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DOWN BAD

Sinopsis

En donde Hyunjin y Felix eran una pareja especial, envidiada por muchas personas al ser muy lindos con el otro. Pero la tristeza de Felix era mas grande, más pesada para seguir estando al lado de Hyunjin por un poco de felicidad.

Genero:
Romance
Autor/a:
Gaby
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1

Felix sonreía con emoción al ver el rostro de su novio, quién traía sus manos escondidas tras su espalda, ocultando una sorpresa para el rubio.

Llevaban tres meses de relación. Tres meses que habían sido toda una salvación para Felix, arrebatando la mayoría de su tristeza y problemas, sustituyendo todo como solamente sabe hacer Hwang Hyunjin.

El pelinegro era amoroso, demasiado. Era completamente el estándar de cualquier persona en alguna relación. Hyunjin era alguien que siempre estaba ahí, como soporte para su pareja, escuchando, apoyando, o únicamente estando cuando era necesario.

Tres meses en donde Hyunjin se había convertido en su todo y lo había salvado.

—Trata de adivinar —pidió el pelinegro—. Si lo logras, te llevaré a cenar.

Felix hizo una mueca, ahora más nervioso —¿Y si no adivino?

Hyunjin sonrió —Aún así te llevaré a cenar, pero haz el intento por favor.

El rubio sonrió, achinando sus ojos, creando movimiento con sus pecas y sus pestañas revueltas. Se lo pensó unos segundos, teniendo el rostro de su novio tan cerca.

—¿Es un peluche?

Hyunjin negó. Volvió a pensar, tratando de recordar algo que él haya querido. Pero, en verdad no quería nada más que a Hyunjin.

Felix anteriormente estaba en la miseria metafóricamente. Tan mal, tan dañado, tan bajo. Se estaba hundiendo sin saberlo, cada día que pasaba únicamente quería desaparecer y esas ganas aumentaban con el paso de los días.

Maltrataba su propio cuerpo, su propia mente, y su propia alma. Creía que no era suficiente para nadie, simplemente era así. No había persona, psicólogo, o cariño que calmara aquellos susurros en su propia mente. Pero cuando Hyunjin llegó a su vida todo cambió.

Su mundo se iluminó, dándole una nueva oportunidad para poder vivir y tratar de mejorar día con día. Al inicio eran simples pláticas en dónde el rubio solamente asentía o negaba con la cabeza, casi nada de palabras.

Con el paso del tiempo y la insistencia de Hyunjin por querer ser su amigo, empezó a ser más sociable. Empezó a ver nuevos colores, a vivir nuevas experiencias, y a sentir nuevamente.

Algo que creyó por perdido fue salvado por Hyunjin.

Su madre ni siquiera estaba cerca, su padre únicamente lo golpeaba y lo maltrataba de todas las maneras posibles, y su familia no se preocupaba mucho por él. Felix parecía no existir para nadie.

Pero ahora existía para Hyunjin, ahora era un alma acompañada por alguien increíble.

—¿Es comida? —murmuró.

Hyunjin sonrió —No, pero es algo material.

Nuevamente se quedó en silencio, tratando de recordar algo que hubiera murmurando con insistencia o hubiera dicho con anterioridad que deseaba.

Hyunjin fue su completa salvación un 27 de diciembre, cuando apareció simplemente con un mensaje pidiéndole hablar, casi como un regalo, queriendo conocer más sobre la vida del rubio.

Se encargó de tomar a Felix y recoger todas sus piezas rotas, con calma, paciencia y delicadeza. Volvió a unir todo con tanto amor, a darle sentido a algo que se creía perdido. Volvió a darle vida a alguien sin las intenciones de hacerlo.

—¿Algo de ropa? —comentó dudoso.

Hyunjin negó, se recostó a su lado y le cedió lo que estaba en sus manos. Un hermoso cuadro en miniatura quedó sobre las manos pálidas del pecoso. Un cuadro donde dos hermosas rosas estaban pintadas. Enlazadas por un solo tallo, uniéndose y coloreando el fondo del cuadro.

El cariño y calidez que brindaba la pintura era hermoso. Tan único, tan Hyunjin y Felix.

Sonrió, observando más a detalle las pequeñas pinceladas delicadas de Hyunjin sobre el trazo. Las rosas estaban perfectas, con la pintura y los matices era increíble.

