𝐑𝐔𝐃𝐄 𝐁𝐎𝐘 ➪ 𝐂𝐇𝐄𝐒𝐓𝐀𝐏𝐏𝐄𝐍

Sinopsis

Max estaba reunido en un club nocturno con sus amigos después de una intensa carrera en la caliente y húmeda Singapur. Todos se la estaban pasando bien e incluso el alcohol llenó el sistema de los cinco hombres, terminando por hacer preguntas un poco fuera de lugar. La cosa sube de nivel cuando Lando hace la pregunta que desata todo: “¿Quiénes de la parrilla creen que les gusta tener sexo rudo?” TWO-SHOT CHESTAPPEN Sergio Pérez x Max Verstappen Sergio top; Max bottom

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2
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18+

𝐑𝐔𝐃𝐄 𝐁𝐎𝐘 𝐏𝐓. 𝟏

Max y su grupo de amigos estaban tranquilamente conversando en la zona VIP del club después de una intensa carrera en Singapur. Había sido tan demandante que la mayoría de pilotos habían salido jadeantes y a duras penas manteniéndose en pie, todo gracias a la combinación del calor extremo y alta humedad que se respiraba en la pista de Marina Bay.

George le comentaba a Daniel, Max, Alex y Lando, lo difícil que fueron para él las 62 vueltas, dado que a mitad del recorrido había empezado a sentir que estaba en un sauna y temía que de un momento a otro fuese a perder el conocimiento y terminar estampado contra una de las barreras de contención.

—¿Saben quién lo pasó peor? —preguntó Max, siendo observado por los británicos que estaban expectantes por la respuesta. —Checo. A él ni siquiera le dieron agua.

Alex tumbó su caballito de tequila, haciendo una mueca cuando el líquido quemó su garganta.

—¿Qué pasa con su equipo? —cuestionó Alex después de morder la rodaja del limón. —Están cada vez peor, que hasta olvidaron llenar la botella de líquidos de Sergio. Tienen suerte de que él haya terminado la carrera. Después se andan quejando de su rendimiento cuando ustedes no cooperan. —Lando y Daniel asintieron, de acuerdo a lo que el tailandés había dicho.

—Sergio merece estar en una buena escudería, y para serte honesto, lo esperaba en Mercedes. —el británico mayor comentó, haciendo que Max frunciera el entrecejo.

—Checo está bien en Red Bull, solo... solo estamos teniendo una pésima temporada.

—Asegúrate de que lo cuiden, porque amigos amigos no somos. —George terminó de decir alias amenazar a Max para después cambiar la conversación y continuar tomando como si no hubiera un mañana.

Al actual campeón le había molestado ese comentario por parte de su amigo, sobre todo, después de que en aquella dinámica en donde tenían que adivinar al piloto con la ayuda de una serie de descripciones para llegar al mencionado, Sergio dijera que se estaba hablando de George cuando Max describió a su compañero como guapo y que todas las mujeres se le tiraban encima al entrar al paddock.

Su sonrisa se había borrado por un segundo, pero se recompuso cuando recordó que estaban siendo grabados, así es que tenía que disimular. Aunque, esa espinita seguía molestando hasta ese día.

Después de haberse terminado su primera botella de José Cuervo entre los cinco, decidieron ir a bailar o al menos intentarlo, puesto que ninguno de ellos era bueno cuando se trata de bailar. Estando en medio de la pista de baile, algunas mujeres trataron de hacer un movimiento con ellos, pero las rechazaron. No querían involucrarse en escándalos de índole sexual... y porque Alex, George y Daniel estaban en una relación, siendo Lando y Max los únicos solteros de ese grupo.

Otros miembros de la parrilla también estaban en ese club, como los pilotos de Haas y Sauber. Los demás habían decidido ir a cenar, disfrutar de algo tranquilo, o descansar, tal y como Sergio lo estaba haciendo en esos momentos en el hotel donde se hospedaba la mayoría.

