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Santa devoción

Sinopsis

Un recorrido por el proceso que llevo a dos personas de distintos países a ser una pareja. Algo normal, en un mundo normal... Solo por el leve cambio de que... Hay superhéroes. Basado en la serie de Daredevil de Netflix temporada 1 y algunos comics del personaje.

Genero:
Romance
Autor/a:
Bunbun20
Estado:
hace 4 meses
Capítulos:
6
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Solo tú y yo

La lluvia sonaba tranquila, la luz de un gran anuncio hacia del solitario living aún más calmó.

Hasta que, la puerta se abrió, cerrándose con fuerza, haciendo que la persona en el sofá de despierte, un sonido parecido a gruñido salió de ella producto del desgaste y falta de sueño.

Solo era otra noche, otra noche lluviosa.

Se levantó y sus ojos vieron al causante de dicho ruido, su pareja desde hace un mes, adolorido, sangrando y posiblemente apuñalado y cortado...

—Vuelve a dormir, yo me encargo de ésto...— dijo él, restando importancia al estado en que llegó.

Ella hace una semana había aceptado todo, el secreto que cargaba, no había sido muy difícil descubrirlo de hecho.

Aún así, vio como él se movía por la casa, usando una mano para saber dónde está hasta que tocando el cabecero del sofá, pasa por enfrente y se sienta.

Ninguno dice nada pero el silencio es cortado por la lluvia de afuera.

Ella simplemente fue con él, lo abrazo de la cintura y acomodo su cabeza contra el regazo de su novio —¿Quien fue?—

—La mano de nuevo— responde seco, ya casi era rutina para él luchar contra esos locos.

La mano de él se fue lentamente a la cabeza de su pareja, tocando su pelo, sintiendo cada hebra y cada leve nacimiento de otros, en un par de días otra vez su novia tendría que ir a la peluquería para un nuevo look y sin embargo, encontró ese pequeño lugar sin nada, sin nacimientos de nuevo cabellos, solo piel.

Él sabía la historia de ella: como nació mucho antes de lo esperado, como sufrió por 7 meses en el hospital de su país, pasando por mil procedimientos médicos y hasta una cirugía en su corazón y cabeza: el primero para cerrar un ducto y el segundo para poner algo en su cabeza que ahora mismo, no recuerda la palabra pero la había dejando con una porción de su cabeza sin pelo.

Era pequeña, casi del tamaño de dos dedos suyos pero era ese lugar que amaba acariciar.

Él la llamo por su nombre, al completo, sin apodos, sin cortés, ese nombre que para él era santo, no dónde venía, de la fiel y única seguidora de Jesús, si no por lo que era ella.

En si, ambos se habían conocido en un caso policial, él junto a su amigo cumplieron su lado del trabajo: ser los abogados de esta pobre chica extranjera.

El caso se cerró luego de un mes de ir y venir con mil y un defensas, declaraciones y demás cosas de su trabajo como defensor de la justicia.

Y en ese mes, tanto él como ella se conocieron, descubriendo que ella amaba dibujar, tenía en mente ser profesora de arte e incluso hacer un cómic de un personaje en que ella trabajo desde su adolescencia.

Y él por su lado, le fue contando su vida entre salidas al bar o en caminatas, como su padre le inculcó buenos valores, como murió a manos de un mafioso, como quedó ciego.

Y fue eso último, lo que impulso está relación hoy día: ella ayudándolo a él y ser esa luz que siempre lo alegra.

Porque lo que más amaba de ella, su optimismo ante todo, tal vez, era por el país y su cultura pero nunca lograba verla decaída, al contrario, siempre se volvía levantar.

En ese sentido, eran iguales.

Sin embargo, el pensamiento se fue de su cabeza cuando sintió la respiración de ella contra su estómago.

Su mano fue a su máscara, sacándolo y dejándolo en la mesa de luz, llevando esa misma mano a la espalda de ella, cerca de su pecho pero por detrás y debajo lo que suponía él por el tacto: un camisón liso pero fino, lo que hacía que pueda sentir la cicatriz de la espalda, lugar que según ella, fue donde ocurrió la cirugía de su corazón.

Movió su mano un poco hacia adentro, encontrando un pequeño pozo debajo del pecho.

Sus ojos estaban fijos en algún lugar, perdidos pero prestando atención a lo que tocaba.

Lento, delicado en su actuar, sin querer despertar a su pareja, sin querer arruinar el sueño de su santa novia.

Eran esos pequeños detalles, que ella veia como malos que a él, como persona invidente, lo volvían más unido a ella.

Al final, el llamado quedó en el aire, ninguno se movió de su lugar.

No iba a mentir, el cuerpo le mataba del dolor, los golpes, cortes y posiblemente algún que otro hueso roto eran lo peor pero sabía que se recuperaría tarde o temprano y volvería a las calles, a salvar a más personas de lo que sea que amenacé su amada cuidad.

Pero ahora mismo, en una noche lluviosa y con esa luz brillando desde el anuncio, lo único que quería era dormir al lado de su santo amor.

—Te amo...— dijo para cerrar sus ojos y dormir escuchando el agua cayendo contra el suelo, contra los techos de los autos, contra los paraguas de transeúntes fuera de su departamento.

Si, el diablo podía repartir justicia cuando su trabajo no funcionaba pero ahora mismo, en la calma de su hogar y sentado en el sofá, no es el diablo de Hell's Kitchen, solo es un abogado cansado que tiene a una gran persona en su regazo.

A la mañana siguiente, el sonido del agua hirviendo lo despierto, luego los pasos y por último, el olor a té recién servido se instaló en su nariz, haciéndose más fuerte pero nunca dejando de ser suave.

Alzando su nula pero rojiza vista hacia la persona enfrente de él.

—buenos días, diablito—

Una leve risa salió de él y tenía la intención de levantarse pero el dolor de su cuerpo se lo impidió, haciendo que su pareja deje el té rápido en la mesa ratona para ir con él.

—Tranquilo... No te esfuerces—

Él solo llevo una mano a un costado de ella, más bien, a la costilla y lo acarició, solo para darse cuenta que no se cambió el camisón de anoche.

—El desayuno puede esperar— dijo él, sonriendo, recibiendo un leve risita de su pareja y seguido de eso, un suave beso en los labios junto a una jala de su mano para que terminé cayendo encima suyo, escuchando esa risa que tanto amaba entre los besos.

Sus sentidos se enfocaron en ella: olores, sonidos y suaves movimientos de sus dedos en sus mejillas.

El resto, es historia.

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Bien escrito

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Buenos personajes

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Diálogos potentes

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