Capítulo 1
Mi hermana no es gorda.
Siento que debo mencionar eso. Puedes llamar a mi hermana de muchas cosas-como yo, con el paso de los años-pero ‘gorda’ no es una de ellas.
Aunque puedo ver porque se siente así. ¿En una palabra?
Tetas.
Es más complicado que eso, obviamente, pero ese tiene que ser el factor principal. Cynthia tiene unas de las tetas MAS grandes que hayas visto. Son magnificas. No importa lo que use, no importa lo mucho que intente esconderlas (y dios sabe que intenta esconderlas), sus grandes tetas son la primer cosa que todos notan sobre ella.
Si, incluso yo.
Sus tetas han estado casi desde el momento que alcanzo la pubertad, y desde ese momento yo alcance la pubertad he estado obsesionado con ellas. Seriamente siento que no han parado de crecer desde que tenía doce.
Cynthia probablemente ni siquiera puede ver sus pies. De nuevo, solo para aclarar-no porque sea gorda. Solo porque está demasiado bustona.
Mi madre, por otro lado...miren, ella es definitivamente grande. No la llamaría ‘gorda’, pero tampoco sería capaz de argumentar que no lo es, ¿saben?
Desde que papa murió, mama realmente se ha dejado llevar. No al punto de ser, una obesa mórbida. Solo...
Si. Grande.
Y ahí está la cosa: mama tenía enormes tetas incluso antes de que subiera de peso. Encontré un viejo álbum familias y lo revisé. Pero la ventaja de ser grande es que te haces más grande.
Mi madre tenía enormes tetas, y luego les puso mucho peso y se hicieron aún más grandes.
Y aun no son tan grandes como las de mi hermana.
Así que Cynthia ve a mama, ve lo mucho que son físicamente en común, mira a sus enormes nenas, y asume que es porque debe ser gorda.
No lo es. No es, una delgada-anoréxica, pero definitivamente no es gorda.
Mi nombre es Daniel. Soy un adolescente en mi tercer año en York dale, y paso demasiado mucho tiempo pensando en las tetas de mi hermana.
No puedo creer que este tan avergonzada de ellas. Si te dan un regalo como ese, no lo escondes del mundo; tienes que mostrarlo, ¿verdad? Nop. No mi hermana, como sea. Suéteres anchos, las pijamas holgadas, chamarras-lo que sea que pueda hacer para pretender que no están ahí.
Cada día que paso por la regadera, estoy tentado a entrar, accidentalmente ver a mi hermana lavando su cuerpo desnudo, frotando el jabón en esas grandes, redondas tetas. Cada noche, me masturbo pensando en cómo se ven. ¿Tiene enormes, oscuros pezones? ¿O son pequeños y delicados, como pequeñas fresas?
Nunca he llegado a verla en traje de baño.
Así que miren, quizás secretamente es gorda. Quizás es demasiado buena en esconderlo incluso para mí, su hermano quien está obsesionado con su cuerpo, no lo ha notado.
Pero estaría sorprendido-tiene esas largas piernas, siempre quitan el aliento, incluso aunque no la he visto desnuda (excepto en mi imaginación), a menos que sea la campeona mundial de esconder algo, no hay forma de que tenga sobrepeso.
Aunque eso no la detiene de su obsesión. Es lo suficientemente diplomática para evitar mencionarlo cuando mama está cerca, pero cuando solo estamos nosotros dos, se la pasa gimiendo sobre cómo quiere perder peso, como nunca va a entrar en tal talla, bla, bla, bla.
Principalmente solo la tranquilizo, y reviso su cuerpo cuando no está mirando. Algunas veces esta tan distraída, que puedo pasar minutos dándome un festín de su cuerpo con mis ojos.
Cuando eso pasa, generalmente invento una excusa y me retiro a mi cuarto. Con la puerta cerrada, si saben a qué me refiero.
En el raro caso de que no esté pensando en Cynthia cuando me froto, me imagino a mi mama. Apuesto que sus cuatro tetas combinadas pesan al menos lo mismo que yo. Algunas veces pienso en ser asfixiado por ellas...dios, vaya forma de morir.
Y si: he aceptado que soy un raro pervertido desde hace mucho tiempo.
