El rastro de aquel chico se había esfumado como cuando sueltas la calada de un cigarrillo.

Las caricias, besos y hasta la intimidad poco a poco se fueron disipando. Las noches se sentían frías al no tener a un pelinegro recostado a su lado. Pensando positivamente que todo pasaría y que cuando volviera a abrir sus ojos solo habría sido un sueño, el rubio cayó en los brazos de Morfeo, y una vez más dormía solo en la amplia cama.

—Kookie, ¿he hecho algo mal? —la voz del rubio denotaba tristeza.

Muchas veces, por no decir todas, se cuestionaba si era su culpa el cambio de actitud de su novio. Si tan solo tuviera menos horas de trabajo, quizás podría pasar más tiempo con él.

—No... ¿por qué lo dices? —no se atrevió a mirarlo.

—Has cambiado, Kookie. Ya no eres el mismo.

No dijo nada, pues sabía muy bien el motivo del porqué había cambiado la forma de tratar a su pequeño novio.

—Si algo no te gusta, puedes decírmelo, Kookie.

—No te preocupes, Minnie. Es solo que tengo mucho trabajo encima.

—Ya veo... y el que tiene que pagar por ello soy yo.

Él también tenía trabajo encima, quizás hasta más que el pelinegro, pero no por ello había cambiado su forma de ser.

—Jimin, por favor, no comencemos...

—Nunca comenzamos, Jungkook. Nunca quieres hablar del tema, siempre lo evades. Has cambiado, y tú lo sabes. Y no me digas que es por tu trabajo, porque yo también tengo trabajo acumulado, pero no he cambiado.

Definitivamente se había enojado. Era la primera vez que hablaba con rabia, ira y molestia; la primera vez que se dirigía de esa manera hacia su novio.

Pero, como suelen decir, siempre hay una primera vez para todo.

—Yo... yo lo siento, mi amor.

No sabía qué más responder, pues todo lo que su novio decía era verdad. Había cambiado. Cambió desde aquella tarde en que un nuevo estudiante ingresó a la academia.

Un estudiante descarado y más fácil que la tabla del uno. Y aunque el pelinegro aclaró que tenía un novio al cual amaba, el otro no le prestó atención.

Aquella tarde, el pelirrojo lo miró con una sonrisa pícara que lo hizo sentirse incómodo. Y antes de despedirse, le robó un beso. Un beso que, días después, se convirtió en algo más.

Había engañado a su Minnie. Se odiaba por eso, se lo recriminaba cada día, pues un día juró serle fiel. Pero ese juramento se fue por el caño en cuestión de segundos.

Los encuentros con el pelirrojo se hicieron más constantes. No era como si lo quisiera para algo serio, pero la tentación lo cegó... y terminó entre sus piernas.

Terminó follándolo tan duro y sin piedad que el otro solo gemía su nombre sin parar. Terminó teniendo sexo en más de una ocasión.

Y en cada ocasión, el nombre "Jimin" retumbaba en su cabeza, haciéndolo sentir como una completa escoria.

Mientras él se follaba a alguien más, su querido novio lo esperaba en casa, solo, deseando que regresara a llenarlo de mimos... cosa que nunca pasó.

—Dime que volverás a ser el de antes, Kookie —se acercó, quedando frente a frente.

—Lo prometo, mi amor. Lo prometo —miró esos ojos avellana que tanto amaba, y en los que veía cómo el brillo desaparecía poco a poco... todo por su culpa.

—Por el meñique —sonrió como un niño pequeño.

Jamás le gustaba estar peleado con su novio. Siempre buscaba arreglar las cosas, aun cuando no tuviera la culpa de nada.

—Por el meñique.

Juntaron sus meñiques y ahí, una promesa realizaron...Una promesa que... ¿será que acaso la cumple?

Los días habían pasado. Como había mencionado el pelinegro, las cosas cambiaron, y Jimin lo había notado.

