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Cargó las telas que usaron esa tarde para el picnic al que había ido con la familia de su pareja, caminando tras su suegro y el padre se este quienes llevaban las demás cosas que utilizaron y poder guardarlas en la bodega un poco alejada de la casa principal.
—Vamos, no te quedes ahí parado.— dijo su suegro cuando lo vio detenerse en el sendero que conducía a la bodega.— El viento está cada vez más fuerte. Ayúdanos a guardar todo antes de que empeore.
El Omega aceleró el paso, entrando a la pequeña bodega oscurecida y dejo las mantas en el suelo. Miro como suegro Alfa metía el último bulto cuando una ráfaga violenta de viento azotó la puerta de madera con brusquedad causando que Tete se sobresaltara del susto.
—¡Carajo!.— su suegro intentando abrir la puerta, fallando en el intento.— Parece que el seguro se voto.
—No me sorprende.— el abuelo intentando también abrirla, girando la manija con fuerza, pero fue inútil. La madera ni siquiera cedió ni un milímetro.— Tiene tiempo que el picaporte no es cambiado, incluso se a oxidado.
—¿Q-que haremos?.— pregunto Tete nervioso, nunca se había quedado a solas con los parientes de su pareja y tenía que reconocer que se sentía intimidado ante las feromonas Alfas espesas que emanaban.
—Tendremos que esperar que mi hijo venga por nosotros.— el Alfa prendió el foco polvoriento de la bodega, el cual parpadeo antes de apagarse por completo.— lo que faltaba.
—Mi nieto fue una reunión con sus colegas.— el anciano busco otra forma de salir. No había ventanas grandes, solo una pequeña rectangular en la pared del fondo, a casi tres metros del suelo— No vendrá hasta mañana al medio día.
—No tenemos de otra más.— su suegro camino hasta la figura rectangular y calculo la altura. Él no podía llegar por si solo y mucho menos cargar a su padre, el anciano era demasiado pesado.— Es nuestra única salida. Tete, tú eres el más ligero. Yo te subo.
El Omega asintió, tragando saliva. El Alfa se agachó, rodeó las piernas de Tete con sus brazos y con un gruñido, lo cargo de un solo movimiento, sentándolo sobre sus hombros. Tete soltó un grito de sorpresa y se agarró de la cabeza de su suegro para no caer.
—¿Llegas?.— preguntó el Alfa, su voz un poco sofocada por la posición.
Tete extendió un brazo. Sus dedos rozaron el marco polvoriento de la venta, pero no alcanzaban el pestillo.
—Solo un poco más…
El Alfa intentó ponerse de puntillas, para ayudar al Omega a llegar más rápido hasta que Tete accidentalmente froto su vagina contra la nuca del hombre, causando que este tropezara con una tabla suelta. Trato de abrazar al Omega para protegerlo del golpe haciendo que todo el peso cayera sobre su cuerpo.
Un gruñido de sorpresa y dolor escapó del Alfa. Tete sintió, algo duro y que se estaba volviendo grueso a una velocidad alarmante, presionando directamente contra su coño. La polla de su suegro, reaccionando al impacto y a la fricción, se había endurecido al instante.
—¡L-lo siento!.— tartamudeó Tete, rojo como un tomate, intentando levantarse del regazo de su suegro. Sus movimientos torpes solo hicieron que su coñito se frotara con más brusquedad contra la polla erecta del Alfa.
—Espera, no te muevas tan bru…— el anciano se acercó para ayudar al Omega a levantarse del regazo de su hijo, pero fue demasiado tarde ya que Tete había intentado levantarse de nuevo, pero las suelas de sus sandalias se enredaron contra las mantas del picnic provocando que cayera de nuevo. Solo que estaba vez había caído hincado contra el rostro del Alfa, su coñito peligrosamente cerca de la boca ajena.
Un silencio inundó la bodega, demasiado impresionados como para decir algo.
