You're mine

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Sinopsis

La vida de Maddie cambia radicalmente, cuando su padre Kendo Sanders pierde en una apuesta. Este la entrega a manos de un reconocido mujeriego y vicioso a los juegos de dinero, Aiden Katz. Solo quiere a Maddie como objeto sexual.

Genero:
Romance
Autor/a:
Lucia
Estado:
Completado
Capítulos:
26
Rating
4.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Me perteneces

Una hermosa chica de cabellera oscura, habla en el almuerzo, con la esperanza de que su padre regresará.

En el casino Katz's


Kendo Sanders se encontraba apostando la poca herencia que había reunido con su esposa, en su preciado restaurante, que poco a poco había adquirido más fama; sin embargo, no todo era color de rosa y cuando menos lo imaginaron, su esposa fue diagnosticada con leucemia, ese fue el fin, las telas de satín que habían acunado a la familia, en su tranquilo y feliz mundo, se desgarraban con salvajismo, la muerte de Alexya Sanders, emprendió una nueva vida, llena de dolor, resentimiento y odio y para la cereza de todo este asqueroso pastel, su contrincante le llevaba la delantera.

Un chico de cabello oscuro se encontraba bebiendo una copa de vino, mientras veía el rostro de angustia que le brindaba su oponente.

-¿Qué pasó, señor Kendo? ¿Se rinde?

-Claro que no, señor Katz, apuesto a mi hija-respondió sin titubear.

-¿Qué le hace pensar que quiero a su hija? -pregunto con curiosidad Aiden, que le había tomado de golpe su respuesta.

-Ella es virgen y podrá hacerle lo que usted desee-y así concluyó él con esa grotesca respuesta.

-No tengo nada que perder, una sirvienta más, una sirvienta menos, qué más da- él aceptó porque se rumoreaba que la hija de "este" era una mujer muy bella y despertó una curiosidad hacia ella.

Entonces comencemos. El chico de cabellera negra se levantó, y relajo sus músculos.

-Vamos señor Kendo.


El viejo solo bajó la mirada, pero no de decepción, su rostro no mostraba siquiera un mínimo arrepentimiento por sus anteriores palabras, al contrario, sentía un gran alivio como si le hubiesen quitado un peso de encima, por fin, se la llevarían lejos de él, ahora podía vivir en paz en su modesta casa. Él odiaba a su hija, solo por el hecho de parecerse tanto a su difunta esposa y así a paso apresurado y cuidadoso se subieron al auto y después de dos horas llegaron a su destino.

Estacionaron el auto en la calle y bajaron, Kendo apresuró su paso, como un niño que quiere alcanzar algo que desea, a tal punto de desmayarse de la emoción abrió la puerta tan rápido que como le fue posible.

- Papá llegaste, te he estado espe... buenas noches-dijo Maddie, dando una reverencia al invitado, mientras dirigía la mirada a su padre.

- Papá, ¿Quién es? - habló con intriga al ver que no presentaba al invitado.

-Llévatela- escupió con asco y sin verla se dirigió a su cuarto.

-¿Qué has dicho padre? - pronunció con temor de no haber oído bien.

-¿Estás sorda? ¡Me perteneces, vamos!- respondió enojado por la mala audición de la chica.

-¿Qué? No por favor aléjate... - dijo mientras analizaba las palabras.

-No me hagas usar la fuerza y ¡vamos!

-¡No! -exclamó agobiada, retrocediendo, a lo que el guardaespaldas no se hizo esperar y tomo sus manos, las juntó y la sacó a rastras de la casa.

-¡Papá! -grito a todo pulmón, la chica, no recibió respuesta de su progenitor. Sus lágrimas no dejaban de caer, aún no lo podía creer, estaba en shock, y solo con el presentimiento de que estaba en peligro. Aiden la tiró en el asiento del copiloto de su lujoso auto y rodeó este para subirse.

-¿Por qué haces esto? - preguntó con una voz delicada y adolorida.

-Tu padre perdió en un juego y te puso como premio- lo dijo con burla.

-Imposible- Maddie no podía creer las palabras de aquel extraño, las lágrimas se deslizaban sin cesar por sus delicadas mejillas, era mentira, todo lo que él le dice es mentira, tal vez lo chantajeó o algo así.

-Mi padre no pudo hacer eso- dijo con tono de voz segura y enojada, a lo que su ceño se frunció, mientras se convencía a sí misma.

-El mismo me guío a su casa y tú misma lo escuchaste decir "llévatela", o aparte de sorda, ¿eres tonta?


Entonces a nuestra Maddie le cayó como balde de agua fría la realidad, era verdad, se había olvidado de eso, su padre no estaba llorando, incluso podía afirmar que sus labios estaban algo curvados hacia arriba, Maddie se quedó sin palabras, su respiración le fallaba y quería llorar, llorar como nunca lo había hecho, ¿Por qué su padre hacía eso? Se repetía innumerables veces y no encontraba respuesta, ella siempre estuvo a su lado, nunca le desobedeció, ella lo quería, era su única familia y ese ser tan preciado la había regalado como si de un objeto se tratase, no pudo más y soltó gruesas lágrimas de dolor, tristeza y ... Miedo, ese miedo que la atormentada y mataba por dentro, ¿Qué sería de su vida ahora?, ¿Qué planeaba hacer el hombre a su lado? No podía dejar de interrogarse, ella solo quería desaparecer, convertirse en polvo y dejarse llevar por el frío viento.

Aiden la observaba y desde que su mirada se había posado en ella, había confirmado con sus propios ojos los rumores que se extendían, incluso las palabras no le hacían justicia, ella era hermosa, y su aura era pura y serena. Se rio para sus adentros, ya que ahora podría tenerla cuantas veces quisiera, hasta quedarse saciado y luego le alquilaría algún departamento para que después con el trabajo otorgado por parte de él se mantuviera así misma.

Ellos no lo sabían, pero compartían un pensamiento, él también se preguntaba ¿Cómo un padre pudo hacerle eso a su hija?

Pasaron 3 horas, y ya se encontraban en la zona alta de Miami, casas lujosas, unas más que otras, pero sin dejar de ser tan impresionantes, reinaban por las anchas calles, se encontraban en el territorio de la alta clase social. Aiden dirigió la mirada a la joven, la cual se encontraba con una mirada perdida hacia la ventana, perdida en sus pensamientos, ignorando la belleza del panorama.

-Llegamos, bájate. -pronunció relajado Aiden.


La chica no reaccionó, estaba en su mundo, ignorando cualquier ruido del exterior, el guardaespaldas se enojó y salió para abrir la puerta a donde se encontraba ella, sacándole igual como lo había hecho de su casa. Maddie volvió a la realidad por el dolor que le proporcionaba el agarre de aquel chico en sus delicadas manos.

-Duele- pronunció ella en un sollozo.

Él ni se inmutó y se dirigió hasta la puerta para abrirla con un botón de su llavero, entraron y la puerta automáticamente se cerró, ella no pudo apreciar el decorado lujoso de la casa, ya que las luces se encontraban apagadas, y la única luz que ayudaba a iluminar el camino era la de la luna, la cual podía pasar gracias al enorme ventanal de la divisible sala, sus manos se estaban adormeciendo, consecuencia del dolor, el pelinegro subió las escaleras sin ningún inconveniente, pero la chica lo hacía algo torpe, ya que no veía lo que pisaba y no podía seguirle el ritmo de sus pasos, escuchó el sonido de una puerta y sintió que caía en algo suave.