01
El ascensor todavía olía a alcohol cuando supe que estaba en problemas. Problemas con traje caro, perfume de diseñador y la voz de mi jefe diciéndome al oído:
-Mueve el culo más rápido, Felix.
Lo obedecí sin pensar, torpe, medio riéndome, medio jadeando. Para cuando la puerta del apartamento se abrió, ya teníamos la boca pegada y la ropa medio desordenada. Tropezamos contra el marco, casi me caigo, pero sus manos me atraparon la cintura y me estampó de espaldas al mueble. El golpe me sacó el aire, y su lengua me lo volvió a robar.
-Joder... -solté entre risas, empujando su pecho, borracho y caliente-. Señor Hwang... nos vamos a matar.
-Shhh -gruñó, tirando su corbata y abriendo los botones de mi camisa con la impaciencia de alguien que no sabe lo que es la paciencia-. Solo quiero oírte.
Me reí otra vez, nervioso. “Qué mierda estoy haciendo con mi jefe. Qué mierda estoy haciendo con mi jefe Alfa. Qué mierda estoy haciendo con MI JEFE.” Pero mi cuerpo ya estaba perdido, temblando con sus feromonas.
El aire era pesado, cargado de ese olor a dominación que me hacía arquear la espalda como un idiota.
Su boca se pegó a mi cuello, aspiró fuerte y soltó un sonido gutural.
-Hueles demasiado dulce... -murmuró, pegado a mi piel-. Estás soltando feromonas por mí, omega.
Se me escapó un gemido asfixiado. Sus manos abrieron mi camisa de golpe, los botones volaron y yo quedé desnudo de torso, con el pecho subiendo y bajando como si hubiera corrido una maratón.
-Mírate... -me recorrió con los ojos oscuros, su mano grande apretando mi cintura-. ¿Así es como te presentas frente a tu jefe? Temblando, todo ansioso, listo para perder el control.
-Cállate... -murmuré, ardiendo, sintiendo cómo el calor se me acumulaba entre las piernas. Pero la borrachera era tan grande que no entendía ni qué decía.
-Hazme callar con tu boca, entonces.
Me devoró. No fue un beso: fue una maldita invasión. Su lengua forzó la entrada, me mordió el labio inferior y yo me dejé llevar, medio riéndome, medio gimiendo. Cuando logré soltarlo para respirar, él ya estaba desabrochando mi pantalón con una rapidez que daba miedo.
-Señor Hwang... -dije entre jadeos, con los ojos vidriosos-. Estamos borrachos.
-Y encendidos. No te hagas el inocente.
Su mano se coló por debajo de mi ropa y el roce me dobló la espalda con un jadeo roto.
Mis uñas se clavaron en su hombro. Mi cabeza gritaba “¡contrato laboral, despido, demandas!“, pero mi cuerpo solo decía “más”.
-Mierda... -gemí, girando la cara contra el respaldo del sofá-. No deberíamos.
-No deberíamos, pero lo vas a dejar pasar. -Me besó detrás de la oreja y apretó más fuerte-. Te voy a llevar al límite hasta que olvides dónde estás.
-Quién diría que mi jefe es un pervertido.
-Lo soy, pero solo contigo. Soy tu Alfa. -Su voz se volvió grave, tan gruesa que me retumbó en la piel-. Y tú mi omega... mi empleado obediente.
Cerré los ojos, temblando. El olor era insoportable, sus feromonas se mezclaban con la mía hasta volverme loco. Todo me ardía. Sentía que mi cuerpo entero estaba rogando aunque mi boca intentara negarlo.
Me empujó contra el sofá, me abrió el espacio entre las piernas con firmeza, bajó de golpe y empezó a marcar mi piel con la boca, dejando señales que mañana iban a ser la peor reunión de mi vida.
-Mira cómo te retuerces -se rió ronco contra mi piel-. Vas a ir a la oficina recordando exactamente quién te hizo perder la cabeza.
Solté un gemido alto, desesperado. Lo odiaba, lo odiaba tanto como lo necesitaba. Mis caderas se levantaron solas, buscando más, buscando su mano otra vez.
-Por favor... -susurré, contra mi orgullo.
Él levantó la cabeza, con esa sonrisa oscura de CEO que sabe que acaba de firmar tu sentencia.
-Eso quería escuchar. Pídemelo bien, Felix.
Me mordí el labio hasta hacerlo arder, mis ojos nublados por el alcohol y el calor.
-Señor Hwang... no me hagas decirlo.
