Único
— ¡Mark! —Hendery grita en su oído, robándose toda su atención.
Mark solo voltea a verlo un segundo, pero es suficiente para que cuando vuelva a mirar hacia el frente, el muchacho de piel morena con quien había estado teniendo una pelea de miradas se concentre en otra cosa. Es una pena, piensa Mark y se contiene a sí mismo para no culpar a Hendery de eso.
—¿Qué pasa? —pregunta como si nada y se da la vuelta, apoyándose contra el mostrador para ver a su amigo con una ceja alzada.
—No ha pasado nada, solo que medio restaurante puede ver como desnudas a aquel chico con la mirada desde que llegó —el pelinegro bufa sarcásticamente y Mark sonríe, bajando la cabeza para que no pueda ver su expresión avergonzada—. Súper sútil, Mark Lee.
En su cabeza no había creído ser tan obvio, pero el comentario de Hendery le prueba lo contrario. Y no puede negar sus palabras, no del todo, porque si había estado con un ojo encima del muchacho moreno desde que había visto a Doyoung llevarlo a él y a sus amigos a su mesa. Era una pena que no estuviera en labores de mesonero ese día, porque habría peleado con Taeil para servirle.
Usualmente él no es del tipo que se ligan a los comensales, eso era trabajo de Hendery (que era lo suficientemente descarado para hacerlo, incluso en frente de su novio), pero el muchacho moreno es una excepción a la norma, simplemente porque Mark sabe quien es. No puede decir lo mismo acerca del otro, porque las miraditas que había estado recibiendo de su parte no decían nada sobre si lo reconocía o no, pero para Mark había sido instantáneo. Sabía que se trataba de Donghyuck, porque una cara como esa era difícil de olvidar.
Ahora llevaba el cabello más largo, recogido en una coleta descuidada, y también se miraba más alto y esbelto, con un porte maduro y grácil que solo venía con la edad, pero su piel color miel y sus ojos avellanados, disfrazados con maquillaje oscuro seguían siendo iguales. Los mismos que lo habían cautivado durante su juventud.
Una parte de si quería acercarse a él, saludarlo y preguntar si lo recordaba, pero cree que parecería un acosador si lo hace, además que le mortifica la idea de que la respuesta ajena sea un no. Así que le había bastado con mirarlo durante la última hora, incluso si eso lo hacía quedar peor ante sus ojos, pero es que no lo ha podido evitar, aún cuando intentaba no hacerlo, sus ojos solitos lo buscaban entre las mesas del restaurante y se quedaban anclados en él, en sus movimientos, la forma en la que hablaba con sus amigos y se reía, en sus gestos, en la mano que sostenía la copa de vino y que luego pasaba por su cabello.
Era el efecto Donghyuck, suponía Mark, porque en la escuela había sido igual. Solían llamarlo “Sol” por entonces y muchos creían que se debía a su personalidad cálida, pero para él era más que claro que se debía porque fácilmente el moreno podía convertirse en el centro de atención, con todo el mundo gravitando a su alrededor y adorándolo como a un dios.
No presta atención a las palabras de Hendery, muy perdido en sus propios pensamientos como para hacerlo, pero sabe que el muchacho sigue burlándose de él. Mark solo lo deja pasar y agradece cuando un hombre de mediana edad se acerca a la barra y llama por uno de ellos; no tarda en pasar de largo a su amigo e ir a tomar la orden, sus ojos aventurándose a la mesa siete mientras el vejete le pide un ron en las rocas.
Donghyuck tiene una mano cubriéndose la boca y se ríe de forma avergonzada tras de ella, mirando a sus acompañantes y luego mirándolo a él. A Mark le tiemblan las manos cuando sus ojos conectan y se sorprende por el gesto, porque casi parece que el tema de conversación en aquella mesa de amigos es él justamente. No se atreve a apartar la mirada, en su lugar sostiene a esos ojos con los suyos mientras trabaja y solo mira a otro lado cuando tiene que entregarle la bebida al señor y cargarle el costo a su cuenta.
Cuando Mark vuelve a mirar a la mesa siete, nota que Donghyuck ya no está ahí y que en cambio está caminando a través del salón, directo a la barra. A su dirección.
—Ya entiendo por qué lo mirabas —le susurra Hendery al oído, pasando detrás de él para atender a un grupo de mujeres al otro lado de la barra—. Si decides no comertelo, tal vez me lo puedas dejar a mi.
