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El cuarto estaba tenuemente iluminado por la luz cálida de una lámpara baja, proyectando sombras suaves sobre las paredes de tonos crema. El ambiente olía a deseo puro, intenso y embriagador. El aroma dulce y fresco de Taehyung, ese toque inconfundible a fresas maduras que emanaba de su piel gracias a las cremas hidratantes y el perfume que siempre usaba, se entretejía con el olor más profundo y masculino de Jungkook: una mezcla de madera cálida, notas ahumadas de cedro y un fondo sutil de cuero y especias, como si su esencia natural se hubiera intensificado con el calor del momento.
El aroma de ambos había comenzado a mezclarse, a formar una esencia única que se apoderaba del aire y del pulso acelerado de Taehyung.
Jungkook lo miraba desde el borde de la cama, con los labios entreabiertos, conteniendo el aliento. Taehyung salió del baño con las mejillas sonrojadas y el corazón desbocado. Llevaba la lencería que Jimin, su mejor amigo, le había recomendado con picardía: un conjunto delicado de encaje negro con transparencias, medias sujetas a un liguero delgado que abrazaba sus caderas femeninas con perfección. Su cuerpo de doncel resaltaba hermoso bajo la tela. Sus pechos suaves estaban apenas cubiertos, y entre sus piernas, la tela de encaje ocultaba con timidez la humedad que delataba su deseo.
—¿Te gusta...? —preguntó con voz baja, caminando lentamente hacia Jungkook.
El pelinegro tragó saliva con fuerza. Sus ojos estaban oscuros, completamente dilatados. Se puso de pie, caminando hasta él, como si cada paso fuera dirigido por su instinto.
—No tienes idea de lo hermoso que eres… —murmuró con voz grave, tomándole la cintura.
Los labios de Jungkook encontraron los de Taehyung con una mezcla de urgencia y ternura. Lo besó como si lo necesitara para vivir, sus lenguas rozándose, bailando entre jadeos suaves. Las manos de Jungkook acariciaban la espalda desnuda de Taehyung, bajando por la curva de su cadera hasta apretar suavemente sus glúteos.
—Estás temblando —susurró Jungkook al separarse unos milímetros, respirando sobre sus labios.
—Te deseo tanto… quiero sentirte, Jungkook.
El pelinegro lo cargó con facilidad, llevándolo hasta la cama, donde lo recostó con delicadeza. Taehyung abrió las piernas, dejando que su pareja se acomodara entre ellas, y al sentir el peso del cuerpo de su novio encima, su piel se erizó.
Jungkook comenzó a besar su cuello, bajando lentamente por su clavícula mientras sus manos exploraban. Lamió uno de sus pezones a través del encaje, luego bajó la tela y lo atrapó entre sus labios, succionándolo con hambre. Taehyung gimió bajo él, arqueando la espalda.
—Kook… me haces… ah… sentir muy ......bien...—
Jungkook bajó más, quitando la lencería con cuidado hasta dejarlo completamente desnudo. Frente a sus ojos, la vulva húmeda de Taehyung palpitaba, sus labios inferiores abiertos, brillantes de deseo.
El pelinegro se acomodó entre sus piernas, y con un gemido bajo, comenzó a lamer. Su lengua rozó la entrada cálida de Taehyung con lentitud, saboreando cada parte de su centro. Lo besaba como si fuera un manjar, succionando su clítoris, hundiendo la lengua dentro de él.
—¡Ah, Jun‐gkook! —gimió Taehyung, retorciéndose bajo sus caricias.
Cuando Jungkook sintió que su pareja estaba temblando de tanto placer, se separó, desabrochando su cinturón con rapidez. Su miembro, grueso y erecto, palpitaba al liberarse. Lo frotó contra la entrada de Taehyung, quien ya lo miraba con los ojos nublados de lujuria.
—¿Puedo...? —preguntó Jungkook con su voz ronca cargada de deseo.
Taehyung asintió de inmediato, extendiendo las piernas.
El pelinegro se empujó lentamente dentro de él, sintiendo la calidez húmeda envolverlo con perfección. Ambos gimieron al mismo tiempo.
El ritmo comenzó suave, lento, como una danza íntima. Sus caderas chocaban con un sonido húmedo y suave, sus pieles enredadas. Jungkook entraba y salía con fuerza medida, besándolo entre embestida y embestida, acariciando su vientre, jugando con sus pechos, susurrándole cuánto lo amaba.
