When the stars sing your name
Jeongin no solo era una flor hermosa sino tan bien la única que resaltaba en medio del prado, eso era a menudo lo que le traía tantos problemas.
El omega no recordaba muy bien cómo llegó hasta aquí, sabe que alguien lo jaló entre la multitud y lo llevó hasta una carroza elegante donde lo amordazó y tiró dentro. El omega no esperaba nada de lo que pasó después, su día había sido tan tranquilo acompañado de su padre mientras este vendía sus hermosas rosas para el gran evento del día. El emperador volvía al reino lo que traía dicha y emoción para todos los aldeanos incluso él había estado curioso de su regreso pero su día pacífico se vio interrumpido a mitad de la caravana cuando alguien lo arrastró lejos de todo lo que conocía.
Jeongin permaneció aturdido y asustado durante el viaje entero con el movimiento limitado al mínimo. Sin poder hablar, ver o moverse se sintió más que aterrorizado de lo que estaba a punto de pasarle. Sobretodo porque el viaje tomó horas, algo que probablemente fue un juego mental al sentirse privado de la mayoría de sus sentidos. El carruaje se detuvo y escuchó voces discutir al respecto antes de que alguien se acercara a su lugar en el carruaje y que manos bruscas y salvajes lo jalaran fuera.
Cuando le quitaron las vendas de los ojos gimió suavemente, mareado y un poco adolorido por el trato obtenido. Parpadeo con cuidado acostumbrándose a la luz y miró confundido a su alrededor sorbiendo su nariz mientras lágrimas sutiles escapaban por su rostro sonrojado. Se intentó levantar del piso pero alguien volvió a empujarlo abajo.
—No mentían al decir que es precioso.
Jeongin era un omega pequeño pero bonito y bien cuidado a pesar de provenir de una familia de clase baja. Su piel blanca como la nieve no era común en personas que dedicaban su vida a trabajar bajo el sol diariamente, su rostro enmarcado por labios rojizos y pestañas largas era atrayente. Sus padres lo habían sobreprotegido lo suficiente para que a sus diecisiete años continuará siendo casto y digno para conseguir un buen matrimonio y no cualquier viejo desagradable que solo quisiera aprovecharse.
Su labio inferior tembló en un débil intento de contener los sollozos de su llanto. Frente a sus ojos nublados habían tres alfas y quien parecía un beta cuya atención estaba sobre una omega algo mayor que lo miraba críticamente.
Jeongin no encontró la fuerza ni la voz para preguntar porque estaba ahí, solo se encogió inútilmente sobre su cuerpo, abrazando sus rodillas y tratando de ignorar el dolor que comenzaba a recorrerlo. En uno de los tantos forcejeos, alguien había terminado por estrellarlo contra una pared.
Nunca nadie lo había tratado con tal crueldad.
—Niño. —escuchó la voz de la omega frente suyo, su mirada se llenó de su vestido en tonos ocres y tuvo que levantar la vista para encontrarse con aquellos ojos críticos. —¿Como te llamas? —más que una pregunta era una orden a ejecutar.
Humedeció sus labios agrietados antes de forzar las palabras por su garganta. —Jeongin.
—¿Te han desflorado? —preguntó a lo que Jeongin se sonrojó de pies a cabeza y no respondió. —Responde, omega. —murmuró con voz llena de desagrado. —¿Eres virgen, niño? —repitió la pregunta mirándolo como si fuera tonto.
—S-si.
Los labios de la omega se fruncieron con pesar antes de asentir en dirección a uno de los hombros a su derecha. —Llévalo a uno de los dormitorios del ala este y envía un par de doncellas para que le ayuden a prepararse.
La mujer desapareció antes de que aquel alfa pudiera cumplir su orden. Jeongin se encogió cuando este se acercó y negó nervioso. Definitivamente tenía que encontrar la forma de huir antes de que fuera tarde.
El alfa cuya vestimenta finalmente dio una pista de en donde se encontraban, se acercó al confundido omega.
Era el palacio y este hombre era uno de los guardias del rey.
—Por favor no, yo no-. —tartamudeo tratando de zafarse del agarre en su muñeca y pataleando cuanto este solo incrementó su fuerza y lo jaló haciéndolo tropezar y casi caer sobre sus rodillas sino fuera por la misma fuerza que lo retuvo. —Y-yo esto es un error. —intentó decir. Él no debería estar aquí.
Su padre debía estar tan preocupado por él y si no volvían juntos a casa, mamá enloquecería de la angustia.
—Silencio, omega. —chistó con un tono poderoso que apagó cualquier plan de escape.
Jeongin lo siguió el resto del camino en silencio y como una presencia apagada y frágil. La habitación a la que lo llevan es grande y hermosa, también es escasa en muebles. Jeongin es dejado sobre la extensa y cómoda cama para que pocos segundos después dos doncellas llegaran moviéndose por el lugar en ágiles y conocedores movimientos e ignorándolo como si fuera un mueble más en el lugar.
Se limpió las lágrimas avergonzado de que tanta gente lo observara con ese aspecto.
Uno de los omegas se detuvo frente suyo y le sonrió con un deje de lástima.
—Acompáñame. —ordenó tomando su mano y guiándolo al baño donde le hacen quitarse la ropa y meterse a una tina enorme y repleta de agua a una temperatura agradable y con mucha espuma y aromas florales escapando de esta.
Jeongin suspiro ante la acaricia del agua tibia y de las manos lavando eficientemente su cabello y cuerpo tenso. El baño terminó media hora después y aunque se sentía algo tímido por estar desnudo frente aquellos dos omegas desconocidos no protestó cuando lo llevaron hasta el tocador y le untaron el cuerpo en cremas para vestirlo con un bonito y delicado vestido que transparentaba su silueta delgada y pequeña.
