La doncella del fuego

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Sinopsis

Juno ha despertado sola en medio de la nada, no sabe quién es ni de dónde proviene, lo único que sabe es que puede invocar fuego de sus manos. Cuando la aparición de una colégiala que le jura ser la auténtica Ginny Cox, la desaparecida chica más popular del internado Fairouz, le destapa su curiosidad, decide embarcarse en una travesía por comprender su mera existencia mientras la ira de una diosa se avecina por el horizonte, amenazando con arrastrarla al apocalipsis inminente de un mundo que no conoce si no coopera. Será el momento en que deberá elegir entre ser ella misma o dejarse hundir por lo que otros quieren que sea. Solo Juno tiene la última palabra.

Genero:
Fantasy/Romance
Autor/a:
Moka Cat
Estado:
En proceso
Capítulos:
9
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

El ocaso de una mentira

Henrietta tenía claras sus prioridades y una de ellas era no ser ni el secreto ni el juguete sexual de alguien, mucho menos de la persona que más amaba. Sin embargo, Ginny Cox, la inalcanzable chica del internado Fairouz de quien siempre estuvo enamorada y había logrado que sus vidas se entrelazaran, cometió ese terrible error. El inicio de una añorada relación que se suponía debía ser el mejor momento de su vida no fue más que una humillación, una burla, una herida imposible de sanar que la orilló a recluirse en su taller, usando sus conocimientos y habilidades para crear a la novia perfecta.

Ahora una figura femenina de cera, desnuda, tapada con una manta estaba recostada en una camilla. Aún no cobraba vida, pero muy pronto rondaría el mundo de los mortales.

—Tú serás mejor que esa mentirosa de Ginny.

Este nuevo ser fue modelado a imagen y semejanza de aquel amor fallido que inclusive Henrietta le cortó el cabello pelirrojo para no perder esa similitud, impulsando su demencia que curaría su corazón roto. El reloj en la pared marcó las doce y fue entonces cuando una de las pocas feligresas que aún se rescataban de la deidad suprema del fuego trazó las runas de la vida, el alma, el sentimiento y la mente alrededor de la camilla. Levantó su mano mientras con la otra sostenía una libreta en los que plasmó dichos símbolos para invocar al ente divino que forjó esta nación.

—Oh, alabada deidad suprema del fuego te imploro que acudas a mi llamado. Que tu poder se manifieste en mis aposentos y le otorgue a esta muñeca el milagro de la vida. Que le permita convertirse en mi amada eterna. ¡El amor florecerá!

Llamas emergieron de las runas y sombras danzaron alrededor de la camilla como un indicio de que el ritual había dado pie. Henrietta cerró la libreta, haciéndolo a un lado y se inclinó para tomar su rostro entre sus manos.

—Siempre estaremos juntas. Te entregaré el cariño que Ginny despreció… —le besó los labios—Juno.

Sin embargo, la ilusión poco le duró cuando un intruso invadió sus aposentos y le apuntó con una pistola, echándole en cara que la había acorralado y no tenía escapatoria. Ocultaba su rostro tras una máscara de diablo.

—¡No lo entiendes! ¡He hecho un cambio y tú vas a arruinarlo porque tu pequeño cerebro no logra comprenderlo! —le quitó las manos de encima y se percató de que su creación articulaba los dedos—. ¡Ya es tarde! El alumbramiento ha empezado.

Su obsesión la consumió, estaba tan desconectada de la realidad que el intruso lo aprovechó para escabullirse y borrar una de las runas con la planta de su pie. La feligresa se dio cuenta tarde de que su ceremonia había sido interrumpida y una lluvia de balas fue la respuesta que obtuvo. Fue estampada contra la pared, pintándola con su sangre conforme se fue resbalando hasta quedar sentada en el.