El rostro de Max estaba rojo por el esfuerzo que hacía al saltar al ritmo de la música y porque el alcohol que había consumido empezó a hacer efecto; su cabello se pegaba a su frente por el sudor, quejándose cuando algunas gotas entraban en sus ojos, ocasionando que se irritaran a pesar de lo cristalizados que estaban. Tenía una enorme sonrisa que nada ni nadie se la quitaría, cualquiera pensaría que estaría sufriendo por haber quedado en segundo lugar, al haber sido superado por Lando. Pero, eso ya era problema de su equipo, él hacía todo lo posible por hacer funcionar ese auto. O más bien chatarra.

Daniel les gritó por encima de la música que tenía sed y que sus pies habían empezado a doler un poco. Lando le hizo burla, diciéndole que era por la edad, pero aún así decidieron acompañarlo de regreso a su mesa en la zona privada. Tomaron un poco de agua, pero de ahí empezaron a pedir tragos preparados, olvidándose por completo de volver a la pista de baile.

—Oigan —Lando empezó a hablar, arrastrando las palabras después de haber mezclado todo tipo de alcohol. —¿Quiénes de la parrilla creen que les gusta tener sexo rudo?

Alex abrió grande sus ojos por la pregunta hecha por el británico menor, ocasionando que Daniel soltara una gran carcajada y que tanto George como Max dejaran su vaso de lado, del cual estaban a punto de consumir el líquido azul.

—A todos, Lando. —contestó Daniel, con un tono de obviedad.

—Lo sé, pero me refiero al tipo de sexo rudo donde te ahorcan, te nalguean, muerden, escupen...

Max lo detuvo, un poco conmocionado.

—Ya entendimos.

—¿Y bien? ¿Quién? —continuó con insistencia.

—Bueno, creo que a Lewis. —dijo Daniel finalmente, siguiéndole el juego.

El tailandés, el cual trataba de mantenerse al margen sin querer participar, terminó asintiendo.

—Oscar... —soltó George, siendo observado por los otros cuatro como si le hubiera crecido una segunda cabeza.

—¿Oscar? —preguntó Max con incredulidad. George asintió y finalmente pudo tomar de su bebida. —¿Por qué?

—Lo ves ahí bien tranquilo, guardando la compostura y mostrando una actitud calmada, pero a la hora de tener sexo, cambia totalmente. Siento que es de los que les gusta amarrar y azotar.

—Bueno, comparto opinión con George. A veces los más calmados y tímidos son otro nivel. —concordó Alex. —Yo creo que Carlos. Tiene ese aire salvaje que hace temblar hasta el más heterosexual.

—Eso es más que obvio, ya que ese hombre es el sexo andante. —Daniel dijo con un semblante serio, como si la conversación que estuvieran teniendo fuese algo que tenía que tomarse con profesionalismo. —Quiero agregar a Max, con su temperamento todo agresivo, no me cabe ni la menor duda que es de los que pone a su pareja contra la pared mientras la penetra fuertemente y...

—Ya, demasiada información. —Max interrumpió a su amigo, un poco cohibido por la descripción que acaba de hacer sobre él.

—Vamos, Max. Dinos quién crees tú que podría ser uno de los pilotos al que le gusta jugar rudo en la cama. —animó Lando, con una sonrisa ladeada, demostrando picardía.

—La verdad es que no tengo a alguien en mente.

Mintió. Sí que lo tenía, pero no quería ser más obvio de lo que ya lo era. Si decía el nombre de esa persona, sus amigos sospecharían aún más.

—Ya que Max no quiere dar su opinión, dinos la tuya. —Alex se dirigió hacia el menor del grupo, el cual estaba abriendo su segunda botella de tequila de la noche, pero esta vez de la marca "Patrón".

Lando se sirvió dos dedos de la bebida, le dio un sorbo y luego sonrió con esa típica sonrisa burlona.

—Pérez. —soltó con total confianza, haciendo que Max se tensara y se removiera un poco incómodo en su asiento.