Era una prenda casi vulgar. Jeongin no usaría algo así ni como ropa interior o para dormir. Le incomoda verse y notar lo visible que es su cuerpo, el cuello también es escotado y cae revelando las clavículas y parte de sus hombros.
Se sonroja al verse al espejo y niega.
—Esto no...
Otro de los omegas lo silenció y palmeó su mejilla con condescendencia. —Le gustara a su majestad. —dijo comenzando a recoger todo y yéndose poco después sin decir nada más.
¿Majestad?
Jeongin se quedó en silencio nuevamente, sentado en una esquina de la cama hecho bolita mientras abrazaba sus piernas a su pecho y respiraba entrecortado. La incertidumbre siempre lo hacía sentir torpe y angustiado, no le gustaba estar aquí. Habían intentando alimentarlo con carne fresca y un vino que olía exquisito pero su estómago estaba cerrado por lo que no probó ni un solo bocado de lo presentado. Cuando notaron que no comería se llevaron todo y volvieron a dejarlo solo por lo que parecieron horas hasta que anocheció, por las puertas del balcón podía observar la luz del sol apagarse y como la luna era grande y totalmente redonda.
Luna llena.
El tiempo parecía lento y pesado, su estómago gruño adolorido por el hambre después de horas en ayuno pero su terquedad le hizo permanecer inmóvil en la misma posición protegida sin apartar la mirada de la puerta como si supiera que pronto alguien cruzaría por esta.
No se equivocó.
Sus párpados estaban pesados por el sueño al igual que su cuerpo rígido y músculos adoloridos pero su lobo le hizo ponerse alerta cuando pasos anunciaron la presencia de alguien y la puerta se abrió. Un aroma más que dominante le hizo temblar las rodillas y tensó toda su postura mirándolo a través de sus pestañas con miedo. La expresión en el hombre era indescriptible pero había un reconocimiento casi animal destellando en ellos al verlo.
Pese al temor que sentía no le tomó mucho tiempo describir quién era el hombre frente a la puerta de aquella recámara del palacio.
El emperador era atractivo, su rostro anguloso y frío, parecía tallado por los mismísimos dioses. Tenía hombros anchos y fuertes dignos más de un guerrero ferviente que de un político. El omega pudo notar también lo alto que era cuando se acercó un par de pasos con su atención sobre su cuerpo y el ceño ligeramente fruncido como si no terminara de discernir algo acerca de él. Eso lo ponía más nervioso que nunca, su pulso tembló y redirigio su mirada al piso sin atreverse a mirarlo a los ojos oscuros y severos. El alfa era un hombre en sus treinta y tantos años que carecía de amabilidad y tacto, habían rumores acerca de lo cruel que podría llegar a ser con las personas que lo servían y ahora estaba enfrente suyo como si esperara algo que no sabía que era.
Jeongin chilló cuando este hizo el amague de tocarlo, apagando cualquier intención que el alfa hubiera tenido de acercarse a él.
—Estas temblando. —señaló arqueando sus cejas en una apreciación poco profunda. —¿Por qué tienes miedo, angel?
El omega miraba al piso con sus pequeñas y lindas manos entrelazadas tímidamente sobre sus muslos. El hermoso niño frente a sus ojos le robó el aliento. Se veía tan... comestible.
Los ojitos del omega se llenaron de lágrimas como si aquella pregunta fuera el detonante de todo el malestar contenido y respiro con dificultad, su pecho moviéndose de arriba abajo en un intento de llenar sus pulmones de oxígeno, su mirada se desvió a este notando como la frágil tela de su vestido contorneaba y parecía resaltar su silueta pequeña y hermosa.
—No q-quiero que me hagan más daño. —sollozo.
Esa fue la primera vez que escucho su voz. Algo en el pecho del mayor se agitó, removiéndose con dureza y se tensó. El tono dulce y sedoso fue como una acaricia después de días difíciles.
Aprovechando ese momento, las manos grandes del alfa fueron a parar a la cintura estrecha del cachorro de omega en su cama. Este lo miró con ojos grandes y atemorizados y Hyunjin supo que debía jugar bien sus cartas si no quería trabajo extra con el pelirrojo.
—¿Alguien te daño al traerte aquí? —preguntó en voz baja e íntima.
Jeongin no respondió pero si le mostró una de sus muñecas donde la huella de dedos marcados estropeaba su piel sin imperfecciones, el alfa frunció el ceño y el pelirrojo apartó la mirada temiendo que se hubiera enfadado con él pero en su lugar, Hyunjin entrelazó sus dedos y acercó el dorso de esta a su boca, dejando un beso contra la superficial herida del omeguita quien jadeó volviendo a mirarlo, fácilmente asombrado.
No estaba muy seguro de nada pero el alfa a su lado en lugar de aterrador era algo más. Se encogió pero no se atrevió a apartarse mirándolo con atención y duda, este sonrió y le hizo una pregunta que la mente confundida del omega no le permitió procesar, solo lo miró ladeado antes de mordisquear su labio inferior dudoso e inseguro de que responder.
—Lo siento, majestad. —titubeo con dificultad recordándose que estaba frente al emperador de su nación y no cualquier otro alfa. Su estómago se sacudió ansioso de poder enfadarlo o desagradarle.
En cambio, el alfa sonrió tranquilamente con la calma que solo una persona segura de sí mismo poseía.
—Puedes llamarme Hyunjin. —concedió con un tono que pretendía ser amable y acarició su mejilla con los nudillos de su mano, el tacto del hombre era cálido y tan gentil que Jeongin entró en una falsa sensación de seguridad.
El omega se estremeció pero asintió. —Está bien, Hyunjin. —pronunció con la vergüenza filtrándose en sus mejillas rojas.
—Muy bien, que bien suenas, cariño.
Parecía obediente y probablemente inocente si su mirada insegura decía algo, se veía inapropiadamente bien, vestido como una puta cuando su rostro podría ser digno de una princesa.
