Las promesas de papá +21 (Extremadamente Taboo)

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Sinopsis

Cuando tu padre es el que te falla ningún otro hombre puede volver a herirte tanto. Cuando el mío se divorció de mi madre no supe de él por años, ahora tengo que ir a vivir con él ante la muerte de mi madre. No tengo más opción, pero a quien encuentro no tiene nada parecido al hombre que creí que tanto me amaba.

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Que tu padre te haya abandonado es una mierda, que tengas que regresar a su cuidado aún cuando por años no le hayas interesado, es mucho peor, a esto le agregamos que han pasado quince días desde la muerte de mi madre.

Mamá vivió los últimos años con una enfermedad terminal que al inicio pensamos que libraría, no lo hizo, nos quedamos en Suiza con los mejores doctores pero nada fue suficiente, siempre fuimos solo ella y yo, ahora estoy sola.

Sus padres fueron muy malas personas por las historias que me llegó a contar y a pesar de eso prefirió que fueran ellos los que me dieran cobijo después de que partiera, pero no quisieron la responsabilidad, sinceramente no dolió su rechazo, sabía que siempre estaba esa opción, por ello servicios sociales tuvieron que pasar a buscar a alguien más y por esa razón estoy de camino de regreso a la ciudad en la que nací en un país al que hubiese preferido no volver, Portugal.

Conozco mucho del mundo, he vivido en varios países, nuestros mejores meses fueron en Italia, por ello hablo tres idiomas, a mamá la contrataban para restaurar arte, en especial murales.

Mamá me dejó una buena cantidad de dinero, más que el suficiente, además del loft en Suiza que ya está en venta, el dinero del seguro de vida que sigue en tramite y el seguro de estudios que pagó desde que nací, tengo vivienda, estudios y alimentos asegurados para cuando entre a la universidad.

Mi alivio es que estoy a nada de cumplir dieciocho años, entonces no necesitaré más del techo de mi progenitor, podré independizarme, no escogeré universidad en Portugal, en cambio enviaré solicitudes en universidades italianas.

A través de las bocinas del avión desde la cabina el capitán avisa que estamos próximos a aterrizar, que guardemos nuestros dispositivos electrónicos, cierro la tapa de mi laptop y la pongo en su lugar.

Cuando comienza el desembarque soy la última en bajar, estoy tratando de postergar el mayor tiempo posible el encuentro, parece una actitud infantil pero realmente estoy incomoda, yo no debería ser la avergonzada sin embargo aquí me encuentro, centrándome en un paso a la vez, cargando mi mochila y jalando mi única maleta después de quitarla de la banda de equipaje.

Mi celular tiene poca pila, hay espacios para cargarlo pero no quiero ir hacia allí, mis pies me llevan a la sala de recepción, para ser un martes el aeropuerto está bastante lleno, aún así localizo con maestría un cartel con letras brillando por el glitter en donde se lee “Brigitte Gisoni”.

Cuando me acerco me doy cuenta que el hombre que lo sostiene no es mi padre, como lo miro fijamente me pregunta si yo soy la chica por la que le pidieron venir, claro, era de esperarlo, ¿cómo se iba a tomar la molestia de venir por mí en persona?

—Sí, lo soy, pero a mí nadie me avisó que no venía Jeremy.

—Tu padre no pudo salir a tiempo de una junta, te verá en cuanto acabe en su casa.

—De acuerdo.

Este señor bien podría ser un secuestrador, pero como no me queda de otra me voy con él.

La vida con mi madre estuvo llena de lujos así que no me sorprendo cuando sube mi equipaje y abre la puerta para mí de una Escalade.

—Gracias —le digo al subir.

Me pregunta si quiero algún tipo de música en específico, le respondo que no, que prefiero el silencio y es así como nos encontramos durante por los menos veinte minutos.

Al llegar me doy cuenta que vive en un edificio en el centro de la ciudad, el chofer lleva mi equipaje, desde el estacionamiento subimos en el ascensor al piso nueve, cuando las puertas se abren unos ladridos se hacen escuchar y una bola de pelo se lanza hacia mí, no llega a mi estatura cuando se alza en dos patas, pero sus claras intenciones son lenguetear mi rostro.

—Sube el equipaje a su habitación —ordena una voz.

El chofer obedece enseguida,

Una mujer de las que gastan una fortuna en el salón de belleza me sonríe, sus dientes son tan perfectos que no puedo evitar pensar que son carillas.