Tete podía sentir la respiración caliente y la boca húmeda presionando contra su vagina través de la tela y sin poder evitarlo sus feromonas se dispararon como algodón de azúcar cargado de excitación con un rastro de miedo y nervios. Su agujerito soltó una fina línea de lubricante natural, el aroma filtrándose atreves de la tela de sus panties.
El Alfa tenía los ojos fijos en la tela humedecida que cubría inútilmente el coñito sensible de Tete, podía ver cómo los pliegues carnosos se remarcaban contra ella. El aroma a Omega le nublo los sentidos y la razón, ya no podía pensar en nada más que no fuera en esas feromonas cargadas de deseo. Inconscientemente, guiado por sus instintos carnales enterró por completo su rostro contra el coño del Omega y aspiró profundamente, embriagándose con el olor a humedad.
—¡¿Q-que está haciendo?!.— Tete jadeo e intento levantarse de nuevo, pero fue detenido por las manos grandes en sus cadera. Una corriente eléctrica atravesó su espalda, la sensación de la nariz pronunciada del Alfa contra su clítoris hizo que su coñito soltara otra descarga de lubricante, manchando la boca de su suegro.— ¡Uhg! ¡S-señor!
El abuelo observaba la escena unos cuentos pasos de distancia. Su respiración, antes calmada, se había vuelto audible. El aroma a Omega cachondo mezclándose con la feromonas cargadas de su hijo llenaban la bodega haciendo que sus propias feromonas reaccionarán. Podía sentir como sus pantalones se hacían cada vez más apretados contra su polla.
El Alfa bajo Tete afianzó el agarre contra las caderas estrechas y comenzó a restregar su rostro contra el coño mojado del Omega, lamiendo la tela humedecida buscando que esté soltara más lubricante natural contra su boca. Tete gimió ante el aliento caliente que chocaba contra su vagina sensible, su cuerpo calentándose a una velocidad alarmante. Estaba en cuatro, con su coño sobre el rostro de su suegro, gimiendo cuál Omega en celo.
—N-no deberíamos e-estar haciendo e-esto— mientras su boca se negaba, su cuerpo hacia lo contrario. Podía sentir como su coñito palpitaba completamente vacío, deseoso de ser llenado, goteando contra la boca experta de su suegro— E-esto está mal.
El abuelo camino hasta donde su hijo protagonizaba una escena digna de una película porno. Su mano, callosa y áspera, se deslizó atreves de la blusa de Tete, acariciando la columna vertebral hasta llegar al sostén del Omega el cual desabrochó con un movimiento hábil, liberando las pequeñas tetas Omega.
—Esta bien, Omega.— el anciano consoló al Omega, sus dedos frotando los botones rosados con algo de brusquedad.— No tengas miedo.
El sonido de la tela de sus panties rasgándose hizo eco en la bodega, su suegro había roto con sus manos la barrera que le impedía llegar a su objetivo, dejando completamente desnudo su pequeño coño húmedo ante la boca hambrienta del Alfa quién sin siquiera dudarlo ni un segundo se lanzó contra él, su lengua caliente lamiendo entra los pliegues hasta su clítoris, tragando el lubricante natural, el cual salía a chorros.
—¡Ah! ¡Ahg!.— Tete arqueo las caderas por el placer, sus dedos se enredándose en el cabello canoso del Alfa para empujarlo más profundamente entre sus muslos.
—¿Puedes olerlo, Omega?.— pregunto el viejo Alfa mientras observaba a su hijo comiéndole el coño al novio de su nieto.— Puedes oler las ganas que tenemos por follarte.
El Omega sentía la vergüenza de estar haciendo cosas obscenas con el padre y el abuelo de su pareja ser opacada por el placer de tener una boca caliente contra su coñito. Su suegro parecía querer devorarlo por completo. Chupando con brusquedad su clítoris sensible como si quisiera arrancárselo de un mordisco para luego meterle la lengua en su agujerito, abriéndolo por completo, saboreando la humedad afrodisíaca de su coño.