Hyunjin se preguntó momentáneamente si sus subordinados le habían gastado una broma y Jeongin en realidad era una alucinación.
—Ahora dime quién fue el que magullo mi regalo de bienvenida, ¿bien? —lo sostuvo del mentón acariciandolo con su pulgar y lo miró a los ojos con intensidad. El destello de miedo en su expresión le hizo sonreír. —¿Los guardias, el ama de llaves o tal vez alguna de las doncellas tontas que te asignaron? Todos son tan inútiles en esta casa que no me sorprende su ineficiencia. —preguntó y esperó paciente a que el omega respondería.
Y realmente esperaba una respuesta de su parte, mirándolo con excesiva atención y un atisbo de enojo en su rostro como si la situación fuera inconcebible. Jeongin apartó la mirada inseguro de que responder. Tampoco quería que alguien fuera lastimado por su culpa, no se atrevería a acusar a nadie sin saber cuáles serían las consecuencias de sus acusaciones infantiles.
—N-no no lo recuerdo. —titubeo.
Tampoco era una mentira del todo. Estaba tan asustado y aturdido con lo que pasaba que apenas distinguió quienes eran los culpables de que estuviera aquí. Mucho menos podría recordar un nombre.
Hyunjin suspiró negando. —Es una pena. —dijo como si supiera que no estaba siendo sincero. —Ven aquí. —señaló ordenándole que se acercara , Jeongin no respondió y en su lugar, retrocedió acercándose más al respaldar de la cama y tomando un poco de distancia entre ambos.
El alfa olía extraño. Su aroma era picante y pesado, lo hacía ver doble de lo ensordecedor que era para sus sentidos, le vulneraba y ponía a la defensiva como una advertencia de su lobo de que aquel hombre no era tan gentil como fingía ser.
—Quiero irme a mi casa. —sollozo abrazándose a sí mismo, irritado con la situación y la laguna mental.
—¿Casa? —cuestionó el rey a lo que el más joven asintió, dudoso. Hyunjin sonrió sin mostrar los dientes y con su mano aún extendida en su dirección. —Pórtate bien conmigo y te dejaré ir a casa cuanto antes, ¿Suena bien?
Sus ojos se iluminaron y lo miraron con esperanza. —¿Lo harías? —preguntó acercándose a su tacto inconscientemente. Hyunjin tarareó sin comprometerse y olisqueó su cuello, una de sus manos se detuvo en su espalda baja y lo acercó de un solo movimiento, sorprendiendo al omega cuando sus cuerpos se tocaron entre sí.
Hyunjin era mucho más grande y daba esa ilusión de poder y dominancia, Jeongin no sabía dónde poner sus manos ni tampoco hacia donde mirar. El alfa tenía un aroma almizcle que se mezclaba con lo que debía ser un poco de alcohol en su sangre, tal vez había estado disfrutando de la fiesta de bienvenida antes de venir aquí.
Su olor era puro, tan a alfa que su nariz picaban.
Se quedó inmóvil y atento a su inspección. El emperador lo recorría recordándole lo inútil que era la ropa que le habían dado, Jeongin se cruzó de brazos en un intento de cubrirse pero Hyunjin negó y tomó sus manos entre las suyas, estas lo engullían plenamente, sus dedos diminutos en comparación al igual nudillos frágiles y palmas pequeñas. Todo en el alfa se sobreponía a él haciéndole recordar lo por debajo que estaba, nunca podría luchar en su contra.
—Déjame verte, no te ocultes ante mi. —susurró. Jeongin tembló por el aliento cálido del alfa que acarició su mejilla. Respiro agitado y asintió. El alfa llenó la habitación con su aroma en notas satisfechas y acarició sus muñecas antes de soltarlas, dejándolo expuesto a su mirada fogosa. Las mejillas del omeguita se sonrojaron por la atención y se enfocó en el piso alfombrado evitando sus ojos.
El alfa frente suyo era atractivo de una forma oscura, expresión firme y autoritaria, esperando que cumpliera todos sus caprichos. Jeongin no estaba acostumbrado a un trato duro como este pero no podía protestar, esto era un juego para el rey, un juego que le hacía hervir la sangre y las mejillas con una mezcla de vergüenza y una emoción desconocida.
El tacto del hombre se detuvo en sus labios y los recorrió, su respiración se detuvo y tembló con los ojos vidriosos por las feromonas marcándolo. Su boca se entreabrió y Hyunjin pudo sentir un poco de la humedad de su cavidad caliente y sedosa.
Hyunjin respiró uniformemente, tratando de controlarse pero el omega comenzaba a oler delicioso. Presionó su labio inferior arrancándole un gemidito suave y sorprendido, su cuerpo acercándose por más.
—¿Quieres que te bese?
La mirada perdida del omega se detuvo en sus labios como si no entendiera del todo la pregunta pero su aroma delataba la fusión de deseo y temor que se desarrollaba en su interior. Hyunjin lo tomó como una respuesta positiva y lo jaló con cuidado sobre su regazo, Jeongin gimió sosteniéndose de sus hombros con torpeza y mirándolo a través de sus pestañas pobladas tímidamente.
El agujero del omega se restregó contra su polla dura y Hyunjin gruño sosteniéndolo con firmeza ahí en su lugar mientras este temblaba intentando rehuir de lo desconocido, sus dedos fríos se presionaron en su antebrazo y trató de empujarlo fuera de su cintura pero el rechazo persistente, enfado al alfa quien terminó aumentando la fuerza de sus agarre y burlándose del omega rodó sus caderas acariciando el calor expuesto con su bulto, cosa que le hizo caer sin fuerzas en sus brazos. Con el omega más que dispuesto, Hyunjin tomó su mejilla y lo besó ahuecando sus mejillas y compartiendo su saliva con el cachorrito que temblaba y jadeaba, un fuego intenso acentuándose en su vientre y resaltando su olor a necesidad, como un ruego de que lo follara y anudara.