—Le voy a decir a Lucas —amenaza en un tono mucho más alto del que pretende, y solo escucha como Hendery se aleja riéndose antes de tener que componerse porque tiene a Donghyuck justo en frente.
—Hola —saluda el moreno, ofreciendo una sonrisa y pasándose un mechón de cabello detrás de la oreja.
Mark se relame los labios y sigue el movimiento de sus dedos con los ojos, antes de pestañear de vuelta a la realidad y ofrecerle una sonrisa al contrario. Está trabajando y, se supone, debe mantenerse profesional.
—Hola, ¿qué deseas tomar? —dice en el tono más decente que su cerebro procesa, y se regaña a si mismo porque la voz le falla a media oración, como si fuera apenas un adolescente que entra a la pubertad. Mark se aclara la garganta y musita unas disculpas, y Donghyuck se ríe.
—Algo dulce —el moreno frunce los labios en un gesto similar a un puchero y luego apoya el codo sobre la barra, descansando su mentón sobre su mano y ladeando la cabeza sin dejar de verlo. Mark siente que se le seca la garganta—. Si te digo que mi cumpleaños es hoy, ¿podría tener una bebida gratis?
La respuesta es no, el restaurante no tiene ese tipo de política y lo máximo que el moreno pudiera conseguir es al grupo de mesoneros cantando cumpleaños frente a su mesa, que en realidad no está tan mal porque Taeil y Yuta son muy buenos cantantes, pero ninguna otra cosa más. Pero Mark es estúpido y de alguna manera siente que tiene dieciséis años otra vez, así que termina asintiendo, solo para complacer al moreno y lograr sacarle otra sonrisa de las suyas.
—Pero tendré que ver tu identificación, para asegurarme que no me engañas.
Donghyuck se muerde el labio inferior y lo mira con los ojos entrecerrados por un momento antes de rendirse y sacar su billetera, con un suspiro largo y cansado, como si Mark le acabase de pedir hacer algo realmente tedioso.
—Por favor, ignora la foto, tenía como quince años y- Dios no me quería claramente.
Mark se ríe por su comentario y acepta el carnet de identificación cuando el moreno lo arrastra por la barra, y contrario a sus deseos, lo primero que hace es mirar la foto. Ahí esta, el Donghyuck que había conocido años atrás, con sus mejillas llenas, el cabello oscuro y una sonrisa de dientes chuecos. Encantador.
—Entonces, ¿crees que Dios te quiere más ahora? —pregunta, devolviendole el DNI a su dueño y dándose vuelta para buscar lo que necesita.
—Dímelo tu.
No dice nada, pero parece que su silencio basta para el moreno que lo mira atento mientras él trabaja. Mark no es el bartender más hábil, de hecho la razón por la que está en la barra esa noche es porque Jaehyun se ha ausentado y realmente no había nadie más que ocupara su lugar, pero aún así tiene algunos trucos bajo la manga, y trabaja duro para prepararle un trago más que bueno al moreno y mantener la atención de este puesta en él mientras lo hace.
—Uno pensaría que harías trucos con la botella, lanzarla al aire o algo así.
—Tendría que pagarla después —admite con algo de pena, sacudiendo la coctelera y chasqueando la lengua.
No tarda mucho en terminar el cóctel y servirlo, deslizándolo con cuidado frente a Donghyuck y sonriendo. El moreno juega con el sorbete un momento y sin dejar de mirarlo, abre la boca y se lo lleva a los labios. Es un gesto obsceno y tiene a Mark con la garganta seca en un segundo, con cosquillas en su vientre bajo y la cabeza dando vueltas.
—No te dejes engañar por el sabor, puede emborracharte muy rápido si lo tomas de una vez.
—¿Qué es? —pregunta Donghyuck, relamiéndose los labios.
—Se llama Piel Canela, es Bourbon y Chocolate básicamente —explica y Donghyuck lo mira con diversión, como si supiera algo que él no —. ¿Está bueno?
—Divino. Gracias, entonces... Minhyung.
[ ... ]
«Esto es rídiculo» pensó Mark, mientras se apuraba por los pasillos del instituto, evitando cruzar miradas con los demás estudiantes. La mochila rebotando sobre su espalda y una perfectamente envuelta caja de chocolates bajo el brazo. Ni siquiera había intentado algo y ya estaba acobardándose.