Claro que cambiaron... pero quizás —y solo quizás— fue porque el pelirrojo ya no asistía más a la academia. Había pedido permiso por motivos personales, pero regresaría una vez que estos se resolvieran.

Aquella despedida terminó en un polvo. Aquella promesa se rompió en un abrir y cerrar de ojos. No solo prometió cambiar su forma de actuar, también se prometió a sí mismo que no lo engañaría más, que le sería fiel.

—Kookie, basta... no más cosquillas, me duele el estómago —la risa tierna y cautivadora del rubio resonaba en la habitación.

—No, me gusta verte sonreír, mi amor —no dejaba de mover sus hábiles manos sobre el cuerpo de este.

—¡Ya, Kookie, detente o juro que te quedarás en abstinencia! —gritó divertido, sorprendido por lo que se le había ocurrido decir.

—¿Ah, sí? —detuvo sus movimientos mientras lo observaba, mordiéndose el labio inferior.

—S-sí... —tartamudeó; el modo en que lo miraba siempre lograba ponerlo nervioso.

—Solo por eso te haré el amor, y haré que grites, gimas y pidas más —se acercó sutilmente y aprisionó esos labios carnosos y rojos que tanto amaba.

Jimin no pudo formular palabra alguna, pues sus labios ya habían sido atrapados, y como siempre, las palabras tan directas de Jungkook lograban hacerlo sonrojar.

Comenzó con un beso tierno, pero que poco a poco fue subiendo de intensidad. Sus cuerpos siempre reaccionaban con solo estar cerca. Jungkook comenzó a dejar besos húmedos sobre el cuello del menor, haciendo que Jimin mordiera su labio para evitar soltar un gemido.

—No te calles... solo gime para mí —su voz ronca y el beso succionado en su cuello hicieron que gimiera.

En un abrir y cerrar de ojos, ya le había quitado toda prenda, dejándolo desnudo ante su vista. Lo admiró detalladamente: era hermoso. Su cuerpo lechoso y delicado lo volvía loco, definitivamente.

No se hizo esperar y comenzó a besar cada centímetro de su piel. Se abrió paso entre sus piernas y volvió a aprisionar sus labios, haciendo que sus hombrías se rozaran y gimieran al unísono.

Mostrando dos de sus dedos, Jimin ya sabía qué hacer. Los lamió de forma tan sensual que Jungkook sintió cómo su erección se ponía más dura de lo que ya estaba.

Volviendo a besarlo, introdujo uno de sus dedos, haciendo que un gemido se perdiera entre sus labios. Lo movió lentamente, dándole tiempo para acostumbrarse. Siempre fue delicado, y esa noche no sería la excepción.

__ Ahh Kook...

Ese gemido lo hizo introducir un segundo dedo. Comenzó a moverlo en círculos y luego a modo de tijeras. A Jimin le resultaba torturante.

—Ko-Kook... ya...

—¿Ya qué, mi amor? —sabía a qué se refería, pero quería escucharlo de sus labios.

—¡Joder, Jungkook, ya métela!

—Como ordenes, amor —sonrió pícaramente.

Se posicionó en su entrada, ya más que preparada. Tomó su miembro, lo alineó y lo introdujo de una sola estocada, haciendo que Jimin gritara.

Comenzó con embestidas lentas pero profundas. Jimin gemía sin parar; Jungkook siempre supo cómo llenarlo de placer. Absortos en la lujuria, el placer y el amor, las embestidas se hicieron más rápidas. El sudor se deslizaba por sus cuerpos, los gemidos de ambos inundaban la habitación, y no faltaba el sonido húmedo y obsceno de sus cuerpos chocando: la música de fondo que jamás se cansarían de escuchar.

—Da-date la vuelta, mi amor —ordenó, haciendo que quedara en cuatro sobre la cama.

La vista era incomparable. Jungkook no podía apartar la mirada mientras masajeaba las redondas nalgas de su novio.

