CAPÍTULO 1 Aire frío, miradas calientes
Narrado por Charlie
La cabaña estaba perdida en medio del bosque. Silencio, humedad, y un olor a pino que se te metía en la piel.
Nick estacionó el auto y bajó como si ya conociera el lugar. Yo lo seguí, cargando mi mochila, con las manos frías y el corazón acelerado.
—¿Seguro que este es el lugar? —pregunté, aunque ya lo sabía.
—Seguro —dijo, mirándome de reojo con esa media sonrisa que me desarma—. Un fin de semana solos. Sin correos. Sin nadie. Solo tú y yo.
Tragué saliva.
Adentro, la cabaña era cálida, con una chimenea encendida, una sola cama grande… y dos copas ya servidas sobre la mesa.
—¿Planeaste todo esto? —le dije, intentando sonar casual.
Nick se acercó. Muy cerca. El olor de su perfume mezclado con madera quemada me mareó.
—Tal vez. ¿Eso te molesta?
Negué. Mentí.
Me senté en el sillón de piel frente al fuego. Él se sentó a mi lado, pero no pegado. No todavía.
Silencio.
Sus ojos me recorrían. Su rodilla rozaba la mía.
Y ese calor… no venía del fuego.
—Tienes frío —dijo, y me puso una manta encima. Pero sus dedos se quedaron en mi cuello. Apenas tocándome. Apenas.
No podía mirarlo sin querer besarlo. No podía evitar pensar en lo que pasaría si esa mano bajaba un poco más.
Pero me quedé quieto. Esperando.
Él se acercó al oído. Su voz fue un susurro.
—No tienes idea de todo lo que quiero hacerte este fin de semana.
Y ahí, supe que no iba a poder resistirme.








