One Shots | Tokyo Revengers +18

Sinopsis

One shots +18 de los personajes de Tokyo Revengers ❤️

Genero:
Erotica
Autor/a:
isaalucky
Estado:
En proceso
Capítulos:
10
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Manjiro Sano "Mikey"

Era el cumple de Emma y estabas súper emocionada, casi más que ella. Era tu mejor amiga y organizaba un fiestón en su casa.

Se acercaba la hora pero tú, por supuesto, fuiste antes para ayudar a tu amiga con los preparativos. Queríais que todo saliera perfecto, era su día.

Llamaste a la puerta y esperaste. Esperaste y seguiste esperando. Nada. Volviste a llamar. Dejaste presionado el botón del timbre para que se escuchara. Tenía que haber alguien en casa, Emma sabía que ibas a ir antes.

Pasados unos minutos, la puerta se abrió. Un chico rubio, con el pelo desaliñado y sin camiseta apareció tras el marco.

- Mmm, eres tú. Qué molesta eres. - Gruñó Mikey.

- Aparta. - Apartaste los brazos de Mikey, el cual estaba apoyado en la puerta y pasaste al interior de la casa. - ¿Te crees que son horas de estar durmiendo? Esto está a punto de empezar. - Le regañaste.

- ¿Me has despertado para esto? Eres un incordio.

Os pasabais todo el día discutiendo, no le soportabas. Se pasaba el día durmiendo, fumando y peleándose. Era agotador verlo. La pobre Emma lo sufría todos los días.

- Ni siquiera has ayudado a Emma a preparar nada.

- Pero para eso estás tú aquí, ¿no? - Sonrió con esos aires de superioridad.

- Vete a la mierda, Manjiro. - Le empujaste y te pusiste manos a la obra.

Por el rabillo del ojo pudiste comprobar cómo subía de nuevo a su cuarto. Tenían una casa bastante grande, con dos pisos y el sótano, además del jardín. Era un buen sitio para hacer fiestas.

Cuando Emma volvió, ya habías adelantado un montón de trabajo.

- ¡Felicidades Emma! - La apretaste entre tus brazos. - Hoy es tu día y hay que pasarlo en grande. Toma, antes de que empiece esto. - Le ofreciste una bolsita que habías traído contigo.

Emma abrió la cajita y se le iluminó el rostro. Era un precioso colgante en color dorado. Lo habíais visto en un escaparate uno de los días que ibais de compras por el centro.

- ¡No puede ser! ¡Es el colgante! ¡T/N, te has pasado! - Saltó a tus brazos, no podía contener la emoción.

- No es nada. - Le respondiste con un beso en la mejilla y le colocaste el colgante. - Vete a cambiar que no te dará tiempo. Yo me encargo del resto.

Terminaste con la organización de la fiesta y te fuiste al aseo a mirarte por última vez, la gente no iba a tardar en aparecer.

Ibas con una camisa de tirantes y encaje color granate y una falda plisada. Combinaste ese outfit con unos botines negros de tacón. Te encantaba cómo se veían tus piernas encima de los tacones, te sentías súper empoderada.

Te retocaste el pintalabios y el rubor, y saliste a esperar que empezara la velada.

La gente fue llegando y el ambiente se animó bastante rápido. Muchas caras conocidas pero te faltaba una importante. Mikey. ¿Dónde coño estaba el hermano de la protagonista? Se supone que es un momento importante para ella, él debía estar aquí.

Subiste al piso de arriba decidida y cabreada, dispuesta a arrastrar de los pelos a Mikey y llevarle a la fiesta. Entraste sin llamar y encendiste la luz de golpe.

- ¡Manjiro! Te juro que no he conocido persona más miserable que tú. ¿Por qué sigues durmiendo? ¡Es la fiesta de tu hermana! - Le gritaste.