—Eres mío, Taehyung… solo mío.
—Solo tuyo… hazme tuyo, Jungkook… toda la noche…
El ritmo se intensificó. Las embestidas se volvieron más profundas, más salvajes. Taehyung gemía con libertad, dejando que su cuerpo expresara cada sacudida de placer. Sentía que su vientre se llenaba con cada estocada, que su corazón latía en sincronía con el de Jungkook.
Y cuando alcanzaron el clímax juntos, gritaron sus nombres al unísono, derrumbándose entre sudor, suspiros y caricias temblorosas.
Jungkook no salió de él de inmediato. Se mantuvo dentro, abrazándolo, respirando su aroma a fresas que lo volvía loco, besando su frente con devoción.
—Quiero darte una familia… si tú quieres —susurró.
Taehyung sonrió, con los ojos brillosos.
—Lo quiero todo contigo, Jungkook.

La habitación permanecía en penumbra. El aroma de ambos —mezcla de testosterona y fresas — se había vuelto más denso, más erótico, saturando las paredes, las sábanas, sus pieles. Taehyung yacía con las mejillas sonrojadas, su cabello claro desordenado sobre la almohada, el cuerpo aún estremecido por el orgasmo anterior. Y a pesar del cansancio, una chispa latente brillaba en sus ojos almendrados.
Jungkook aún estaba dentro de él, su miembro palpitante y húmedo envuelto por las paredes cálidas y suaves de Taehyung, que lo apretaban como si no quisieran dejarlo ir.
El pelinegro no se movió al principio. Solo lo miró.
—No quiero salir de ti… jamás —murmuró contra sus labios.
Taehyung sonrió con dulzura, acariciándole el rostro con ternura.
—Entonces quédate… y vuelve a hacerme tuyo.
Las palabras encendieron de nuevo la chispa. Jungkook le lamió la clavícula, y sin salir de su interior, comenzó a mover las caderas con lentitud. Su erección aún firme se deslizaba con facilidad dentro del centro húmedo del doncel, provocando un sonido sucio, mojado, que se mezclaba con los jadeos cada vez más agudos de Taehyung.
—Estás tan apretado… tan caliente…
—Mmm… Jungkook… más fuerte…
El pelinegro lo obedeció. Sujetó las caderas del doncel con firmeza, levantándole ligeramente la pelvis, inclinando el ángulo para entrar más profundo. Taehyung gritó cuando lo sintió golpear ese punto especial que lo hacía ver estrellas.
—¡Ah… ahí! ¡Kook… justo ahí!
Jungkook lo embistió con más fuerza. Las embestidas se volvieron rítmicas, salvajes, húmedas. El sonido de la piel chocando contra la piel llenaba la habitación. Sus pechos rebotaban con cada movimiento, sus pezones duros y sensibles. Jungkook se inclinó para atraparlos entre sus labios de nuevo, chupándolos con fuerza mientras seguía empujando dentro de él sin descanso.
El doncel temblaba, agarrado a las sábanas, su cuerpo sacudido por olas de placer incontrolables.
—Mírame, bebé… —susurró Jungkook, jadeando mientras embestía sin piedad—. Quiero ver tu cara cuando te corras otra vez por mí.
Taehyung obedeció. Lo miró con los labios entreabiertos, los ojos vidriosos, el rostro completamente entregado al deseo. Jungkook no paró. Sus embestidas se hicieron más rápidas, más crudas, más profundas. Sentía el vientre de su pareja temblar bajo sus manos. Sabía que estaba al borde.
Entonces, lo llevó al límite.
Metió una mano entre sus cuerpos y comenzó a frotar con ritmo el clítoris hinchado del doncel, combinando el roce con sus embestidas rápidas y sucias. Taehyung gritó fuerte, su cuerpo arqueado, las piernas temblorosas, mientras su orgasmo lo golpeaba como una tormenta.
Sus paredes internas se contrajeron con fuerza, apretando el miembro de su novio hasta casi hacerlo venirse de inmediato.
Pero Jungkook resistió.
—No he terminado contigo, mi amor —murmuró, sacando su miembro lentamente, cubierto de jugos, para darle la vuelta al doncel—. Quiero verte desde atrás ahora.