__ Ahh—jadeó al sentir cómo este le había mordido una de ellas.

Una vez más, introdujo su erecto y bien dotado pene en la entrada rosada, logrando que al instante Jimin gimiera y arqueara su esbelto cuerpo. Lo penetró con un ritmo marcado, sin duda disfrutando ambos del momento.

El chapoteo era constante. Entraba y salía a su antojo.

— Ahh.. sí, más... más, Kookie

Había encontrado su punto dulce, y sin más, comenzó a embestirlo con fuerza, llenándolo por completo.

— Ahh... Ko-Kook... estoy por venirme —dijo al sentir el cosquilleo en la parte baja de su abdomen

— Ahh.. un poco más y nos venimos juntos—sujetó el miembro del rubio, masturbándolo mientras intensificaba las penetraciones.

—Ahh...

El gemido conjunto indicó que ambos habían llegado al clímax al mismo tiempo, como tantas otras veces.

—Ven aquí, mi amor —se acostó a su lado, con la respiración agitada.

Tiraron al suelo la sábana donde Jimin se había corrido y, antes de que este se acomodara, el pelinegro limpió su entrada, ya que había terminado dentro de él.

—Te amo, Kookie —susurró, acurrucándose en su pecho.

—También te amo, mi amor.

Las lágrimas se hicieron presentes en los ojos de Jungkook. Se odiaba por haberlo engañado. La culpa no se iba... y quizás no se iría nunca.

Sin más, ambos se quedaron dormidos.

—Basta, no pienso ni quiero engañarlo de nuevo —dijo, quitando las manos que se habían posado en su pecho.

—¿Qué ha cambiado en este tiempo que me fui? Eso no decías cuando estabas entre mis piernas.

El pelirrojo había vuelto y con ello, sus intenciones de volver a tener al sexy profesor sobre él, embistiéndolo sin piedad alguna.

—Cambió que no quiero seguir siendo el mismo hijo de puta que engaña a su novio con el primer ofrecido que se le pone enfrente —sus palabras fueron duras, pero necesarias.

—Este "ofrecido" hizo que te corrieras más de una vez. No se quedará así, Jeon —estaba furioso. ¿Y quién no lo estaría al ser llamado "ofrecido"?

—Solo era sexo, nada más. No había sentimientos contigo, no te engañes. Ahora aléjate de mí, no quiero tenerte cerca —su mirada era fría y seria, de esas que te pueden asesinar con solo un gesto.

El pelirrojo no dijo nada más. Salió echando humo. Quizás pensó que podían tener algo... pero se equivocó.

Los días pasaron. El pelirrojo no volvió a la academia, cosa que a Jungkook no le importó. Su relación con Jimin estaba mejor que al inicio, pero la espina del dolor seguía allí, recordándole que lo había engañado. El temor de perderlo si se enteraba lo acompañaba día y noche.

Algunas noches, las palabras "no se quedará así, Jeon" le quitaban el sueño. Temía que ese sujeto apareciera y destruyera su felicidad.

Se cuestionaba a diario si debía contarle él mismo lo que había hecho antes de que alguien más lo hiciera. Pero su valor nunca pasaba del pensamiento. Su mente reproducía incontables escenarios, y todos terminaban igual: Jimin llorando, diciendo "Te odio, Jungkook. No te quiero volver a ver. Lo nuestro terminó."

Definitivamente no quería ese final.

—Mi amor, ¿no me dirás qué deseo pediste aquella vez? —preguntó Jimin, mientras dibujaba corazones con sus dedos sobre el brazo de su novio.

—No, Kookie, no te lo diré.

—Anda, dime —rogó como un niño.

—Te lo diré el día de mi cumpleaños, Kookie —respondió tapándose la boca, juguetón.

Definitivamente, juntos eran la combinación perfecta.

—Está bien, esperaré ese día. Será el mejor, mi amor —lo atrajo a su pecho y lo abrazó con fuerza.

No faltaba mucho para el cumpleaños de Jimin. Exactamente una semana. Una semana en la que, quizás, todo podía cambiar... para bien o para mal.