Con su último aliento atestiguó como su sueño era reducido a cenizas, como la novia perfecta ardía frente a sus ojos por el fuego que se salió de control. El intruso destacaba por traer puesta una pashmina rosa con lunas doradas que Henrietta reconoció en segundos porque le pertenecía a Ginny. Aquel amante arrodilló una pierna para estar a su altura y se retiró la máscara, sorprendiéndola ante esta revelación que no vio venir.

—Maldito bastardo, siempre fuiste tú. Debí suponerlo y prevenirlo.

—Para jactarte de ser muy lista, fuiste bastante estúpida. Ni tu “gran” ingenio te salvó de estar agonizando, de ver como mueres en la soledad, en el mugrero en el que debiste quedarte. Pobre, pobre, pobre Rita. Nunca serás la elegida, al igual que yo—se levantó.

Las llamas comenzaron a extenderse, arrasando con todo a su paso.

—Mi tiempo se ha agotado y si me disculpas tengo una mujer soñada que me está esperando.

Partió por aquella puerta del sótano, cerrándola para que nadie se enterara de este asesinato y la evidencia fuese borrada. Henrietta estaba sola, esperando por recibir el beso de la muerte y en un acto de desespero pegó un desgarrador grito, maldiciendo a sus congéneres que la llevaron a la tumba y deseando venganza, pero era tarde ya, era engullida por el fuego divino. Su casa ardió bajo la oscuridad de la noche.

De la residencia Müller solo quedó su fachada carbonizada, las llamas se habían extinguido desde hace rato al ya no haber que quemar y el fúnebre escenario no era más que el reflejo de un crimen impune. Ni un alma rondaba estas tierras marchitas hasta que una mano brotó de entre los escombros, prosiguiéndole el resto del cuerpo que se impulsó para salir del hoyo y arrastrarse para luego acostarse boca arriba sobre las cenizas. A pesar de la intervención del intruso, el ritual logró completarse lo suficiente como para que la novia perfecta, cuyo nombre era Juno más ella no lo sabía, cobrara vida y sobreviviera a la purga.

Inhalaba y exhalaba intentando comprender su propia existencia y el entorno que le tocaba enfrentarse. Se sentó examinando sus manos, su cuerpo, se palpó el rostro para comprobar que era un ser tangible y real, asombrándose. Al bajarlas se percató de una pequeña flama que ella misma invocó así que chasqueó los dedos y estos se encendieron como si fueran la mecha de una vela.

—Esto es increíble—los chasqueó de nuevo y se apagaron.

Se puso de pie siéndole indiferente la tragedia que aconteció en esas ruinas y emprendió su caminata hacia lo desconocido. Entre árboles y brasas de fuego, no había nada interesante en su pequeño viaje, a lo lejos apreció que en el cielo había un degradado naranja-rojizo que se perdía con el azul claro de la madrugada y poco a poco se iba acercando a él. De no detenerse a tiempo por poco y caía en un mar de lava ardiente, impactándola aún más y preguntándose qué clase de sustancia era esa de la que emanaba un intenso calor.

Desvió su ruta, caminando por la orilla y sin dejar de prestarle atención al mar. Se cruzó con un pequeño puerto en el que había una nave personal futurista estacionada, recargada en ella había una chica vistiendo un uniforme escolar entretenida con un dispositivo similar a un celular. Fue tan impresionante para Juno que se evidenció frente a esta chica, escapándosele un “Wow” por el modo en cómo se transportaban en este reino. La colegiala de coletas se puso colorada cuando notó el hecho de que la novia perfecta no traía nada puesto.

—Santo cielo, Ginny. Sé que tienes buen cuerpo, pero no andes por ahí exhibiéndote y menos en un lugar como este—guardó el celular en su bolso y fue a sacar de la cajuela una toalla con la que la cubrió, evitando verla.

—¿Ginny? ¿Ese es mi nombre? ¿Cuál es el tuyo?

—¿De qué estás hablando? Soy yo, Vivian, tú mejor amiga. No se te pudo haber olvidado.

—¿Tengo una mejor amiga? Esto se pone cada vez más increíble. Oye, ¿Y qué es eso? —señaló la nave.

