Mi Mate, mi mejor amiga

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Sinopsis

Mi mejor amiga humana, Carlie Rose, ha estado colada por Daniel Bensen desde hace ya dos años. He empezado a notar cómo la mira cuando estamos en clase o cuando caminamos juntos por el pasillo. Llegué a la conclusión de que ella le gusta, pero estaba muy equivocada. Pronto me di cuenta de que no ha estado mirando a mi encantadora mejor amiga, sino a la simple y común yo. Y la razón de eso es sencilla. Él es mi mate. (También disponible en Wattpad)

Genero:
Romance
Autor/a:
Ash L. Cross
Estado:
Completado
Capítulos:
59
Rating
5.0 7 reseñas
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1: Obsesión

—¡¿A poco no está jodidamente sexy?! —chilló mi mejor amiga Carlie a mi lado.

Miré hacia allá y vi a Daniel Benson parado al final del pasillo con dos de sus amigos. Jeremy estaba a su izquierda y Lucas a su derecha.

Ella lleva colada por él desde décimo grado. Ya van dos años seguidos en lo mismo.

—¿Por qué no vas y se lo dices tú misma? —le pregunté sin ninguna gracia. Era la millonésima vez que teníamos esta conversación.

—¡No seas idiota, Lauren! —me gritó—. ¡No puedo llegar y decirle eso así como así!

—Además, ¿no crees que Jeremy está mucho más bueno? —dije con una sonrisa burlona.

Ella soltó un jadeo exagerado antes de contestar: —¿Cómo te atreves a comparar a ese ser divino con esa rata asquerosa?

—¿Qué te he dicho sobre llamar rata a la gente? —suspiré con decepción.

—... Que no lo haga —respondió como una niña a la que sus padres acaban de regañar. Y la verdad, eso era justo lo que estaba pasando.

Carlie se obsesionó con él cuando Daniel la ayudó a recoger sus libros tras tropezarse con sus propios pies. Parecía una escena de una película romántica barata, pero no han vuelto a hablar desde entonces. Ella se limita a observarlo de lejos. Pero quizás sea lo mejor. Él es un hombre lobo, así que pronto encontrará a su mate. Será duro para Carlie, pero así son las cosas. Todos los hombres lobo pueden encontrar a su pareja ideal después de cumplir los 18 años.

Hablando de mates, pronto será mi turno de encontrar al mío. Cuando era pequeña, soñaba con ese momento. Pensaba que tener un mate era lo mejor del mundo. Creía que sería como esas películas de princesas donde el príncipe la salva y viven felices para siempre. Ahora que lo pienso, me dan ganas de vomitar. Era muy ingenua en ese entonces.

—¡Lauren! ¿Qué, no oíste el timbre? ¡Vamos a clase! —gritó Carlie mientras me jalaba del brazo hacia el primer periodo.

Al entrar al salón, me senté junto a Carlie. Nos tocaba Inglés, que era de las pocas materias que me gustaban. La razón principal es que nos la pasamos leyendo casi toda la clase. Después tenemos que escribir un ensayo sobre el libro, pero como me gusta leer, no se me hace difícil.

Nuestro profesor, el Sr. Castel, empezó a hablar. Nos dio las instrucciones y luego se sentó en su escritorio a usar la computadora. Dudo que estuviera trabajando. Seguro estaba jugando o viendo porno.

Abrí mi copia de Rebelión en la granja, que era el libro que leíamos en ese momento. Teníamos que terminarlo para la próxima semana y entregar el ensayo. Seguí por donde me había quedado, en el capítulo 8. Apenas pude leer nada antes de que Carlie empezara a molestarme.

—¡Lauren! ¡Estoy súper aburrida y solo llevamos aquí como diez minutos!

Tenemos un horario de bloques, así que las clases duran unas dos horas. Los lunes y miércoles tenemos las clases impares, y los martes y jueves las pares. Luego, los viernes tenemos todas las materias y los periodos duran solo unos 50 minutos.