—Hola, ¿eres Park Jimin? —un desconocido se acercó a él.

—Sí, ¿con quién tengo el gusto? —respondió, tan amable como siempre.

—Soy Kim Taehyung —sonrió hipócritamente.

Aquel pelirrojo no era otro que Kim Taehyung, el chico con quien el pelinegro se había acostado. Había vuelto, y no precisamente con buenas intenciones. Quería venganza, pues nadie, absolutamente nadie, lo rechazaba como Jungkook lo hizo.

—¿En qué puedo ayudarte? —lo miró, confundido por su sonrisa.

—Me dijeron que eres profesor de baile, y quería ver si aún puedo inscribirme.

Mentía. No le interesaba el baile. Solo quería acercarse.

—Sí, soy profesor. Pero lo siento, el cupo ya está lleno. Tal vez para la próxima temporada.

—¿Y no puedes hacerme un espacio? En serio quiero entrar.

Rogar no era lo suyo, pero lo hizo.

—De verdad quisiera ayudarte, pero el cupo es limitado. No puedo hacer nada, son las reglas de la academia.

Pasaron los minutos, y el pelirrojo seguía insistiendo. Jimin respondía siempre lo mismo, con diferentes palabras. Nunca había tratado con alguien tan persistente, pero al final cedió.

—Bueno, al menos lo intenté —dijo antes de marcharse.

—Qué persona tan rara —susurró para sí mismo.

—¿Por qué tienes esa cara, mi amor? ¿Pasó algo malo? —preguntó Jungkook preocupado, al verlo llegar.

—Estoy bien, amor. Solo me topé con un chico extraño —dijo, dejando su bolso a un lado del sillón.

—¿Un chico extraño?

—Sí, un tal Kim... Kim Taehyung.

Ese nombre cayó como un balde de agua fría sobre Jungkook. Sintió que un tren lo había golpeado. Sus manos sudaban y su cuerpo tembló.

—¿Estás bien, amor? —preguntó Jimin, notando su palidez.

—Cla... claro que sí, mi amor —intentó verse normal, si es que eso era posible.

—¿Y qué te dijo?

—Me pidió un cupo para clases, pero le dije que no. Fue muy insistente, no me gustó. Pero no había forma de ayudarlo, no hay espacio —se encogió de hombros.

Jungkook se sintió algo aliviado. Pero la presión en su pecho se intensificó. Taehyung había regresado, y eso no era buena señal.

—No le des importancia, amor —lo atrajo a su pecho. Necesitaba tenerlo cerca.

Después de ese encuentro, el pelirrojo no dio señales de vida. Pero eso carcomía a Jungkook por dentro.

Faltaba un día para el cumpleaños de Jimin. A pesar del temor, Jungkook había preparado una sorpresa para él. Incluso pidió permiso en la academia, tanto para él como para su pareja.

El día llegó. Apenas amaneció, Jungkook despertó a Jimin para que se alistara. Lo llevaría a un lugar especial.

—No debiste hacer esto, Kookie.

—Claro que sí. Es tu cumpleaños, y tengo una sorpresa —tomó su mano y comenzaron a caminar.

—¿Quieres que te diga cuál fue mi deseo?

—Aún no, Minnie. Me lo dices cuando lleguemos —le robó un beso rápido.

—Está bien —sonrió con ternura.

Caminaron unos diez minutos. Jungkook había reservado una mesa entre dos lagunas con forma de corazón. Había un pastel, decoración en tonos pasteles —sus colores favoritos— y un ambiente romántico, sencillo pero elegante.

—No los abras todavía —reía por lo bajo, cubriéndole los ojos.

—No lo haré, pero tengo miedo de caerme, Kookie —hizo un pequeño puchero.

—No dejaré que caigas —lo tomó en brazos y siguió caminando.

—Feliz cumpleaños, mi amor —le quitó la venda de los ojos.

La felicidad que sintió fue inmensa. Todo se veía hermoso, y saber que lo habían hecho para él lo llenó de emoción.