—¿Al que le pasas diciendo cosas después de cada clasificación y carrera? —preguntó Daniel sorprendido. Lando volvió a sonreír, esta vez mostrando sus dientes.

—Lo hago a propósito. —se encogió de hombros. —Digo, ¿has visto lo caliente que es cuando está molesto? ¡Ufff!

Max no sabe si lo último fue por el ardor en la garganta gracias al tequila que acaba de tomar de golpe o por suspirar por su compañero. Esperaba que fuera lo primero.

—Solo espero a que algún día se harte y me quiera poner en cuatro, mientras me azota y me dice lo mal chico que soy. —Lando mordió su labio, como si estuviera imaginándose la escena.

Sus amigos estaban al tanto de sus preferencias sexuales, por lo que no se sorprendieron al mencionar una de sus fantasías con cierto piloto mexicano. El menor es bisexual, con preferencia hacia los hombres. Era un secreto a voces porque Lando no era para nada disimulado cuando se trataba de observar a un hombre que le llamaba la atención, barriéndolo con la mirada y dedicándoles una sonrisa coqueta.

Muchos fans del primer piloto de McLaren estaban en negación, diciendo que Lando no era gay, dado que ha tenido novias y los rumores de citas con cierta chica han sido muy fuertes, pero este nunca ha confirmado nada.

Max se había disociado de la conversación que empezaron los otros cuatro con respecto a Sergio, le molestaba que lo estuvieran sexualizando como si él no estuviera ahí. Es decir, no es que estuviera celoso, es solo que le parece una falta de respeto el hablar de una persona que no está presente.

Apretó su vaso con fuerza cuando logró escuchar a Lando hablar sobre las manos de Sergio, diciendo que irían a la perfección en su estrecha cintura, para después compararlo con un cinturón. En ese momento su rostro estaba tan rojo que cualquiera diría que iba a explotar, pero los chicos no lo habían notado porque el lugar estaba oscuro, solo siendo iluminado por luces fosforescentes y parpadeantes.

Cuando la madrugada llegó, sus amigos ya estaban lo suficientemente ebrios, pero Lando los superaba. Y, era de esperarse porque habían dejado la botella de tequila a la mitad. Él por su parte, estaba un poco más sobrio dado que después de esa conversación sobre el segundo piloto de su escudería, se dedicó a tomar agua.



Era temprano en la madrugada pero Max no podía conciliar el sueño. Se removía inquieto por toda la cama, su mente iba a mil por hora, pensando en todas las cosas sucias que Lando había hablado sobre Sergio.

¿Será cierto que su compañero podría ser uno de los pilotos en la parrilla que les gusta el sexo rudo?

¿Por qué siquiera lo estaba pensando?

¿Quería comprobarlo por él mismo?

«¡Demonios, Verstappen! Duérmete de una jodida vez.»

Se regañó internamente, volviendo a acomodarse en la cama mientras le daba leves golpes a la almohada como si ese fuera el problema de su insomnio. Cerró los ojos con fuerza y en su mente se puso a repasar la carrera desde el momento de la largada hasta que finalizó, irrumpiendo el momento la imagen molesta de Checo cuando se quitó el casco y observando el monoplaza con enojo, la forma agresiva en la que quitaba sus guantes y los lanzaba con violencia dentro del mismo.

En su sueño, Sergio pasaba sus manos con frustración por su cabello húmedo debido al sudor, tratando de acomodarlo. Pasaba su lengua por sus labios para mojarlos con su saliva...

De repente el sueño cambió, el escenario también; estaban en la habitación del mexicano. El hombre seguía con su entrecejo fruncido, mientras que en sus manos enrollaba un cinturón, observando como un león a su presa a la persona desnuda en su cama... era Max.

Verstappen despertó de golpe, incorporándose como si hubiera tenido una pesadilla.

No sabe si se siente aliviado por haber sido él el que estaba en la cama de Sergio y no Lando, o por haberse despertado antes de que algo más pasara.