Sus caderas se retorcieron con fuerza tratando de sentir esa lengua serpenteante más profundo de su interior. Froto su coñito contra la nariz y la boca del Alfa, la barba áspera le raspaba sus muslos carnosos, enviándole un escalofrío por todo su cuerpo. Inconscientemente llevo sus dedos hasta el cabello canoso de su suegro y empujó la cabeza más contra sus muslos para que fuera más adentro si es que era posible.
—¡A-ahí! ¡Mhg!
El anciano miraba maravillado el espectáculo lujurioso de su hijo con el Omega, su mano todavía amansando la pequeña teta ahora desnuda. La vista era obscena y asquerosamente excitante. Ver a su propio hijo, un Alfa orgulloso y recto con el rostro enterrado en el coño de Tete, tragando sus jugos como un hombre moribundo en un oasis… era algo que le provocaba una excitación morbosa. Tenía la polla totalmente dura y pesada a pensar de su edad. Las palpitaciones se volvían cada vez más dolorosas contra la tela áspera y apretada de sus pantalones de vestir.
—¡M-mas! ¡Más!.— Tete sollozo. Las feromonas excitadas de ambos Alfas lo tenían completamente ido y con la mente perdida en el éxtasis que la lengua insistente le daba. Sus ojos nublados se encontraron con el anciano parado a su lado. Podía oler el espesor almizclado del semen a través de los pantalones provocando que la nariz le pícara y su boca salivara. La necesidad de tomarlo en su boca le hizo gemir.
El Omega soltó una de las manos del cabello ajeno y los dedos temblorosos se engancharon en el borde del cinturón del viejo Alfa.
—¿Qué crees que estás haciendo, Omega?— pregunto el anciano, pero no hizo el amago de detener los dedos torpes de Tete, al contrario, se acercó más al toque ajeno.
—Necesito…— Tete jadeo cuando su suegro metió más profundamente su lengua, provocando que arqueara las caderas.— ¡A-ahg!
Su dedo hizo clic en la hebilla y con ambas manos lo desabrochó, desprendió el botón y bajó la cremallera, el pantalón cayó con un ruido sordo y la verga Alfa salto libre contra el estómago del anciano. A pesar de la vejez del hombre todavía lograba mantener la erección arriba, su polla era grande, llena de venas desde la base del nudo hasta la punta del glande el cual soltaba gotas de pre-semen. Sus testículos caídos cargados de semen se tensaban ante cada palpitación de la carne. Lucia deliciosa y el aroma a Alfa anciano, se encontraba concentrado en ese lugar. Tete nunca había hecho una mamada, lo encontraba asqueroso, pero ahora ahí estaba, inclinándose hacía delante para tomar la verga con su boca.
El anciano gruño cuando los labios carnosos del Omega envolvieron la cabeza de su polla, limpiando con su lengua las gotas de fluido que escapan de la punta. Tete lo tomaba sin asco, bajando tan profundo hasta que el tamaño se lo permitía sin ahogarse. Tomo los cabellos sedosos de Tete con posesividad obligándolo a tomar todo su tamaño sin importarle el dolor que pudiera provocarle al Omega
—Tienes la boquita caliente.— el anciano miro hacía abajo, encontrándose con los ojos llorosos del Omega. Su verga perdida entre la cavidad bucal, incluso su nudo enterrado hasta la base.
Tete comenzó a mover la cabeza, estableciendo un ritmo rápido y desesperado. Chupaba con fuerza, usando la lengua para masajear el nudo, chupando como si quisiera extraerle hasta la última gota de semen. Los sonidos hacían eco en la bodega abandonada, los gemidos ahogados de Tete alrededor de la polla del anciano eran acompañados por los sonidos húmedos de su suegro comiéndose su coñito.