Taehyung se dejó mover, respirando entrecortado. Se acomodó a cuatro patas, la espalda arqueada, el trasero elevado, sus muslos aún temblando por el clímax anterior. Jungkook se colocó detrás de él, pasando una mano por su espalda, bajando hasta acariciar la entrada empapada de su pareja.
Sin más palabras, volvió a empujarse dentro, esta vez de una sola estocada que arrancó un grito agudo al doncel.
—¡J-Jungkook…!
El nuevo ángulo le permitía entrar más profundo. Más duro. Sus caderas chocaban con las nalgas suaves del doncel, creando un sonido húmedo, frenético, desesperado. Plap plap plap
Taehyung lloraba de placer, los dedos clavados en las sábanas.
—Voy a llenarte… quiero verte con mi esencia chorreando por tus muslos, Tae… —gruñó Jungkook, perdiéndose en el instinto.
—Sí… sí… dentro… ¡dentro, por favor! —rogó Taehyung, sin pudor alguno.
El orgasmo lo atrapó sin aviso. Jungkook gruñó profundo, hundiéndose hasta el fondo, su vientre pegado al de él, mientras se corría dentro del doncel, llenándolo con su semen caliente. Sentía cómo sus paredes lo ordeñaban, recibiendo cada gota de su esencia.
Permaneció ahí, respirando contra su espalda, jadeando. Taehyung colapsó sobre la cama, aún temblando, con las piernas abiertas, el cuerpo marcado de amor y sudor.
Jungkook se recostó junto a él, envolviéndolo en sus brazos, sin dejar de acariciar su vientre plano y sensible, ya imaginando la posibilidad de formar algo más.
—Te amo, Taehyung —susurró contra su cuello.
—Y yo a ti… me hiciste sentir tan… tan amado.
Se besaron una vez más. Lento. Profundo. Sin prisa. El mundo se detuvo para ellos esa noche, y la oscuridad de la habitación se volvió hogar entre sus cuerpos entrelazados.

El reloj marcaba las 3:17 AM.
Y aun así, ninguno de los dos pensaba dormir.
El cuerpo de Taehyung seguía temblando levemente mientras descansaba sobre el pecho de Jungkook, los muslos empapados de su semilla, los labios hinchados, la respiración agitada. Pero cuando el pelinegro lo acarició con suavidad entre los glúteos, notando cómo aún goteaba su esencia, el doncel gimió… y sus caderas se movieron solas, buscando más.
—¿Todavía quieres más, bebé? —preguntó Jungkook, con una sonrisa ladeada, la voz ronca.
Taehyung levantó la vista, sus ojos almendrados llenos de lujuria.
—No he tenido suficiente de ti… no hasta que me rompas por completo, Kook.
Fue todo lo que Jungkook necesitó para estallar. Lo giró de golpe, dejándolo boca arriba otra vez, las piernas abiertas, el interior rojo, húmedo, pidiéndolo a gritos.
—Mírate… tan sucio, tan mío… ni siquiera puedes cerrarlas —gruñó, lamiéndose los labios al ver el estado en que lo había dejado—. ¿Quieres que te marque otra vez, uh? ¿Que te folle tan fuerte que no puedas sentarte mañana?
—¡Sí! Quiero sentirte más profundo… más duro… hazme rogar, Kook… hazme llorar de placer.
El pelinegro no lo pensó. Tomó sus tobillos y los llevó hasta sus hombros, doblándolo casi por completo mientras se alineaba con su entrada nuevamente. Esta vez no fue lento. Se enterró de un solo golpe, profundo, brutal, arrancándole un gemido ahogado a Taehyung, que arañó su pecho en respuesta.
—¡S-Sí! ¡Ahhh, Jungkook…! ¡Más!
Comenzó a embestir con fuerza, sin ritmo suave. Solo brutalidad, piel contra piel, el sonido mojado de sus cuerpos llenando la habitación. Jungkook gruñía como un animal, completamente descontrolado, clavando sus uñas en los muslos del doncel, que lo miraba con lágrimas en los ojos por el intenso placer.
—Mírate, bebé… todo lo que soy está dentro de ti. Me dejas tan loco… me haces perder la cabeza —jadeó mientras lo empalaba una y otra vez—. Este coño tuyo es perfecto… está hecho para mí, ¿verdad?—
—¡¡Sí!! Es tuyo… ¡tuyo, Kook! ¡Hazme tuyo, fóllame como si fueras a matarme…!