Dudó al llegar al gimnasio, cuestionándose si debía devolverse antes de hacer el tonto, pero dando el paso definitivo dentro del lugar al último minuto. Sus compañeros ya estaban ahí, algunos calentando y otros conversando mientras el resto del equipo aparecía; la persona que le importaba estaba en las gradas, Donghyuck, conversando con Renjun mientras se reía. Mark sintió que el corazón le dejaba de latir.
Era San Valentín, y quería confesarse. Quería sacarlo de su sistema, o eso era lo que se decía a si mismo para consolarse, porque estaba seguro de que Donghyuck jamás le correspondería, no de la forma en la que él quería al menos. Porque Donghyuck era el sol, y Mark apenas un asteroide que gravitaba a su alrededor, cegado por su luz.
Se sintió mareado con cada paso que dio en su dirección, pero no se permitió arrepentirse, no cuando ya estaba ahí. Algunos de sus compañeros de equipo le saludaron, y él devolvió el saludo escuetamente sin dejar de caminar. Cuando llegó a las gradas, tuvo que pelear para hallar su voz, y sin embargo fue Renjun quien le avisó a Donghyuck que él estaba ahí, justo detrás de él.
—Hey, Minhyung —le saludó el moreno con una sonrisa—. Te ves agitado, ¿estás bien?
—U-uh... si, es que... Pensé que venía tarde, y corrí hasta aquí.
—¿Y eso? —Donghyuck, apuntó a la caja de chocolates y se mordió el labio inferior—. ¿Son para mi?
—¡Si! ¡Es decir no! —exclamó y supo que lo había arruinado, quería morirse. Supuso que Donghyuck no le entendía —como era de esperarse, porque Mark estaba hecho un desastre de balbuceos—, pero, ¿y si al final no quería algo con él? Sería la vergüenza más grande de su vida—. Me los dieron a mi, pero no me gusta el chocolate...
—Oh...
—Sé que a ti te gustan, así que... A lo mejor los quieras.
—Bueno, a lo mejor no debería...
—No, no. Insisto, si no te los comes irán a la basura.
—Si Donghyuck no quiere, me los como yo —concluyó Renjun que había permanecido sin decir nada hasta entonces, y que arrebató la caja de bombones lejos de las manos de Mark—. ¡Chicos, Minhyung trajo chocolates!
[ ... ]
Mark sabe que Hendery se está burlando de él, no ha dejado de hacerlo desde que Donghyuck y sus amigos se marcharon del restaurante y la mesa siete quedó vacía, pero lo hace peor cuando a la hora de la salida, cuando Lucas llega a por ellos, va y le cuenta todo el asunto a su novio. Es un chismoso de primera, cree Mark, pero no lo culpa, porque él también se burlaría de sí mismo si no estuviera tan mortificado por su idiotez.
—Okay, entonces me dices que te encontraste un tipo guapo, coqueteaste con él e incluso le diste un trago gratis que va a ser descontado de tu salario, ¿y no le pediste su número de teléfono? —la forma en la que Lucas habla casi parece un regaño, y Mark se siente peor porque precisamente fue eso lo que ocurrió.
—Por favor, no me torturen más... Yo solito me hago eso —pidió con una mueca, guardandose las manos en los bolsillos y empezando a caminar por el callejón que los llevaría de vuelta a la calle principal.
Además de la mortificación de saber que en realidad era un tonto (Con el cerebro en pausa, como diría su hermano) por no haber siquiera pedido el usuario de kakao de Donghyuck, también estaba la duda de saber si en verdad el moreno le había reconocido o si solo había estado leyendo su gafete de empleado cuando dijo su nombre. Nada más oírlo decir las silabas en su tono de miel lo había desarmado y mientras lo veía irse de vuelta a su mesa, Mark no había podido evitar imaginarlo murmurando su nombre en otras circunstacias.
—¿Sabes quien era? —le dice a Lucas, mientras doblan la esquina del restaurante. Lucas lo mira con una ceja alzada, esperando—. Haechan.
—¿Haechan? ¿En serio? ¡Con razón te quedaste como tonto!
Mark quiere protestar e incluso escucha a Hendery quejarse sobre quien hablan y como es que Lucas lo conoce, y casi está a punto de contar como el moreno había sido su crush durante la escuela y como se había puesto en ridículo más de una vez frente a él, cuando el sonido de un claxon llama la atención de los tres hacia la calle.