Quiero verlas. Quiero verlas tanto. Ninguna de las dos ha mostrado tanta piel. ¡Nunca!
Así que así es como paso mi vida: rodeado de enormes tetas. Es una curiosa mezcla del cielo y el infierno. Lo odio y lo amo, ambos al mismo tiempo.
Y así es como pude haber continuado, estimulado y frustrado en igual medida.
Pero un día, mi hermana me hizo una pregunta.
“Como puedo perder peso?”
Estaba en medio de hacerme un pan tostado. Me gire a mi hermana mirándola de pies a cabeza. No en la forma en la que la miro cuando se da cuenta, pero...si, tengo una imaginación hiperactiva, y el pensamiento de ella acercándose a mi inmediatamente hizo que mi verga se levantara en mis pantalones.
“Come menos,” respondí simplemente, y regresé a mi desayuno.
El cuerpo de mi hermana podría ser el centro de cada una de mis fantasías sexuales, pero hago lo que puedo para esconder mis deseo. En lo que a Cynthia-y mama-les concierne, solo soy un adolescente regular, no uno que se imagina sus labios alrededor de mi verga cada vez que me vengo.
“Hablo enserio,” suspiro Cynthia, y le di una mordida a mi pan.
Hago atletismo, así que estoy en buena forma. ‘Haz atletismo’ hubiera sido mi próxima mala sugerencia, pero me di cuenta de que Cynthia estaba genuinamente pidiendo mi opinión-algo que realmente no pasaba mucho.
Como dije, ella habla mucho sobre su peso, pero es exactamente eso-hablar. Soy una audiencia, no la mitad de la conversación.
Pero por primera vez que pude recordar, parecía que realmente estaba pidiendo mi opinión.
“Bueno,” dije después de pensarlo unos segundos, “¿Porque quieres perder peso?”
Mi hermana giro sus ojos, y señalo su cuerpo. Tome la rara oportunidad de verla sin tener que ser sutil-por los próximos veinte segundos maso menos, mordí mi pan y revise el cuerpo de mi hermana, disfrutando el hecho de que ella sabía que lo estaba haciendo.
Era perfecta.
Enserio. Incluso debajo de sus holgadas pijamas, era obvio que el cuerpo de Cynthia estaba que echaba humo. Piernas largas, trasero firme, y tetas que merecían ganar algún tipo de premio. Encima de eso un largo cabello rubio y cara tierna; apostaría un buen dinero a que por lejos no era el único que se masturbaba con ella cada noche.
Si fuera un mejor hermano, le hubiera dicho eso. No la parte de masturbarse, sino el resto-que su cuerpo era perfecto, y que no necesitaba cambiar nada.
En vez de eso, un retorcido impulso entro en mi cerebro, y no pude resistirme a seguirlo.
“Nuestro entrenador usa hipnoterapia,” respondí lentamente. “Para mantener a algunos chicos motivados. Escuche que es bueno para perder peso también.”
Pura mierda, por supuesto. Nuestro entrenador le gritaba a cualquiera que perdiera motivación, y lo sacaba del equipo si eso no funcionaba. Pero por la reacción de mi hermana, creerías que le ofrecí la cura del cáncer.
“Enserio?”
“Por supuesto,” asentí.
“Realmente crees que eso funcione?”
“Absolutamente. El entrenador lo jura.”
“Wow.”
Los ojos de mi hermana estaban brillando, y ella miro sus tetas, y luego a mí.
Metí mi última pieza de pan en mi boca, lo mastiqué, y luego hice la oferta que sabía que se Moria por escuchar.
“Quieres intentarlo?”
“Si,” dijo Cynthia, sin perturbarse por las migajas de que salían de mi boca cuando le pregunte. “Por favor!”
“Claro,” dije, limpiándome las manos. “Le preguntare cómo funciona la próxima semana-qué tal si lo intentamos el lunes, ¿después de la escuela?”
“Perfecto,” dijo mi hermana, y prácticamente salió del cuarto.
Ahora, no sabía nada sobre hipnosis. Enserio. Fue solo la primera mentira que paso por mi cabeza, y nunca esperaría que Cynthia se la creyera, el solo pensarlo es excitante. Pero pasé todo el fin de semana leyendo sobre eso, y lo que encontré fue bastante interesante.