-Lo vas a decir, porque tu cuerpo ya lo está gritando. -Me bajó el pantalón de un tirón, dejándome expuesto, jadeando, temblando-. Estás temblando para mí. Y voy a hacerte mío esta noche, justo como querías.
Su tono era tan dominante, tan absoluto, que me quedé sin fuerzas para discutir. Su boca descendió y mi mente se convirtió en ruido; jadeos, susurros, el sofá crujiendo y mi dignidad saltando por la ventana.
-Joder, joder... Hyunjin...
-Eso es... di mi nombre. Otra vez.
-Hyunjin... -escapé, borracho de calor, con las piernas temblando.
Él se rió contra mi piel.
-Así me gusta, muñeco.
Cuando volvió a subir, se relamió los labios y me abrió más el espacio con una brusquedad que me dejó entero temblando. El aire estaba cargado de deseo, whisky y feromonas. Todo me ardía. Mi corazón golpeaba como loco. Él se acomodó encima, su respiración chocando con la mía, sus ojos oscuros devorándome.
¿Pero cómo carajos llegué aquí...?
...
¿Alguna vez has dicho “no voy a salir” y terminas semidesnudo con la corbata de tu jefe enredada en el cuello? Bueno. Yo sí.
Todo comenzó con un “vamos, solo una copa”. Y mi estúpido cerebro dijo “una copa no mata a nadie”. Spoiler: sí mata. Mata tu dignidad, tu sobriedad, y tus pantalones también.
Ese día, el señor Hwang -mi jefe, el CEO, el Alfa más sexy y peligroso que pude haber conocido, mi sueño más húmedo- nos había invitado a celebrar el cierre de un contrato que, según él, “definiría el futuro de la empresa”. Yo pensé que nos iba a dar una canasta de frutas o una camiseta con el logo. Pero no. El hombre alquiló todo un bar de lujo, trajo DJ, barra libre y hasta un violinista que nadie pidió pero todos grabaron para subir historias fingiendo ser sofisticados.
Yo, como persona con ansiedad social y un historial de meter la pata cada vez que tomo más de dos tragos, había decidido no ir. Lo juro. Me había bañado, sí, pero solo porque mi mamá me enseñó a no vivir en la mugre. Me iba a quedar en cama, viendo dramas y fingiendo que tenía gastritis emocional.
Pero claro. Jisung.
Ese hijo de su bendita madre apareció en mi puerta vestido como si fuera a presentarse en La Voz, y me apuntó con el dedo como policía del deseo.
Lo repito: yo no quería ir. Pero ahí estaba Jisung, aplaudiéndome como si fuera mi manager personal.
-Apúrate, perra, que no pienso llegar tarde a la fiesta de un CEO millonario por tu cara de amargado.
-Vete solo, no me importa.
-¿Estás pendejo? ¡Es barra libre! Whisky, tequila, champaña... ¡de todo, gratis!
-No quiero.
-¿Y si el jefe se quita la camisa?
-...
-Ya te vi, zorra, te brillaron los ojos. Vamos, cabrón, ponte esa camisa apretada.
-No voy -dije, fingiendo estar decidido, abrazándome la almohada-. Quiero dormir y fingir que no existo.
-¿Dormir? -Jisung me miró como si hubiera dicho “quiero comer yeso”-. Cerramos el contrato más cabrón del trimestre y tú quieres... ¿siesta? No, mijito. Hoy brillas o te brillo a cachetadas.
-Me conozco, Sung. Dos tragos y termino hablando de filosofía con un ficus.
-Pues el ficus te va a aplaudir, amor. Ponte esa camisa negra que te deja cintura de avispa y cállate.
Suspiré como dama de melodrama. Me duché, me peiné con algo de agua bendita (o gel, no sé), y me puse la camisa que-seamos honestos-era un pecado venial. “Una hora y me regreso”, me prometí. (Narrador: no se regresó).
...
Kronos era ese bar carísimo que huele a billetes planchados. Luces de neón, sofás de terciopelo, meseros con bandejas que brillaban, y compañeros de trabajo que jamás había visto sonreír, sonriendo demasiado. Un DJ movía la cabeza como si estuviera curando traumas familiares con bajos profundos. Yo me pegué a la barra a un metro prudente, planeando sobrevivir con agua con gas.
-Para él, doble -dijo Jisung, pasando su tarjeta de membresía con una sonrisa de tiburón.
-No, Sung, yo...
-Cállate y brinda -me plantó el vaso en la mano-. Por no renunciar este mes.
