Cuna de Acero, Tumba de Rosas

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Sinopsis

​El Don que Quebró el Silencio de Ferro ​Liora de Lys es la última esperanza de un reino. Su matrimonio con el paranoico Rey Aric de Ferro no es amor, es la única tregua que evita la guerra total. Para asegurar su obediencia, Aric la pone bajo la vigilancia de su Ejecutor más letal: Zane 'El Silencio', el hombre que vive y respira la lealtad de la sombra. ​En la corte sombría de Ferro, Liora es una cautiva de la diplomacia, pero lleva un secreto mucho más peligroso que cualquier conspiración: el poder de la Resonancia del Corazón. Un don psíquico de su linaje que expone la verdad emocional de quien la rodea y, lo que es peor, quebranta la magia de Acero sobre la que se asienta el reino de Aric. ​El juego de poder se convierte en una peligrosa intimidad cuando Zane, el hombre entrenado para no sentir, descubre que el poder de Liora lo obliga a experimentar cada emoción humana que ella siente. Él es su captor, pero ella es su única paz. ​Prometida a la tiranía y deseada por la sombra, Liora debe elegir: ​El Deber: Casarse y asegurar una paz falsa a costa de su alma. ​La Traición: Rendirse al hombre que jura proteger al Rey que ella debe destruir, arriesgando una guerra que consumirá ambos reinos. ​El acero puede forjar un reino, pero el corazón puede derrumbarlo todo.

Genero:
Romance
Autor/a:
AnyaBoock
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prefacio - La marca del hacha y la rosa


El mensajero de Ferro llegó con la brusquedad habitual del Norte, su aliento helado en cada palabra. No traía una súplica, sino una orden envuelta en papel de pergamino grueso y un sello de cera negra con el blasón del hacha. Una invitación. O mejor dicho, una sentencia.

“La Princesa Liora de Lys,” leyó el heraldo con voz resonante, “es cordialmente invitada a la corte del Rey Aric para la consumación de la Alianza y la celebración de su sagrado matrimonio.”

sagrado

Mis dedos se crisparon sobre el delicado encaje de mi vestido de Lys. Los ancianos del Senado de las Rosas asintieron con resignación. La paz, me recordaron, siempre tiene un precio. Y ese precio era yo. Mi hogar, mi libertad, mi propio corazón, todo destinado a ser sacrificado en el altar de un rey que solo conocía el miedo y el acero. Sentí la primera punzada de la Resonancia, un temblor en mi pecho. No por el miedo a lo desconocido, sino por la verdad ineludible que susurraba en mi interior: este no era el principio de una unión, sino el inicio de una guerra. Una guerra silenciosa, librada en los pasillos de un castillo sombrío, contra un rey paranoico y un guardián de ojos oscuros que prometía ser tanto mi protector como mi final.

La invitación estaba hecha. Y yo no tenía más remedio que aceptar.