—¿Por qué no te pones a leer el libro en vez de quejarte? —le pregunté fastidiada.

—¡Es que no entiendo nada! ¿Por qué hablan los animales? ¿Y por qué los cerdos son los inteligentes? —me preguntó con una cara de confusión total.

—Los animales representan a la gente durante la Revolución Rusa —empecé a explicarle—. Mira, cuando...

—¡Ay, ya cállate! ¡Me vas a hacer que me duela la cabeza! ¡Por Dios, esto es clase de Inglés, no de puta Historia! —gritó ella. Estoy segura de que se escuchó en todo el salón.

Varios compañeros se voltearon a vernos, pero luego siguieron en lo suyo.

—Solo lee el maldito libro, Carlie. Si no lo haces, le voy a decir a tu mamá que vas a tronar Inglés —le dije mientras volvía a lo mío.

—¡No, no, no! ¡Por favor, no le digas! Me va a poner esa mirada suya. ¡Odio cuando hace eso! ¡Siempre me da miedo que se me eche encima y me estrangule!

—¡Entonces termina tu trabajo! ¡Por eso vas mal!

Sabía que estaba poniendo ese puchero tan tierno, pero no iba a ceder. Ya no surte efecto en mí.

He aprendido a lidiar con ella. Antes era incontrolable, pero ahora se podría decir que sé cómo calmar a la fiera. No es que le esté diciendo animal ni nada, aunque a veces se comporta como uno.

Me distraje de mis pensamientos cuando oí que susurraban mi nombre desde el fondo del salón. Miré hacia atrás y mis ojos se cruzaron con los de Daniel. El corazón me dio un vuelco al ver sus hermosos ojos azules, que tenían un tono claro muy poco común. Le quedaban perfectos con sus facciones marcadas. Tenía la mandíbula bien definida y una nariz fina sobre unos labios deliciosamente perfectos que... Espera... ¡¿Acabo de decir que es perfecto?! ¡Dios, ¿qué me pasa?!

Seguro se dio cuenta de que lo escuché, porque desvió la mirada rápido y se puso a "leer" su libro. Yo también miré hacia otro lado y fingí leer el mío.

Un rato después lo miré de reojo. Estaba mirando la nuca de Carlie, perdido en sus pensamientos... ¡¿Cómo?! ¿Se puso nervioso porque pensó que lo caché mirando a Carlie? ¿La estaba mirando a ella y no a mí? Ay, qué estúpida me siento pensando que me miraba a mí. Eso me dio un poco de tristeza, pero ignoré el sentimiento. Carlie se va a emocionar cuando le cuente que lo pillé mirándola. Se alegrará de saber que su obsesión no es tan unilateral.

***

Carlie y yo nos sentamos en nuestra mesa de siempre con los asquerosos almuerzos de la escuela. Lo juro, cada día están peor. Picoteé con mi tenedor de plástico los frijoles empaquetados, que seguro ya tenían un mes de caducados, y me dieron náuseas. Salía un olor horrible de la bolsa aunque estuviera cerrada. La hice a un lado y miré a Carlie, que se estaba comiendo sus frijoles podridos muy quitada de la pena. Ella come lo que sea. Una vez se encontró una gomita sucia y mordida en el suelo y se la comió... A veces me preocupa.

Nathan se nos unió en la mesa. Es nuestro amigo desde el año pasado. No hay mucha historia detrás: se cambió a nuestra prepa a mitad de undécimo grado. Estuvo solo los primeros días, así que lo adoptamos. Ahora es bastante popular. Está en muchos clubes y en el equipo de fútbol. Decidió quedarse con nosotras a pesar de ser popular, y me alegra que lo hiciera. A veces es divertido molestarlo. Además, es de los pocos que aguanta a Carlie. Ah, y también es humano, igual que ella.

—Hola Whoren, hola Calories —dijo él como si nada mientras se sentaba a mi lado.

—Hola Gaythan —dijimos Carlie y yo al mismo tiempo, mientras él sacaba su lonchera de la mochila.