—Soy Aoriz. —se presenta—. Esta es tu casa, tu padre te traería y nos presentaría, pero pasó algo en el trabajo y le fue imposible, seguro lo lamenta mucho, no pudo dormir por la emoción.

—Soy Brigitte —es lo único que respondo—. Casi no entiendo portugués, por favor háblame en inglés.

—No sé inglés. —Parece preocuparse.

¿Es enserio que luce una operación de senos pero no ha invertido en un idioma indispensable?

—No será un problema, me iré pronto —trato de decirle en portugués, un idioma que está fuera de los tres que hablo.

—¿Qué tan pronto? —Se interesa.

—Pronto —me limito a responder.

Regresa el chofer, pensé que era un departamento pero en realidad son dos pisos,

La señora que se fuerza a ser joven le pide que me lleve a mi habitación, le dice que no lo hace ella porque casi no nos entendemos, problema de comunicación por el idioma, le cuenta.

El chofer me lleva al segundo piso, a la habitación al fondo del pasillo, la última, como si quisieran recordarme mi lugar en esta casa.

Al entrar cambia un poquito mi opinión porque no está llena de polvo y telarañas, se ve que la acaban de limpiar y adecuar para mí.

—La señorita Aoriz me dijo que le avise que no es necesario que desempaque, mañana temprano llega la señora Elena, ella se hará cargo.

—Gracias.

Sale de la habitación y entonces voy a abrir una de las puertas, la primera es el baño, tiene tina, eso es bueno. La segunda es el armario, me gusta.

Hay un balcón diminuto, la vista está llena de edificios y calles saturadas, pero imagino que en la noche con tantas luces podrá llegar a verse bonito.

Tocan a la puerta, le digo que puede pasar y pensé que sería señorita sonrisa perfecta pero en cambio es mi papá.

Cierro el ventanal del balcón y entro, él sigue fuera de la habitación y le pido que entre, después de todo necesitamos hablar, le digo que no entiendo mucho del portugués y que por favor me hable en inglés, mi tono de voz es formal, sin mucho sentimiento, contrario a lo que está bullendo dentro de mí.

—Esta es tu casa Bri, estoy muy feliz que estés aquí.

—Estoy aquí porque mi mamá murió y mis abuelos no me quisieron, para mí no es feliz.

Su sonrisa decae un poco.

—Lo lamento mucho, por lo de tu madre y…

—No quiero lamentos ni disculpas, lo que necesito son las reglas de tu casa, viviré aquí un par de meses y pienso respetar lo que me digas.

—¿Un par de meses? —Se extraña.

—En menos de tres meses cumplo la mayoría de edad, puse una apelación, me dijeron que es probable que no se solucione antes de que cumpla los dieciocho pero si sale a mi favor antes, me voy antes.

—¿No quieres estar aquí?

—Mi hogar está en Italia, ahí está la universidad a la que quiero ir y mis amigos.

—Lo entiendo. —Ya no parece feliz en absoluto—. Solo creí que te quedarías más tiempo.

—¿Cuáles son las reglas? —Ignoro su anterior comentario porque ni siquiera sé que responder a ello.

—No hay reglas, pero me gustaría saber a donde vas si decides salir, la ciudad es de cuidado, no es en extremo peligrosa pero sí hay delincuencia.

—¿Hora de llegada?

—Tampoco, pero Tom te acompañará, es tu chofer y guardaespaldas personal.

—De acuerdo, me parece bien Jeremy.

—Puedes decirme papá —ofrece.

No respondo que prefiero no hacerlo.

—Quiero pagar mis servios por quedarme aquí —le comento.

—Esta es tu casa, no un hotel, no es necesario.

—Me sentiría más cómoda si aporto dinero.

—Esa idea señorita sí ve quitándotela, no pienso recibirte dinero.

—Además de tu esposa, ¿quién más vive aquí?

—Tu hermano, ¿quieres acompañarme por él a la guardería?

Mi corazón se oprime ante la información que no sabía.

—Sí —digo en un tono más bajo.

—Te veo abajo en media hora, si gustas antes puedes darte una ducha.

Sale de la habitación, necesito mantenerme ocupada para no sobre pensar, nada de esto debe dolerme, nada de aquí me pertenece, son como unas vacaciones, cree que es mi padre y que su hijo es mi hermano, mi medio hermano de hecho, pero en realidad todos aquí son extraños para mí, no los debo dejar entrar debajo de mi piel y así estaré bien.

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