Las lágrimas de felicidad no se hicieron esperar, y su abrazo estilo koala tampoco.

—Te amo, mi amor. Gracias por esto —susurró cerca de sus labios antes de besarlo.

—Ahora te diré cuál fue mi deseo —lo miró con ese brillo característico.

—Deseé que tú fueras mi regalo, Jungkookie. No hace falta nada más... solo te quería a ti en este día tan especial.

Estaban a punto de besarse, cuando unos aplausos interrumpieron el momento.

—Felicidades —la voz grave de un chico resonó.

Ambos, confundidos, miraron a su alrededor. Supuestamente estaban solos.

—¿Tú? —exclamaron al unísono.

—También tengo un regalo para ti, Jimin —el sarcasmo era evidente.

—Lárgate de aquí —ordenó Jungkook con voz fría.

—¿Por qué? También te concierne a ti, Jungkook —dio un paso al frente.

—¿Se conocen? —Jimin los miró confundido.

—¿No le hablaste de mí? Qué mal, Jungkook —fingió dolor.

—Vámonos, mi amor —le tomó la mano. Sabía que Taehyung no tenía buenas intenciones.

—Bien, Jimin, te daré mi regalo antes de que tu "novio" te saque de aquí —guiñó un ojo.

—¿Quién eres y qué carajos quieres?

—Soy Kim Taehyung y vengo por mi venganza —lo dijo serio, mirándolo con odio.

—¿Venganza?

Jungkook apretaba los puños. Quería golpearlo, hacerlo callar.

—Soy el amante de tu novio —sonrió con malicia.

—Kook... —Jimin lo miró, esperando una respuesta... que nunca llegó.

—Mi amor, no...

—Sé hombre, Jungkook. Para follarme sí lo eras —lo interrumpió.

—¡CÁLLATE! —gritó Jungkook.

—Kook...

—Bueno, feliz cumpleaños, Jimin —dijo, alejándose. Ya había conseguido su objetivo: arruinar el día especial de ambos.

—Kook... dime que todo eso es mentira. Dime que solo lo dijo para dañar nuestro día.

—Lo siento, mi amor... de verdad, lo siento —tomó sus manos.

—Lo único que quería como regalo... eras tú. Pero al parecer, yo no era suficiente —se soltó.

—Mi amor, yo...

—Y pensar que creí que yo tenía la culpa de tu comportamiento... —sus lágrimas querían salir, pero se contuvo.

—Me equivoqué, lo sé. Perdóname, por favor. Él no significó nada...

—Nunca piensas. Solo actúas. No te importan las consecuencias. No te importan mis sentimientos.

El dolor era evidente. La decepción, la ira y las ganas de llorar lo consumían.

—Mi amor, perdóname, por favor —se acercó.

Pero es tonto de humanos preguntar lo que sabemos que nos destruirá:

—¿Cuántas veces, Jungkook? ¿Cuántas veces me fuiste infiel? —la tristeza opacaba el brillo de sus ojos.

—Lo-lo siento, mi amor...

—¡¿CUÁNTAS, JUNGKOOK?! —gritó, desgarrado.

—Algunas veces... de verdad, lo siento —miró al suelo. Sabía que lo había destruido.

—Ahorra tus disculpas, Jungkook. No borran el daño que me causaste. Te creí diferente, pero fuiste igual que los demás.

—Sé que fui un hijo de puta... pero...

—Terminamos, Jungkook.

Las palabras salieron como cuchillas, desgarrando todo a su paso.

—No... no, mi amor... por favor —suplicó, con lágrimas en los ojos.

—Adiós, Jungkook... y gracias por los momentos felices que me diste —dijo entre lágrimas.

Se soltó de su agarre, lo miró por última vez... al hombre del que se había enamorado profundamente... y salió corriendo.

Jungkook cayó al suelo. Su llanto fue tan fuerte que su garganta dolía... pero no tanto como su alma.