Cuando la abrió, un olor celestial me llegó a la nariz. Carlie y yo volteamos a verlo de inmediato.

—¿Eso es...? —comencé a decir.

—¡¿La pizza casera de tu mamá?! —gritó Carlie, tan fuerte que toda la cafetería la oyó.

—Síp —dijo él muy alegre mientras le daba una mordida frente a nosotras.

A Carlie se le escapó un poco de baba que cayó en la mesa.

—Cierra la boca, Calories. Se te va a meter una verga —dijo él antes de darle otro bocado a su deliciosa pizza.

—¡Te voy a estrangular, cabrón! —gritó Carlie y se lanzó a correr tras Nathan.

Él se levantó de un salto y empezó a huir de ella. Me quedé viendo cómo se perseguían por toda la cafetería. Todo el mundo los miraba muertos de risa y algunos hasta sacaron sus teléfonos para grabarlos.

Miré el almuerzo de Nate. La pizza olía de maravilla. Y se veía increíble. Agarré la rebanada a la que él ya le había dado unas mordidas y me la terminé. Estaban tan entretenidos correteándose que ni cuenta se dieron. Luego agarré su segunda rebanada y también me la comí. Iba por la tercera y, justo cuando le iba a dar el mordisco, Carlie gritó desde el otro lado de la cafetería.

—¡Gaythan, mira! ¡La gorda de Whoren se está comiendo toda la pizza!

Los dos empezaron a correr hacia mí. Me levanté enseguida y salí huyendo, llevándome la última rebanada, por supuesto.

Salí de la cafetería mientras me comía la pizza. Al terminar el último bocado, me detuve y miré hacia atrás. Gaythan y Calories no aparecían por ningún lado. Jeje, me salí con la mía.

... O tal vez no. Oí pasos acercándose rápido. Me di la vuelta y vi a Gaythan corriendo hacia mí. Antes de que pudiera escapar, saltó sobre mí y me tacleó, tirándome al suelo. Caí de espaldas y Nate me inmovilizó.

—¡Te comiste mi pizza! —se quejó.

Estiré la mano y le di palmaditas en la cabeza.

—Ay, Gaythan. No debiste dejarme sola con tu pizza. ¿Cómo querías que me resistiera? —le dije burlona con una sonrisa en la cara.

Él me lanzó una mirada de odio y dijo: —Mañana me compras unas papas.

Oí que alguien venía corriendo desde la dirección de donde venía Nate. Carlie apareció frente a nosotros jadeando como si hubiera corrido un maratón. Se apoyó en sus rodillas para recuperar el aliento.

—Cielos, Gaythan. ¿Qué te dan de comer? Tienes unas piernas muy rápidas, amigo.

Cuando nos miró, abrió los ojos de par en par, sorprendida.

—¡Qué asco! ¡¿Los acabo de interrumpir mientras se daban los fajes?!

—¡¿Qué?! ¡No! —dije mientras empujaba a Nate y me sentaba junto a él.

El corazón casi se me detiene al ver a Daniel caminando por el pasillo con sus amigos. No me quita los ojos de encima mientras avanza, clavándome la mirada todo el tiempo. Parecía que quería matar a alguien. Muy probablemente a mí.

¿Estaba enojado porque descubrí que le gusta Carlie? Miré a sus amigos; Jeremy tenía una sonrisa burlona y Lucas le daba palmaditas en la espalda a Daniel.

Todos nos quedamos callados mientras pasaban, incluso Nathan. Cuando por fin salieron del pasillo, todos suspiramos soltando el aire que teníamos retenido.

Nate se levantó y me tendió la mano para ayudarme. La tomé y me puso de pie.

—¿Por qué te miraba como si quisiera asesinarte? —preguntó Nate confundido.

—Probablemente porque sé algo que él no quiere que sepa —respondí mientras miraba a Carlie.

Ella seguía mirando hacia la salida por donde se fueron, como si esperara que él regresara.