Unos fuertes golpes en su puerta de habitación lo exaltaron más de lo que ya estaba. Confundido se puso de pie, pero no abrió hasta que logró identificar a la otra persona por medio de la mirilla. Reconocería donde fuera esa cabellera negra con rizos.

Abrió la puerta y se hizo a un lado cuando Sergio entró hecho una furia.

—¡¿Podrías explicarme el porqué Nico me llamó en medio de la madrugada diciendo que tu grupo de amigos estaban hablando obscenidades sobre mí?!

Max tragó saliva con dificultad, jamás se hubiera imaginado que los pilotos de Haas habían estado al otro lado de su zona VIP... habían escuchado toda su conversación sobre "¿Quiénes en la parrilla les gusta el sexo rudo?"

Sergio estaba frente a él, con sus manos en la cintura esperando por una respuesta. Una respuesta que él no podía dar, o al menos explicar porque le daba vergüenza y miedo de la reacción que pudiera obtener del mexicano.

—Yo... —no encontraba las palabras adecuadas. ¿Cómo hacerlo si no había nada bueno que rescatar de lo que estuvieron diciendo?

¿Debería de decirle la verdad? Bueno, si de todas formas Hülkenberg ya le había soltado todo. Le gustaba andar de informativo, más que a George, todo para quedar bien con su compañero.

—Escucha, Max. Estoy cansado de tus amigos, más de Lando. No le basta con andar hablando mierdas de mí sino que también se pone a sexualizarme. —estaba exaltado. Era la primera vez que lo veía así de molesto desde la pelea que tuvieron hace dos años en Brasil.

—Pido disculpas en su nombre. —habló bajito, aún con miedo.

Sergio negó varias veces con su cabeza.

—Estoy decepcionado, Max.

—Lo sé, sé que no debíamos de estar hablando ese tipo de cosas sobre los demás. Es totalmente incorrecto e inmoral, estábamos muy ebrios y...

—Estoy decepcionado porque no fuiste tú el que dijo esas cosas sobre mí. —lo interrumpió.

Max abrió grande sus ojos y boca, sorprendido por lo que acaba de escuchar, porque, escuchó bien, ¿no?

¿Aún estaba soñando? ¿Seguía imaginándose cosas con Sergio por culpa de lo que Lando había comentado en el club?

—¿D-De qué estás hablando?

Sergio se iba acercando lentamente a él, con cautela, como si temiera porque saliera huyendo. Así como cuando tratas de acercarte a un ciervo para intentar acariciarlo, pero, con cada paso que das este se aleja un poco más. Tal y como la persona frente a él lo estaba haciendo.

—No sé si eres inocente o te haces por tu bien, pero eso no te ayuda. Es más, me está enojando, Maxie...

—Checo...

Sergio empujó a Max para hacerlo caer en la cama, rebotando por el impacto y mirando incrédulo a su compañero el cual se estaba subiendo encima de él.

—Contestaré la pregunta que se hicieron tus amigos en ese club. —se inclinó hacia su rostro, poniéndole más nerviosos, solo que después cambió su trayectoria para decir en su oído: —A mí me gusta el sexo rudo.

Max jadeó cuando sintió la lengua húmeda de Sergio delinear la forma de su oreja, para finalizar chupándole el lóbulo. Lo recostó en la cama y lo observó fijamente desde arriba con una sonrisa socarrona.

Sergio empezó a comerle la boca, no estaba siendo para nada delicado. Podía sentir sus dientes chocar y su saliva escurrirse, para después meter su lengua y empezar a jugar con la suya en lo que pasaba sus manos tocando su abdomen por debajo de la camiseta.

No sabía en qué momento estaba tratando de tranquilizar a Sergio por las estupideces de Lando, a estar debajo del mayor, siendo besado y toqueteado por todas partes.

Estaba tratando de asimilar lo que estaba sucediendo, a cualquiera le hubiera molestado el hecho de ser besado sin su consentimiento, pero no a él. Max sentía que finalmente obtenía lo que quería de Checo: su atención de una manera la cual no fuera amistosa.