El suegro desde su posición, sentía cada movimiento de las caderas de Tete, el temblor de las paredes temblorosas contra sus largos dedos cada que los enterraba con fuerza. El aroma de su propio padre excitado, mezclado con el sonido de la mamada que Tete le daba, lo estaba llevando al borde del placer. Sacó sus dedos empapados y, con manos temblorosas, se desabrochó sus propios pantalones, liberando su polla, que estaba dura, dolorosamente erecta y goteando, sin importarle nada, empezó a masturbarse con movimientos bruscos, su rostro aún enterrado en el coño del Omega, lamiendo y mordisqueando los labios hinchados.
Tete sintió como el calor subía por su cuerpo como fiebre. Su coño siendo devorado por la lengua experta su suegro mientras él le daba una mamada al abuelo de su pareja lo tenían totalmente perdido. Las feromonas con olor sexo inundaban la bodega encerrada, borrando cualquier pensamiento razonal. Se sentía usado por ambos, y era la sensación más completa que había experimentado. Las lágrimas corrían por sus mejillas, mezclándose con la saliva que chorreaba de la verga del anciano.
El viejo Alfa, sintiendo la garganta cálida y apretada de Tete, comenzó a mover sus caderas, embistiendo suavemente al principio, luego con más fuerza.
—Te gusta, ¿No es así? ¿Te gusta chupar mi polla vieja mientras tu suegro te come el coño?.— la palabras sucias hicieron que Tete gimiera en aprobación. El doble estímulo lo estaba llevando a un orgasmo animal.
Su suegro lo sintió, sintió cómo los músculos del interior de Tete se tensaban alrededor de sus dedos, cómo su clítoris palpitaba bajo su lengua.
—¡Vente en mi boca, Omega!.
Las palabras del Alfa avisando el orgasmo del Omega hicieron que el anciano agarrara la cabeza de Tete para embestir de forma desenfrenada la boquita ajena, metiendo su polla hasta la garganta apretada.
El hombre chupo el clítoris sensible con rapidez haciendo que este se corriera con fuerza. Su cuerpo se convulsionó y una gran cantidad de lubricante Omega salió en un chorro, empapando la cara, la boca y la barba del Alfa. Los espasmos de su coño fueron tan intensos que su garganta también se contrajo violentamente alrededor de la polla del viejo Alfa. Eso fue suficiente para que el anciano gruñera y un chorro caliente y espeso de semen fuera disparado contra su garganta.
El Omega tragó instintivamente, tomando la corrida salada y amarga del anciano Alfa. Podía sentir atreves de su barbilla el calor intenso de los testículos del hombre cada que estos se tensaban, su lengua ordeñando el nudo en crecimiento.
Su suegro, al sentir el coñito de Tete convulsionar y al oler el semen de su padre en el aire, soltó su propia polla y gruño, su semilla blanca salpicando el suelo polvoriento entre temblores.
Durante un largo minuto, solo se escuchó el jadeo pesado y entrecortado de las tres personas, el viento aullando fuera, y el goteo lento de fluidos mezclados en el suelo.
Tete, finalmente, se desprendió con un sonido húmedo de la polla vieja y se derrumbó hacia un lado, alejándose del rostro de su suegro. Cayendo sobre las mantas de picnic esparcidas, exhausto, cubierto de sudor, saliva, su propio néctar y el semen que le corría por la barbilla.
El anciano se acostó sobre la tela húmeda por el orgasmo del Omega y atrajo sobre su regazo el cuerpo tembloroso de Tete quien se dejó caer sobre su pecho. El viejo Alfa lo hizo poner ambas piernas delgadas a cada lado de sus caderas y llevo ambas manos hasta las nalgas respingonas del Omega mientras las abría cuál flor.
Tete gimió al sentir con el anciano deslizaba su vieja polla hacía dentro de su agujero dilatado. Miro la sonrisa afilada del Alfa mientras sentía como la punta del glande se aferraba a su útero, llenándolo por completo.