—¡¿Qué?! ¡¿En serio?! ¡Cuéntanos! —dijo Nate emocionado, listo para el chisme.

—Bueno... Lo pillé mirando a Carlie durante la primera clase —dije.

Carlie volteó a verme de golpe. Sus ojos mostraban una mezcla de sorpresa, incredulidad y felicidad.

—¡No puede ser! ¡¿Es en serio?! —gritó mientras corría hacia mí y me agarraba por los hombros.

Asentí y ella chilló de alegría. Mi loba Alex se puso feliz de ver a Carlie tan contenta, pero al mismo tiempo sentía algo de tristeza. No sabía bien por qué, pero decidí no preguntarle. Probablemente ella tampoco lo sabía.

Sonó el timbre y corrimos de vuelta a la cafetería a recoger nuestras cosas antes de separarnos a regañadientes. Excepto Nate y yo, que teníamos Historia juntos. Me fijé en lo animada que estaba Carlie. Debía de estar feliz sabiendo que Daniel la observaba en secreto... Aunque, pensándolo bien, eso suena un poco acosador.

Me preparé mentalmente para Historia antes de entrar al salón con Nate. Iban a ser dos horas muy largas.

***

Sonó el timbre y todo el mundo salió disparado antes de que el Sr. Jenel pudiera decir: "El timbre no los despide, los despido yo".

Nate y yo nos encontramos con Carlie afuera. Fuimos al estacionamiento, donde estaban sus autos. Yo me fui con Carlie porque vivimos a unas cuantas casas de distancia, mientras que Nate vive al otro lado de la ciudad.

Nos despedimos de Nate y nos subimos al auto de Carlie. Jeje, el auto de Carlie. ¿No suena raro?

Tras diez minutos de camino con música a todo volumen y una cantada horrible, llegamos a mi casa. Carlie se orilló y yo me bajé, cerrando la puerta tras de mí.

—Adiós, Carlie. Nos vemos mañana —le dije despidiéndome con la mano.

—Nos vemos, Whoren —dijo ella y arrancó.

Me di la vuelta para entrar a mi casa. Enseguida sentí una inquietud y una ansiedad horribles. Alex gruñó con rabia al recordar por lo que teníamos que pasar todos los días.

Entré a la casa sin ganas y me recibió un Rafael borracho. Mis padres murieron cuando yo tenía 11 años. Quedé a su cargo porque todos pensaron que era el más indicado para cuidarme. Y en ese entonces yo estuve de acuerdo. Rafael era el hermano adoptivo de mi mamá. Siempre era amable conmigo y jugaba conmigo, incluso si yo quería jugar a las muñecas. Siempre que me raspaba una rodilla o lloraba porque me caía, me compraba un helado y buscaba cómo hacerme reír. Era joven cuando empezó a cuidarme, solo tenía 21 años. Pero después de que su mate lo rechazara cuando él tenía 23, empezó a portarse de forma fría. A la gente le sorprendió que sobreviviera al rechazo de su mate, pero yo sé que él hubiera preferido no hacerlo.

En cuanto cerré la puerta principal, empezó a gritar.

—¡¿Dónde chingados has estado?! ¡Necesito que vengas a limpiar los vidrios rotos de la cocina!

—¡No soy tu puta sirvienta! ¡Limpia tu propio desmadre, imbécil! —grité, sintiendo que ya me estaba hirviendo la sangre.

—¡¿Qué carajos me acabas de decir?!

Empezó a correr hacia mí. Subí las escaleras volando y me encerré en mi cuarto, muerta de miedo por lo que pudiera hacerme esta vez. Di un portazo y eché la llave.

—¡Abre esta puerta ahora mismo, perra! —ordenó mientras golpeaba la madera.

Después de un rato se rindió y lo oí bajar las escaleras muy enojado. Suspiré aliviada y me dejé caer en la cama.

Él ha convertido mi vida en un infierno. Lo odio tanto que no creo que nada en el mundo me haga perdonarlo.