TIERRA DE VILLANOS: El padre cruel

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Kairo Lester, un joven de 14 años, es víctima del abuso y las torturas psicológicas de su padre, Decker, conocido como "El Maestro de las Plagas" quien lidera un peligroso culto. Kairo ha perdido toda esperanza de libertad desde que Decker lo secuestró hace años. Sin embargo, todo cambia cuando un misterioso hombre, "Tío Bizarro", irrumpe en su vida y le ofrece un trato de libertad y justicia que no podrá rechazar.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Jack Luna
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo I: La presa (Parte 1)

El joven escapaba del monstruo que lo cazaba en aquel bosque, donde las sombras se intensificaban. Huyendo del peligro entre pasos rápidos y la fatiga creciente, con su dolor aumentando la carga de sus zancadas y el viento gélido golpeando su pálido rostro en aquel oscuro bosque, lo único que se podía oír eran las fuertes pisadas del joven y las hojas secas que crujían, víctimas de su incesante marcha.

Entre la oscuridad de la noche y la tenue iluminación de la luna, pudo vislumbrar un hueco en un árbol seco. Kairo se acercó a toda prisa y se escondió en él, mientras su acechador se acercaba más, acompañado del sonido de las ramas quebrándose y gruñendo.

─¡¿Dónde te metiste?! ¡SAL DE UNA PUTA VEZ! !No te haré nada si sales!─ gruñó iracundo aquel ser de piel grisasea ─Solo te mataré y luego te comeré ─continuó en voz baja y con una imaginación morbosa.

Kairo estaba débil; el sudor hacía eco en todo su cuerpo. La incertidumbre invadía su mente: «¿Tengo que enfrentarme a aquel monstruo?». Sus piernas temblaban y, aunque tenía miedo, sentía una profunda rabia: «¡OTRA VEZ! ¡OTRA VEZ! ¡OTRA VEZ!».

Entonces, en aquel árbol oscuro, donde lo único que podía sentir era el aroma de la madera seca y los pequeños insectos que invadían su espacio, comenzó a escuchar algunos susurros incomprensibles que le martillaban la cabeza. De repente, los árboles parecían decirle mensajes indescifrables, y el bosque le hablaba. En medio de todas aquellas voces, Kairo pudo distinguir algunas: "Estás condenado, al igual que tu familia", "Vivirás por la eternidad como aquel que no tenía derecho a existir", "Murió por tu culpa".

Kairo sentía que estaba enloqueciendo. Aquellas voces eran cada vez más fuertes e invadían su mente. Se sujetó la cabeza con fuerza y gritó.

Entonces, salió de aquel árbol y comenzó a correr nuevamente. Las voces cesaron, pero el ogro pudo oír a Kairo y, nuevamente, emprendió su furiosa marcha.

Las lágrimas de impotencia comenzaban a quemar su rostro mientras el frío viento azotaba sus mejillas. Entonces, un enorme acantilado detuvo su carrera. Pudo observar el abismo que lo separaba a tan solo unos centímetros de distancia y, por unos segundos, se vió tentado a saltar. No podía seguir huyendo; si continuaba así, terminaría desmayándose.

El ruido de las ramas rompiéndose, las hojas crujir y los gruñidos de furia se hacían cada vez más cercanos y familiares.

Entonces, Kairo se dio la vuelta, esperando a su cazador. Se agachó y sacó de su bota una pequeña navaja, quitó su funda y se preparó para lo inevitable. «Si logro tirarlo por el acantilado de alguna forma, podré ganar», pensó. Una gota de sudor caía por su sien; los ojos comenzaban a arder, pero mantenían su determinación.

Entre los árboles del bosque maldito parecía ver muchas figuras transparentes moverse, pero finalmente de entre los matorrales el ogro emergió.

El ogro como una montaña que crecía y el ruido de sus pisadas cada vez más fuertes llegó al encuentro. Y al ver a kairo temblando como papel frente a él con sus ojos tan inquietos del miedo pero intentando ser valiente, lanzó una risotada.

─Pequeño, por favor, estoy cansado.

Kairo, de reojo, observó la gran caída de 30 metros que le esperaba si retrocedía.

El ogro comenzó a acercarse para pillarlo.

─¡ALTO! Si sigues acercándote, voy a saltar. ¡Prefiero morir de una caída que ser devorado! ¡Aléjate, aléjate bestia!

El paso de la bestia fue interrumpido por aquella desagradable sorpresa. «Lo único que me falta es pasar horas bajando para encontrar su cuerpo».

─Gusano, ¡esto no tiene ni puto sentido! ¿Por qué haces las cosas difíciles?.

Kairo retrocedió unos cuantos pasos hasta el borde del precipicio. Necesitaba ganar tiempo para pensar.

─¡Espera, espera! Escúchame ─ gruñó la criatura con aquella voz ronca que se quebró en una desesperante súplica─ No saltes, ven conmigo, acércate.

─¡NO TE ACERQUES! Si das un paso más, saltaré— dijo mostrando su navaja, la mandíbula de kairo temblaba de emoción.

─Está bien, está bien. Escucha, ¿morirás de todas formas, no?

El niño notó la arena mezclada con la maleza del lugar y, aprovechando el tenso momento, tomó con discreción por detrás de su espalda un puñado de ella con su mano derecha, mientras todavía sostenía el cuchillo en amenaza con la izquierda. Observó a la criatura que intentaba negociar: rostro, extremidades, torso. «El pecho de los ogros es duro» pensó.

─Si caes, podrías sobrevivir todavía unas horas de agonia. Si vienes conmigo, te prometo que te daré una muerte rápida. Vamos, dame eso y ven─ prometió con frustración el ogro, esperando que kairo cediera y entregara la navaja.

Una furia creció en el joven al oír esas palabras. El sudor empapaba su cuerpo, y el miedo había disminuido. Luchando contra el impulso de atacarlo salvajemente, lo observó durante unos segundos mientras sus dientes rechinaban de la emoción. Sabía lo que tenía que hacer. Sus lágrimas se habían secado, y ya había tomado una decisión.