Estacionado justo detrás de la Jeep de Lucas, está un Hyundai Creta color plata con Donghyuck apoyado sobre la ventana mirando en su dirección, o mejor dicho, a Mark.
—Sales muy tarde, Minhyung —murmura el moreno, ladeando la cabeza y rompiendo el silencio.
—¿Q-qu... —Mark se aclara la garganta cuando siente que no logra formular una oración coherente, y sacude la cabeza esperando que así pueda oxigenar el cerebro—. ¿Qué haces aquí? Pensé que te irías con tus amigos a seguir la fiesta.
—Se me ocurrió seguirla contigo, pero no pensé que tendría que esperar tanto —Donghyuck rueda los ojos y bufa, pero de inmediato vuelve a su sonrisa encantadora, que casi parece su expresión de default—. ¿Qué dices? Mi apartamento está a unas cuadras de aquí.
Mark no dice nada, Mark ha muerto. No logra reaccionar, ni siquiera respirar adecuadamente y solo se queda de pie, como una piedra en medio de la acera, mirando a Donghyuck como si no pudiera creerlo, como si le acabase de crecer otra cabeza en el cuello. Toda la escena parece sacada de uno de sus sueños más locos y se niega a creer que la esperanza de su yo de dieciseis años se esté cumpliendo ahora cuando tiene casi veintisiete.
A último minuto, no es Mark quien decide, es Lucas quien lo hace por él.
—Perdónalo tanto, es que a veces se recalienta y se le reinicia el sistema, pero luego se le quita —bromea su amigo mientras le palmea los hombros con fuerza, para sacarlo de su trance—, pero estoy seguro que si quiere coj- digo, celebrar contigo... Por cierto, ¿te acuerdas de mi?
—No estoy seguro de que alguien pueda olvidarte, Xuxi, no has cambiado nada —Donghyuck se ríe y luego mira hacia Hendery—, pero esta es una cara nueva.
—Es mi novio —dice Lucas, que pasa un brazo sobre los hombros del susodicho y sonríe con orgullo, Hendery saluda con una mano—. En fin, nosotros nos vamos, que se diviertan.
—¡Hasta mañana, Mark!
No es consciente de Lucas y Hendery dejándolo abandonado y a merced de Donghyuck, si no hasta que el moreno decide tocar el claxon una vez más para atraer su atención y encuentra la calle vacía, con el auto del menor siendo el único adornando la calle.
—¿Te vas a subir?
¿Negarse y tener que ir a su apartamento caminando, o subirse y dejar que pase lo que tenga que pasar? Mark no lo piensa mucho y se sube a la camioneta de Donghyuck, pero solo es porque no le apetece caminar, o eso se dice a sí mismo. El interior del auto es cálido y lo primero que llama su atención es el pequeño muñeco que Donghyuck mantiene sobre la cabecera, es una margarita con una cara feliz, que empieza a bailar apenas el auto se pone en marcha. Es muy Donghyuck, o al menos combina con la imagen que Mark recuerda de él.
—Estás muy callado.
Mark se encoge de hombros, mirando por la ventana, cuando lleva su mirada hacia Donghyuck pregunta: —¿Si te acuerdas de mi?
Donghyuck murmura para si mismo, como pensándolo antes de responder.
—Tenía mis dudas, pero cuando me acerqué a la barra lo comprobé. Son las cejas.
—¿Y cuando dijiste celebrar...
—¿Hablaba de sexo? —Donghyuck le interrumpe, volteando a verlo por un instante—. Si.
—¿Por qué?
—¿Por qué no? ¿Estás en una relación?
—N-no pero-
—Yo tampoco, y es mi cumpleaños, así que en serio, quiero tener sexo hoy.
Mark sabe que es una mentira. No es el cumpleaños de Donghyuck, porque él vio su DNI más temprano y está seguro que ahí decía Junio y ahora están en Agosto, Donghyuck también sabe que es una mentira, pero sigue con ella de todas formas, y él no deja de mirarlo, y ni siquiera presta atención a que ya han llegado al edificio del moreno si no hasta que Donghyuck detiene el auto en medio del estacionamiento y lo insta a bajar para ir al ascensor.