La forma salvaje en la que el pelinegro se frotaba encima de él mientras le obligaba a subir los brazos para quitarle la camiseta con algo de su ayuda, solo lo había excitado más. La ferviente pasión que esos ojos cafés con motas verdes por el reflejo de sus ojos azules, solo revelaban la pasión que lo estaba consumiendo.

¿Sergio también había deseado esto tanto como él?

No sabe la respuesta, solo sabe que está agradecido porque esté ocurriendo después de tanta tensión sexual que hay entre ellos.

En un parpadeo ambos ya estaban desnudos, Sergio estaba de pie observándolo con orgullo por lo que había hecho de él. Ató sus manos en el espacio que se hacía en medio del respaldar de la cama con la camiseta que le había quitado y sus piernas las había obligado a que se mantuvieran separadas.

Max estaba sumamente rojo, debido a que se sentía expuesto ante la mirada feroz de su compañero de escudería. Le daba vergüenza y solo quería taparse, pero no podía mover sus manos por obvias razones y, las veces que intentó hacer un intento de cubrirse al doblar sus rodillas, se había ganado un azote por parte de las grandes manos de Sergio. De ser otra persona, se habría ofendido y pedido que detuvieran todo, pero él solo pudo sentir en ese momento el cómo su polla se había alzado aún más.

Ahí, acostado desnudo y siendo observado como si fuera una exhibición de arte, solo podía pensar en que lo que había soñado antes de despertar abruptamente se estaba haciendo realidad... solo faltaba que Sergio estuviera enrollando un cinturón.

—¿Qué tanto piensas, Maxie? —ladeó la cabeza, mientras tomaba asiento en el sofá de una pieza para seguir admirando al joven. —Espero que en mí, porque no sabes lo mucho que me enojaré si no es así.

Max se mantenía en silencio, haciendo contacto visual con el mayor, esperando por el permiso.

—Puedes hablar, cariño.

—Yo... no sabía que te gustaba el sadomasoquismo. —habló en voz baja, porque no sabía qué tantos decibeles tenía permitido usar.

Sergio sonrió mostrando sus dientes mientras pasaba su mano por su barbilla, acariciándola en un gesto sugestivo como solía hacerlo en las entrevistas.

—Hay muchas cosas que no sabes de mí, como por ejemplo, lo mucho que he querido tenerte en mi regazo y dejarte esas nalgas adoloridas desde aquella vez en Brasil. —soltó con voz monótona. Max tragó saliva con dificultad porque solo se pudo imaginar a sí mismo como Sergio lo estaba describiendo. —Eres un mal chico, Maxie. Uno arrogante, prepotente y odioso.

Max debería de sentirse ofendido, pero solo pudo sonreír internamente al pensar en que todo lo que Lando quería que Sergio le dijera, se lo estaba diciendo a él.

—¿Crees que debería de castigarte? —preguntó y Max solo analizó la pregunta unos segundos para después asentir. —Respuesta verbal, corazón. Sino, esto no funcionará.

—Sí.

—¿"Sí", qué?

—Sí, papi. —toda la sangre fluía furiosamente hacia su rostro y orejas desde el momento en el que soltó esas palabras.

¿Problemas paternales reflejados durante el sexo? Prefería no pensar en esas cosas.

Sergio sonrió de medio lado y se puso de pie, buscando algo por toda la habitación y juró que sus ojos habían brillado cuando encontró su objetivo.

Max abrió grande sus ojos, porque... ¿qué probabilidades habían en que definitivamente su sueño se estuviera volviendo realidad?

Sergio caminó hacia él, mientras enrollaba el cinturón de Max entre sus manos para después sentarse en su regazo por encima de su adolorida polla y empezar a mecerse como si lo estuviera cabalgando. Por un momento pensó que él se iba a penetrar, pero Sergio negó con la cabeza mientras soltaba repetidos chasquidos con su lengua.