—Es hermoso, Hyun —murmuró, pasando la yema de sus dedos por sobre la pintura—. Muchas gracias, lo guardaré muy bien, es súper lindo.

Hyunjin asintió ante las palabras del rubio, solamente recibiendo el agradecimiento. Observando a Felix de lado, como sus ojos brillaban por la luz de la sala y como sus labios se curvaban en una sonrisa. Felix era muy hermoso.

En el cuarto había todo tipo de regalos que Hyunjin le había dado a lo largo de sus tres meses de noviazgo. Recordando cada momento, cada palabra, cada sentimiento que las cartas de Hyunjin expresaban por el rubio.

A Felix no se le daban muy bien los regalos, pero sí se le daba bien lo físico. Aunque claro, eso era únicamente con Hyunjin. Sus abrazos, besos, y caricias únicamente pertenecían a Hyunjin, la única persona con la que sentía la suficiente confianza para expresarse de esa forma.

Sin ser juzgado por sus marcas en la piel y alma. Siendo amado en cada parte de su cuerpo.

—¿Qué quieres cenar? ¿Quieres salir o quieres pedir comida? —consultó su novio, mirando su celular mientras buscaba restaurantes.

—No tengo ánimos de salir...

Hyunjin observó de reojo a su novio, viéndolo con preocupación.

—Felix... —empezó a hablar con calma. Ya habían tenido la misma conversación muchas veces.

El rubio sonrió —No me apetece salir, no tengo ropa para cubrir mis brazos —murmuró, encogió un poco su cuello ante un pequeño picor—. Está bien, además no tenía muchas ganas de socializar con medio mundo que me critique con la mirada en los restaurantes, Hyun —sonrió—. ¿Podemos pedir comida? No tengo muchas ganas de salir.

Hyunjin suspiró, resignándose. No podía decirle que no a su novio.

—¿Has ido con el doctor Choi? —su psicólogo, últimamente había estado retrasando mucho sus citas—. Dime qué pasa, Felix, está bien. Sabes que puedes decirme cualquier cosa.

El rubio suspiró, sabiendo a dónde llevaban la conversación —Es solo que no he tenido ánimos para ir. El doctor Choi suele ser muy aburrido.

Había algo más, Hyunjin sabía que había algo más. Pero, el presionar a Felix para que le dijera la verdad no era la mejor opción. Y nuevamente, con todo el peso, culpa y dolor sobre sus hombros, le tocó sonreír y abrazar al rubio, aguantando su propia preocupación. Solamente haciéndole saber a Felix que estaba ahí para él, como lo había estado los últimos meses.

—Está bien, bonito. Podemos conseguir otro, escuché que el doctor Kang es más divertido, ¿quieres probar con él? —murmuró sobre su cabeza.

Felix asintió con la cabeza entre el pecho del pelinegro y sus brazos a su alrededor, formando un campo protector personal para Felix.

Los segundos pasaron, convirtiéndose en minutos. Ambos aún en la misma posición, sin importarles mucho todo lo demás.

—Mi padre vino ayer... —murmuró luego de unos minutos.

El cuerpo del pelinegro se tensó un poco, pero a sabiendas de como era Felix sobre ser pensativo, optó por tratar de no afectarse mucho. Al menos no hasta escuchar la versión del rubio.

—¿Cómo consiguió la dirección? Traté de alejarnos lo más posible de él. —dijo con un tono grave.

Felix se levantó de hombros, aún en la misma posición —Me culpó por muchas cosas... Dijo que debía volver a casa a hacer la limpieza de mis propios desastres y... —su voz empezó a quebrarse un poco, alertando al pelinegro que solamente afirmó más su agarre en el cuerpo delgado del pecoso—. Lo lamento, Hyunjin, sé que has tratado de millones de formas para evitar que me haga daño pero no pude más, volví a recaer en lo mismo.

El sollozo que salió de los labios del rubio terminó por enfurecer al pelinegro. Nadie tenía el derecho de arruinar su avance, nadie. Mucho menos la persona que se encargó de destruirlo a tal punto.

—¿Es por eso que no quisiste ir a la sesión? —consultó con voz pasiva, algo que no reflejaba lo que en verdad sentía.

