Capítulo 1.
Observaba por un instante la historia de amor de una pareja joven, mientras preparaba la comida de la casa. Supongo que me perdí en la emoción de los personajes porque no fue hasta que mi mamá me llamó la atención que pude salir del trance.
—Presta atención a lo que haces, el arroz se quemará—dijo mi madre y enseguida bajé a fuego medio.
—Oh, lo siento —me disculpé—me he distraído un poco.
—Me he dado cuenta. ¿Ya estará listo pronto?
—Sí, solo unos 15 minutos más. Y habré terminado — aseguré y mi mamá se fue a su recámara, dejándome varada con el pensamiento suspendido.
A mis veintiséis años las relaciones inocentes se me hacían extremadamente hermosas, jamás tuve novio en la adolescencia, por lo que el más mínimo gesto me emocionaba y me cautivaba. Como si aún fuese una jovencita quinceañera y no una mujer casi golpeando los treinta. Siempre me he sentido así.
A veces me he preguntado qué se sentiría besar, tener novio o disfrutar de mi sexualidad, pero, mi madre siempre me mantuvo a raya y eso creó un concepto erróneo para mi, sobre que convivir o tener amistad cerca de hombres estaba mal. Y era mal visto por la sociedad. Así que solo me dedique a sacar buenas notas en la escuela y a recibir elogios y diplomas.
Con el tiempo, eso creo en mí una barrera entre los chicos y yo. Me generaba pánico y angustia cuando un chico se me acercaba a sonreirme o a tocarme el cabello, sentía que algo estaba haciendo mal y mi madre saldría a castigarme. Lastimosamente crecí así.
Pero ahora, conforme voy envejeciendo la curiosidad crece dentro de mi, principalmente de manera sexual. Siempre me he preguntado que se sentirá que un chico te acaricie, te llene de besos por todas las partes del cuerpo y al final te penetren.
La mayoría dice que el sexo está sobre valorado y que uno no se pierde de nada, mientras que otros aseguran que el sexo es lo más placentero del mundo. Y es ahí donde surge mi dilema, me encantaría tener ese juicio y saber de qué lado estaría yo. Posiblemente, del placer, por lo que he visto y me han contado, parece ser así.
Algunas veces quisiera poder hacerlo con cualquiera. Pero, otras veces, me lleno de pánico al saber que soy una ignorante en el tema y me aflije que no puedan entender que soy nueva en eso y se burlen en mi cara o me tachen de mentirosa sobre todo por mi edad y mi trauma crezca. Porque vamos a mi edad, es muy difícil que una chica permanezca virgen.
Y ustedes dirán, debe haber alguien que me haga el favor, y la verdad es que sí. Hay un sujeto, tiene 38 o 40 no lo sé, pero es un don juan. Alguien que solo usa las mujeres jóvenes como objeto sexual. No se sabe con exactitud cuántas han pasado ya por su cama pero me genera nerviosismo saber que pueda tener alguna transmisión sexual. Aunque por lo que cuentan el tipo es extremadamente cuidadoso en eso y hace exámenes con regularidad, ¿y cómo lo sé? Bueno supongo debe ser muy bueno en lo que hace porque algunas conocidas dicen haber tocado el cielo con él.
Sí, debe ser bueno. Muy bueno. Tal vez... demasiado.
¿Aunque qué pasaría sí....?
No. Sería incorrecto.
Muy arriesgado.
Mi madre me mataría y me echaría de casa.
No, ni en sueños podría imaginarlo.
Incluso si cada tarde que paso frente a su casa él me observe con esa mirada fija y seria, casi desvistiendome para poder hacerme de todo a su antojo.
No, no lo haría.
Incluso si mis piernas tiemblan cada que pienso las mil formas en que él podría hacerme suya en la cama.
No, no podría.








