¿ANGEL O DIABLILLO?
Contiene escenas de sexo explícito, bondage ligero, boypussy y sexo consensuado, si eres menor de edad o no te gustan estos temas te invito a no seguir leyendo.
Carlos y Sergio eran muy buenos amigos, pero siempre se presentaban como hermanos ya que los dos eran Pérez, aunque claro Carlos lo tenía más perdido que aguja en un pajar entre sus mil apellidos.
Eran muy unidos desde que se conocieron en la universidad, se contaban todo, sus sueños, sus traumas, sus noches de aventura. Que si se comieron a fulano o a zutano, que si lo pusieron en doggy-style o piernitas al hombro. Se compartían todo, que la chamarra, que la gorra, que el auto, bueno hasta a la familia se prestaban, las madres de ambos los adoraban y querían como hijos propios.
Tanto compartían que incluso habían compartido cama, acompañados de Lando un joven inglés que conocieron en su época de universitarios y, aunque al principio se había sentido un poco extraño, después perdieron la pena y con confianza se hablaban cuando era necesario, todo siempre fue algo casual, con algún compañero de clase, alguien que conocieron en algún bar, nada sentimental.
Ninguno de los dos tenía interés en establecer una relación con otra persona, disfrutaban de su soltería, les gustaba ser unos playboy.
Entre sus muchas parejas sexuales Checo tenía a su favorito, un güerito de ojos azules y gruesos muslos que amaba marcar, su nombre era Max, aunque Checo prefería decirle mi culito. Max no pedía, ni exigía, siempre estaba listo para cuando a Checo se le antojara perderse entre sus curvas y a cambio recibía joyas, viajes o citas en los mejores spas. Se dejaba consentir.
Por su parte Carlos no tenía a nadie predilecto, agarraba parejo, hasta que una noche de juerga en el famoso Jimmy*z conoció al que sería su perdición.
Lo primero que le llamo la atención fueron sus sensuales movimientos, con esa figura delicada, pero con curvas sugerentes, estaba de espaldas y cuando dio en giro logro ver que era un hermoso chico de mirada angelical y sonrisa encantadora, en ese momento supo que tenía que hacerlo suyo.
Lentamente cruzo la pista el chico se encontraba balado con otras dos chicas, que si bien también eran hermosas no le llamaron ni la mínima atención.
-Hola bonito, ¿te puedo invitar un trago?- le pregunto Carlos, eso siempre funcionaba.
-No gracias- le contestó el chico con una sonrisa fingida y un toque de fastidio.
-Anda puedes pedir lo que quieras, todo lo que se te antoje yo te lo puedo dar.
- ¿En serio? ¿Todo? - le pregunto el chico de forma seductora, Carlos solo asintió. – Bueno pues se me antoja que me dejes en paz.
Carlos no sabía que decir, nunca lo habían rechazado.
-Charles ignóralo, vámonos.- le dijo una de las chicas que lo acompañaba mientras lo tomaba de la mano y se lo llevaba.
Carlos se quedó ahí en medio de la gente, un poco confundido, pero no se daría por vencido tan fácilmente. Se acercó a la barra y pidió un trago, desde la distancia estuvo observando a "Charles" y con gusto vio que cada que se le acercaba alguien siempre los rechazaba de la misma forma que lo rechazo a él, llego un punto que hasta se le hizo gracioso como se iban desilusionados mientras que Charles y las chicas solo se reían. Todo iba bien hasta que vio que se le acercó un tipo al que se le notaban las copas de más, eso lo puso alerta así que decidió también acercarse. El tipo no se conformó con las palabras de Charles y empezó a jalarlo, y aunque se veía que Charles ponía resistencia el otro era más fuerte, todo se empezaba a salir de control.
-Ya te dijo que no quiere nada contigo, déjalo en paz. - La fuerte voz de Carlos hizo que tanto Charles como el agresor dejaran de forcejear y voltearan a verlo.
-No es asunto tuyo, así que no te metas. – le dijo el sujeto tratando de intimidar a Carlos.
-Claro que es mi asunto por que él es mi novio, ¿cierto, Charles?- pregunto Carlos esperando a que Charles captara.
-Si, así es bebé- Charles contesto mientras lo abrazaba, lo hizo de una forma tan segura y confiada que cualquiera lo creería.