Verán, cuando alguien está en trance, no puedes hacerlo hacer algo que no quiera. No podía hipnotizar a mi hermana y decir, “Oye, quieres chupar la verga de Daniel en topless, y tomarte fotos para recordarlo por siempre.”
Bueno, podría, pero a menos que mi hermana ya tenga un fetiche con el incesto, no haría nada más que molestarla (y probablemente despertarla).
Pero entre más leía, más oportunidades veía. No podías hacer que alguien hiciera algo que no quisiera, no directamente, pero-leyendo entre líneas parecía que podías hacerlo querer hacer algo que normalmente no lo harían, si saben a qué me refiero.
No podía decir “Hey, Cynthia, quítate el top y haz saltos.” A menos que Cynthia ya quisiera hacer eso, no iba a funcionar.
Pero, si podía convencerla de que hacer saltos era la mejor forma de perder peso, y que quitándose el top era la unca forma que podía revisar su físico...
Después, ella podría considerarlo.
Para cuando llego la tarde del lunes, pase más de veinte de las anteriores cuarenta y ocho horas leyendo sobre hipnosis, y mi mente estaba llena de ideas.
Lo mejor de todo: Cynthia estaba tan emocionada como yo.
“Estas listo?” dijo ella, en el momento que entro a mi cuarto.
“Hmmm?”
Decidí hacerme el desinteresado.
“Tarde del lunes,” dijo ella, dejando su mochila y sentándose en el sillón enfrente de mí. “Ibas a hipnotizarme. ¿Recuerdas?”
“Oh si,” dije. “Si, el entrenador me dio algunos tipos. Quieres hacerlo ahora o-...”
“Ahora,” interrumpió ella.
Con una sonrisa, comencé.
No tenía idea si era bueno en esto, o si era el entusiasmo de mi hermana, pero en menos de diez minutos, ella me estaba viendo, con la mirada perdida. Hice todo lo que las pruebas del sitio web recomendaban-chasquear mis dedos y ver si reaccionaba, pasar la luz de mi teléfono frente a sus ojos.
Lo suficientemente claro, ella parecía estar hipnotizada. Como, realmente. Totalmente fuera de sí.
“Oye,” empecé. “Puedes escucharme?”
“Si,” dijo ella, su voz sonaba firme y clara. No sé porque esperaba-un susurro suave, o monótono o algo, tal vez.
Nop. Respondió como si estuviera despierta.
“Como te sientes?”
“Dormida,” dijo ella, en una voz que sonaba a todo menos. “Relajada.”
“Te gusta sentirte así?”
“Si,” dijo ella, sin dudar.
“Por qué?”
“Porque sé que mientras me siento así, me estas ayudando.”
Sonreí.
“Mientras me siento así,” continuo, “vas a asegurarte de que pierda peso.”
“Exactamente. Confías en mí, ¿verdad?”
“Si.”
“Dilo.”
“Confió en ti.”
“De nuevo.”
“Confió en ti.”
“Bien.”
Pause. Me sentí como niño en la mañana de navidad, excitado por las opciones. Había mucho que podía hacer... ¿por dónde comenzar?
“Por qué quieres perder peso?”
“Para estar más saludable,” respondió Cynthia inmediatamente. “Y sentirme más atractiva.”
“No te sientes atractiva?”
“No,” dijo mi hermana, y una parte de mi quería golpearla. Ella era la persona más atractiva del planeta ¿qué demonios pasaba con ella?
“Por qué no?”
“Soy gorda.”
No lo eres, pensé, pero me lo guardé.
“Que más?”
“Mi....”
Cynthia dudo. Pausé por unos segundos, pero rápidamente entendí que no iba a contestar, no sin algo de ayuda.
“Mientras te sientes así,” dije, “puedes decir lo que sea. No serás juzgada aquí; estas aquí para que pueda ayudarte, para que pueda ayudarte a perder peso. Todo lo que digas es solo para mí, y estoy aquí para ayudarte.”
“Si,” dijo Cynthia, y le dije que continuara. “Son mis pechos.”
“Por qué no querías decirme eso?”
“Eres mi hermano,” dijo ella, mirando a la nada. “Es raro hablar con tu hermano sobre ese tipo de cosas.”
Bueno, eso era algo que teníamos que arreglar más pronto que tarde.