El alfa gruño y apretó su cadera hundiendo sus dedos en la suave piel asegurándose de reemplazar las marcas existentes con las suyas. La boquita dulce lo recibió con facilidad, totalmente dispuesto a tomar su lengua y aceptar su dominio, algo que no ayudó a su propia excitación que quería cernirse sobre él y empaparlo con su aroma y semen, marcarlo por completo y adueñarse de todo su ser. Jeongin gemía e intentaba seguir sus movimientos, quedándose atrás torpemente ante la fuerza que el mayor ejercía.
Hyunjin lo arrastró en su regazo disfrutando de la calidez sobre su polla y de los gemiditos temblorosos contra su boca, el omega estaba empapado y cuando Hyunjin rompió el beso este le siguió con ojos turbios y desorientados, totalmente perdido solo por un par de acaricias. Eso removió al rey quien con su polla cada vez más dura se dejó llevar por el deseo primario que había estado en su cabeza desde el instante en que puso su atención en el pelirrojo, deslizó una de sus manos por los muslos cubiertos y acarició estremeciéndolo. Las caderas del omega titubearon y finalmente un destello de reconocimiento apareció en sus ojos de ciervo y trató de negarse como si le aterrara la idea de lo que intentaba hacer entre sus muslos.
Pero era tan tarde, Jeongin podría llorar y rogarle y Hyunjin no se detendría hasta estar anudado en su agujero.
—No yo no- Uh... —balbuceaba sin sentido contradiciéndose ante el sutil movimiento de sus caderas que perseguían el toque del alfa en su calor.
Los dedos del rey se humedecieron al igual que la tela que protegía la pureza del omega y gruño. La presencia agitada del niño le puso la polla dura, tornándose azul por lo difícil que se volvía contenerse y se alejó, deteniendo el toque y ganándose un quejido frustrado del dulce omega cuyo interior ardía de pasión.
—Quítate el camisón. Ahora.
Jeongin titubeo pero respondió positivamente, levantando el borde de su vestido de algodón blanco con movimientos lentos y pausados revelando primero sus pies y rodillas rosadas hasta que sus muslos suaves de miel estuvieron a la vista y el rey sin contenerse más envolvió las manos más pequeñas con las suyas y terminó la tarea de desnudarlo por su cuenta.
Su frente está mojado, debido al chorreante lubricante que escapaba de su entrada. Hyunjin se resiste de tirarlo sobre sus manos y rodillas para follarlo crudamente, aún así, lo empuja sobre la cama y abre sus piernas, sosteniendo con determinación cada muslo y dejándolo totalmente abierto a la vista. Húmedo y sonrojado le provocan al igual que su aroma tierno y tan inocente y puro, la miel que se resbala por sus muslos le incitan a lamerlo y así lo hace, lo toma con su lengua y se detiene justo en el núcleo caliente del omeguita quien grita y se retuerce intentando cerrar sus piernas.
El emperador aún de rodillas entre sus piernas no tarda en hundir la lengua en su estrechez para ser recibido por las paredes afelpadas y jodidamente apretadas.
—Ah no, yo no- no puedo, mgh... huh a-alfa. —gimoteó pataleando abrumado por el placer. La corriente lo recorre desde las puntas de los dedos que se curvan hasta sus ojos que se iluminan en lágrimas y bañan su carita mientras su corazón late acelerado. —¡Mgh n-no!
Pero sus quejidos solo alientan el hambre del rey quien rodea el borde hinchado y penetra con su lengua y ayuda de sus dedos la estrecha entrada, el omega es tan pequeño. Su agujero cerrado absorbe todo lo que le da con avaricia y se envuelve con tanta fuerza que podría romper su polla si el alfa quisiera forzarlo a tomarlo ahora.
Hyunjin no se detiene de lamerlo y estirarlo hasta que el niño se corre en su cara mojando su barbilla y parte de la cama sin dejar de gemir adorablemente confundido. Hyunjin lame sus dedos limpiando el resto de la corrida del omega como si desperdiciarlo fuera un delito y vuelve a detenerse en su rostro lloroso y sonrojado, es realmente hermoso. Precioso. No había visto a nadie con esa belleza inmaculada en su vida, Jeongin se agita desorientado sin terminar de procesar todo lo que había pasado. El alfa frente a él luce casi salvaje y tensa su vientre solo con una mirada.
Las manos del hombre se detienen en su cintura y rodilla y lo acarician con suavidad recordándole que sigue desnudo y que él aprecia la vista. Rostro cubierto de inocencia y lujuria es obsceno y no debería ser siquiera posible.
—¿Te gustó como alfa te tocó, angel? Es hora de que hagas lo mismo por mí, así que ven aquí, ponte de rodillas y abre la boca. —hablo en un tono peligrosamente convincente.
Antes de que Jeongin pueda moverse o entender el significado de sus palabras, el hombre lo toma de la muñeca y lo acerca a su cuerpo con algo de brusquedad antes de bajarlo de la cama y detenerlo frente suyo, sus piernas tiemblan y se siente más que débil después de la forma en que el alfa le había tocado, no cree poder pensar.
Hyunjin tomó una de las almohadas en la cama y la tiró en el piso alfombrado frente suyo. —No queremos que tus rodillas se magullen, amor. —murmuró con condescendencia antes de obligarle a arrodillarse entre sus piernas y acercarlo hasta su entrepierna con su mano envuelta en su nuca. Jeongin dejó caer sus manos en sus muslos sin saber qué hacer o decir, su mirada insegura puesta en el mientras intentaba sobrellevar todo lo que en poco tiempo había pasado. El rey se deshizo de su pantalón lo suficiente para tomar su polla en su mano.