El tipo se fue a regañadientes soltando una que otra grosería.
-Gracias, de verdad no sabes cuanto te lo agradezco.- Le dijo Charles.
-No tienes nada que agradecer, solo hice lo que un caballero tiene que hacer. – dicho esto Carlos dio media vuelta dispuesto a irse.
-Espera, disculpa si fui grosero hace un rato, pero es que a veces los hombres no entienden cuando se les dice no de manera cordial.- le dijo Charles mientras le acariciaba el brazo y le lanzaba una mirada entre dulce y coqueta.- Déjame invitarte un trago, en agradecimiento.
Carlos solo asintió dándole su sonrisa de matador.
-Por cierto, me llamo Charles, aunque creo que eso ya lo sabías.
-Yo soy Carlos. -Le dijo mientras besaba su mano, lo cual sonrojo al contrario.
Charles recordó que no estaba solo, así que se giro para presentar a sus amigas, pero cual fue su sorpresa al darse cuenta de que se encontraba solo.
-Esas perras me abandonaron.- susurro, no sabía como regresaría a su casa.
-Vamos, la primera ronda la invito yo y ya las demás te tocan a ti ¿te parece Calos?
-De acuerdo cariño, lo que tu digas.- dijo mientras lo tomaba de la mano y se acercaban a la barra.
Después de un par de tragos, se levantaron a bailar, Charles estaba de espaldas, se restregaba contra Carlos, quien cada vez lo tomaba de la cadera con mas fuerza, y comenzaba a darle suaves besos en el cuello, luego lo giro y bajo sus manos al trasero, mientras Charles lo comenzaba a besar, rápidamente las cosas se fueron calentando.
-¿Te gustaría ir a un lugar más privado?- pregunto Charles mientras Carlos le mordía el lóbulo izquierdo.
-¿Qué sugieres?
-Mi departamento.
❤️🔥
Cuanto entraron al departamento de Charles este atacó la boca de Carlos con un beso necesitado, después de unos cuantos choques con la pared y algunos muebles, lograron llegar a la recámara. Carlos quedó sorprendido por la rapidez con la que Charles le quito la ropa, le sorprendía el contraste que había entre sus acciones y su carita angelical. Charles llevaba completamente el control de la situación, y aunque Carlos normalmente no soltaba las riendas esta vez se dejó guiar.
Lentamente se acomodó el medio de la cama, mientras que Charles se lo comía a besos, estaba disfrutando tanto que no se percató cuándo poco a poco Charles le alzó los brazos y los esposo a la cama, no fue hasta que escucho un clic que reaccionó, cuando miro sus muñecas vio que alrededor de estas tenía puestas unas esposas de peluche azul baby, tan suaves como la piel de un conejo.
-Cariño, ¿Qué es esto? - le preguntó entre nervioso y excitado.
-Tranquilo baby te va a encantar, solo relájate y disfruta. – le dijo mientras se bajaba de la cama y se empezaba a desvestir, quedando solo con un sujetador triangular de encaje negro a juego con unas braguitas brasileñas, obviamente de La Perla porque él solo usaba lo mejor, la delicada tela resaltaba sobre la blanca piel haciéndolo ver sensual sin caer en lo vulgar.
A Carlos se le hacía agua la boca, los pechos de Charles eran pequeños, firmes y tentadores, con un pequeño pezón rosado que lograba verse a través del encaje. Lentamente se quito las bragas, dejando ver un coño rosadito y gordito el cual ya empezaba a brillar por la excitación.
El pene de Carlos ya estaba totalmente erecto, no era enorme, pero si lo suficientemente grande y ancho, de un tono café claro con la cabeza rojiza la cual soltaba gotas de precum.
Charles se montó sobre Carlos y mientras le daba un beso lleno de hambre con su delicada mano comenzó a masturbarlo, cuando el líquido en esta fue suficiente lo soltó y se llevo los dedos a la boca, saboreando el elixir que Carlos de daba.
Lentamente se llevo el miembro a sus pliegues, jugando con el, moviéndolo desde el clítoris hasta su entrada, una y otra y otra vez, sacándoles unos suaves gemidos a Carlos el cual ya estaba desesperado, cuando sintió que ya lo había torturado lo suficiente se acomodo y suavemente se deslizo sobre el miembro, la humedad ayudó a que rápidamente llegara hasta el fondo, sacándole a ambos un jadeo.