“Cuando estas hipnotizada,” dije lentamente, después de pensarlo unos momentos, “no quiero que pienses en mi como tu hermano. En vez de eso, soy tu entrenador. Soy tu entrenador...Danny.”
Nadie me había llamado Danny. Diablos, la mayoría de la gente ni siquiera me llamaba ‘Dan’. Por alguna razón, siembre he sido ‘Daniel’.
“No soy tu hermano... Ni siquiera soy hombre. Solo soy un entrenador, Danny. Dilo.”
“No eres mi hermano,” repitió Cynthia confiadamente. “Ni siquiera eres un hombre. Solo eres mi entrenador, Danny.”
“Estoy aquí para ayudarte a perder peso. Dilo.”
“Estas aquí para ayudarme a perder peso.”
“Crees en mí?”
“Si.”
“Que tanto?”
“Cien por ciento.”
Como dije, el peso de Cynthia es un tipo de obsesión. Ella haría lo que sea para perderlo.
Eso esperaba.
“Confías en tu entrenador Danny más que a cualquiera en el mundo. Dilo.”
“Confió en mi entrenador Danny más que nada.”
“Solo existo aquí, mientras estas en este estado, y existo solamente para ayudarte. Dilo.”
“Solo existes para ayudarme mientras estoy hipnotizada.”
“Solo existo para ayudarte a perder peso. Dilo.”
“Solo estas aquí para ayudarme a perder peso.”
“Esa es la única razón por la que existo, y es todo lo que puedo hacer. Dilo.”
“No puedes hacer nada más, porque eso es por lo que existes.”
“Porque no puedo hacer nada más, todo lo que hago es ayudarte a perder peso. Dilo.”
“Todo lo que haces es para ayudarme a perder peso, porque es todo lo que puedes hacer.”
“Porque eso es todo lo que puedo hacer, puedes confiar en mi ciegamente. Dilo.”
“Confiare en ti completamente, porque todo lo que puedes hacer es ayudarme a perder peso.”
“Bien.”
Ella lo quería tanto.
“Cuando estes hipnotizada y escuches mi voz, quiero que recuerdes: No soy tu hermano, soy Danny.”
“No eres mi hermano. Eres Danny.”
“Siempre responderás las preguntas de Danny sin dudar. ¿Entiendes?”
“Si.”
“Mi voz es la voz de Danny. Mientras estes en este estado, soy Danny. Dilo.”
“Eres Danny. Tu voz es la voz de Danny.”
“Hay algo que no le dirías a tu entrenador?”
“No.”
“Por qué no?”
“Porque el existe solamente para ayudarme a perder peso.”
“Si le mientes a tu entrenador, ¿qué pasaría?”
“No sería capaz de ayudarme a perder peso.”
“Harás lo que tu entrenador te diga?”
“Si.”
“Por qué?”
“Porque me ayudara a perder peso.”
“Bien. Ahora, dime, dile a tu entrenador ¿por qué no te sientes atractiva?”
“Porque soy gorda.” dijo Cynthia sin dudar. “Porque soy gorda, y mis tetas son muy grandes.”
Si estuviera bebiendo agua, juro que la hubiera escupido. ¿Muy grandes? ¿Qué demonios tenía mi hermana?
“Son...”
Dude.
Mi instinto estaba en corregirla, para decirle que era hermosa, que sus tetas eran del tamaño perfecto. Pero entonces...
“Tienes razón,” dije, después de pensarlo unos momentos. “Eres gorda, y tus tetas son muy grandes.”
La mire de cerca. Sin reacción.
“Como tu entrenador,” continue, “sabes que nunca te mentiría. Sabes que todo lo que digo es la verdad. Dilo.”
“Nunca me mentiras. Todo lo que dices es verdad.”
“Eres gorda, y la única manera en que vas a perder peso es si te ayudo. Dilo.”
“Soy gorda, y la única manera de perder peso es si me ayudas.”
“Harás todo lo que te diga. Dilo.”
“Hare todo lo que me digas.”
“Bien,” dije, una gran sonrisa en mi cara.
Pasé unos pocos minutos reforzando que la mente consciente de Cynthia no recordara nada del trance, y la desperté. Ella lentamente lo hizo, mirándose-y sonando-más mareada que cuando estaba hipnotizada.