—Es mi Vulcana color vino que me regaló el procreador, te lo conté la última vez que hablamos. Hace dos semanas que desapareciste que vine a buscarte al último sitio donde podrías estar, pero solo encontré la casa de Henrietta quemada. Entonces los rumores son ciertos, Rita se suicidó…

—Henrietta… ¿Quién es ella?

—Sea lo que sea que te haya pasado sí que fue grave. Estás actuando raro, pero al menos te encontré sana y salva—quiso abrazarla, pero se quemó en cuanto sus dedos rozaron su piel y a pesar de ello, optó por no darle importancia—. Empezaba a preocuparme por ti. Vamos, todas se alegrarán de verte.

Abordaron la nave con Vivian como piloto y Juno como copiloto. El interior del vehículo era como el de un auto convencional, la colegiala puso su bolso detrás de su asiento y giró la llave para encenderla, volando hacia las instalaciones del internado Fairouz. Planearon por el territorio del Reino del Fuego, unas tierras inhóspitas conformadas por una red de volcanes activos que llenaban el cielo de ceniza y altas temperaturas tanto el día como la noche. Se pensaría que sería imposible que civilizaciones se asentaran en estas condiciones extremas, pero estas lograron adaptarse y construir sus comunidades en las mesetas alejadas de los volcanes.

Juno estaba encantada por lo fantástico que era para ella este reino, tenía las manos apoyadas en el cristal, emocionándose cada que veía a las comunas, las ballenas de lava asomándose y las aves fénix volando igual, como si fuera una niña pequeña. Por otro lado, Vivian estaba desconcertada por el inusual comportamiento de su “amiga” y temió por a qué clase de torturas fue sometida hasta el punto de convertirla en una chica amnésica, incapaz de reconocer el nombre de su propia amiga de la infancia con la que creció en su comuna de origen. Era una convivencia diferente.

Cuando un castillo virreinal se irguió a mitad del vuelo, alborotando a la novia perfecta en el buen sentido, Vivian desaceleró e ingresó a un acceso en el cuello de la meseta, conduciendo un túnel hasta topar con un estacionamiento subterráneo, repleto de plataformas que fungían como cajones para aterrizar las Vulcanas. La chica de coletas lo hizo en la que le correspondía, la número nueve, y apagó la nave, apartando sus manos del volante. Intentaba disimular su decepción para no desanimar a su “amiga”, aunque Juno lo ignoraba.

—¿Dónde estamos?

—En el internado Fairouz… tu hogar—bajó de la nave, trayendo consigo su bolso y la llave.

La novia perfecta la imitó dejando al descubierto de nuevo su desnudez al no ponerse bien la toalla y abochornando a Vivian.

—Ginny… eh… podrías por favor taparte bien con la toalla.

—Seguro—se la acomodó.

La chica de coletas suspiró aliviada y le puso alarma a su vehículo para luego dirigirse a abordar un elevador, indicándole a Juno que la siguiera. Presionó el botón para subir y en el breve lapso se guardó sus comentarios acerca de este ser con el rostro de su amiga, pero sin aquello que las unió. Tragó saliva y contuvo el llanto.

Las puertas del elevador se abrieron y fueron sorprendidas por una mujer vestida con traje sastre, el cabello rubio recogido en una trenza y usando gafas. Su ceño fruncido solo demostraba lo furiosa que estaba porque una de sus estudiantes había desobedecido el toque de queda.

—¡Directora Ceferino!

—Creí que fui clara cuando ordené que el uso de las Vulcanas estaba prohibido, señorita Belefonte.

—S-Sí. L-Lo sé. Es que… no podía quedarme de brazos cruzados. Debía hacer algo, pero ya no debemos preocuparnos porque Ginny ya apareció.

La mirada de la directora se fijó en Juno quien sonreía y se mantenía positiva, generándole cierta desconfianza, pero no se lo cuestionó y tuvo fe de que en efecto ella era la estudiante perdida.

