Único <3
Título: La villa al atardecer
La terraza estaba ardiendo con el último sol del día. Don Rafael (68 años) estaba sentado solo, puro en la boca, copa de vino en la mano, cuando Tete subió las escaleras con el carrito. El short blanco se le clavaba entre las nalgas y el coño ya se marcaba hinchado y mojado a través de la tela fina.
Rafael soltó el humo despacio, mirándolo como si fuera carne fresca.
—Ven aquí, puto. Ya se te ve el coño chorreando por el short. ¿Cuántas veces te has metido los dedos hoy pensando en la verga de un viejo como yo?
Tete dejó el carrito y se acercó, desabotonando la camisa blanca con dedos temblorosos.
—Tres veces, señor Rafael… me corrí tres veces en el baño imaginando cómo me iba a reventar el coño con esa polla gorda y venosa que tiene.
Rafael se levantó, agarró una teta con la mano áspera y la apretó hasta que Tete gimió.
—Más fuerte, zorra. Dime que eres una puta barata con coño abierto que solo sirve para que la llenen de leche vieja.
Tete levantó la voz, las mejillas ardiendo.
—¡Soy una puta barata con coño abierto! ¡Solo sirvo para que me llenen de leche vieja y caliente hasta que me chorree por las piernas!
Rafael le bajó el short de un tirón salvaje. El coño quedó al aire: rojo, hinchado, jugos cayendo en hilos gruesos por los muslos.
—Mira esta mierda… estás empapado como una perra en celo. Abre las piernas y di que quieres que te meta tres dedos y te rompa el coño antes de follarte.
Tete abrió las piernas hasta el límite, coño palpitante y expuesto.
—Por favor… métame tres dedos y rómpame el coño… quiero que me abra como a una puta sucia antes de clavarme esa verga vieja.
Rafael metió tres dedos de golpe, gruesos y callosos, abriéndolo sin piedad.
—Joder, qué tragón está este coño… ¿te gusta que un abuelo te meta los dedos hasta el fondo mientras te retuerzo los pezones, zorra?
Tete gritó, tetas temblando.
—¡Sí! ¡Me encanta! ¡Retuérzame los pezones y méteme los dedos hasta que me corra como una fuente!
Rafael curvó los tres dedos profundo, el pulgar frotando el clítoris hinchado sin compasión.
—Dilo, puta: quiero que me revientes el coño con tu polla vieja y me llenes hasta que me chorree semen por las piernas toda la noche.
Tete sollozó, lágrimas cayendo.
—¡Quiero que me revientes el coño con su polla vieja! ¡Lléname hasta que me chorree semen por las piernas toda la noche!
Rafael sacó los dedos empapados y se los metió en la boca a Tete.
—Chúpalos, zorra. Saborea tu propio coño antes de que te lo reviente de verdad.
Tete chupó los dedos con hambre, lengua lamiendo cada gota.
Rafael se desabrochó el pantalón y sacó la polla gruesa, venosa, dura como piedra.
—Arrodíllate y pide que te folle la garganta. Di que quieres ahogarte con la leche de un viejo.
Tete cayó de rodillas, boca abierta.
—Por favor… fóllame la garganta. Quiero ahogarme con su leche vieja y espesa… quiero tragarla toda.
Rafael agarró el pelo y se la metió hasta el fondo.
—Trágatela toda, puta… así, hasta que llores. Mira cómo se te caen las lágrimas… te encanta que te follen la boca como a una zorra de la calle.
Tete tragó todo lo que le dio, semen resbalando por la barbilla y goteando en las tetas.
Rafael lo levantó y lo sentó en la mesa de piedra fría.
—Ahora abre las piernas y pide que te rompa el coño. Di que quieres que te folle hasta que te deje el coño abierto y lleno de semen.
Tete abrió las piernas hasta romperse casi.
—Por favor… rómpame el coño… fóllame hasta que me deje abierto y lleno de semen… quiero que me haga chorrear su leche toda la noche.
Rafael entró de una embestida brutal, hasta la base.
—Joder… qué apretado está este coño de puta… hecho para que lo revienten viejos como yo.
Lo folló con fuerza, embestidas profundas y salvajes, una mano en la nuca, la otra retorciendo un pezón con rudeza.
—Mírate… dejándote follar por un abuelo en la terraza… coño tragón, tetas perfectas para que las muerda y las llene de marcas.
Tete gritaba, cuerpo temblando.
—¡Sí! ¡Más fuerte! ¡Rómpame el coño! ¡Lléname de semen hasta que me chorree por las piernas y no pueda sentarme!
Rafael aceleró, se hundió hasta el fondo y se corrió dentro con un rugido largo, chorros calientes y espesos llenándolo hasta desbordar, semen blanco saliendo por los bordes y cayendo en charcos sucios sobre la piedra.
Cuando terminó, salió despacio, le limpió los muslos con la servilleta y le subió el short con rudeza.
—Mañana a las diez —dijo con voz calmada—. Trae el uniforme completo. Quiero quitártelo y follarte hasta que supliques que pare… y luego seguir follándote.
Tete se levantó temblando, piernas flojas, coño abierto y lleno de semen.
Sonrió lento, labios hinchados y sucios.
—Estaré listo, señor… para que me reviente el coño otra vez y me deje chorreando su leche todo el día.
Fin. 💦