- Pero, ¿qué cojones? ¿Qué coño te crees que haces? - Se estaba desperezando. No se podía creer que hubieras entrado así en su cuarto. - Lárgate. Ya. - Tenía un tono serio e intentaba imponerse pero os conocíais de hace muchos años como para que pudiera asustarte.

- No me voy a mover de aquí hasta que bajes a la fiesta. Vamos. - Le miraste seria. - Te prometo que te llevaré a la fuerza si hace falta. - Eso último que dijiste hizo que Mikey soltara una carcajada.

- Mira que eres pesada. - Te conocía y sabía que no darías tu brazo a torcer, así que empezó a levantarse de la cama. Salió de la habitación y se dirigió al cuarto de baño que había enfrente. Le seguiste pero no entraste, le observabas desde la puerta.

- Date prisa. - Presionaste.

- Si tienes tanta prisa, ¿por qué no vienes aquí y me ayudas? - Dijo de forma burlona.

Sin pensarlo entraste en el baño. Esto hizo que Manjiro se sorprendiera, no se lo esperaba. Cogiste la manguera de la ducha y abriste el grifo, empapándole de agua.

- Pero qué haces, ¿estás loca? - Estaba incrédulo.

- Sólo te ayudo a darte una ducha, parece que te hace falta. - Forcejeasteis hasta que Mikey te tuvo sujeta y a penas podías moverte. - Suéltame y prepárate ya.

Mikey te tenía agarrada por la espalda, podías sentir su aliento en tu nuca. Esto provocó que se te erizara la piel. Te rendiste y finalmente el rubio pudo apagar el grifo.

- No puedo contigo, te lo juro. - Esas palabras salieron de su boca en un suspiro.

Manjiro colocó su barbilla sobre tu hombro, respirando en tu cuello. Se te aceleró el pulso.

Lo siguiente que hizo fue besar tu nuca, tu hombro... Notaste un bulto que crecía en tu zona lumbar. Joder, no entendías nada.

Empezó a acariciar tu brazo con sus dedos hasta llegar a tu mano. Entrelazó sus dedos con los tuyos y te dio la vuelta para que le miraras a la cara. Con su otra mano agarró suavemente tu cara y puso sus labios sobre los tuyos.

Te pilló de sorpresa y tu primera reacción fue empujarle y darle una torta. No esperaba esa reacción . Y tú, tampoco. Qué cojones acababa de pasar. ¿El hermano de tu mejor amiga se había lanzado? Siempre discutíais pero, tenías que verle en ese momento, mojado, sin camiseta y con una erección de caballo.

Repasaste todo su cuerpo. Esos abdominales trabajados, alguna que otra cicatriz. Manjiro notó como tragabas saliva y le examinabas.

En un movimiento rápido, te empujó contra la pared del baño y cerró la puerta con pestillo. Te agarró la cara con una mano y apretó, obligándote a mirarle a los ojos. Dios, eso sí que te sorprendió. ¿Te iba a dar una paliza por haberle dado una torta? Era el puto líder de la ToMan, le conocías de toda la vida pero igual eso para él no significaba nada.

Pegó su cuerpo aún más contra el tuyo, acercó su rostro y susurró.

- Tengo muchas ganas de follarte.

Mikey continuaba atravesándote con la mirada. Estaba encendido, solo necesitaba un gesto para que le dieras permiso y hacerte todo lo que estaba pensando.

Notaste cómo tu intimidad se humedecía y palpitaba. Parecía que le estaba llamando. Sólo dijiste una palabra.

- Fóllame.

El rubio no se lo pensó dos veces. La mano que estaba en tu rostro ahora se encontraba alrededor de tu cuello. Vuestras bocas volvieron a unirse. Esta vez el beso fue intenso, fogoso. Ese odio y rabia que solíais mostrar el uno al otro se veía reflejado en las ganas que teníais de follaros. ¿Será verdad que los que se pelean se desean?

Con el brazo que tenía libre empezó a acariciar tu cuerpo. Comenzó por la cintura, apretándote aún más contra su cuerpo.

