Acto 1: Antes de que vuelva a tener la razón...
“Caótico”
Porque, en verdad digo, no hay tormentas ni lluvias que se igualen al dolor y al sufrimiento
de descubrir que las aves nunca vuelan hacia donde lo deseamos.
De igual modo, empiezo a descubrir que, así como los pensamientos cambian, no vuelven a ser los mismos,
así que deja que el tiempo los termine de acabar con ellos, de consumirlos por completo.
Sé que me tocará cambiar de piel como en otoño.
Sé que me tocará mover cada pieza para nuestro consuelo,
enfrentando la desesperación de evitar la propia tortura de nuestra angustia.
Porque, como cada año, se acerca el invierno,
y sé que el invierno arrasará conmigo,
y tocará de nuevo encajar las piezas en su lugar.
Y sé que en algunos años tocará morir un par de veces,
porque sé que por hoy la herida tiene nombre.
Porque he brotado del maldito acero,
me he liquidado de lo ajeno a mi voluntad, de lo inefable.
Para fundirme con lo que sé que ya está perdido,
de lo que no tiene nombre...
Porque he destrozado todo lo que no me pertenecía, he vuelto a comenzar.
“poeta”
Acaba conmigo, te lo pido. Destrúyeme, róbame el deseo que tengo de vivir, róbame los recuerdos y libérame de la tortura, de las cosas que no vuelven, de las cosas que el tiempo no cura.
Quiero arder en las cenizas de lo que me queda de vida. Quiero amar como un artista ama su arte, como un velo que se funde con el mar, como un viejo ama su paz.
Pero soy débil. Quiero odiar como un gato odia el agua, como el escritor desprecia la felicidad.
Y tengo miedo... miedo de sentir lo que siempre evité, de ser como una planta llena de vida y necesitar que me riegues a diario. Miedo a secarme y embriagarme en recuerdos que no logro olvidar.
Pero sé que es parte del momento, de la vida.
no me importa saber que estaré bajo tierra, saber que la estrella que fue mía se desvanece, saber que mis letras y la vida de mi alma serán consumidas. Perderlas no sería el problema; el verdadero tormento fue entender que ya no me pertenecían, darme cuenta de que mis propias palabras ya no eran mías, porque alguien más les dio vida.
"Cuatro Paredes Y un Reloj”
Entonces volví aquí, donde el tiempo no tiene lugar,
donde las paredes se cierran cada vez más.
Volvía a tener la fuerza entre mis cinco dedos,en mis manos tenía el poder de saber,pero en todo lo demás me iba fatal.
Es la fuerza de un dolor mayor al que habitualmente se siente,es el sonido de la esperanza en silencio,que no sabes cuándo viene.
¡La caída! ¿Qué hay de la caída?¿Qué hay de la sangre y del aromaque no se quita con el tiempo?
¿Qué hay de los segundos y las horas,las vidas y las décadas,que sabes que se van en un solo momento?
¡Ay, que no soy de la melancolía!
¡No soy de lo que pienso!Verdaderamente no soy nada de lo que expreso.
Pues soy como un regalo que se desgasta con el tiempo.
Y las horas irán pasando,
y los segundos se irán contando,
y las cartas de mis sueños se irán en vuelos.
Los desvelos comenzarán a tener valor.Y la vida te dará un regalo,y ese, probablemente, ya no sea yo.
¿Y las horas? ¿Qué hay de las horas?Pues se irán acabando.
Mis ojos se irán despertando,y los segundos bastarán para saber que...
¡Pum! El reloj marcó mi descanso,pues ya era mucho lo que había nombrado.
“hijo de don nadie”
Hijo de un prisionero que dice saber de mil amores,
Que las mareas se alzan a sus pies.
Voltearás la piedra que volteé, me dijo.
Que tronco hueco, hueco seguirá.
Amar con el corazón duele,
Pues sufriré hasta el último de mis días. Pensé,
Amare con el alma y sufriré con el corazón,
Mientras respiro a través de las rejas de tu prisión,
Creyendo que lo sé todo sin saber nada.
“Un refrán para los sin descanso”
Tú tienes algo que destroza mi alma y me renueva al instante,
de lo que las palabras dicen ser solo un simple relato.
A lo que la tierra canta y dice ser, de mí, el llamado;
de la obsesión anexada a los lazos que nos atan sin avisarnos.
De las soluciones que, simplemente, no necesitan un resultado,
de las cosas que sabes que son de una vez y se entierran en el pasado.
De los mundos distintos, pero extrañamente bellos juntos,
como la fuerza de un pulso de inocencia y no del sentimiento.
Como las fuerzas de unas llamas que te queman vivo,
pero, a la vez, no te hacen daño.
Así fue en una tragedia. Mas la cólera y los prejuicios
te mueven a una fuerza mayor,
y ellos nunca sabrán cuándo parar,
y, probablemente, nunca los permitas terminar.
Es de la tragedia, lo sé,
mas los santos no piden descanso
ni se atienen a los milagros que prometemos.
Ellos lo saben y te mueven a una fuerza mayor.
Y la verdad es… que no saben cuándo parar.
Querrán que la noche sea el momento
para que pueda cerrar los ojos.
Aun así, ellos lo saben:
a estas horas no duermo,
en la prisa yo no lidero.
Pero tú vendrás y me sacarás
de los rincones en blanco y negro.
Vendrás a mí a vengar mi figura
en un ángel que toca mi rostro,
que dice creerme, dice entenderme.
Sabe que del dolor nace la intención,
que de la miseria no se aprende, solo se envejece.
Dice entenderme, conocerme,
saber de lo que digo,
saber de lo que soy.
Mientras él era el tronco,
mi cúspide del terror.
Era mi sombra, mi absoluto obrador,
dejándome arder en las cenizas,
en las llamas, como un cosechador.