—¿Quieres tener sexo conmigo? —pregunta, como si no acabara de procesarlo y, peor aún, como si no fuese consciente de que es eso precisamente lo que está por ocurrir apenas pongan pie en el piso ajeno.
—Si —Donghyuck dice sin prisas, y cuando se abren las puertas del ascensor frente a ellos, da un paso dentro, tomándolo por una muñeca para jalarlo consigo.
No lo suelta, de hecho solo avanza de espaldas hasta chocar con la pared de espejo y sigue jalándolo, hasta que la distancia entre los dos se acorta. Donghyuck lo mira atentamente, como un león a punto de devorar a su presa, sonriendo de lado y con una invitación en sus ojos. Con la mano que tiene libre le empieza a acariciar el abdomen por encima de la camisa, y aunque es un toque fugaz y delicado, Mark jura que la piel le queda ardiendo, con el estomago hecho nudos por la anticipación.
En su cabeza todavía hay nudos de confusión, haciendo líos entre todos sus pensamientos y de repente se pregunta si todo esto en realidad está ocurriendo, si su aliento no apesta o cuando fue la última vez que se rasuró, pero no puede permitirse prestarles atención y quedarse estático como una roca otra, no cuando Donghyuck sigue atrayendolo contra su cuerpo hasta que sus narices se tocan y sus respiraciones se mezclan. Debe hacer algo, lo sabe.
Sube una mano y le aparta el cabello de la cara al moreno, tomándose su tiempo para colocarlo detrás de su oreja y dejar una caricia suave sobre su cuello y sus hombros, luego se inclina hacia delante y deja un beso cerca de su mandíbula, rozando su nariz contra la piel ajena lentamente. Puede sentir a Donghyuck tensarse bajo su toque y suspirar contra su oído, y entonces deja otro beso, ahora en su mejilla mientras sus brazos envuelven la pequeña figura contraria en un abrazo. Donghyuck pasa los brazos por encima de sus hombros y siente sus dedos hacerle cosquillas en la nuca, se tocan en todos lados, sus cuerpos presionados juntos y puede sentir la calidez ajena incluso encima de la ropa.
El corazón le marcha deprisa, desbocado y con fuerza y las cosquillas le recorren el cuerpo, especialmente el vientre bajo, pero Mark mantiene su ritmo y sigue administrando besos dulces sobre la mejilla de Donghyuck y caricias efímeras en su espalda.
—Te estás tardando años en besarme.
Mark se ríe—. ¿Es una queja?
—No.
Donghyuck echa la cabeza para atrás y se ríe, mordiéndose el labio inferior, Mark no logra soportar la distancia, incluso si es mínima y si el resto de sus cuerpos siguen tocándose, y vuelve a inclinarse al frente, y esta a punto de besar a Donghyuck cuando el pitido del ascensor los asusta y les avisa que ya han llegado al piso indicado. Gruñe por lo bajo y le parece que su descontento es demasiado obvio, porque Donghyuck se burla se desenreda fácilmente de su agarre, para salir y cruzar el pasillo hasta su puerta. Mark lo sigue sin pensarlo dos veces y siente incomodidad de caminar con la creciente molestia entre sus piernas.
El apartamento de Donghyuck está a oscuras cuando entran y el menor no se tarda en encender las luces mientras avanza lejos de él, le dice que puede sentarse donde quiera y Mark avanza hasta el sillón en el centro de la sala, tropezándose con varias cosas en el camino luego de sacarse los zapatos. Puede oír al moreno moverse en lo que él cree que es la cocina, y él mata su tiempo mirando el techo y tocándose los labios, preguntándose cómo se sentirá besar al moreno. Mark apenas es consciente de cuando el moreno vuelve a la sala y se sienta con él en el sillón. No, no con él, sobre él, encima de su regazo con una pierna a cada lado de su cuerpo y una botella de vino en la mano. Estaba muy cerca otra vez, y esa parte de su cuerpo completamente abierta para él. A Mark se le seca la garganta.
—¿Quieres? —pregunta Donghyuck luego de tomar directamente de la botella.
Mark no responde, solo lo toma de la nuca y une sus labios a los de él. Es torpe y apresurado, intenso y húmedo con demasiada lengua y quizá un poco de dientes por el apuro. Donghyuck sabe a vino y Mark se encuentra queriendo más y más, sin importar que sus pulmones se incendien por la falta de aire.
