Prólogo
Nunca me imaginé atada a la cama con los grilletes sobre mi cabeza. Junté las piernas con fuerza mientras los nervios empezaban a pasarme factura. El vestido que llevaba no era más que un trozo de tela que solo me cubría los pezones y la pussy. El resto de mi cuerpo estaba totalmente al descubierto.
Y allí estaba él. De pie frente a la cama, me miraba como un depredador listo para cazar a su presa. Me quedé con los ojos como platos al ver sus músculos pectorales y sus abdominales perfectos. Pero solo cuando empezó a tocarme el muslo me di cuenta de lo que venía después.
—P-por favor... no... —Le miré, casi suplicándole con los ojos.
Una pequeña sonrisa burlona apareció en sus labios. Su mirada bajó hacia mis pezones, que se estaban poniendo duros.
Se acercó a mí y se inclinó para susurrar: —Pero firmaste el contrato, ¿no?
Tragué saliva al oír su tono serio. Tenía su cara a pocos centímetros de la mía y sentía su aliento en todo mi rostro.
—Ahora, deja de rogar y empieza a disfrutar de lo que viene.
Eso fue todo. Estaba perdida.