Brindamos. El primer trago resbaló. Estaba rico, engañoso, como promesa de “no va a pasar nada”. El segundo llegó sin mi consentimiento. El tercero lo trajo un compañero que jamás me saluda, diciendo “por el equipo”. El cuarto... ya no me acuerdo quién lo ordenó. Solo sé que, en algún punto, mi estómago estaba bailando salsa y mi corazón hacía coreografías de K-pop.
El murmullo se hizo silencio un segundo y, sin ver, lo supe: entró el jefe. Ese silencio respetuoso que provocan los meteoritos y los alfas con tarjeta de acceso a todos los pisos.
Lo miré. No quería, pero lo miré. Hyunjin: traje oscuro, camisa con un botón rebelde suelto, la corbata ausente como si hubiera tenido una conversación privada con ella. No sonrió. Asintió. Dijo unas palabras que debieron ser “gracias por su trabajo” y, en mi cabeza borracha, sonaron a “obedéceme y ya”.
Brindamos otra vez. (Qué manía).
-Vamos a bailar -me anunció Jisung, agarrándome de la muñeca.
-No sé si puedo con mis rodillas.
-Puedes con tu rabadilla, que es lo importante -y me empujó a la pista.
La música subió el volumen y, con ella, mi estupidez. Empecé tímido, moviendo hombros. Jisung me gritó “¡más cadera, mija!” y yo pensé “pues más cadera”. El cuerpo soltó el freno de mano; la camisa rozó mi piel con descaro; el bajo me metió electricidad en los talones. “Esto está bien”, me mentí. “Estoy bailando nomás”.
Y entonces la sentí. Esa mirada que no suena, pero pesa. Me giré como quien no quiere la cosa (quería muchísimo) y choqué con dos ojos oscuros apoyados en el borde de la zona VIP. El señor Hwang. Estaba inclinado, copa en mano, observando con paciencia de cirujano o depredador con diploma. No era sonrisa, no era enojo: era decisión.
Se me tensó la espalda. Mis manos subieron sin permiso a abrocharme un botón inexistente. El cerebro gritó “¡huye!“, pero el whisky dijo “¿huir? qué vergüenza, baila”.
Bailé.
No “bien”. Me bailé. Dejé que mis manos trazaran mi cintura como si estuviera repasando un mapa; moví la cadera con el tipo de convicción que da el autoengaño; cerré los ojos un segundo para no morirme de la vergüenza y, cuando los abrí, ya lo tenía detrás.
No habló. No saludó. Solo me tomó de las caderas. Con firmeza. Como si hubiera firmado un acta invisible que decía “esto es mío por los próximos cuatro minutos”.
La fuerza de sus dedos me llegó directo a la columna. El calor me subió por la nuca. Su pecho, sólido, se pegó a mi espalda y el bajo hizo el resto. Él marcó el ritmo con las manos; yo seguí porque mi cuerpo traiciona más que mi boca en reuniones.
“Está pasando. Está pasando. ¡Está pasando!“-mi cabeza era una sirena de ambulancia. “Tranquilo, respira. Eres un profesional. Deja de pensar en su olor. No pienses en su olor. ¡NO PIENSES EN-mierda.”
Su olor me envolvió como un cuarto cerrado: limpio, cálido, con ese filo de un alfa que mete orden a los pensamientos y desorden al pulso.
Hyunjin seguía ahí, silencioso, dictando las instrucciones con la presión en mis caderas. Mi espalda lo reconoció; mi cuello se inclinó sin que yo autorizara nada. Un tirón suave me colocó justo donde él quería, y el mundo se redujo a dos compases: acercar y volver.
Yo ya estaba perdido. El whisky me recorría las venas como gasolina y su cuerpo era la chispa. Nadie nos veía. Todos estaban demasiado borrachos, demasiado ocupados con sus tragos, sus risas, sus propias ganas. Y yo... yo solo podía pensar en él.
En el Alfa detrás de mí.
En sus manos firmes en mis caderas, pegándome contra él como si su maldita vida dependiera de eso. No me habló. No me preguntó. Solo se acercó y me tomó. Me sostuvo fuerte. Me bailó como si el mundo fuera su pista y yo, su puto trofeo.
Mi espalda contra su pecho. Su respiración caliente rozando mi oreja.
Y yo... Yo no hice nada para detenerlo. No podía. No quería. Porque, joder, yo también lo deseaba.
Mi jefe.
Mi Alfa.
El cabrón que me había gritado esa misma semana por entregar mal un informe. Ahora tenía sus dedos hundidos en mi cintura, y yo estaba con el pulso disparado, pensando cosas que no debía pensar.
La música retumbaba. Las luces eran flashes que iban y venían, y entre esos destellos, él y yo. Pegados. Sin palabras. Con demasiada intención en cada movimiento.