—No seré yo el que va a ser follado, no te hagas ilusiones.

Se inclinó sobre él y posó suavemente el cinturón en su cuello, todo para besarlo nuevamente.

Los labios de Sergio en los suyos es de lo que Max disfrutaba, pero no se quejaría si estuvieran en otro lugar. Sintió como su respiración quedaba atascada en el instante en el que Sergio apretó el cinturón con fuerza contenida. Debe de tener mucha experiencia con estas cosas para poder hacerlo sin el miedo de terminar matando a su acompañante.

Pensar en eso hizo que Max se molestara un poco, por lo que decidió morder los labios del mayor.

—Ah, también te gusta jugar rudo... —Sergio se separó lamiendo sus labios, limpiando una gota de sangre que se había escurrido hasta su barbilla.

Dobló el cinturón y empezó a golpear su abdomen, el cual había contraído esperando un dolor extremo, pero quedó atónito cuando solo sintió el cómo picaba el contacto del cuero contra su piel.

—Descuida, estoy siendo suave y cuidadoso. Donde no tendré compasión será en tus nalgas.

Max volvió a tragar, esta vez con fuerza. Estaba ansioso porque llegara ese momento que Sergio tanto presumía.

Cuando el mexicano estuvo satisfecho con el tono rojizo en su abdomen y parte de sus piernas, decidió encargarse de su cuerpo con su boca.

«¡Por fin!»

Celebró Max cuando sintió la caliente y húmeda lengua del mayor recorriendo la longitud de su miembro, mientras aprovechaba en pellizcar sus pezones con fuerza. Arqueó su espalda por el placer que sentía, una corriente eléctrica recorría cada centímetro de su cuerpo, provocando que sus pies se curven por instinto. Soltó un fuerte y grave gemido cuando finalmente se corrió en la boca de Sergio cuando metió su polla y empezó a chuparla con agresividad.

Se sentía como un adolescente precoz.

—Sabía que mi boca hacía maravillas, pero no a ese extremo. —se burló, provocando que Max buscara una manera de ocultar su rostro con los antebrazos.

—Cállate.

Recibió un fuerte azote en uno de sus pezones, haciendo que se exaltara y soltara un grito.

—No me trates de esa manera, mocoso.

Volvió a azotarlo, pero esta vez en el otro pezón. Su ceño estaba fruncido y en la punta

de su cabello que estaba pegada en su frente, podía divisar las gotas de sudor sin derramar. Algo que a Max le pareció sumamente caliente.

—¿Qué si lo hago? —le retó y esta vez Sergio no sonrió con altanería como lo ha estado haciendo, es más, empezó a morderlo por todas partes. Desde el cuello hasta la parte interna de sus muslos.

Mierda. Cómo deseaba poder tocarlo.

Luego de varios minutos en donde lo dejó más que marcado, le volvió a separar las piernas y se acomodó entre ellas para finalmente penetrarlo. No lo preparó, solo se introdujo en él sin previo aviso, haciendo que se retorciera por el dolor.

Inconscientemente movió sus manos con fuerza, logrando que la camisa que lo mantenía atado en el cabezal de la cama se rompiera. Sergio no tenía tiempo para estarlo atando nuevamente, así es que con una de sus manos libres —porque la otra sostenía con fuerza la cintura de Max mientras lo penetraba—, mantuvo sus brazos alzados y por encima de su cabeza.

—Mierda, mierda, mierda. —Max lloriqueaba. El placer y el dolor se mezclaban por igual.

—No. Digas. Palabrotas. —Por cada palabra que soltaba, lo penetraba con más fuerza.

—Déjame tocarte, por favor.

Sergio negó con la cabeza, concentrado en cada embestida y en el hecho de ver el cómo su polla entraba y salía del estrecho agujero de Max.

El rubio había empezado a derramar varias lágrimas frustrado. Él quería recorrer ese hermosos abdomen y apretar los grandes pectorales de su compañero. Siempre tuvo ese deseo, el cual se le estaba negando al mantener sus manos apresadas por la de Sergio.