Charles subía y bajaba con las rodillas apoyadas junto a las caderas de Carlos y las manos sobre su pecho, poco q poco fue subiendo de intensidad en su cabalgata.
- ¡Ohhhh Charles estás tan rico! Aprietas delicioso cariño- dijo Carlos mientras miraba el sensual rostro de Charles el cual ya estaba perlado de sudor, se moría por tocarlo, el hecho de que las esposas lo detuvieran lo excitaba aún más.
Charles cambió sus movimientos dejo de subir y bajar y paso a moverse en círculos, cosa que hizo que sus gestos aumentarán.
-¡Aaahhh bebé me encantas!- dijo Charles mientras se seguía moviendo sus caderas en círculos a veces más rápido y luego te disminuía el ritmo.
Pero Charles es de los que le gusta probar diferentes movimientos así que volvió a cambiar moviéndose de adelante hacia atrás. Carlos estaba desesperado tenía ganas de correrse pero no quería hacerlo antes de qué Charles estuviera satisfecho.
-Mmmm Calos... se siente tan rico, podría... estar así toda la noche aaaggghhhh.
Charles movía su cadera de arriba a bajo, el choque entre las pieles era cada vez mas rápido, ansioso. Llevo una mano a su clítoris y empezó a frotarlo desesperadamente.
-Dulzura, necesito... ... necesito correrme... déjame tocarte... quiero tomarte aaaggghh
-No bebé así... siiii... siii... lo estás haciendo muy bien... mmmmgggh ya casi... estoy muy cerca.
Carlos supo que no era mentira cuando empezó a sentir como las deliciosas paredes de Charles comenzaban a estrangular su polla.
-Ahhh... ahhhh... sí Calos... siiii... ya casi... yaaa... yaaa... yyyyaaa ¡¡¡AAAAHHHHHHH!!!- las caderas de Charles se elevaron mientras que soltaba un fuerte chorro de líquido, las piernas le fallaban temblándole como Bambi recién nacido, los espasmos eran intensos.
Pero entre la neblina de placer sabía que Carlos aun no terminaba, el moreno se había comportado como un gran amante, se merecía la liberación, así que volvió a dejarse caer sobre Carlos que estaba a nada de correrse. Se acerco a besarle y mientras sus lenguas se enredaban, los movimientos rápidos de Charles hicieron a Carlos correrse de forma intensa, un sonido gutural brotó de la garganta de Carlos, ardiente, primitivo y satisfecho.
Charles se dejó caer en la cama y como pudo quito las esposas, cosa que Carlos agradeció, si bien no lastimaban ya se había cansado.
-Eso fue agotador.
-Lo siento, ¿te molesto? -Preguntó Charles dudoso.
-Al contrario, fue bastante excitante, ¿Quién hubiera dicho que el chico con cara de ángel seria todo un diablillo travieso? -Dijo Carlos con una sonrisa traviesa en el rostro.
Después de eso, ambos se dieron una ducha, obviamente por separado. Cuando charles salió del vestidor, llevaba un camisón de seda azul cielo junto con una bata a juego. Carlos estaba terminando de vestirse.
-Bueno Calos fue un placer, si algún día andas por el rumbo no dudes en venir a visitarme. -Se despidió Charles con un suave beso en los labios.
-Claro Ángel, no lo dudes. -Carlos se despidió dándole una suave nalgada. -Te veo luego.
Ninguno de los dos pidió el número del otro, los dos sabían que lo que paso había sido algo casual y que lo más seguro no se volverían a encontrar.
Pero el destino es muy caprichoso y los hizo volver a encontrarse un par de semanas después, justo cuando los dos iban entrando a un café. Tuvieron una ligera charla mientras los atendían, y como ninguno de los dos tenía nada que hacer, volvieron a terminar en la cama del monegasco.
Una vez más fue algo casual, se despidieron sin esperar nada del otro. Así era Carlos, y Charles sabía que solo tenía que disfrutar el momento, porque en cuanto encontrara a alguien más, se olvidaría de él.
