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Advertencia: Esta historia contiene lenguaje explícito, escenas sexualmente explícitas, violencia, y situaciones que pueden no ser moralmente correctas, destinado únicamente a lectores mayores de 18 años, si buscas una historia ligera o políticamente correcta, este no es tu lugar.
—Quiero que me mires mientras te penetro, no te atrevas a morder tus labios, Mia, mi deseo de oírte gemir es más fuerte que mi necesidad de respirar —su pecho subía y bajaba con violencia.
Mi respiración se agitó, pero no permití que ella lo notara, no lo haría, el control siempre fue mío, y, por mucho que estuviera ansioso por hundirme en su interior, esperaría un poco, solo hasta ver que ella se rindió ante mí tal y como quiero, solo hasta entonces, ella podría sentir a través de mi cuerpo lo mucho que mi mente la ha deseado durante tantos años.
—Kook... —susurro, y no pude evitar maldecirme internamente al sentir mi pecho tenso, joder... Un maldito susurro y ya estaba a punto de perder el control.
—Es mejor que no hables, Mia, si lo haces, mi razonamiento se perderá —susurré— prometí ser suave la primera vez, no lo arruines... —sonreí, mientras su cuerpo se arqueaba— no me interesa escuchar nada más que tus gemidos... Escuchaste, si algo más sale de ahí, todo se ira al carajo, ¿eso quieres?
Pregunte, mientras mis dedos hacían un recorrido por su cuerpo tenso, deseoso por mí, cerré los ojos unos segundos, solo lo suficiente para recuperar la compostura, al abrirlos, sentí mis pupilas dilatadas, gruñí ante la vista que me regalaba.
—¿Te gusta esto, Mia? ¿te gusta estar encima de mis sábanas? en segundos estarás debajo, y no necesariamente hablo solo de las sabanas...
𝑪𝒐𝒏𝒕𝒊𝒏𝒖𝒂𝒓𝒂́...