El pene del alfa era grande, largo y grueso y parecía pesar sobre su estómago, lo siguió con la boca seca y el pulso descontrolado. Hyunjin tomó el tronco y lo acarició antes de guiarlo a sus labios entreabiertos y delinear estos con su semen, que tiene un sabor amargo y ensordecedor para el más joven.
—Chupa.
La orden sacude cada hueso de su cuerpo. Agarrando la polla de Hyunjin con dedos temblorosos, Jeongin la rodea con su boca, sus labios apenas encajando alrededor de la gorda cabeza. La sensación es extraña, diferente a cualquier otra cosa con la que pudiera cambiarlo. Su mente se desconecta y es rico. A su lobo le agrada la sensación y cuando Hyunjin gime, agarrando su cabello con una de sus manos fuertes y pesadas, lo empuja más abajo en su polla y enloquece todos sus sentidos. El alfa no tiene que obligarlo a chupar, casi instintivamente Jeongin acepta tomar un poco más en su boca hasta que siente que es demasiado y la baba se desliza por la comisura de su boca y por el tronco del alfa. Babeando sobre su polla como si estuviera hambriento, ahogándose y sin importarle, gimió alrededor de la circunferencia en pura felicidad. Le gusta casi tanto como cuando le hizo correrse hace un par de segundos.
Jeongin no sabe que dice eso de sí pero no puede importarle en ese momento mientras el hombre murmura palabras dulces y vehementes con sus dedos acariciando su cabello desordenado.
—No olvides respirar, ángel. —dijo con su voz tan ronca que apenas era reconocible.
Jeongin cerró sus ojos con fuerza y en un poco tiempo, las caderas del alfa están empujando un más hondo en su garganta y provocándole arcadas. Es confuso. A una parte de sí le gusta esto pero el resto de él está horrorizado con la situación.
El omega protesta débilmente cuando Hyunjin le hace alejarse, su boca hecha un desastre de labios hinchados y semen cuando el alfa se acarició un par de veces y se corre sobre su pecho desnudo. Su vientre se agita y no es consciente que se está quejando de perder su polla hasta que el rey toma su mejilla obligándole a mirarlo a los ojos oscuros y entornados en algo profundamente instintivo.
—Te follare y criaré hasta que estés hinchado de mi semen así que no te preocupes, lo pondré todo dentro de ti pronto porque no soportarías que me corriera en tu boca. Deberías agradecerme por lo amable que soy contigo.
Parpadeo espantando las lágrimas y se recordó respirar. —Gracias alfa. —murmuró roncamente con la garganta destrozada por el abuso.
Hyunjin lo levantó del piso como a un juguete y lo devolvió a su regazo. Jeongin se desmoronó en cuanto sus intimidades se rozaron, se quejó y trató de huir, estaba muy sensible y estimulado. Abrió la boca para emitir un gemido tembloroso en cuanto sintió los labios del mayor en su cuello, se desvaneció por completo, en absoluto, sensible en esa zona. Al rey pareció divertirle ver lo delicado que era y mordisqueo y chupó la piel, dejando marcas y esparciendo besos en su extensión perfecta. La glándula de olor, fue el punto de quiebre del omega.
—Por favor... —sollozó con sus ojos lagrimosos.
—¿Por favor que? —preguntó besando su barbilla y lamiendo un par de aquellas lágrimas saladas.
—N-necesito yo-...
Un dedo se deslizó entre sus muslos recogiendo parte de su lubricante, perdiendo cualquier pensamiento coherente.
—¿Esto es lo que necesitas? —preguntó burlón. Hundió su dedo hasta los nudillos. —Para ser virgen eres una cosita demandante. Naciste para esto, ¿No es así, angel?
Acercó más al joven por la cintura y envolvió su pezón con la boca ganándose los gemidos más dulces y tiernos que alguna vez pudo imaginar. Los pechos del omega eran pequeños y más que adecuados para su cuerpo delicado, era tan sensibles al igual que el resto de él y con un par de mordidas comenzó a llorar, a retorcerse cosa que en lugar de detener al alfa solo le incitaba a dejar más marcas rojizas en su hermoso pecho.
La polla dura y grande del alfa se presionó contra su entrada haciéndole más que consciente de su tamaño y se frotó, empapándose de sus jugos. La punta se presionó un poco más, con solo un mínimo de fuerza contra su borde hinchado y le hizo jadear nervioso. Era tan grande que aunque su agujero intentaba tomarlo no podía albergar ni siquiera la punta sin ser doloroso.
—No entrará... no-. —Jeongin intentó empujar el pecho del alfa lejos de su cuerpo pero Hyunjin los empujó sobre la cama, subiéndose sobre el y presionándolo entre las afelpadas mantas y su cuerpo firme. Negó y sollozó en pánico, la cabeza de su polla se presionó sin éxito, lastimándolo más. —Hyunjin, por favor... voy a... —la voz del omega se quebró, sus palabras apenas eran coherentes y no provocaban nada en el rey.
Sus palabras murieron cuando el alfa se hundió bruscamente en su calor, haciéndolo sangrar mientras se adueñaba de su virginidad. La punta de su polla se forzó el paso haciéndolo gritar desgarrado, un dolor intenso lo recorrió y cualquier atisbo de placer que había sentido se desvaneció. Su aroma se tornó amargo y sus sollozos se hicieron más fuertes, pero sus piernas no soltaron la cintura del alfa buscando desesperadamente algo de consuelo a su malestar.
El alfa lo besó y acarició su glándula, estimulándolo con calma. Su polla aún a mitad del recorrido. Hyunjin vio como la base comenzaba a mancharse de lubricante y un poco de sangre. Se acercó y tomó la boca suave y flexible del omega hasta que este le correspondió con debilidad, poco a poco relajándose en sus manos y acostumbrándose a estar abierto a su alrededor.