Una mañana mientras Charles salió a correr, tuvo la desgracia o fortuna de chocar con alguien, nuevamente era Carlos. Esta vez las cosas fueron un poco diferentes, corrieron un rato juntos y luego Carlos lo invito a desayunar, obviamente acepto, después terminaron desnudos en el sofá de su departamento, las prisas y el deseo no les permitió llegar a la recamara. Esta vez Carlos hizo algo que nunca hacía, le pidió su número de celular a Charles. No supo el motivo, solo creyó que realmente le gustaba el sexo con él.
Luego de unos días quedaron para volver a ir a correr, Carlos adoraba ver el trasero de Charles moverse frente a él, ya fuera corriendo o cuando lo tenía en doggy-style. A veces solo quedaban para follar, otras salían a cenar o a tomar un café, pero siempre terminaban teniendo sexo.
En una de esas noches de pasión, Charles le dijo que había comprado algo que quería que usara con él.
-Claro que sí príncipe, ¿Qué es? -Pregunto Carlos mientras lo tenía entre sus brazos y le mordía el cuello
Charles no contesto, solo le dio una sonrisa pícara a Carlos la cual ya conocía, siempre la hacía cuando se trataba de cumplir alguno de sus deseos.
-Ven -Dijo mientras lo llevaba a la recamara, una vez allí un ligero aroma a granada le inundo los sentidos a Carlos. Eran velas para masaje.
- ¿Me vas a dar un masaje cariño? -Pregunto Carlos mientras empezaba a desnudarlo
-No, quiero que tú las uses en mí.
Charles se encontraba acostado boca abajo en medio de la cama, con las manos atadas a la cama, con la cinta de su bata. Carlos sentado sobre la parte trasera de sus muslos, apago la vela y espero unos segundos antes de verterla lentamente sobre la espalda del más joven. La sensación hizo que Charles soltara un leve jadeo, el cual llego al miembro de Carlos haciéndolo saltar de emoción. Suavemente comenzó a masajear la espalda, sus dedos llegaban ligeramente hacia los pechos de Charles provocándole una ligera vibración.
Después de un rato de estar masajeando la espalda, derramo otro chorrito de cera sobre el trasero de Charles, cosa que hizo que arqueara la espalda y elevara el trasero, permitiéndole a Carlos ponerle un cojín bajo el vientre. Comenzó a amasar los glúteos primero delicadamente luego con más rudeza, -zaz- una mano quedo marcada en la blanca piel.
-Oh Calos... otra vez... -
Con la otra mano le dio otra nalgada en el glúteo contrario.
- ¿Te gusta eso angelito? o más bien diablito, porque eres muy travieso. -Pregunto Carlos mientras con sus dedos medio y anular, comenzaba a acariciar la entrada del menor.
Después de unos minutos de haber estado estimulándolo, saco sus dedos y se acomodó entre sus piernas, dirigiendo su miembro a la entrada la cual se encontraba empapada y resbalosa, no necesito de mucho esfuerzo, más que un empujón para que este llegara hasta el fondo.
Charles estaba tan apretado y caliente, que Carlos empezó a envestirlo rápidamente, tomándolo con fuerza de la cintura, dejando la marca de sus dedos en ella. Era adictiva la sensación que Charles le provocaba, lo hacía perder la razón.
El sonido de las pieles chocando, los gruñidos de Carlos y los gemidos de Charles los hicieron alcanzar el éxtasis en tiempo récord.
Carlos se desplomo a un costado de Charles y este lentamente saco sus manos de la cinta que sujetaba sus muñecas, acomodándose.
-Eso estuvo delicioso Calos, me gusta mucho que siempre me complaces con mis locas fantasías.
-Me encanta ser parte de tus fantasías.
- ¿Sabes? siempre he querido hacer un trio, y como dices que te gusta ser parte, estaba pensando ¿si te gustaría hacer uno conmigo? - Charles se encontraba sonrojado, jamás se hubiera atrevido a pedírselo a Carlos, pero después de todo sabía que podía confiar en él.
-Claro príncipe, ¿tienes pensado alguna amiga?
-No Calos, más bien pensaba en otro chico. -Dijo Charles entornado los ojos y haciendo un puchero. -Solo que no se a quien más decirle, realmente no confío en nadie.
-No te preocupes corazón, yo tengo un primo, y es de toda mi confianza.