—Así está —murmuró el viejo, sus ojos fijos en la carita sudorosa y rojiza por el esfuerzo del Omega.— E-estas tan apretado.
El Omega podía sentir la polla del anciano más allá del límite, sus paredes aferrándose con desesperación al miembro en su interior. El anciano movió las caderas, incitando al Omega a moverse por su cuenta. Tete comenzó a mover sus caderas, subiendo y bajando sobre la polla pesada del abuelo. Sus tetas pequeñas se movían al ritmo de sus movimientos, temblando con cada embestida. El abuelo lo sujetó con fuerza, permitiendo que se moviera a su antojo, disfrutando de la calidez y la apretura de su cuerpo.
Al ver la escena, el suegro, que estaba acostado de espaldas, jadeando con su polla en la mano, vio que el coñito de Tete estaba abierto y lleno de la polla de su padre. La vista fue suficiente para disparar su propia excitación otra vez. Su verga, ya endurecida entre su puño, palpitaba con urgencia, goteando pre-semen.
—No te lo quedes para ti solo —gruñó el Alfa, arrodillándose tras el Omega, teniendo es espectáculo en primer plano de ese coñito Omega tragando toda la vieja polla de su padre. Sus dedos acariciaron los labios hinchados conectados con el pedazo de carne que se deslizaba con fuerza contra sus paredes. Su padre dio una embestida profunda provocando que dedo pulgar se enganchará en la estrechez del Omega, sintiendo el movimiento desesperado lo supo. El Omega estaba listo para tomar otra verga entre su estrechez. Lo inclino hacía enfrente, haciendo que esté quedará recostado sobre el pecho del anciano y con sus dedos mojados por los fluidos de ambos cuerpos lubrico su propia polla para comenzar a forzarla junto a la de su padre.
Tete sintió cómo su coño era expandido por otra polla caliente la cual intentaba abrirse camino en su interior ya penetrado, llenando cada centímetro. Se encontró a si mismo atrapado entre los dos hombres, sus caderas apretadas contra sus cuerpos. El sollozo que escapó de sus labios fue opacado por el sonido húmedo de sus testiculos cargados de semilla lista para fecundar su útero.
—Así está mejor, ¿verdad? —susurró el abuelo, acariciando la mejilla de Tete.— Tienes dos Alfas que te quieren. Dos pollas llenando tu coño. No puedes escapar.
Tete jadeó, sus uñas se hundieron en los brazos del anciano. Podía sentir cómo cada uno de ellos se movía por dentro, sus pollas rozándose y golpeteándose mientras se metían y salían de él. Ser follado por esas dos pollas gordas era lo mejor que había sentido desde que comenzó su vida sexual y pronto se dio cuenta que ningún Alfa le había dado el placer que estaba sintiendo en este momento.
Ni siquiera su actual pareja.
—Me va a cortar la verga — el suegro de Tete gruño, sus ojos llenos de lujuria mientras presionaba sus caderas hacia adelante, su polla rozando la de su padre. La base de su nudo estaba comenzando hincharse, preparándose para engancharse en el interior del Omega así que abriendo las nalgas mallugas de Tete se empujó hasta el fondo con una fuerza embestida, su nudo entrando de un solo tirón.
—¡Uhg!— El Omega grito entre el dolor y el placer con cada embestidas, su cuerpo arqueándose y temblando bajo la fuerza de ambos hombres. El nudo de su suegro era obscenamente grande en su interior.
Ante la estrechez del Omega a causa del nudo de su hijo aceleró la embestidas, su propio manojo de nervios se llenó de semen así que sin pensarlo demasiado arremetió hasta que su nudo se engancho junto al de su hijo, provocando que ambos se que quedarán pegado en el interior del Omega mientras lo llenaban de su leche caliente, sus corridas mezclandose entre si causando un desastre en las entrañas ajena.