Al separarse, le pareció que Donghyuck se miraba mucho más guapo que antes, con el cabello suelto enmarcandole la cara, con las mejillas rojas y los labios hinchados por sus besos. Los ojos castaños le brillaban con deseo y su pecho subía y bajaba con fuerza, en un reflejo de su propio cuerpo agitado. Mark le recorrió las piernas con las manos y jugó con el borde de su camiseta por un segundo antes de empujarlo hacia arriba para sacársela. Donghyuck se dejó hacer y empezó a desabrochar los botones de su propia camisa después.
—Hay que ser justos —murmura como una explicación que Mark no ha pedido.
Pero se deja hacer, dejando que el moreno lo desprenda de su camisa e incluso que vaya más abajo, y quite su cinturón y el botón de su pantalón, Mark solo ve como sus dedos se mueven con rapidez y agilidad, y se imagina esas mismas manos, tan bonitas y delicadas, enrolladas alrededor de su miembro, subiendo y bajando con lentitud, sumiéndolo en un tortura, dejándolo a su merced. No deja que sus fantasías vayan más allá, y toma una de las manos ajenas entre las suyas, acercándola a sus labios para besarle los nudillos, con los ojos clavados en los ajenos en un gesto intimo.
Donghyuck vuelve a besarlo, y mientras lo hace Mark siente como su pierna se moja con algo, y al separarse se dan cuenta que ha sido el vino, que el moreno ha dejado abandonado sobre el sillón y que ahora está derramado sobre la tela. Él dice que lo limpiará después y le deja un pico en los labios, poniéndose de pie y jalándolo consigo a la habitación. Diferente a la sala, Donghyuck decide encender solo una lámpara de la mesa de noche que aunque brinda una tenue claridad, no es suficiente para eliminar la oscuridad que reina sobre la habitación.
—No me gusta la oscuridad —dice, aunque Mark no se lo ha preguntado.
Le ofrece una sonrisa al moreno, para tranquilizarlo, decirle que esta bien y se termina de desvestir antes de sentarse en el borde de la cama. Donghyuck es el león y Mark la presa, así que lo deja decidir sobre qué es lo que quiere hacer con él, porque en su mente, ya tiene muy claro que es lo que quiere hacer con Donghyuck.
El moreno lo mira y sus ojos recorren su cuerpo de forma lenta y tortuosa, como si quisiera grabarse cada tramo de su piel en su memoria y es consciente de la manera en la que su mirada se queda por un poco más de tiempo fija en su entrepierna. Mark está excitado y su miembro parece decir hola, pero él no lo esconde. Donghyuck ha provocado eso, así que debería hacerse cargo.
—¿Puedo?
Mark asiente, sin saber exactamente a qué se refiere el menor, dejándolo acercarse a él en el pie de la cama, sintiéndose minúsculo bajo sus ojos que no dejan de mirarlo como si no existiera alguna otra cosa. Su cerebro hace cortocircuito cuando lo ve arrodillarse entre sus piernas, y las cosquillas vuelven a recorrerle el cuerpo. No dice nada, no tiene tiempo de hacerlo, porque pronto Donghyuck envuelve su miembro con una mano y le da un apretón curioso que lo hace jadear. Su pequeña sesión de besos en la sala había sido suficiente para dejarlo medio duro, y bastan un par de movimientos de Donghyuck sobre él para hacer que su miembro se endurezca por completo, erguido de una forma casi orgullosa, casi implorando que Donghyuck haga lo que quiera con él (su pene tenía vida propia, a veces).
Gime en voz alta cuando la humedad de la boca ajena se cierra sobre él, sintiéndose terriblemente caliente y sin aliento. Donghyuck ni siquiera lo ha tomado por completo, solo juega con la punta de su pene, chupando de manera tentativa y él ya se siente hecho un desastre. Vuelve a gemir después de un segundo, y sus caderas se impulsan hacia delante como reflejo, queriendo internarse más y más en la húmeda calidez frente a sí.
—Donghyuck —intenta murmurar, pero solo logra suspirar un quejido incomprensible cuando la boca del nombrado se desliza sobre su pene lentamente, saboreando el momento.