—Perdón, mi amor. Perdón por arruinar tu día. Perdón por haberte lastimado —sus lágrimas no se detenían—. Perdón por no haberte podido dar la sorpresa que tenía...

Apretaba con fuerza una pequeña caja negra de terciopelo. Como si su vida dependiera de ella.

—Perdón, mi amor.

Todos creemos conocer a la persona que amamos. Pero solo conocemos lo que ellos deciden mostrarnos.

Jimin no volvió al departamento que compartía con su ahora exnovio. No podía verlo, no tenía dónde quedarse. No tenía amigos cercanos... solo a Jungkook. Y ahora, ya no lo tenía más.

Con unos cuantos wones en el bolsillo y el corazón hecho pedazos, susurró:

—Un motel será, Jimin...

Esa tarde y esa noche, dos personas fueron las más heridas. Uno por ser engañado. Y otro, por haber sido quien traicionó y perdió al amor de su vida.

Jungkook intentó llamarlo, pero el celular estaba fuera de servicio. La preocupación lo devoraba, pues conocía bien su historia, y el miedo a perderlo para siempre lo consumía.

Los días pasaron. No tuvo noticias de Jimin. Y eso lo estaba matando lenta y tortuosamente.

Jimin, encerrado en la pequeña habitación que alquiló, no comía, no bebía. Solo lloraba. Las lágrimas... no cesaban.

—¿Es familiar del señor Park Jimin? —una voz grave se escuchaba detrás de la línea.

—¿Quién es y por qué tiene el celular de mi novio? —su voz sonaba fuerte.

—Tranquilo, señor, fue el primero en aparecer en sus contactos. Al señor lo están trasladando al hospital.

Su mundo se detuvo al escuchar "hospital". Si su corazón pudiera detenerse, ya lo habría hecho.

—Señor, señor, ¿está ahí?

El llamado constante hizo que el peli-negro reaccionara.

—¿A qué hospital lo llevan?

Debía mantenerse cuerdo, eso era lo que tenía que hacer, debía llegar a su lado.

—Park Jimin —dijo apenas puso un pie en el hospital, buscando con la mirada a su rubio y llamando la atención de las enfermeras.

—Por acá, señor —la voz de una de las enfermeras captó su atención.

A pasos torpes la siguió; lágrimas caían al verlo recostado en la camilla frente a él, inconsciente, con el rostro demacrado y aún más delgado de lo que ya era.

—Mi-mi amor —susurró mientras tomaba su mano.

—Él estará bien, señor. Está deshidratado, tal vez no ha comido ni bebido nada en días y eso ha provocado que quede inconsciente. Le hemos administrado unos sueros —habló el doctor con bata blanca, con cierto aire de tristeza.

El peli-negro no podía formular palabra alguna, todo era su culpa. Si tan solo no lo hubiera engañado, si tan solo no se hubiera dejado llevar, su pequeño Minnie no estaría en estas circunstancias, no estaría sufriendo.

Las horas pasaban y el rubio no despertaba; Jungkook no se separó ni un solo momento de su lado.

El doctor entró para su revisión, pero su rostro denotaba preocupación.

—¿Qué sucede, doctor? ¿Por qué aún no despierta?

—No podría decirle exactamente, señor. Es como si no quisiera despertar, debemos esperar —fue lo único que dijo antes de salir de la habitación.

El llanto se hizo presente nuevamente.

—Todo es mi culpa, mi amor. Yo hice que estés en este estado —comenzó a hablar con la voz rota.

Había pasado una semana, una semana y aún Jimin tenía sus pequeños ojos cerrados. Los doctores no daban buenos resultados y llegaron a la conclusión de que había entrado en coma, un coma que no sabían cuánto duraría.

Pero lo que todos desconocían era que Jimin, aunque parecía dormido, los podía escuchar.

—Señor Jeon —la voz del doctor resonó en la habitación.

—Sí, doctor.

—Sé que no debería decir esto en estos momentos, pero es mi deber informarle.

