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Se sentía tan bien. ¡Era una sensación increíble!
Ava abrió las piernas aún más mientras gemía. Quería que este sentimiento no terminara nunca. ¡Dios mío! Le encantaba sentir ese hormigueo en cada fibra de su cuerpo. Sus pezones se ponían duros, pidiendo a gritos una lengua que los refrescara. Con los ojos cerrados, se lamió los labios carnosos y se mordió el labio inferior con puro placer.
¡Quería más, mucho más! Excitada, cerró las piernas y las apretó con fuerza. Gemía suavemente mientras empujaba su pelvis de adelante hacia atrás. ¡Esa fricción era una maravilla! Podía sentir cómo la tela le rozaba las nalgas desnudas.
¿Debía dejarse llevar por completo por sus fantasías? ¿Debería usar los dedos para aliviar esa presión que no dejaba de crecer? Sabía que con un solo toque estallaría en un orgasmo gigante. ¿Se atrevería? Su corazón latía con fuerza y su respiración se aceleraba ante ese pensamiento prohibido.
Justo cuando bajaba la mano derecha para lanzarse al vacío, sonó su teléfono.
Se enderezó de golpe en la silla por el susto. Se quedó mirando el aparato, tratando de controlar sus latidos y su respiración.
—Wilson Marketing, buenos días. Habla Ava Parker. ¿En qué puedo ayudarle? —Rogaba internamente que su voz no delatara lo excitada que estaba.
¿Qué le pasaba? Las fantasías sexuales la perseguían a todas horas. Tenía que luchar constantemente contra las ganas de masturbarse. ¿Qué pensaría su jefe si alguna vez la pillaba dándole rienda suelta a sus deseos eróticos?
Ava sabía que tenía que controlarse. No quería que la llamaran a una reunión con la mirada perdida y el cuerpo oliendo a puro sexo. ¡Todavía estaba en período de prueba!
—Si la luz verde está encendida, Ava, es una llamada interna. —Casi podía sentir la sonrisa burlona de su jefe—. Venga a mi oficina, por favor.
Colgó con el corazón a mil por hora. ¡Vaya susto! Esperaba no tener los ojos vidriosos ni oler a deseo. Estuvo a punto. ¡El Sr. Wilson casi la atrapa con las manos en la masa!