La cabeza le da vueltas y sin poder evitarlo una de sus manos se cierra sobre su cabello largo, apretando un puño de este como si quisiera mantenerlo ahí. Donghyuck no se queja, es más casi puede sentirlo gemir con gusto sobre su miembro, pero quizá es porque le gusta hacerlo Mark no lo sabe. Solo sabe que es muy bueno en ello, innegablemente bueno. Su linda boquita toma todo lo que puede de Mark, una vez más, ahuecando las mejillas mientras sube y baja, jadeando en un tono húmedo y ronco sobre su piel.
Incluso cuando se detiene a respirar, Mark puede sentir el fantasma de sus labios alrededor de su pene, el toque de Donghyuck deja tras de sí un pulso de placer en forma de eco, como una piedra que cae en medio de agua clara. Cada sensación perdura, reverbera en la piel de Mark en un escalofrío eléctrico.
Mark agradece mentalmente que Donghyuck no los haya dejado en oscuridad, porque cuando abre los ojos y mira hacia abajo, el espectáculo frente a sí hace que se le detenga el corazón, un gruñido escapando de su boca cuando encuentra a Donghyuck mirándolo y sonriendo de lado, como si le divirtiese la idea de destruirlo con placer.
Es demasiado pronto para sentirse tan mal, es un injusto, porque él ni siquiera ha podido poner un dedo sobre el cuerpo ajeno. Donghyuck ni siquiera está desnudo, solo lleva puestos los pantalones y los calcetines, y aun así la forma en que Donghyuck mira desde entre las piernas de Mark, con los ojos entrecerrados, el flequillo alborotado, y su piel dorada llena de sudor, es gloriosa. Mark gime, se siente desesperado y tan cerca de correrse que le duele.
Sus caderas suben de forma inconsciente, intentando follar la boca de Donghyuck por su cuenta, pero unas manos diminutas le hacen cosquillas en los costados antes de clavarle las uñass en las caderas para mantenerlo en su lugar mientras el moreno le da otra larga y sensual lamida a su pene. Lo deja ir justo después, con un ruido fuerte y húmedo, dejando a Mark un momento para cerrar los ojos y recuperar algo de compostura.
—¿Quieres oír un secreto? —pregunta el moreno, apoyando la mejilla sobre su muslo.
—¿Ahora? —Mark jadea, sin aliento y con una molestia infernal en su vientre bajo. Está cerca de correrse, lo sabe, lo necesita, pero Donghyuck solo juega con su erección, usando sus dedos para caminar sobre ella.
—¿Quieres oírlo? —insiste, tentandolo con un jalón en una de sus bolas.
—Te escucho.
—Cuando me regalaste los chocolates, pensé que te confesarías. Yo esperaba que lo hicieras —dice Donghyuck, encogiéndose de hombros. En la penumbra, no es fácil ver el brillo perverso de sus ojos, pero Mark lo hace, lo captura antes de que el moreno lo esconda y el vientre se le hace nudos mientras espera lo demás—. Me gustabas tanto entonces. —Añade, y vuelve a acomodarse entre las piernas de Mark, besando recatadamente la punta de su pene, apenas un roce de labios.
Mark quiere preguntar, pero las palabras mueren en su garganta de solo ver el lascivo espectáculo que Donghyuck le está ofreciendo, abriendo los labios y dejando que su lengua salga para atrapar una gota de pre-semen. Y de todas formas, ¿qué se supone debe decir en un momento como ese, después de casi diez años?
—Déjame acabar... Por favor. —pide Mark, y no es justo que sea él el único que suplique, con la boca abierta en un gemido roto cuando Donghyuck finalmente deja de jugar con su pene, y lo toma por completo en su boca.
Es apresurado, como si no tuvieran tiempo, como si estuvieran haciendo algo que no deberían hacer. Donghyuck ahueca las mejillas y chupa, húmedo y caliente, alrededor del pene de Mark hasta que éste puede ver el blanco incluso en la habitación oscura, como si acabara de amanecer y el sol invadiera la habitación. La piel le hormiguea y su sangre se agita en sus venas a medida que la presión aumenta, ardiente, como una super nova al borde de la explosión.
Termina dentro de Donghyuck con un gemido ahogado, tosco, mientras sus manos jalan las hebras humedas del cabello ajeno, para mantenerlo ahí, donde lo necesita.
El cansancio lo golpea de una vez, incluso si no ha hecho nada, Mark cae de espaldas, completamente agotado y palmea el lado del colchón junto a él.