—¿Qué sucede? No me asuste. —tomó la mano de Jimin.

—No sé si le habían informado, pero está debiendo una semana la estadía de su novio.

—¿Qué? —no entendía nada, nadie le avisó que debía pagar nada.

—Por lo visto no le avisaron una vez que lo trasladaron a esta habitación. —el doctor se rascó la nuca incómodo.

—No, nadie lo hizo.

—Lo siento, pero debe cancelar o se lo deberán llevar.

—¿Qué? No pueden hacer eso. —estaba molesto.

Frotándose la cara con frustración y tratando de calmarse, habló nuevamente.

—¿Cuánto es la deuda? —lo miró.

—Llega a los **********.

¿Cómo es que una cantidad tan grande llegó apenas en una semana? Estaba atónito por el valor a pagar. Sin duda alguna, el estado y la habitación en la que se encontraba el rubio era demasiado cara.

—¿Me pueden dar algo de tiempo?

—Tiene hasta la noche, señor. —y sin más, salió.

Un suspiro soltó mientras veía a su rubio recostado.

(la parte que está en cursiva es el pensamiento de Jimin, quien puede oír todo a su alrededor pero que aún no despierta)

Lo siento, Kookie, lamento no haber sido más fuerte.

—No dejaré que te saquen de aquí, mi amor.

Es mucho dinero, Kookie, demasiado.

—Perdón, mi amor. Jamás me cansaré de pedirte perdón, por mi culpa, por mi culpa estás así. —el sollozo se hizo presente.

No llores, Kookie, jamás me gustó verte llorar.

—Si tan solo no me hubiera dejado llevar, si tan solo yo... no te hubiera engañado, tú no estarías aquí... estarías a mi lado, sonriéndome.

Kookie...

—Perdón, amor mío. Sé que no puedo volver el tiempo atrás y evitarte este dolor. Sé que siempre fui un cabeza dura que no piensa las cosas. De verdad me arrepiento, te amo tanto, mi amor, por favor despierta. Si no me quieres volver a ver, lo entenderé y me alejaré de ti, pero por favor, despierta, mi amor. —se había escondido en el brazo del rubio mientras hablaba y lloraba a la vez.

Siempre fuiste un tonto, Kook, siempre.

Sorbiéndose la nariz y esta vez mirándolo, habló.

—Volveré en un momento, mi amor, no demoraré. —dio un casto beso en su frente y, posteriormente, en esos labios que tanto amaba.

¿Qué vas a hacer, Kook?

—Puedes estar tranquilo, amor. Acabo de pagar la cuenta. —dijo una vez ingresando a la habitación.

¿De dónde sacaste dinero?

—No te lo había dicho, mi amor, pero tenía escondida una libreta donde iba ahorrando dinero a tu espalda. Lo hice desde el primer día en que te conocí; aquel día supe que eras la persona con quien quería compartir el resto de mi vida, pero...

Mi tonto y cursi Kookie.

—Ese dinero era para darte una gran y hermosa boda, mi amor. Quería que fuera la mejor boda del mundo. Te iba a proponer matrimonio el día de tu cumpleaños, pero la cagué, mi amor, la cagué como siempre. —lágrimas rebeldes rodaban por su mejilla.

Tú...

—No podré cumplir nada de eso, mi amor, y de verdad lo siento. Quería que fueras el señor Jeon

...

—Te amo, mi amor. Por favor despierta, solo quiero que despiertes, mi amor. Aceptaré sea cual sea la decisión que tomes.

La noche cayó y con ello un peli-negro había caído dormido a un costado del rubio.

Te ves demacrado, Kookie. Has pasado metido aquí y te has descuidado.

—Lo siento tanto, mi amor. —susurró entre sueños.

El suave acariciar sobre las finas hebras de mechones negros hacía que un peli-negro sonriera aún con los ojos cerrados; se sentía como un sueño, un sueño que era real.

—No habrá boda. —susurró el rubio, quien ya había despertado, pero no se había movido en absoluto.