Jungkook sacó de pronto su miembro palpitante rozando contra su vientre, y antes de que el doncel pudiera protestar, lo obligó a darse vuelta, poniéndolo de rodillas sobre el borde de la cama.
—Quiero verte con la cara contra la almohada… y el culo bien arriba. Así.
Le dio una nalgada fuerte, haciendo que el doncel gimiera, mojándose aún más. Luego otra. Luego se inclinó para lamer la zona castigada, dejando mordiscos, marcas.
—¿Quieres que te use, Tae? ¿Que te folle como un pervertido?
—Sí… ¡por favor! ¡Rómpeme, Kook!
La siguiente penetración fue tan dura que casi lo hace gritar. Jungkook se sujetó de sus caderas, embistiéndolo como si no hubiera un mañana. Las nalgas de Taehyung temblaban con cada golpe, sus pechos colgaban y se sacudían bajo él. El pelinegro no paró, lo tomó del cabello y lo obligó a levantar la cabeza.
—Dime quién te folla así… quién te hace rogar.
—¡Tú! Solo tú, Jungkook… ¡nadie más me llena como tú!
—Eso pensé…
Volvió a jalar de su cabello, bajándolo para que el doncel quedara totalmente arqueado, el punto G expuesto, y entonces volvió a embestir. Pero ahora frotaba su clítoris al mismo tiempo, con dedos ágiles, sucios, crueles.
—Vas a correrte otra vez, ¿verdad? —jadeó—. Vas a chorrear por mí otra vez.
—¡S-Sí…!
El cuerpo de Taehyung tembló como una hoja. Su orgasmo llegó como una explosión caliente que lo dejó sin aire, su centro convulsionando sin control, sus paredes apretando con fuerza el miembro que lo llenaba. Pero Jungkook no paró.
—Una más —susurró, empapado en sudor—. Quiero que te corras mientras me vienes encima, bebé.
Lo levantó de nuevo, sin salir de él, y se sentó en la cama con el doncel sobre su regazo. Taehyung abrió las piernas, montándolo, goteando, temblando, pero completamente rendido.
Jungkook lo tomó de la cintura y comenzó a moverlo, arriba y abajo, mientras él embestía desde abajo. Era un vaivén perfecto, carnal, dolorosamente placentero.
—Muévete… quiero ver cómo rebotas sobre mi polla, amor.
Taehyung obedeció. Se montó con fuerza, sintiendo cómo su punto dulce era golpeado una y otra vez. Los gemidos se mezclaban con los jadeos, los jadeos con los sonidos sucios, y Jungkook jadeaba contra su cuello:
—Voy a llenarte otra vez… tanto que vas a sentirme días…
Y lo hizo. Se corrió con un rugido, apretando al doncel contra él, tan profundo que casi parecía parte de su cuerpo. Taehyung gimió bajo, vencido, cayendo sobre su pecho con un último gemido dulce.
Ambos quedaron jadeando, sudorosos, temblorosos. El miembro de Jungkook aún enterrado en él, mientras los fluidos mezclados se desbordaban por sus muslos.
—Eso fue… increíble —susurró Taehyung, sin poder moverse.
—Eres increíble… nunca voy a tener suficiente de ti.
Y en la oscuridad de la habitación, solo el amor, el deseo y el sonido de sus respiraciones compartidas quedaron como testigos de esa noche infinita.

La tenue luz del amanecer se filtraba por las cortinas entreabiertas. Un suave tono dorado pintaba los bordes de la cama, revelando los cuerpos entrelazados de Jungkook y Taehyung.
El pelinegro aún sostenía a su doncel sobre su pecho, sin haberse movido ni un centímetro desde que ambos se derrumbaron tras la tercera ronda. El cuarto olía a sexo, sudor,deseo alto… pero también a algo más profundo: a cariño, a promesas no dichas, a un vínculo más fuerte que cualquier marca.
Taehyung fue el primero en moverse. Emitió un pequeño quejido al estirarse, las piernas aún temblorosas. Jungkook lo miró con ternura, acariciando su espalda lentamente, pasando las yemas por cada marca que había dejado sobre la piel dorada.
—¿Te duele? —preguntó con suavidad, dándole un beso en la frente.
—Mmm… solo un poquito. Pero me gusta. Me gusta saber que fuiste tú.