Mordía sus labios con fuerza para mantener sus gemidos casi gritos en su garganta, pero era algo imposible. Sergio tocaba tan deliciosamente ese punto dentro de él con cada embestida. No sabía si podría volver a correrse porque aún estaba sensible, pero su cuerpo reaccionaba ante los estímulos y por ende, su miembro volvía a estar erecto y palpitante.

—No creo aguantar mucho, amor. Estás bien apretado. —soltó el mexicano entre jadeos un poco inentendibles por el esfuerzo físico que estaba haciendo.

Max por molestar apretó más su interior, escuchando una maldición en español por parte de su amante, para luego sentir el líquido caliente ser derramado dentro de él.



Max yacía en cuatro en el medio de la cama, con sus piernas abiertas mostrando su agujero, todo porque su pecho estaba pegado contra el colchón con sus manos atadas con un nudo medio hecho con las sábanas, pero que de igual forma evitaba que se moviera más de lo que Sergio le exigía. No podía hablar, lo único que podía hacer era soltar gritos ahogados gracias a su propia camiseta rota, la cual el mayor había metido con cuidado en su boca después de decirle que gritaba demasiado y podrían escucharlos la persona en la habitación de al lado, y terminarían llamando a seguridad porque pensarían que estaban matando a alguien.

Sentía su cuerpo hormiguear y más caliente de lo normal, todo por las mordidas y golpes que su compañero le había brindado hace unos momentos cuando lo estaba penetrando con rudeza. Los golpes no habían sido tan fuertes, solo se había sentido un leve picor y si su piel estaba roja es porque era muy sensible.

Algo que a Sergio le encantaba, porque el color rojo hacía un hermoso contraste con su piel lechosa. También le encantaba la manera en la que Max se estaba moviendo desesperado, por querer tener su polla nuevamente en su interior. Tan solo de ver cómo ese agujero se contraía buscando algo a lo que aferrarse, lo hacía volver a empalmarse hasta el punto en donde sentía que su miembro iba a explotar. Iba a enterrarse tan profundo dentro de él como lo estaba pidiendo, pero primero lo seguiría torturando para su propio placer.

Con la yema de sus dedos repasó delicadamente la curvatura de la espalda de Max, ocasionando que su piel se erizara y su culo se alzara por instinto.

«Buen, chico.» sonrió Sergio con orgullo.

Su dedo finalmente terminó dentro de Max, el cual entraba con facilidad y se deslizaba como si nada gracias a sus fluidos. Se inclinó y mordió un poco más fuerte el interior de las nalgas —anteriormente lechosas— de Max, escuchando el cómo el rubio terminaba con su grito amortiguado por la mordaza improvisada.

Había fantaseado tantas noches el tener al chico de esa manera y la excusa de la conversación con sus amigos en el club había sido más que suficiente para llevar a cabo sus más oscuros deseos.

—Por favor, Checo. —a duras penas pudo entenderlo, pero sabía que le estaba rogando.

Bien, suficiente tortura para un novato como Max. Cuando se acostumbre le hará todo lo que no ha podido hacer con él por estarse conteniendo.

Volvió a meterse entre las piernas de Max, masturbando su miembro para endurecerlo aún más y luego deslizarlo con lentitud por la abertura desesperada del menor.

Los pies del chico se movían desesperados, porque no podía soportar el hecho de que antes estaba siendo un salvaje y ahora lo estaba penetrando con delicadeza.

—Bien, te daré lo que quieres, mi amor. —se inclinó, adaptando su cuerpo a la forma curveada de la espalda de Max.

Lo tomó de las caderas y antes de empezar a penetrarlo con fuerza, le dio un pequeño beso en el omóplato. Una muestra de que eso sería todo lo gentil con él.