—Lo siento, mi amor. —respondió el peli-negro aún entre sueños— La boda...

Y ahí se levantó agitado, mirando cómo Jimin lo observaba silenciosamente.

—Mi amor, despertaste. —se abalanzó sobre él, abrazándolo tan fuerte como pudo.

Éste tan solo sonrió; lo amaba y no podría dejar de amarlo. Lo había escuchado desde el inicio, cuando no podía abrir sus ojos. Lo escuchó pedirle perdón incontables veces, lo escuchó culparse una y otra vez por el estado en que lo había puesto, lo escuchó llorar como un niño pequeño arrepentido, lo escuchó todo, simplemente todo.

—Me-me aplastas. —apenas pudo hablar.

—Lo-lo siento, mi amor, lo siento. —se apartó con lágrimas en los ojos.

No dijo nada y tan solo lo observó.

—No me volveré a acercar. Perdón, tenía miedo de que...

—Me ocultaste algo más, ¿verdad? —habló sin apartar su mirada.

A pesar de todo y la situación en la que se encontraban, estaba un tantito molesto de que le hubiera ocultado lo del dinero.

—¿Qué? No, no.

—Jungkook. —su tono era serio.

—No, mi amor, no hay... nada... más.

—¿Qué hay sobre una libreta? —arqueó una ceja.

Sus ojos se abrieron tanto; se suponía que solo él sabía de la libreta. La había ocultado tan bien que nadie lo podría saber.

—Co-como sa-sabes eso?estaba tan sorprendido.

—Tengo mis métodos.

—No quería ocultártelo, era una sorpresa que yo arruiné. —bajó la mirada.

—Y perdiste el dinero.

—Claro que no, no perdí. Lo empleé muy bien y no me arrepiento de ello. —lo miró, pues era verdad, y si no hubiera tenido ahorrado, habría hecho lo que fuera para conseguirlo y no dejar que lo sacaran del hospital. Lo habría tenido ahí hasta el día que despertara, aún si tomaba años.

—Perdóname, mi amor. Todo lo que te ha pasado ha sido mi culpa. —dio un paso atrás; ya no quería seguir lastimándolo, y si implicaba dejarlo ir y él morir de dolor, lo haría.

—¿Aún me amas, Jungkook? —dijo al ver la acción que hizo.

—En esta y en las demás vidas que pueda llegar a tener, te amo tanto que puedo hacer cualquier sacrificio con tal de verte feliz, aún si eso conlleva apartarme de ti. Te amo y me odio por haberte lastimado.

—No dejaré que te deshagas de mí tan fácilmente pero tampoco será fácil el que vuelva a confiar en ti, Jeon Jungkook. —se había levantado y sentado en la cama.

—Mi amor. —susurró.

—Deberás hacer méritos.

—Los haré, me ganaré tu confianza, mi amor. Gracias por darme una segunda oportunidad. —lo abrazó sin previo aviso— No te volveré a fallar, mi amor.

El tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos. Jungkook hizo de todo para ganarse la confianza de Jimin y lo consiguió, cubrió el dolor que un día le dio por felicidad y amor.

Todos en algún punto merecemos dar una segunda oportunidad y Jungkook no fue la excepción.

Hoy sería un día especial: después de meses, Jungkook le había pedido matrimonio. No lo hizo enseguida porque quería hacer las cosas bien, quería ganarse su confianza, y lo logró. Jimin aceptó, más que feliz, convertirse en su esposo.

Se veían hermosos con sus trajes y ese brillo que emanaba amor. La boda fue pequeña, pero eso no importaba. Lo único que importaba era que iban a unir sus vidas para siempre.

Acepto.

Acepto.

Los declararon esposos.

Un beso lleno de amor selló lo que habían unido ante Dios.

Fin.

Pequeña historia que fue creada como regalo de cumpleaños, a una personita que le gusta sufrir con las infidelidades pero que al final puedan quedarse juntos