Felix asintió con sus dientes mordiendo su labio inferior, sintiéndose demasiado culpable.

—Yo... me vengo dañando desde hace más de una semana, Hyun —sus ojos bajaron a sus manos temblorosas, retirando la mirada del pelinegro con temor por lo que pensaría de él— Perdón, en verdad. Sé que has hecho de todo para que este bien, pero simplemente yo...

Hyunjin tomó su mandíbula y le hizo levantar la cabeza con delicadeza, como si se tratara de una muñeca de porcelana frágil. Dejó un corto beso en sus labios para luego besar sus mejillas saladas a causa de sus lágrimas derramadas, brindándole cariño.

—Está bien, no te preocupes. Podemos volver a trabajar en eso las veces que sean necesarias —murmuró, besando sus pequeñas pecas—. No me rendiré hasta saber que estás bien, bonito.

Felix se permitió llorar, liberando toda la culpa interior que cargaba al saber que había arruinado más del cincuenta por ciento de sus reuniones con su psicólogo. Todo lo había tirado a la basura en unos cuantos segundos.

Aunque sabía que todo lo había arruinado, Hyunjin aún estaba ahí, sostendiendolo. ¿Por qué se quedaba? Era muchísimo más fácil simplemente dejarlo e irse. La insistencia de Hyunjin por querer permanecer en su vida siempre le impresionó porque, ¿quién en su sano juicio decidiría quedarse con alguien roto?

¿Quién querría quedarse con alguien tan destruido como él?

Solamente Hyunjin.

—Pediré comida, cenaremos, y podremos dormir en paz por esta noche, ¿te parece? —consultó, recibiendo un asentimiento en silencio por parte de Felix.

Se encargaría de ir a visitar a la persona que siempre arruinaba a Felix, ya estaba harto. Por esa misma razón había decidido llevarse a Felix con él, y aún así, esa misma persona siempre volvía a arruinar todo.

Ese día comieron tranquilos, en silencio. Felix con miedo aún, y Hyunjin acompañándolo, solo quedándose para él como sabía hacerlo.

Era impresionante como una sola persona podía mejorar todo tu día con simples palabras.

Con decisión observó la casa frente a él. Después de salir de su trabajo mañanero, le pidió a Felix esperarlo hasta la cena para estar en ese lugar.

Esperanzado de que Felix no hiciera nada malo, confío plenamente en él, pidiéndole que esperara con paciencia. Al menos solo por hoy.

Tocó la puerta con agresividad, sin importarle los gritos enojados de adentro que se hacían cada vez más fuerte. Cuando la puerta fue abierta y el rostro borracho y desgraciado del papá de Felix apareció frente a él, no dudó mucho.

Su puño chocó con fuerza contra el rostro del señor, haciéndolo tambalearse hacia atrás por el alcohol en su sistema y la fuerza del golpe. Entró a la casa, empujando al señor frente a él que únicamente hacía sufrir a su novio. Golpeó nuevamente.

Una y otra vez, hasta que sus puños empezaron a sangrar. Con su juicio nublado, siguió golpeando todo lugar posible. En su rostro, en su pecho, su estómago. Todo hasta que sus fuerzas pedían un descanso, aún sin darlo, siguió golpeando.

Escuchando jadeos desesperados y gritos de auxilio. Era un barrio peligroso, así que nadie se atrevía a hacer nada ante situaciones así. Todos velaban por su propia seguridad. Nadie llegó a separarlo de su saco de boxeo.

La sangre derramada en el suelo lo empezó a empapar un poco. Llenando sus manos de color carmesí. Paró luego de unos largos minutos donde ya no escuchó alguna queja o grito. Se levantó del suelo, caminando por la casa con calma al saber que aquella persona ya no podría hacerle daño a Felix. A su Felix.

Se limpió las manos y aseó lo mejor que pudo con lo único que había en esa casa. Salió después, directo al departamento que compartía con dicho pecoso. Estaba emocionado verlo de nuevo.

Esa mañana había sido particularmente alegre. Felix nunca se había sentido tan bien. Cuando su novio llegó, ambos pasaron un increíble día.

Un día lleno de risas, bromas, y momentos felices. Un día perfecto como no lo había sido desde hace mucho.