Pasó su mano por tu espalda. Tenías una piel tan suave que parecía que se regocijaba haciendo círculos con sus dedos en tu dermis. Mordía tu cuello, dejaba chupones, lamía la misma saliva que había dejado él y volvía a subir hasta tu boca. Te disfrutaba.

Sus dedos bajaron por tu muslo y lo apretó.

- Joder, no sabes lo que me gustan tus piernas. - Sonreíste ante su confesión.

De tu pierna se fue desplazando lentamente hasta tus bragas, levantando tu falda. Podía notar a través de ellas lo cachonda que estabas, tenías tu lencería empapada. Eso le prendió aún más.

Empezó a tocarte por encima de la ropa y apoyó su cabeza en la pared, muy cerca de tu rostro. Quería escuchar cómo gemías, cómo te hacía gemir.

Soltó la mano de tu cuello y empezó a recorrer tu cuerpo. Finalmente la bajó hasta tu muslo y con ambos brazos te levantó. Envolviste tus piernas en su cintura y te agarraste a su cuello.

Vuestras bocas se juntaron de nuevo y vuestras lenguas bailaban como si se conociesen. Vuestro movimiento era armónico y preciso. Separasteis vuestros rostros ligeramente y le mordiste el labio. Él volvió a sonreír y te cogió del pelo, el cuál puso en una coleta enredando en su mano y echó tu cabeza hacia atrás. Te besaba el cuello, te acariciaba.

Te cogió a pulso con un brazo mientras con el otro tiraba todo lo que estaba sobre la encimera del baño, necesitabais espacio. Te colocó sobre ésta y puso sus manos en tus caderas. Fue metiendo sus dedos por debajo de tu falda, volviendo a notar tu humedad. Te quitó las bragas, con más cuidado del que esperabas y las tiró al suelo.

Se puso de rodillas en el suelo, mirando hacia tus labios inferiores. Echó un último vistazo hacia arriba, quería tener contacto visual contigo, quería que supieras lo que estaba a punto de hacerte. Empezó a besar de forma dulce el interior de tus muslos, subiendo poco a poco. Llegó a tu intimidad pero se detuvo. Continuaba acariciándote los muslos. Volvió a dirigir tu mirada hacia a ti. No aguantabas más.

- Por favor. - Fueron las únicas palabras que pudiste articular, suplicando que te follara.

Una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en su rostro y entonces se adentró. Empezó a besar los labios de tu vagina, poco a poco, de forma muy suave. Muy despacio empezó a abrirse paso entre ellos, con la punta de la lengua. Lamía, arriba y abajo, saboreándote.

Continuó chupando y estimulando tu clítoris. Tus gemidos se volvieron más intensos, intentabas controlarlos pero era tanto el placer que sentías que resultaba difícil.

Disfrutaba degustando todos los fluidos que salían de ti, era el resultado de lo que él mismo estaba provocando. Y estaba orgulloso.

Introdujo uno de sus dedos dentro de ti mientras continuaba succionando de forma suave tu clítoris. Empezó con un movimiento sutil, para que te fueras acostumbrando. Notaste como un segundo dedo formaba ahora parte de ti, también en un movimiento armonioso.

Tus gritos de placer retumbaban por todo el aseo. Era raro que nadie hubiera llamado todavía a la puerta al escuchar ese ruido.

Nunca habías estado tan mojada. No sabías como una persona era capaz de provocarte tantas sensaciones y darte tantísimo placer. Joder.

Estabas a punto de llegar al orgasmo y entonces se detuvo. Levantó la mirada y se incorporó.

- Todavía no. - Te dijo con una sonrisa en la cara. Dulce tortura. Necesitabas tenerle dentro y correrte.

Se relamió los fluidos que tenía alrededor de la boca y te metió sus dedos en la tuya. Quería que te saborearas. Obedeciste.

Dirigiste la mirada a su erección. Incluso con ropa puesta se intuía el gran tamaño del bulto. Rápidamente le bajaste el pantalón de chándal que llevaba puesto y liberaste su miembro.