“Como estuvo?” pregunte, y ella me miro adormilada.
“Bien,” dijo ella. “Fun...funciono?”
“Eso creo,” asumí. “No lo se.”
Nos sentamos en silencio durante unos minutos mientras mi hermana terminaba despertando.
“Wow,” eventualmente suspiro. “No recuerdo nada. ¿Qué me dijiste?”
“Y sabes,” dije casualmente. “Solo lo que el entrenador me enseño. Come menos, intenta caminar más. Usa las escaleras en vez del elevador. Ese tipo de cosas.”
“Oh, genial,” dijo ella. “Cielos, es tan raro no recordar nada. ¿Crees que funcionó?”
“No puedo decirlo,” murmure. “Probablemente no.”
Puede que haya presionado demasiado-una mirada simpática apareció en la cara de mi hermana, y se giró hacia mí.
“Hermanito,” dijo confortablemente,” ¡lo hiciste genial!”
Ella me rodeo con sus brazos, y me jalo hacia ella para darme un abrazo. Les diré, tener esas enormes pelotas presionándose contra mí no era algo de lo que me iba a quejar.
“Estoy segura de que funcionó,” dijo ella. “Estoy segura.”
“Lo dudo,” dije. “El entrenador dice que generalmente toma unas pocas sesiones para tener efecto.”
“Intentémoslo de nuevo el miércoles,” dijo ella, liberándome del abrazo. “Quiero decir, si te parece.”
“Como sea.”
“Lo espero entonces,” dijo cálidamente, y gire mis ojos, apenas controlándome para esconder mi sonrisa.
Hipnotice a Cynthia el miércoles, y luego la noche del viernes. Me asegure de despertarla cada vez antes de que hubiera oportunidad de que mama llegara del trabajo y nos atrapara.
El lunes, sin embargo, Cynthia se negó a dejarme hipnotizarla.
“Claro,” dije, actuando desinteresado mientras podía.
“No eres tú,” dijo ella ansiosamente. “Por favor, Daniel, ¡no lo tomes personal!”
“Sin rencores,” gruñí, siguiendo con mi videojuego.
“Espera,” dijo ella, intentando que la viera a los ojos. “Es solo que...”
Hubo un largo silencio, y me negué a romperlo.
“Es solo que... no te parece un poco extraño?”
De nuevo, no respondí.
“¿Quiero decir, me hipnotizaste por cuanto, media hora? cuarenta y cinco minutos por vez? Y no recuerdo nada. ¡Nada de nada!”
“Como sea,” gruñí. “Solo trataba de hacerte un favor.”
“Y realmente lo aprecio,” dijo Cynthia empáticamente. “Enserio! Estoy realmente agradecida.”
“Está bien,” dije, dejando en claro que mi atención estaba enteramente en mi juego. “Me das noventa minutos extra a la semana para jugar videojuegos.”
“Me prometes que no estas enojado?”
“Como sea,” repetí, y Cynthia se fue.
Durante los próximos días, mi hermana estaba un poco incomoda a mi alrededor. Era obvio que se sentía mal, como cuando me pide ir a la tienda con instrucciones confusas y se enoja cuando le traje el tipo incorrecto de pan.
Mis respuestas se mantenían completamente neutrales, mientras pensaba genuinamente que no me importaba si la hipnotizaba de nuevo o no.
Finalmente, en la mañana del domingo, se rompió.
“Oye,” dijo ella, tocando la puerta de mi cuarto. “Te molesta si entro?”
“Es un país libre.”
Ella se rio nerviosamente, y se sentó en la orilla de mi cama.
“Yo...”
De nuevo, un largo silencio. De nuevo, completamente negué ser el que lo terminara.
“Mira...”
Cambie la página de la revista de ciclismo que estaba leyendo, y Cynthia suspiro.
“Mira,” dijo de nuevo. “¿No estoy tratando de ser una idiota, pero... crees que pudieras hipnotizarme de nuevo?”
Deje la revista y la mire, con una ceja levantada.
“Lo sé,” dijo ella. “Lo sé, lo sé, lo se. Es solo que...”
Ella suspiro una vez más.
“No era justo para mi espantarme así.”
“Enserio,” dije. “Está bien. Realmente no es gran cosa para mí de cualquier forma.”