—Ven aquí.
La cara de Donghyuck aparece a su lado, con su cabello derramándose sobre las sabanas y luciendo incluso más etéreo que antes. Puede que sólo sea la mente delirante de Mark, que aún está tonto por su orgasmo, pero Donghyuck parece tan delicado así, con su piel brillando y las estrellas centelleando en sus ojos.
—¿Lo dijiste en serio? —pregunta entonces, y el moreno parece avergonzado, acercándose a él para esconder su cara en la curva entre el hombro y el cuello de Mark—. ¿Donghyuck?
—Si, parece ridículo, pero cuando supe que eras tú me sentí como un adolescente de nuevo. Pensé en dejarlo pasar, pero después decidí que no podía hacerlo, se lo debía a mi yo adolescente.
—¿Qué?
—Acostarme contigo, al menos, y si te esfuerzas, tal vez una cita mañana.
Mark se ríe, con carcajadas llenas que rebotan contra las paredes y espantan el silencio. No lo puede evitar, porque es justo como Donghyuck ha dicho, rídiculo, y tan improbable que casi parece una de esas fantasias que se inventa cuando no puede dormir.
—Trabajaré duro —dice y se inclina para besar los labios del moreno.
Terminan follando, allí mismo, a mitad de la cama, de forma primitiva y con 0 gracia. No hay tiempo para la delicadeza, no hay tiempo para los toques suaves y exploratorios a través del impaciente zumbido de la necesidad en la cabeza de Mark. Sólo hay esto: Donghyuck desnudo y de espaldas sobre la cama, con las manos de Mark enganchadas bajo sus rodillas, manteniéndolo abierto, y empujando dentro de él con una sed bestial.
Y Mark sabe que a veces puede resultar siendo un tipo raro, que no sabe desenvolverse en la mayoria de situaciones sociales y que no puede coquetear ni para salvarse a sí mismo de la extinción, pero sabe que también es bueno en esto. En el sexo. Sabe cómo hacer que alguien se sienta bien, sabe cómo sacar lentos y dolorosos orgasmos del cuerpo de su compañero. Mark folla a Donghyuck, una vez y luego dos, lo saborea con su lengua, luego con sus dedos, luego con su pene una vez más. Luego se retira y vuelve a entrar con la lengua, se come a Donghyuck como si llevara años pensando en ello. Y Donghyuck vuelve a tener razón, porque esto, se lo debe a su yo de la adolescencia.
Mark ya ha llegado al orgasmo dos veces cuando se acomodan sobre la cama, porque han estado a punto de caer al suelo, y Donghyuck lo empuja para que se apoye en el cabeza mientras él se sienta a horcajadas sobre su cuerpo, empezando a follarse a sí mismo lentamente sobre el pene de Mark.
La sensación no deja de mejorar, y cada movimiento parece nuevo, la sensibilidad se maximiza y un calor bajo se acumula en la base de su columna vertebral. Donghyuck ya parece completamente libertino, con la boca hinchada y los ojos medio cerrados, mientras se estremece y se mueve por encima de él, haciendo rodar sus caderas en suaves y coordinados movimientos. Lo cabalga durante todo el tiempo que puede, lento y duro, y luego más rápido y más fuerte, y Mark se deleita escuchando el golpeteo de la piel contra la piel, sus propios gritos de felicidad, la forma en que la respiración de Donghyuck se atrapa en su garganta cuando se corre, seguido de un grito agudo.
Mark vuelve a besarlo, aunque el moreno está demasiado ido como para corresponder apropiadamente, y se corre también, con un gruñido gutural.
Cuando por fin llegan al final, Donghyuck se duerme casi inmediatamente, una combinación de dolor y lasitud postcoital que le deja demasiado agotado para hacer mucho más acomodarse sobre la cama y arrastrar a Mark a sus brazos. Mark también se siente destrozado, pero no puede dormir, demasiado fascinado por la pacífica inconsciencia que suaviza las facciones de Donghyuck. Se siente como un acosador, de hacerlo, pero no le importa.
Entonces recuerda que nunca le dijo a Donghyuck de sus sentimientos, que él también había tenido un crush en su adolescencia en él, y se ríe para sí, no cabiendo en la realidad de lo que acaban de hacer.
Le dirá por la mañana, cuando se despierte, decide. Y lo llevará a una cita también.