Mi cabeza decía “basta”.
Mi cuerpo dijo “más”.
Y él, él solo apretaba más. Más cerca. Más fuerte.
Sus manos subieron por mis costados. Su nariz se hundió en mi cuello. Y sus feromonas me golpearon como un ladrillazo en el pecho. Espesas. Salvajes. Un Alfa en su estado más puro.
Mi lobo reaccionó al instante.
Mi cuerpo temblaba entero. Yo era un Omega a punto de quebrarse, y su olor... su olor me volvió loco.
Lo jalé. No recuerdo cómo.
Solo sé que, en un segundo, estábamos en la zona VIP.
La cortina se cerró. La música se apagó.
Y el silencio entre nosotros gritaba. La habitación era pequeña, con luces tenues, un sofá de cuero, y un aire caliente que no venía del clima.
Me empujó contra la pared. Mi espalda chocó con fuerza. Y su boca... Su boca se apoderó de la mía como si me hubiese estado esperando desde siempre.
Nos besamos con desesperación.
Como si tuviéramos que comernos a besos o íbamos a morir. Sus manos se deslizaron bajo mi camisa, tocando piel. Yo gemí. Bajito, roto, desesperado.
-Mierda... -jadeé-. Señor Hwang...
-¿Dime? -gruñó, apretándome más contra él.
-Te quiero. Quiero esto. Quiero... más.
No fue un “te quiero” romántico. Fue un “te quiero” de urgencia. De cuerpo, de deseo, de desesperación. Y él lo entendió.
Me dejé caer sobre él, en su regazo, con la respiración hecha trizas. Su mano se cerró en mis muslos como si estuviera tratando de no romperme... o de no romperse él.
-Joder... eres adictivo -escupió, con la voz grave, temblando.
-Y tú me estás volviendo loco -me reí, jadeando contra su oído-. Te necesito... ahora.
Se levantó de golpe, cargándome en brazos.
Yo me aferré a su cuello.
Ni siquiera recuerdo salir del bar.
Solo el calor.
El deseo. Su olor. Y cuando parpadeé... estaba en su apartamento. Contra la puerta. Con su cuerpo entre mis piernas. Con mi lengua en su boca. Y las ganas a punto de estallar.
...
Felix nunca pensó que una fiesta de celebración terminaría así: borracho, besando a su jefe y... despertando desnudo en su sofá.
Intentó olvidar lo que pasó esa noche. Pero semanas después, las dos rayitas en la prueba lo hicieron entrar en pánico.
Está embarazado. Y el padre es nada menos que Hyunjin, el CEO más arrogante y sexy que existe. Dónde por culpa de una noche de borrachera Felix termina embarazado de su jefe.
𝐀𝐃𝐕𝐄𝐑𝐓𝐄𝐍𝐂𝐈𝐀↞
⇥ 𝑆𝑚𝑢𝑡 17+
⇥ 𝐻𝑖𝑠𝑡𝑜𝑟𝑖𝑎 𝑜𝑟𝑖𝑔𝑖𝑛𝑎𝑙.
⇥ 𝐶𝑜𝑛𝑡𝑒𝑛𝑖𝑑𝑜 ℎ𝑜𝑚𝑜𝑠𝑒𝑥𝑢𝑎𝑙.
⇥ 𝐻𝑤𝑎𝑛𝑔 𝐻𝑦𝑢𝑛𝐽𝑖𝑛 ∫ 𝖳𝗈𝗉⇥⍭
⇥ 𝐿𝑒𝑒 𝐹𝑒𝑙𝑖𝑥 ∫ 𝖡𝗈𝗍𝗍𝗈𝗇⇥⍭
⇥ 𝑀𝑒𝑛𝑐𝑖𝑜𝑛 𝑑𝑒 𝑀-𝑃𝑟𝑒𝑔.
⇥ 𝐿𝑒𝑛𝑔𝑢𝑎𝑗𝑒 𝑂𝑏𝑠𝑐𝑒𝑛𝑜.
⇥ 𝐴𝑑𝑎𝑝𝑡𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑚𝑖 𝑝𝑒𝑟𝑚𝑖𝑠𝑜.
No planeo dañar la imagen de ningún Idol mencionado. Si esta historia no es de tu agrado no la leas y evita dejar malos comentarios o denunciarla. ♡
....
Quedé JAJAJAJAJAJAJAJ 🕴️









aaah al fin encontré tu cuenta 😭😭😭
te amooo lisa
venimos de whatpad solo por ti