—De acuerdo, señorita Belefonte. Lo dejaré pasar por hoy, pero que no se vuelva a repetir. Escolte a la señorita Cox a su habitación y usted vaya a la suya antes de que cambie de opinión.

—Muchas gracias, directora Ceferino. Le aseguro que no se volverá a repetir. ¡Vamos, Ginny! —la tomó de la mano y la condujo hacia el edificio de los dormitorios.

Atravesaron el patio de la torre de vigilancia y como a la mitad del camino Vivian la soltó de golpe porque la estaba quemando.

—¡Diablos, Ginny! Desde que te encontré estás ardiendo.

—¿Lo estoy…?

Le dio un rápido vistazo al camino de piedra a espaldas suyas y se percató de que sus pisadas eran quemaduras en el concreto. Ingresaron al edificio subiendo las escaleras hasta el segundo piso, lleno de puertas con números como si fuera un hotel.

El final del pasillo eran un par de puertas blancas con marco dorado que Vivian abrió, mostrando la lujosa habitación de Ginny Cox cubierta de tapizado rojo, bordes dorados y un candelabro del mismo color en el techo. Del extremo derecho resaltaba la cama con cortinas, el clóset y unos sillones gemelos, así como también unos buros gemelos. Del extremo izquierdo, un tocador con un banco y la entrada al baño. Delante de ellas, un trío de ventanales donde uno era el paso al balcón y en medio una mesita de noche con un juego de té, y una alfombra redonda. Todo con un toque antiguo que alimentó la impresión de la novia perfecta.

—Supongo que quieres descansar un rato. Estaré en mi cuarto por si ocupas algo, aunque lo dudo—dio media vuelta.

—Oye, no me dijiste tu nombre.

—Ah, sí. Perdón. Soy Vivian.

—Bueno, Vivian, gracias por tu cortesía—le plantó una leve palmada en la espalda—. Espero verte más al rato.

Esta clase de comportamientos extrañaron a la chica de coletas porque Ginny nunca los presento, inclusive sus mejillas se sonrojaron, pero sacudió su cabeza como queriendo borrar esas cosas sin sentido y se marchó, cerrando las puertas. Al quedarse sola, Juno se quitó de encima la toalla, está también tenía quemaduras como el concreto, y deambuló por la habitación de una princesa fijándose en los detalles, en cada una de las pertenencias de la persona a quien le debía su origen, que el tocador estaba repleto tanto de maquillaje como de joyería y que en las paredes había fotos enmarcadas de momentos inmortalizados.

Descolgó una donde Ginny; ataviada con un vestido clásico, guantes, zapatos de tacón, collar de perlas y sombrero, posaba para la cámara. Juno se asombró ya que las dos parecían gemelas, como dos gotas de agua, pero mientras que la heredera de la dinastía Cox emanaba un aura de soberbia al mirar por encima del hombro, la novia perfecta era más inocente. Lo notó al verse en el espejo y a pesar de ello creyó ser la auténtica.

La regresó a su sitio y por medio de su reflejo reparó en que en la mesita de noche había un ramo de flores con una tarjeta. Al examinarla tenía escrito un mensaje que decía:

” Vuelve pronto a casa. Con amor, tu Sugar Daddy favorito”

Fue entonces cuando Juno deseó lucir como Ginny y la única manera de lograrlo era duchándose pues seguía llena de escombros y ceniza. Se metió al baño siendo igual de lujoso que el cuarto con una amplia bañera antigua. Abrió una de las llaves y del grifo salió un chorro de agua tibia, y mientras se llenaba, la novia perfecta se sentó en la orilla, pensativa acerca de dónde provenía, quienes eran su familia o cuál fue la causa que la separó de ellos.

Cerró la llave al llegar a su límite y se hundió en el agua provocando que esta se evaporara al tener contacto con su piel. Le sentó tan bien que echó la cabeza hacia atrás y se sumió en una gran paz.



Nota: el tema de las runas se abordara mucho a lo alargo de la historia así que anexo una imagen de como son.