—Eres un omega tan bueno. —un puchero se forma en la boca esponjosa del cachorro. —El mejor omega de todos, eres tan dulce, cariño y estás tomando mi polla tan bien, me haces sentir muy bien y ahora vas a tomar mi nudo, ¿bien?
Su mano se deslizó hasta su vientre bajo y presionó la piel distendida. Jeongin chillo pero no parecía dolerle a pesar de los distante que estaba su mente. Volvió a acariciar y esta vez, el omega ronroneo tan suave, perfecto y feliz llenando la habitación sin derramar más lágrimas, en cambio mira a Hyunjin con una expresión que lo deja sin aliento porque hay tanta adoración, que podría creer que lo ama.
—¿Bueno? —preguntó moviéndose, sigue siendo apretado. Pero Jeongin no se está quejando y en cambio, se empuja más contra la polla del alfa, estirando su agujero alrededor de la gruesa intrusión. —Te dije que sería bueno. —sonrió besando todo su rostro y moviéndose entrelazando sus manos y presionándolo a la cama cuando su polla se hunde casi todo el camino dentro.
—Está... está bien... —dijo entre jadeos. —Se... se siente bien, tan bien. —sollozo con sus ojos apretándose de gusto.
El alfa se hunde golpeando su cérvix. El agujero de Jeongin es tan pequeño, tan delicado y frágil, que era un milagro que pudiera soportarlo. Cada vez que penetraba, sentía la flexibilidad del cuerpo del omega, la extensión de piel y músculo que nunca había sido penetrada por algo tan grande. Era obsceno ver su polla desaparecer en el diminuto agujero del chico, pero la forma en que el cuerpo del omeguita respondía, la forma en que sus pupilas se dilataban y su respiración se entrecortaba, le impedía detenerse. Los gritos se hicieron más suaves, reemplazados por gemidos y jadeos mientras comenzaba a moverse al ritmo impuesto por el rey, respondiendo a ellos como si los deseara. Sus piernas se apretaron alrededor de la cintura del alfa, impulsándolo a penetrar más profundo incluso mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.
—Eres tan dulce, un omega tan hermoso, cariño. —susurra contra su garganta aumentado la fuerza de sus embistes y doblando una de las piernas del omega para usarlo como palanca e ir más profundo, Jeongin puede que esté sintiendo como golpea su útero y eso le hace gritar. —Voy a llenarte tanto que no podrás contenerlo todo. Te verás tan hermoso chorreando mi semen, arruinándote con mi corrida y mi nudo. Un omega perfecto para mi.
Arqueó la espalda mientras lágrimas resbalaban por su cara y su agujero se aprieta, deseando correrse.
Con lo dócil y obediente que se había vuelto Jeongin, fue fácil para el alfa doblarlo y follarlo con rudeza olvidándose de su placer y concentrándose en anudarlo y cumplir su fantasía de verlo cubierto de su semen. El omega lloriqueo corriéndose y Hyunjin continuó follandolo a través de su orgasmo, volviéndolo sensible e híper consciente de cada nuevo embiste. Los gimoteos y jadeos no dejaban de escapar de la boca abierta del hermoso cachorro completamente jodido y mudo, un bonito rubor cubría sus mejillas, los ojos ebrios de placer, y un hilito de baba cayendo lentamente por su barbilla. Moviéndose hacia adelante, el rey llegó a su orgasmo, anudando el vientre del omega y corriéndose en su calor.
Jeongin sollozo todo el tiempo en que su nudo los mantuvo unidos. Adolorido pero aún mareado por su propio orgasmo y por el semen alfa que siempre actuaba como un impulsor de placer.
Hyunjin salió de su interior y el omega se retorció ligeramente al sentir que su entrada goteaba cada vez más, con su vientre un poco hinchado.
Se enderezó solo un poco, sus mejillas sonrojadas y un dolor latente en la parte inferior de su cuerpo. La espalda del alfa estaba flexionada mostrándole el montón de músculos que poseía y un par de cicatrices que iban de su hombro a su costado, el omega suponía que debía ser de alguna batalla.
Algo temeroso retrocedió hasta atrás, tomando distancia y tratando de cubrir su cuerpo magullado. Todo le dolía ahora que comenzaba a salir de la neblina del placer y también tenía dudas en su cabeza. No había sido tan malo como creyó que sería pero... tenía miedo de lo malo que podría ser si lo enfadaba.
—¿Puedo... puedo irme ahora? —preguntó llorosamente recordando la promesa hecha por el hombre horas atrás.
La mirada que el alfa le da parece no reconocer ninguna de sus palabras. Lo mira como si fuera tonto y gracioso, Jeongin se encoge con su vista cayendo a sus manos. El solo quiere volver a casa con sus padres y sus hermanos y su gatito quien está tan viejo que el omega teme no volver a verlo nunca más. Tal vez ya no sirva para un matrimonio agradable pero podría quedarse en casa y cuidar de sus padres cuando envejezcan, eso sonaba como un destino lo suficientemente bueno. Podía conformarse con eso ahora que el rey lo había arruinado.
—¿Qué te hizo creer que podrías irte alguna vez? —preguntó con descaro. Su aroma volviendo a oscurecerse en deseo tras recuperarse, el nudo de su polla completamente desinflado y su mirada recayendo en el bonito cuerpecito de su regalo de bienvenida. —Eres mío lo que significa que no hay algo como la libertad para ti.
—Dijiste que-.
—Cambie de opinión, angel. —el puchero del omega se acentuó al igual que las lágrimas cayendo por sus cachetes sonrojados. —Deja de llorar. —ordenó impaciente y estrelló su boca con la suya primero como un beso suave que solo pretendía callarlo hasta que se convirtió en un beso caliente y profundo, con su lengua lamiendo los suaves y rosados labios, comiéndole la boca mientras el omega permanecía quieto en sus manos con sus ojitos cerrados entre triste como fascinado, pronto un suave y ligero ronroneo nació desde el fondo de su pecho provocándole un sonrisa arrogante al rey mientras Jeongin permanecía quieto sin saber qué hacer y sintiendo un rubor recorrer todo su cuerpo. —Tu también puedes cambiar de opinión si así lo quiero.
