Cartas al chico de mis sueños

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Lo ve en sueños. Siempre él. Siempre la misma sensación de que lo ha amado desde antes de existir. Desde aquella noche, Eli sueña con un chico que no conoce, pero que parece conocerla desde siempre. No tiene rostro, pero su presencia lo dice todo. Habla sin palabras, la abraza sin tocarla, y cada vez que ella pregunta quién es, él responde lo mismo: "aún no es el momento". Y sin embargo, ella lo busca. En las calles, en los rostros desconocidos, en los silencios del mundo. Lo busca incluso sabiendo que quizás no exista. O que tal vez... exista en otro tiempo, en otro lugar, en un universo que aún no le pertenece. Un viaje entre el sueño y la vigilia, entre la vida y el dolor, donde el amor no pide permiso para sentirse real, y las almas parecen encontrarse mucho antes de que los cuerpos se reconozcan.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Eve
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
4.0 1 reseña
Clasificación por edades:
13+

Chapter 1: Extraño

Domingo 29 de mayo - 9:30 AM

"Volví a soñar con él. Estaba sentado en el parque, rodeado de gente, carismático... tan feliz. Desearía saber quién es, desearía poder saber si existe y el porqué siempre aparece en mis sueños."

Dejé mi cuaderno en la cama, acomodé mi habitación y me senté frente a la ventana, mientras veía pasar a la gente.

Ese sentimiento de necesitar algo estaba ahí todos los días en los que soñaba con él; ese vacío en el pecho que, tal vez, él podría llenar.

Pero no lo conozco, no sé ni su nombre, ni dónde vive, y mucho menos quién es. Pero, por alguna razón que desconozco, sigue estando ahí, como si me esperara, como si estuviésemos conectados o destinados a conocernos... ¿Él también soñará conmigo?

Me dejé caer en el suelo, mire el techo como todos los días, tratando de recordar su rostro, tan familiar, pero a la vez tan extraño, mire el espejo y como siempre, le hablé.

— Cuando sonríes tus ojos se hacen pequeños, al menos tenemos algo en común, extraño.

Tal vez si voy a los lugares en los que lo veo pueda encontrarlo, volví a mirar el techo.

— ¿Que dirías? Suena algo extraño solo llegar y decir: "Hey hola, tú no me conoces pero yo a ti sí, porque te veo siempre en mis sueños".

Me demandaría y me mandarían a un loquero.

Me levanté y caminé sin ánimos al baño, me lave la cara, me miré en el espejo y volví a sentir ese vacío, que ya se había vuelto rutina. Soñé que me veías, que me sonreías, sentía que de alguna extraña manera también sabías que yo estaba ahí, que me conocías, que también sentías lo que yo, como siempre, pero solo fue otro sueño, y en realidad al despertar no estás ahí, nunca estás ahí.

Volví a agarrar mi cuaderno, pero ya no quería escribir cosas sobre él, quería poder escribir para él.





Carta para el chico de mis sueños

Creo que sentir cosas por alguien que no conoces es extraño, pero siento que te conozco, que eres parte de mi, y el hecho de que aparezcas en mis sueños me hace pensar que tal vez eres ese hilo rojo del que todos alguna vez hablan. Si nos conocimos en otra vida o fuiste parte de mi pasado, quisiera poder saberlo.

Tu presencia me hace sentir como en casa, lo cual es extraño porque no siento eso ni siquiera estando en "mi casa", pero también es extraño porque no quita el hecho de que no te conozco, pero siempre estás ahí.

Decir que me gustas sería algo raro, pero me atrae lo poco que conozco de ti, me atrae tu sonrisa, tu pelo y el brillo en tus ojos cuando se asoma el sol, y me da miedo algún día saber que solo estás en mis mejores sueños, que solo sos mi imaginación buscando consuelo, buscando algo que necesito, buscando amor.

Quisiera poder estar a tu lado más tiempo y no solo al dormir, quisiera poder conocer lo que te gusta, lo que sientes, tus debilidades y fortalezas, quisiera poder conocer tus problemas y ayudarte a resolverlos, y ni siquiera sé porque hago todo esto y porque digo o siento tales cosas, pero es la verdad y es lo que en mí provocas.

Chico de mis sueños, recién despierto, recién te vi, recién me viste, pero ya te extraño, y no puedo esperar a volver a dormir, para que nos volvamos a ver.

Con cariño, Elizabeth.




Cerré el cuaderno y lo metí en mi bolso junto con otras cosas, elegí uno de mis abrigos y salí al parque en el que lo había visto esta mañana con un solo objetivo, ver si estaba ahí, si era real, si de verdad lo que sentía le correspondía a alguien y no a algo.

Al llegar busqué el banco en el que estaba sentada en mi sueño, lo encontré y me quedé ahí esperando a ver a alguien que ni sabía si llegaría, alguien que ni sabía si de verdad existía. Algo en mi corazón decía que debía esperar y algo en mi cabeza decía que nunca pasaría.

Estuve ahí horas, no apareció, no estuvo ahí, y quizá nunca esté. Saqué un libro de mi bolso para leer y me quedé un rato más a esperar que algo pasara, a que él llegara...

Pasó una hora y aún nada, era hora de comer y en casa no tenía nada así que decidí ir a comprar algo en algún restaurante de comida rápida. Acomodé mis cosas y me levanté. Caminaba por el parque pensando en él, deseando soñar para siempre, deseando que los sueños se vuelvan realidad.