Ella continuo mientras pensaba que nunca iba a hablar.
“Es solo que tuve este raro pensamiento, como si... mientras estaba hipnotizada, podrías hacer algo conmigo. Podrías hacer que te diga mi contraseña de Facebook, o presentarte a mis amigas lindas.”
“O ayudarte a perder peso,” dije sarcásticamente.
“Claro,” se rio. “Lo se. Lo se. Es mi culpa. Me puse rara.”
“No es nada nuevo.”
“Así que mira, lo siento. Solo estabas intentando ayudar, y yo fui la tonta.”
“Tampoco es nada nuevo.”
“Ja, ja, ja. Mira, me disculpe. ¿Vas a ayudarme, o no?”
Pause, mientras pensaba en aumentar mis opciones. Finalmente, cuando sentí que no podía estirarlo más, asentí.
“Claro,” dije, levantando la mano disimuladamente. “Solo... prométeme que no te pondrás rara de nuevo, ¿está bien?”
“Por supuesto,” dijo mi hermana, mirándome a los ojos. “Confió en ti.”
“Como te sientes?”
“Bien,” respondió Cynthia. Su voz era clara y confiada, sus ojos estaban vidriosos.
“Recuerdas lo que hablamos la última vez que estuviste hipnotizada?”
“Si,” dijo ella.
“Dime.”
“Me diste algunas instrucciones.”
“Cuáles eran?”
“Me dijiste que tuviera sospechas. Me dijiste que me diera cuenta-conscientemente-que no podía recordar lo que pasaba en estas sesiones, que podían ser cualquier cosa. Me dijiste que explorara ese sentimiento tanto como fuera posible.”
“Bien,” sonreí. “Algo más?”
“Si,” respondió mi hermana. “Me dijiste que cada día que no fuera hipnotizada, iba a comer más de lo que comí el día anterior.”
“Por qué?”
“Porque eres mi entrenador. Tu rol es ayudarme a perder peso. Eso es todo para lo que existes. Si no dejo que me hipnotices, no eres capaz de ayudarme a perder peso.”
“Y?”
“Y en vez de eso, ganare peso.”
Es todo lo que podía para no sacar aire de triunfo.
“Responderás todas mis preguntas honestamente, ¿verdad?”
“Si.”
“Por qué?”
“Porque confió en ti.”
“¿Confías en mí, Danny?”
“Si.”
“¿Como te sientes sobre tu hermano, Daniel?”
“Confió en él.”
“Por qué?”
“Porque pase unos días pensando en eso, y no hay razón para no hacerlo. Es mi hermano; me ama, y solo quiere lo mejor para mí.”
Esa no era una sugestión mía; era genuino. Cuando le dije que explorara sus sospechas completamente, lo decía enserio-si esto iba a funcionar, si iba a infiltrarme en la mente de mi hermana, y finalmente ver esas tetas llenas de agua, necesitaba asegurarme de que no hubiera ninguna duda vagando por su mente.
Aparentemente, el plan había funcionado. Cynthia paso unos días reflexionando sobre eso... y decidido confiar en mí.
Ella decidido confiar en mí. No pare de leer sobre hipnosis durante las últimas dos semanas, y todo lo que pude encontrar sugería lo mismo-si la idea venia originalmente de la mente del sujeto, iba ser más fácil que lo aceptara.
No puedes hacer que la gente haga algo que no quiere...pero puedes hacer que se den cuenta de cosas que QUIEREN hacer. Incluso si no es algo de lo que se darían cuenta sin tu ayuda, ¿saben?
“Y,” mi hermana continuo, “cuando las sesiones se detuvieron, empecé a comer más.”
“Eso no hizo que sospecharas de tu hermano?”
“No,” dijo Cynthia ansiosamente, su mirada perdida viéndome, sin expresiones. “No. Confirmo que había hecho exactamente lo que había dicho-su hipnosis me había ayudado a perder peso.”
“Perfecto.”
Respire profundamente, y mire a mi hermana. Ella estaba en el sillón, sus manos en su regazo, su mente completamente expuesta, lista para hacer lo que sea que le diga.
Ella confiaba en mí, completamente.
“Ahora,” dije suavemente, “el verdadero trabajo comienza ahora.”