Arder con el prado y el árbol a mi lado,
porque soy un mechero en combustión,
catastrófico y sin retorno,
un poco doloroso, un poco angustioso.
En mi bolsillo cargo con mil errores,
cada uno peor que el otro:
un absoluto perfecto.
“En la garganta del Lobo”
Estás en la madriguera, buscando el hueso que se te perdió,
cruzando las murallas donde yo ya no estoy,
inmortalizando la mañana como si eso te devolviera a mí.
Recogiendo las flores que probablemente ya no riegue,
besando los suelos donde mis pisadas ya no tocan,
buscándome en páginas, quizás en cuentos,
y vete tú a saber de dónde nació tu doble moral,
donde profana tu credulidad, donde se asoma tu viralidad.
En tus colmillos se deja ver de lejos la sed,
el desastre que te llevas en el camino.
Que la blasfemia en tus garras no toque mi piel:
puedo ver el deseo a lo prohibido.
Porque estoy aquí, varado donde el Silencio respira,
donde besaste el vientre, del fruto de tu semilla,
con el buitre y su carnicería.
Y sé que, entre las cortinas, me esperas.
Muerdes las telas y sientes el fervor en tus muelas,
arrancas los pastos y las cosechas
como si me escondiera detrás de ellos,
como si huyera de ti en estos momentos...
Me buscas entre los rebaños,
quizás esperando que, de un flechazo,
me deje ahí medio varado, tal vez un poco acomplejado.
Y tal vez tú creerás que estoy listo y soy tu cena,
que estaré agonizando en mi propia esquina,
bebiendo de mi propia vida,
intentando soltar un grito en mi propia garganta soluble.
Y quizás, de mera coincidencia, tú me escuches.
Pero lo mejor de todo
es que caben en tu mente esos pequeños deseos perversos.
Porque aquí, y a como lo veo,
estoy muy lejos de ellos.
Ahora piso la tierra virgen
donde nacemos de los sustentos,
donde el pasto crece vivo y audible,
donde los refranes paran las guerras,
donde, en otoño, crece una nueva piel en mi ser.
Tú me verás y no me reconocerás.
Dirás: ¿Que te Hicieron?
Sabiendo lo que eres y sabiendo lo que soy,
¿por qué huyes con tanta presión?
Y me verás… y lo sentirás:
que ya no soy carne de un viejo labrador.
“el arte de la vida”
Soy amante de la la luna y el sol,
Trotamundos sabedor de lo desconocido.
Qué bello es este mundo, un misterio lo complementa,
El canto de la vida seré de ella.
Veré caer Roma y surgir naciones,
Esperare llegar el cazador a la montaña
Escuchare venir los vivos a su hogar,
y a los muertos vere en su descanso eterno
seré de todos ellos, es el arte de la vida,
Que bien miro y no siempre contemplo.
Que mal se asoma y no lo sustento,
Es de esos milagros que no aprecio.
crecerá la semilla que plante
y seré con quien ella acabe.
“La casa de las lunas”
Déjame volver a ti una última vez,
sin que mis pies tomen una dirección,
sin que mi cabeza tome vuelo muy alto.
Aseméjame a una nube flotando en el cielo,
en lo vacío, en lo callado
y en lo silencioso que guarda el corazón,
en lo que aún recuerdas
pero ya no sientes.
Encuéntrame en las aves
cuando soñaba ser libre,
un prófugo irreconocible,
ansioso de perderme en el llanto nocturno,
volverme uno con la nada.
Recuerda...
aunque sea para olvidarme,
aunque sea para sentir cómo amaba el mar una última vez.
Perdóname una última vez,
aunque sea para olvidarme,
que sabes que nacemos ingenuos
y estamos condenados a causar dolor ajeno para conocernos.
Olvídame pero recuérdame,
que sea el nombre,
que sea mi rostro,
el dolor,
las caricias
y el enojo,
pero guarda de mí algo que cause calma en ti.
Y cuando llegue la noche
vuelve a abrir la ventana,
que esta vez no arrollaré nada a mi paso,
más volverá la libertad
sobre lo que nunca has odiado.
Me sentaré a tu lado
y verás que la luna todo el tiempo ha brillado.
Y nunca nada se ha llevado.
“Amor inhumano”
Probablemente sea yo, el loco de las mil noches, pensando en una sola mente y un solo cuerpo.
¿Cómo negarlo? Si estás en toda esta alergia mía que se hace llamar amor, en el aroma pegado a mis clavículas, en el roce de mi locura, mi brecha perfecta, en el inicio de lo que aún no está escrito.
Tengo el don de ir, de ser como un loco dando vueltas en círculos, sin obtener respuestas, solo preguntas.
En el afán de esta vida, a veces volamos cometas y navegamos ríos.
Formamos huracanes sin dolor. ¿Qué te digo?
Salimos por la ventana mientras la puerta está abierta.
Amamos lo que es difícil de amar.
Perdonamos lo imperdonable.
Porque así son las cosas, ¿no?
Tenemos un amor inhumano.
Nada pasajero, nada es tiempo perdido.
¿Un camino largo? He decidido ir en reversa.
Desafiar lo que ya estaba escrito desde un principio.
Cavar desde arriba cuando esté en lo más profundo.
Ir a lo peor de nosotros.
Ser humanos. Amar. Desafiar. Alterar.
Pero siempre terminará igual.
¿Y qué te digo?
Estaré enfermo, quizá para la mayoría un poco loco,
como un gato en un tejado,
medio loco, haciendo un caos.
Como un viejo enamorado, arrastrado,
yo diría un poco retardado.
Porque no son las cosas que están hechas,
sino las cosas que aún puedo cambiar.
Las cosas que aún puedo contar.