En la habitación ya se podía escuchar los bajos jadeos y gemidos que brotaban de los dulces labios del menor que no quería despegarse del alfa. Apenas y sus cuerpos juntos tenían poca distancia, Jeongin trataba de frotarse aún más y más en el rey, muy inconsciente de lo que hacía y solo dejándose llevar por lo bien que sus manos le hacían sentir al igual que su boca. Hyunjin deslizó su polla nuevamente en ese cálido y estrecho lugar que no dejaba de gotear su semen. Jeongin se aferró con debilidad a sus hombros y se quejó, adolorido pero esta vez, cuando las penetraciones del alfas iniciaron no se sintió ensordecedor sino que de inmediato una corriente de placer lo sacudió de los pies a la cabeza.
—Dime a quien le perteneces, omega. —ordenó contra sus labios. Su polla golpeteando el vientre del omega ante cada embestida, sus caderas chocando y el cuerpecito ajeno cubierto de todos sus moretones. —Quiero escucharte decir que solo eres mío.
—A ti, soy solo t-tuyo. —tartamudeo en susurros diminutos y rotos por el esfuerzo.
Hyunjin sonrió.
—Has sido tan bueno, eres tan buen omega. --empujó profundamente dentro del chico. Jeongin se puso rígido antes de soltar un gemido y correrse con su agujero apretando al rey. —Voy a llenarte otra vez, quiero tenerte lleno de semen, siempre. —gruño.
Su estómago se hinchó ligeramente al ser llenado con otra carga, y el semen se derramó en su interior mientras Hyunjin continuaba con sus embestidas cada vez más superficiales a medida que el nudo los atrapaba.
Hyunjin no lo dejo ir a casa y en su lugar le asignó aquella misma habitación, ordenándole ropa adecuada para el día a día y concediéndole cualquier cosa que deseara excepto irse. El emperador podría darle todo lo que quisiera menos su libertad. Jeongin nunca pidió nada.
Aún no terminaba de procesar la situación y se sentía como un fantasma atrapado en el mundo de los vivos. Todas las mañanas, el alfa lo visitaba y follaba con dureza y superficialidad solo para quitarse las ganas de tenerlo, se lo había dicho múltiples veces, debía trabajar su interés hasta eliminarlo pero después cinco doncellas diferentes a los que lo habían recibido el primer día llegaban a su habitación y lo alistaban como a alguien digno de estar aquí, tratándolo como una princesa. Jeongin pasaba sus días en el dormitorio, a veces se aventuraba en el ala este y salía a los jardines como ahora pero casi siempre estaba en la habitación atento y paciente por si el rey volvía a necesitarlo, lo cual casi no sucedía. Hyunjin solo volvía a él tras la cena, un par de horas después cuando la noche era oscura y Jeongin estaba dispuesto a dormir.
Su sueño siempre era interrumpido por el alfa al igual que todo en su vida.
Hoy particularmente había decidido pasar el día en el jardín, al menos una caminata corta que le permitiera disfrutar de algo diferente a las cuatro paredes de su dormitorio. El sol calentando su piel le permitió sonreír con parsimonia, aunque le gustaría estar a solas hacia un tiempo que eso no pasaba, fuera de su habitación siempre había un guardia que lo seguía como su sombra.
Jeongin no entendía porque se esforzaban tanto.
Había escuchado a las betas que le preparaban su comida y estas murmuraban con asombro que el solo había sido un entretenimiento de una noche, un regalo de bienvenida como él mismo Hyunjin se lo había hecho saber pero ahora estaba aquí, recibiendo este trato y durmiendo todas las noches con el rey.
El omega solo estaba esperando el día en que Hyunjin se cansara de él y lo abandonara. Ese día estaba tardando en llegar.
—Te estaba buscando.
Se sobresaltó al escuchar una voz a sus espaldas, se giró y casi tropezó con Hyunjin cuando este se detuvo frente suyo, el alfa lo sostuvo de la cintura y lo estabilizó fácilmente. Su rostro estaba fruncido en una mueca de estrés y casi podría decir que agotamiento.
Entrelazó sus manos a sus espaldas y miró a través de sus pestañas al hombre más alto sintiéndose algo intimidado por el tono acusador. —No esperaba que me buscaras. —susurró acariciando con cuidado una de las rosas a su lado.
El jardín del castillo era impresionante. Su padre se había dedicado a la jardinería toda su vida pero Jeongin nunca había visto nada tan impresionante como las flores en el palacio real.
—Siempre voy a buscarte.
Sus palabras son acompañadas de un movimiento fluido de su mano que ahora descansa en su espalda baja y Jeongin se deja llevar sin protestar o decir algo más mientras recorren el laberinto en el jardín y llegan a los pasillos del ala este donde el omega reside pero Hyunjin no se detiene aquí ni da el retorno adecuado para su recámara si no que toma su muñeca y lo lleva al lado contrario cruzando casi todo el interior del castillo hasta llegar a una oficina que fácilmente asume es la del rey.
Jeongin parpadea extrañado al observar esto. Hay un escritorio enorme y una pila de papeles por revisar. Hyunjin cierra la puerta a sus espaldas con seguro y entrelaza sus manos guiándolo hasta la enorme silla tras el escritorio. El omega intenta no ser descortés pero no puede evitar mirar todo a su alrededor con interés y curiosidad, es nuevo para él y hay muchos libros.
¿Por qué estaba aquí?
Hyunjin nunca le hablaba de trabajo ni mencionaba algo sobre sus tareas como emperador pero en realidad, ellos casi nunca hablaban.