Los siguientes días fueron iguales, o incluso mejores. Cada día Felix se había sentido mucho mejor, mejorando poco a poco a un paso más apresurado de lo que había hecho la última vez.

Había ido a sus citas con el doctor Kang, su nuevo psicólogo, y este doctor sí que le entretenía mucho. Le alegraba las mañanas en las que su novio trabajaba y cuando volvía a casa, su novio y él pasaban un momento felices. Un momento increíble. Sano.

Era muy raro, pero todo parecía haber mejorado a partir de un instante. Como si el alma de Felix quisiera seguir viviendo por mil años más.

Pero no todo es permanente, todo cambió una mañana. Una mañana en la que Hyunjin le había dejado el desayuno como había acostumbrado, una mañana en donde Felix no probó bocado porque el apetito se le había cerrado.

El cielo ese día estaba nublado, anunciando una tormenta. Le pidió a su novio que se quedara con él, como si su corazón lo necesitara para seguir latiendo. Hyunjin negó, diciendo que necesitaba llegar al trabajo para dar su presentación.

No le quedó de otra que aceptar insatisfecho, sin embargo sabía que eso no era lo que lo había puesto tan mal. ¿Qué era? Sentía los latidos de su corazón en sus oídos, chocando bruscamente mientras su respiración se volvía errática.

Sudor frío empezó a bajar por su rostro, cubriéndolo de una fina capa. ¿Está sería su muerte? Quería vivir, quería seguir viviendo durante más tiempo ahora que todo parecía ir tan bien.

Se había arreglado, ¿no?

Entonces, ¿cuál era la necesidad de querer acabar con todo su aliento ahora? Ya no aguantaba. Caminó con temblores al baño y sacó un frasco de pastillas del botiquín de primeros auxilios, un frasco que él mismo se había encargado de ocultar con agilidad.

Anteriormente no creía que su relación con Hyunjin fuera a funcionar, pero ahora funcionaba. Ahora se complementaban.

Pero eso no era suficiente.

La tristeza volvió, abrumandolo por completo. Azotando sus recuerdos con rapidez, decayendo su ánimo cada vez más.

Sus recuerdos con Hyunjin también llegaron. Desde cuando él estaba completamente triste, sin razón alguna, hasta cuando todo se reducía únicamente a Hyunjin y a ver su sonrisa. A verlo orgulloso de él.

Pero, hay veces en las que el dolor que alguien siente no es causado por nadie. Por esa misma razón nadie puede arreglarlo.

Se sentía culpable, muy culpable. No quería dejar a Hyunjin, pero tampoco quería seguir viviendo las mismas recaídas.

No quería seguir experimentando tener una semana de gloria y luego tres meses de cansancio. Quería descansar, quería ser libre.

Tomando un poco de valor, escribiendo una nota de despedida para el amor de su vida, expresandole todo su amor y afecto junto a su agradecimiento por haberlo soportado tanto.

Por haberlo tolerado demasiado.

Tomó un vaso de agua y no lo pensó mucho, echando las pastillas a su boca, llenandola de medicamentos para luego tragarlos y esperar el efecto.

No tardó mucho tiempo, pronto sus ojos empezaron a cerrarse, dejando su cuerpo relajado sobre la cama. Su tristeza terminó, su libertad había llegado y con un último aliento antes de ya no poder pronunciar o hacer algo, sonrió y apretó con la poca fuerza que le quedaba en sus manos el cuadro que días anteriores Hyunjin le había regalado.

—Te amo.

Fue su última frase antes de que sus ojos se cerraran y su aliento acabara, dejándolo descansar sobre la cómoda cama sin saber que su completa tristeza ya se había ido al haber recibido a Hyunjin en su vida.

Ahora Felix sería un completo ángel en el cielo, un ángel que no sería olvidado por nadie. Un ángel que brillaría mucho más que los demás.

Un ángel único que acompañaría a su amado, al menos hasta poder reencontrarse.

Para este día Hyunjin había planeado una cita increíble. Sin psicólogos, sin personas cerca, simplemente serían Hyunjin y Felix.

Pero, el ataúd frente a él ahora le recordaba que ya no volverían a ser ellos. Ya no habría más Hyunjin y Felix. Ahora era nuevamente solo él, solo Hyunjin.