— Perdón, ¿estás bien? — Un chico alto, que estaba corriendo por el parque con sus amigos chocó conmigo, lo observé bien, de pies a cabeza, teniendo la esperanza de que lo que pasaba en las novelas me pasase en ese momento, pero no, solo era un extraño más, no mi extraño.

— Estoy bien, la próxima ten más cuidado — Le sonreí amablemente y seguí caminando.

Compre algo de comida y volví al parque, quería volver a casa, pero algo en mi me decía que él estaría ahí esperándome.

Me senté en el mismo lugar que antes, iba a comenzar a comer pero noté cierta presencia que antes no estaba, había delante de mí un grupo de amigos sentados riendo y conversando, tal como en mi sueño.

Lo busqué con la mirada, no parecía estar él, pero si él mismo chico de hace un rato, guardé mis cosas, agarré la bolsa de comida y, cansada, me volví a casa.





• Sábado 29 de enero. 4 meses antes.

No sabía dónde estaba, pero el cielo era rosa.

No había calles, ni tiempo, ni ruido, solo el viento que corría suavemente y el alto pasto que se movía a su ritmo, como si el viento lo acariciase.

Había una luz que, con el tiempo de verla, me cegaba, pero no había sol.

Fue entonces cuando lo vi: un chico alto. Llevaba una remera celeste que le quedaba algo grande y unos pantalones verdes que se camuflaban en el pastizal.

Me acerqué lentamente a él. Tenía intriga de saber quién era, pero cuando llegué a él, no tenía rostro. Era solo una luz, esa luz que antes no me dejaba ver... era él.

No tenía rostro, pero podía sentir su presencia, podía sentir que estaba ahí.

Parecía venir de otro universo. No hablaba, pero sentía que él sabía que yo estaba ahí, sentía que él sabía quién era yo.

Me acerqué más a él. Podía sentir que respiraba, podía sentir que tenía corazón. Levanté la cabeza para tratar de ver su rostro, pero esa luz me cegaba aún más.

—Te soñé tantas veces, que verte de nuevo solo me hace enamorarme más.

No movió su cabeza, pero sus brazos rodearon mi cintura. No entendí por qué decía eso, no sabía quién era, pero puse mi cabeza en su pecho, como si tuviese un imán en él. Cada latido de su corazón parecía tener mi nombre escondido en alguna parte.

—¿Quién eres?

—Cuando llegue el momento indicado, lo sabrás.

—¿Cómo puede tu presencia sentirse tan real, si no existes?

—Porque sí existo, Eli.

Sin previo anuncio, el ambiente cambió y ahora estábamos corriendo, tomados de la mano.

Él reía. Yo también.

Sentía que, a su lado, todo dolor desaparecía, como si el dolor se hubiese quedado dormido.

Nos recostamos en el pasto de ese lugar que era complicado de describir. No entendía qué estaba pasando, ni quién era, ni qué sentía, pero no quería despertar.

Él me miró tan de cerca que sentí que, en ese momento, todo se iba a acabar e iba a despertar, pero no. Se acercó a mí, acarició mi mejilla y, de alguna manera, sentí que podía sentirme, escuchar lo que pensaba, sentir lo que sentía.

—No tienes que entender nada, solo sentir que estoy aquí, porque, aunque no me conozcas, estoy aquí... esperándote, como siempre lo he hecho.




Desperté. Todo había sido un sueño, como lo supuse todo este tiempo, mire mi techo y como él dijo, sentí...

Sentía su presencia, aunque él ya no estaba, intenté dormir nuevamente para volver a verlo, necesitaba saber quién es, necesitaba saber cómo me conocía... cómo sabía de mí.

Cerré los ojos con fuerza, tratando de que el sueño volviera.

Me cubrí con las sábanas hasta la cabeza, como si eso pudiera reconstruir ese mundo donde él existía. Pero no funcionó. Ya no estaba ahí, y el silencio de mi habitación parecía reírse de mí.

Me levanté. Caminé hasta la ventana, buscando en el cielo algún resto de aquel rosa que lo había pintado por completo. Pero solo estaba el azul grisáceo de la mañana. Aun así, podía jurar que sentía su voz en algún rincón de mi mente.

"Estoy aquí... esperándote."

¿Cómo se espera a alguien que no existe? ¿Cómo se recuerda a alguien que nunca se conoció? ¿Cómo recuerdo un rostro que ni siquiera vi?

Durante el transcurso del día, no dejé de pensar en él. En aquel abrazo. En esa luz que, aunque no me dejaba ver su rostro, me hacía sentir más segura que cualquier otra cosa.

¿Y si no era solo un sueño? ¿Y si de alguna manera... ya lo conocía?

Esa noche volví a dormir más temprano de lo habitual, con la esperanza de encontrarlo otra vez.

Y lo encontré.

Esta vez no había pasto ni viento. Solo una habitación blanca. Él estaba ahí, de espaldas, mirando una pared vacía. Me acerqué lentamente. El corazón me latía tan fuerte que sentía que iba a explotar.

—Volviste —le dije, sin pensarlo.

Él no respondió. Pero giró, y aunque no tenía rostro, sentí su sonrisa en su presencia.

—Nunca me fui —contestó.

—¿Quien eres? —Me acerqué a él con la esperanza de saber su verdadera identidad, saber si lo conocía, saber quién era.

—Aún no es tiempo, cuando lo sea lo sabrás...