Lo cogiste sin pensarlo y empezaste a masturbarlo de forma suave pero rítmica. Él recostó su cabeza hacia atrás, dejando ver que le gustaba cómo le tocabas.

Mientras movías su miembro arriba y abajo, se inclinó para buscar un condón, el cual abrió con rapidez y lo colocó con maña. Tenía experiencia.

Abrió tus piernas lentamente y con la punta de su pene fue dando golpecitos en tu entrada. La introdujo despacio, mirándote a la cara. Quería ver cómo disfrutabas, cómo le necesitabas dentro de ti. Parecía que te castigaba.

Entonces una ola de placer te llenó por completo. Estaba dentro de ti, todo él, ahora, en ese preciso instante, era tuyo y tú, eras suya.

Movía sus caderas despacio, para que le notaras y te acostumbraras a su tamaño. Tocabas sus abdominales, le arañabas y le mordías. Escuchabas como se quejaba pero a la misma vez notabas cuánto le gustaba. Prestabas atención a cada uno de los sonidos que salían de su boca. Te encantaba oírle, te encantaba sentirle.

Te besó profundamente, agarrándote de la mandíbula y te reprendió.

- No se me olvida la cachetada que me has dado.

Empezó a embestirte más fuerte, más duro. Acabaste con la cabeza apoyada en el espejo de la pared. Tu espalda se curvaba por las arremetidas del rubio. Notabas cómo te castigaba con ese deleite del movimiento de su miembro en tu vagina.

Te tapaste la boca en un intento de silenciar tus gritos pero Mikey lo impidió.

- Quiero escucharte. Quiero saber cuánto te gusta que te folle.

- Manjiro, nos van a oír. - Casi no te salía la voz. Mikey cortaba tu respiración con cada embestida.

- Me da igual. Necesito oírte. - Le miraste a los ojos y está vez fuiste tú la que le sujetó del cabello y acercaste su cabeza para sumergiros en un profundo beso.

Sentías como le ponía eso. Una de cal y otra de arena. Le gustaba dominar pero en algunos momentos podía cederte el control.

- Te voy a hacer gritar. - Mikey cambió el ritmo de sus embestidas a unas más suaves pero seguían siendo intensas. Bajó una de sus manos a tu clítoris y empezó a masturbarlo. Hacía círculos con los dedos y te daba golpecitos de forma suave.

Cumplió su promesa. Empezaste a gritar ante ese incontrolable placer. Mordiste su hombro en otro intento de acallar tu voz. Imposible.

Te retorcías de placer y no podías hacer nada, únicamente disfrutarlo.

Tus sollozos de placer eran música para sus oídos. Quería más, podía estar escuchándote toda la vida.

Una descarga recorrió todo tu cuerpo, habías llegado al orgasmo. Notaste como Mikey culminaba a la vez y echaba todos sus fluidos dentro del condón.

Ambos os quedasteis en esa posición un par de minutos, estabais agotados.

Cuando te diste cuenta de lo que había ocurrido, sacaste su polla de tu interior y buscaste tu ropa interior rápidamente.

- Ay Dios, espero que no nos hayan oído. - Comentaste preocupada. Encontraste tus bragas y te las pusiste como pudiste.

- Jajaja quizás con la música a ese volumen, alguna persona no nos haya escuchado pero tranquila, ya se encargarán el resto de decírselo.

- Imbécil. Esto no ha pasado. - Saliste del baño de forma atropellada echándole una última mirada a Manjiro.

- Cuando quieras repetimos.





¡Espero que les haya gustado!

❤️

Sé que muchos vendran de Wattpad, donde publiqué la historia originalmente peeeero Wattpad decidió cenaurarla y eliminarla 😅

Ire subiendo poco a poco todos los shots que tenía en Wattpad y espero que me den su opinión.

También pueden pedir shots se sus personajes preferidos e intentaré ir haciéndolos.

¡Muchas gracias por leer! ❤️