Su pecho dolía, oprimido por el recuerdo de las risas del pecoso al que amó con tanta facilidad. Recordar su rostro, sus bromas y chistes sin sentido que al final terminaban siendo graciosos le dolía.

¿Por qué tuvo que hacerlo? Si Hyunjin hubiera llegado con más rapidez... ¿Felix seguiría vivo?

Si Hyunjin no hubiera ido a trabajar ese día como lo pidió, ¿Felix seguiría a su lado?

Tantas preguntas le hacían doler la cabeza. La culpa, el dolor y el vacío dentro de él no lo dejaría dormir por los siguientes días.

Cuando volvió ese día del trabajo llegó tan alegre, feliz porque Felix había estado mejorando los últimos días, feliz porque su novio parecia brillar más que nunca.

Sorbió su nariz mientras se acercaba un poco al ataúd de color café que se extendía ante él.

—¿Ahora estás en paz, bonito? ¿Estás descansando bien? Ya nadie podra hacerte daño...

La familia de Felix estaba en las otras sillas, todos murmurando cosas. ¿Por qué aparecen hasta ahora? Tuvieron tanto tiempo para poder ver a Felix, y ahora incluso algunos estaba llorando por su perdida. Eran unos completos hipócritas.

El alma de Hyunjin se sentía triste, pero no sola. Felix le había enseñado que el amar no se reducía solamente a lo físico, sino también a lo demás. A las palabras, pensamientos. En la carta que Felix le dejó agradeciéndole todo su apoyo y diciéndole que siempre lo iba a amar y iba a estar a su lado se sobre entendía que no todo se retiene a lo físico.

No necesitas abrazar o besar a alguien con fervor para amarlo. Lo haces porque lo amas con el alma, lo abrazas porque quieres demostrar tu amor, pero lo que ya sientes no necesita algo físico.

—Te amo de la misma forma, bonito. Creo que nunca pude expresarlo con detalle —susurró para el rostro pálido que se veía con calma atravesó del pequeño agujero del ataúd—. Tuve que llevarte a comer muchas más veces... También necesitaba llevarte a ese lugar que tanto te gustaba. ¿Me perdonas por eso? Sé que pude haberlo hecho mejor.

Las pecas de Felix adornaban su rostro pálido y sereno, dándole una última imagen a Hyunjin sobre lo que fue su amor. El chico al que tanto había amado ahora ya no respiraba. ¿Cómo se sobrevivía a eso?

Quería morir también, quería reencontrarse con Felix en el cielo, como ángeles dulces que pasarían toda la eternidad juntos. Pero, el pedido en la nota de Felix no le permitió hacerlo ese mismo día.

"Nos volveremos a encontrar en otra vida, no acabes con tu futuro en esta solo por mi, ¿sí? Sigue siendo valiente para alguien más y sé su salvación como lo fuiste conmigo. Prometo volver a reencontrarme contigo, y cuando te vea, tendremos un hermoso clic."

Recordaba perfectamente todas las palabras que estaban escritas en esa carta. Debía de seguir adelante, así se lo había pedido Felix. Sin embargo, ¿cómo sigues adelante después de haber sufrido una perdida así?

Dolía, y dolía mucho, pero debía de seguir enfrentando el dolor por el deseo de su novio. Su bello novio que ahora descansaba con tranquilidad.

Suspiró con rendición mientras dejaba un pequeño beso en su frente, despidiendolo. Sería la última vez que lo vería, quería transmitirle todo su amor hasta el último momento.

Volverían a reencontrarse en otra vida, ¿verdad?

Esperaba con todas sus fuerzas que Felix cumpliera su promesa sobre reencontrarse y tener su "clic". Una unión que los haría amarse igual o más fuerte que como se amaban ahora. Era su único deseo.

—Te amo, bonito. —murmuró antes de que el ataúd fuera cerrado.

El rostro de Felix ya no era visible, finalmente lo estaba dejando descansar. Había dejado un gran dolor en Hyunjin, pero se encargaría de repararlo en la próxima vida.

Porque habría una próxima, esa esperanza seguía ahí. Y la esperanza es lo último que se pierde.

Una próxima vez en la que lo harían bien, una próxima vez en la que sí terminarían juntos y se amarían en la eternidad.

—Hasta la próxima vez, bonito.

Fin.

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