Le dedicó una mirada silenciosa al hombre, esperando pacientemente.
—No tienes que hacer nada. —respondió a todas sus dudas y masajeó su ceño viéndose cada vez más estresado. —Siéntate aquí. —ordenó palmeando su regazo y al verlo dudar lo tomó de la muñeca y lo atrajo hasta que cayó torpemente sobre sus piernas. —Solo quédate en silencio mientras trabajo.
Y así fue, Hyunjin se concentró en el trabajo por completo como si él no estuviera ahí. Al inicio esta demasiado tenso y preocupado de hacer algo incorrecto pero poco a poco se deja envolver por el aroma agradable del alfa y apoya su mejilla en su pecho escondiéndose casi por completo en su cuello y permitiendo que su olor le arrulle, una de sus manos se aferra a su hombro y prácticamente se queda así, dormitado y satisfecho.
Hyunjin trabaja con eficiencia, firma y escribe múltiples cartas y también lee documentos que el omega no es capaz de comprender de qué tratan con su mínimo conocimiento. Durante casi dos horas, el emperador lo ignora de lleno, no le molesta porque está muy cómodo, se siente protegido y cálido entre sus brazos. Tal vez se duerme por unos minutos pero no es profundo, solo un descanso superficial, su atención en realidad está en Hyunjin y mientras el hombre este a su lado, no cree poder fijarse en otra cosa. Jeongin no miente sobre su naciente atracción, hay algo que le hace sentir como si pudiera desintegrarse si no obtiene su aprobación.
Para este punto, Hyunjin debe saberlo porque toma más y más sin siquiera parecer arrepentido.
Jeongin se acurrucó un poco más y e inconscientemente marcó toda la oficina con su aroma, Hyunjin lo nota pero lo único que hace es observarlo y tomándolo por sorpresa, planta un beso en su cuello que lo hace reír y después otro y otro más, hasta que el omega no puede quedarse quieto y se siente aturdido del gusto. Los besos recorren su mejilla y hombros, dejando un rastro húmedo y caluroso que le tiene temblando y que parecen fascinar al alfa quien debería continuar trabajando.
Hyunjin lo toma de la nuca y lo besa con profundidad deleitando todos sus sentidos que anhelaban esto. Se separa y contento con la expresión hermosa del omega, vuelve a repartir acaricias que lo hacían sonreír y retorcerse.
Jeongin es precioso pero cuando sonríe es... algo de otro mundo.
—¡Hyunjin! —se quejó en un resoplido que sonaba más como una risita sin aliento. El alfa sopló en su cuello, provocándole más cosquillas y que se retorciera en su regazo escapando de las manos que pican sus costados perezosamente.
El rey se detuvo y lo miró con una expresión atormentada y oscura, su ceño profundamente fruncido.
—Debería embarazarte. —susurró como una repentina realización. —Tal vez si me das un hijo pueda superar este sentimiento.
No respondió, no tenía palabras para decir, no con su mente nublada, apenas miró al alfa en silencio y este gruño, tomándolo y uniendo sus labios con intensidad.
—¿Quieres darle un hijo a tu rey, angel? —preguntó acariciando su labio inferior maltratado por el usó.
Jeongin se sonrojó.
Hyunjin lo acarició y Jeongin quedó empapado en poco tiempo, haciendo que sus bragas se pegaran a su carne palpitante y haciendo que el arrastre de los dedos fuera aún más que fascinante. Hyunjin rompió parte de su ropa y el resto la levantó de su cuerpo dejándole prácticamente desnudo y accesible, pronto su polla embistió su interior, el alfa no se molestó en prepararlo sabiendo que estaría lo suficientemente estirado después de los dos nudos que le había hecho esa mañana.
—Te he follado tantas veces que es más que seguro que pronto podré verte con tu vientre hinchado por mis hijos. —gruño entre dientes sosteniéndolo y meciéndolo sobre su polla. —Igual debo asegurarme, así podré olvidarte pronto.
Las palabras son hirientes. No dejan de recordarle que solo lo ve como un algo que le sirve para complacerse. Jeongin debería estar satisfecho con la idea de que quiere terminar con esta relación turbulenta pronto pero solo se amarga bajo el toque exigente.
El alfa empezó a mecer las caderas en busca de hundirse profundamente, deslizándose dentro y fuera del interior suave del omega con movimientos perezosos pero con un tinte de desesperación que nunca terminaba de irse, en esta posición se miraban a los ojos durante todo el camino y Hyunjin podía ir tan hondo en el omega que podía sentirlo a través de su delgado vientre, esto hizo que el pelirrojo pusiera los ojos en blanco, con sus gemidos convirtiéndose en sollozos, y su cuerpo agitándose mientras la polla del alfa lo llenaba por completo.
Lo anudó una, dos y tres veces antes de conseguir la fuerza para alejar las manos de su cuerpo. Aún así, no le dejó irse de su lado y lo mantuvo en su regazo, mientras descasaba después del duro trato y mientras él pretendía terminar con sus deberes como rey. No pudo hacerlo, no cuando Jeongin dormía tan cómoda y dulcemente entre sus brazos, con su cuerpo y todo su ser apestando como si fuera suyo.
Esa noche fue la primera vez en que el alfa no durmió a su lado, al siguiente día tampoco apareció.
Jeongin nunca creyó que algo como eso, que un cambio en su rutina de ese aspecto le molestaría tanto pero perdió el apetito y casi no durmió, sintiéndose angustiado y demasiado frustrado y abatido para hacer cualquier cosa más que esperar.
Tres días después, Jeongin lloro silenciosamente sintiendo su corazón hecho añicos cuando el alfa cruzó la puerta de su habitación cubierto de un desconocido aroma a omega que sabia que no era mera casualidad.
Porque todo lo que el rey tocaba, se marchitaba y él no sería la excepción.