—Eres precioso, Tae. Todo tú… desde tus gemidos hasta la forma en que te me entregas —murmuró, rozando su nariz contra la suya.
—¿Incluso cuando lloro por lo rico que se siente?
—Especialmente ahí —rió Jungkook, besando la comisura de sus labios.
Taehyung se acurrucó más contra su pecho, buscando calor y contención. Pero pronto arrugó la nariz.
—Hueles a sexo y a mí.
—Y tú a mí… —gruñó Jungkook, metiendo la cara entre su cuello—. Te quiero así, lleno de mí. Pero… sí. Mejor nos bañamos.
El pelinegro se levantó con él en brazos, sin dejar que caminara, ignorando las protestas suaves del doncel.
—Kook, puedo caminar…
—No. Anoche me pediste que te dejara “incapaz de sentarte”… y cumplo lo que prometo al pie de la letra.
Taehyung rió con las mejillas rojas, enterrando el rostro en su pecho.
Llegaron al baño entre caricias. Jungkook lo dejó sentado con cuidado en una banquita mientras abría el grifo de la bañera y colocaba sales aromáticas. Cuando el agua estuvo tibia, espumosa y perfumada, lo ayudó a entrar.
El doncel jadeó al sentir el agua templada abrazar sus muslos doloridos.
—Se siente… delicioso.
Jungkook entró detrás de él, sentándose y haciéndolo recostar entre sus piernas. El agua cubría sus cuerpos a la altura del pecho, y el vapor empezaba a llenar la habitación. Todo era calma, como si el mundo entero se hubiera detenido para dejarlos a solas.
Jungkook tomó una esponja suave y comenzó a enjabonarlo con delicadeza, pasando por sus hombros, sus pechos, sus brazos… bajando por sus caderas. Pero sin deseo esta vez. Solo ternura.
—Tú también te mereces esto —susurró Taehyung, girándose un poco para tomar la esponja y comenzar a acariciar el torso firme de su novio.
Jungkook lo miraba con los ojos pesados de amor, y se dejó hacer. El contacto era íntimo, más que cualquier noche de sexo desenfrenado. Eran dos almas en pausa, cuidándose mutuamente, entre burbujas y caricias.
Después, se quedaron en silencio. Taehyung jugaba con las gotas sobre el pecho de Jungkook, y de pronto habló:
—¿Tú… te ves conmigo en el futuro?
Jungkook lo miró. No había vacilación en su respuesta.
—Me veo contigo en todo, Tae.
—¿Incluso si… quiero una familia? ¿Si quiero tener hijos… y vivir lejos del ruido?
—Quiero eso más que nada —confesó Jungkook, tomando su rostro—. Quiero despertarme contigo cada mañana, verte cocinar en pijama, cambiar pañales contigo, y verte dormir con nuestro bebé entre los brazos.
Taehyung sonrió con los ojos vidriosos.
—¿De verdad?
—Te lo juro. Lo que vivimos esta noche… no es solo deseo. Es porque te amo.
El doncel se inclinó para besarlo, lento, profundo, como si quisiera grabar cada palabra en sus labios. Luego apoyó la frente contra la suya, sus dedos entrelazados bajo el agua tibia.
—Entonces, hagámoslo realidad. Pero… prométeme que no importa lo que pase, nunca vas a dejar de amarme así.
—Nunca. Y si alguna vez lo olvidas… te lo haré recordar, Todas las noches..
Se quedaron así hasta que el agua se volvió tibia. Luego Jungkook lo sacó de la bañera, lo secó con una toalla suave, lo peinó, y lo dejó ponerse su pijama de ositos.
Taehyung se rió.
—Después de tanta lencería, esto parece muy inocente.
—Te prefiero así —dijo Jungkook, abrazándolo por detrás—. Aunque… también podrías usar esa lencería de nuevo mañana.
—Travieso…
—Tuyo.
Y con eso, volvieron a la cama. Esta vez, solo para dormir. Abrazados. Entrelazados. Soñando con un futuro que, si dependía de ellos, iba a construirse paso a paso… sobre amor, pasión, y cuidado mutuo.

Holaa 🤗
Entre lencería y susurrós volvió aunque eh modificado un poco en algunas partes espero lo disfrutén y dejen sus comentarios y estrellas en el capítulo.
Besos 💋