Los dos hombres gimieron de placer, sus cuerpos temblando contra el de Tete. El abuelo presionó sus caderas contra las del Omega y se quedó profundamente enterrado, aferrándose a sus nalgas para mantenerse unido.
Tete sintió como el semen de ambos salía a chorros, empapando todo por dentro. Su cuerpo tembló a causa de su propio orgasmo, su lubricante mojando el regazo del anciano. El Alfa pegado tras de él, tomo sus mejillas y lo hizo ladear el rostro para besarle la boca. Era un beso sucio y húmedo. Un beso que estaba lejos de ser delicado, la saliva escapando de entre sus labios cada que sus lenguas se chupaban entre si.
De forma instintiva comenzó a mover las caderas en círculos provocando que los alfas gruñeran ante el dolor de sus nudos siendo apretados entre si. El Omega roto las caderas con más intensidad, sus paredes buscando de forma desesperada ordeñar hasta la última gota de semilla atrapada en los nudos hinchados de los Alfa.
—¡Mmm!—gimió el abuelo, sus manos agarrando las pequeñas tetas Omega que se balanceaban ante cada movimiento del Omega. Con los dedos callosos tiro de los pezones rojizos provocando que este sollozara por el placer.— Que bonitas tetas tienes, ya puedo imaginarlas llenas de leche para nuestros cachorros.
Tete lloro con más fuerza. La boca de su suegro ahora chupando la piel de su cuello mientras el anciano no dejaba de jugar con sus pezones sensibles. El placer y el deseo hicieron sus paredes temblorosas se aferran con más fuerza a los nudos hinchados en su coñito haciendo que estos expulsaran más semen.
—Mueve esas caderas, Omega —dijo el Alfa tras Tete—. Tienes que quedar completamente lleno. Queremos ver tu barriga llena de nuestra leche.
Las caderas del Omega se movieron más rapidez y con más fuerza, buscando ordeñar el semen dentro de su cuerpo. El abuelo y el padre observaban la escena, sus rostros llenos de lujuria.
Después de unos minutos y de haberse corrido de nueva cuenta en el interior del Omega, sintieron como este se deslizaba lentamente, sus caderas alzándose provocando que ambas pollas flácidas mojadas por el lubricante y su propias corridas salieran con un sonido húmedo cayendo pesadas contra sus muslos.
Tete soltó un suspiro con el cuerpo temblando por los múltiples orgasmos. Su coñito dilatado palpito ante el vacío, expulsando una columna espesa de semen que cayó goteando sobre las piernas de Tete y el suelo de madera. Los dos hombres miraron con las pupilas dilatadas y la nariz empalagada por las feromonas dulces del Omega. El cuarto encerrado hacía que solo el olor del sexo, semen y el lubricante natural del Omega circulará de forma densa sin darles la oportunidad de aclarar la mente. Estaban completamente drogados y lo peor es que no querían alejarse de ese cuerpo menudo que les había dado el mayor placer de sus vidas.
Padre e hijo jamás se imaginaron ser participes de un trio, pero ahí estaban ahora, completamente obsesionados con el sabor y el olor del Omega. Totalmente perdidos en la dulzura de su estrechez.
El anciano acarició la barriga del Omega, la cual estaba ligeramente hinchada por todo el semen que habían expulsado en su interior. Y en un gesto cariñoso besó los labios afelpados del Omega.
—Eres nuestro Omega—dijo el otro Alfa, deslizando una mano por la pierna de Tete hasta los muslos húmedos, manchandose los dedos con los fluidos de los tres.—Tú nos has reclamado a los dos, así como nosotros lo hemos hecho contigo.
El anciano se inclinó para besar la punta de la nariz de Tete. Entonces el Omega lo supo. Había perdido la libertad ante ambos Alfas, reclamado sin la oportunidad de negarse.









x2 necesito un extra
Necesitamos un extra de Tae embarazado de los dos alfas
PARTE 2