Max enterró su cabeza en la almohada cuando volvió a sentir la polla de Sergio en lo más profundo de su interior, golpeándolo con rudeza, haciéndolo llorar de placer y al mismo tiempo de dolor. El sentimiento era algo indescriptible, algo que solo le hacía delirar y rogar por más y, si sus manos estuvieran libres, estaría apretando con todas sus fuerzas el cobertor del colchón.

En la habitación podía escucharse el constante choque de las embestidas de Sergio hacia Max, el chapoteo que hacían sus cuerpos sudorosos al hacer contacto con la piel del otro. Los jadeos de Sergio y los gemidos ahogados de Max, hacían una excelente combinación.

Sergio solo podía sonreír con suficiencia, porque desde esa posición podía ver mejor cómo el agujero de Max combinaba con todo su cuerpo de lo rojo que estaba al estar siendo rozado insistentemente.

Sus manos se aferraban fuertemente a la cintura de Max, estando claro que estas quedarían marcadas al día siguiente. No podía evitarlo, la cintura del menor era algo realmente etéreo. Cualquiera diría que no era normal el que un hombre tuviera una cintura estrecha y mejor que el de una mujer. Ese lugar había sido uno de sus objetivos desde que vio esa imagen de Max con esa parte de su cuerpo descubierta. Se había imaginado el momento e incluso se había masturbado en varias ocasiones, pero como siempre, la realidad supera a la ficción... o imaginación en este caso.

Max se corrió nuevamente, quedando sorprendido cuando no tuvo que utilizar sus manos para poder hacerlo, solo le bastó el golpeteo de la polla de Sergio contra su próstata y el roce de la suya contra el colchón. Sergio le había hecho experimentar los mejores orgasmos de toda su experiencia sexual.

Sergio embistió un par de veces más y con un grave y ronco gemido que sonó bestial, se vino por segunda ocasión dentro del agujero del rubio.

El cuerpo de Max se sentía pesado, por lo que no pudo seguir alzando su culo, así es que cayó rendido y encima suyo el cuerpo de Sergio, el cual aún seguía en su interior y para evitarle la fatiga, le ayudó a quitarse la sábana que estaba enredada en sus manos.

—Eso definitivamente fue rudo. —dijo Max con cansancio, después de que Sergio salió de él y le sacó el pedazo de tela de la boca.

Escuchó la risita del mayor en el baño, para después regresar con una toalla mojada y terminar de limpiar lo mejor posible la entrada y muslos de Max, los cuales estaban llenos de su semen. También pasó otra por el abdomen lleno de marcas hechas por él y eliminar todo rastro del liquido viscoso.



A la mañana siguiente, Sergio ya se había marchado. Por un momento pensó que había sido parte de su sueño, pero el dolor muscular causado por toda la acción salvaje que tuvieron esa madrugada, le hizo saber lo que en realidad había ocurrido.

Había tenido sexo rudo con Sergio Pérez.

Se levantó, quejándose del dolor en su parte baja. Se encaminó hacia el baño y soltó un jadeo sorprendido cuando vio el desastre que su compañero había hecho de él. Estaba cubierto de marcas de mordeduras, chupetones, arañazos ocasionados por sus uñas un poco grandes y leves marcas del cuero contra su piel. Se sonrojó y solo pudo sonreír con suficiencia al ver las grandes manos de Sergio marcadas en su cadera, definitivamente parecía que llevaba un cinturón.

—En tu cara, Lando. —le sonrió nuevamente a su reflejo y finalmente se metió dentro de la ducha.

El celular del campeón el cual estaba en la mesita de noche, se iluminó con la llegada de un mensaje por parte de Sergio.

"Nos vemos en México. Pasarás las vacaciones conmigo. Haré que te adaptes a mi ritmo y lo pondremos en práctica las veces que quiera."

Ese mensaje lo había enviado al salir del hotel, donde varias cámaras le enfocaban y le tomaban fotos, en lo que él sonreía inocentemente y tan tierno que nadie pensaría que era alguien que le gustaba tener sexo salvaje. Y, es que así era, todo porque él es un chico rudo.