Love and Other Obsessions

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Sinopsis

Asher Nix; el habitual chico malo y niño problema; tiene un problema... no puede dejar de pensar en su crush. Cada minuto de cada día sus pensamientos giran en torno a una persona: Colin Anderson. El estudiante de honor, el niño bueno, el nerd bajito, con gafas y gordito por el que Asher daría un testículo solo por hablarle. Pero Asher sabe que Colin está fuera de su alcance, que sin importar las fantasías que invente en su cabeza, nunca podrán ser... así que Asher lo observa, le roba miradas y lo admira de lejos. No lo está acosando, se niega a admitir eso porque nunca cruza la línea. Colin Anderson tiene un plan, una posible oportunidad para una beca completa en la universidad de sus sueños y un padre viudo que lo apoya y que desea su éxito más que nada. Lo que no tiene es un hambre, una pasión que lo impulse hacia adelante... hasta que termina siendo el tutor de Asher Nix. Colin solo quiere rellenar su currículum para la universidad y no pensar en cómo una sola mirada del notorio chico malo despierta sentimientos que ha querido enterrar. Colin solo quiere pasar el mayor tiempo posible cerca del ídolo de sus sueños húmedos mientras intenta, posiblemente, convertirlos en realidad.

Estado:
Completado
Capítulos:
30
Rating
4.9 7 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1 - Los placeres culpables de Asher

—No lo estoy acosando —se dijo Asher a sí mismo sacudiendo la cabeza. —Los dos simplemente vamos caminando a clase. —

Asher mantenía una distancia prudente y respetuosa del objeto de su afecto, Colin Anderson. Aquel estudiante de honor tan correcto probablemente sufriría un infarto si supiera que Asher Nix, el chico malo y problemático de la escuela, lo estaba siguiendo y vigilando cada uno de sus movimientos. Por eso mismo mantenía su distancia.

Asher llevaba un año coladito por ese chico nerd, desde el momento en que lo vio a los pocos días de empezar el penúltimo año. Fue después de la tercera hora; iba camino a su siguiente clase de álgebra cuando lo vio. Colin llevaba sus lentes de armazón delgado todos chuecos en la punta de la nariz, la cual tenía hundida en un libro sin fijarse por dónde caminaba. Llevaba un chaleco de lana rojo brillante sobre una camiseta blanca que se ajustaba a sus curvas, y unos pantalones caqui que resaltaban su trasero redondo. Los ojos de Asher recorrieron con hambre el cuerpo del chico. Envidiaba lo apretado que se veía ese chaleco contra sus carnes, las cuales se moría por agarrar.

Estaba tan embobado con Colin que se estampó de frente contra un extintor. Era algo de lo que su hermana Hel todavía se burlaba hasta el día de hoy. Desde ese momento empezó a observarlo de forma obsesiva. Se aprendió su horario de clases, llegaba a la escuela treinta minutos antes solo para verlo a primera hora y hasta eligió sus materias de este año para tener más chances de cruzárselo.

Sabía que era una locura en el fondo de su cerebro, donde todavía le quedaba algo de razón. Sin embargo, se negaba a verse como un acosador psicópata. Prefería pensar en sí mismo como un guardián silencioso que cuidaba al tierno e inocente Colin Anderson. Lo mantenía a salvo de todos los enfermos y pervertidos, incluyéndose a él mismo.

La sesión de contemplación de Asher se interrumpió cuando Colin entró en su salón de primera hora. Tuvo que aguantarse un quejido al perderlo de vista. Su mente ya estaba grabando cada detalle de la ropa que Colin traía puesta: un chaleco amarillo sobre un polo gris de manga corta y pantalones caqui negros.

—Anímate Ash, siempre lo verás en la siguiente clase.

Ash miró por encima del hombro y vio a su mejor amigo, Mason Jones, caminando justo detrás de él. —Rayos, debí estar muy distraído para no notar que venía detrás de mí —pensó Asher mientras miraba al joven negro.

Mason era muy alto, de piel oscura y estaba fuertísimo. La gente solía decirle que era una pared con piernas porque era enorme. Solo su tamaño ya ponía nerviosos a los demás. Asher medía un metro ochenta y ocho, y aun así tenía que mirar hacia arriba para encontrar la mirada de su amigo.

—No sé de qué hablas —respondió Asher, haciéndose el tonto.

—Ajá. —Mason se acomodó la mochila en el hombro y sacudió la cabeza—. Claro que no. Seguro que no sabes nada de un psicópata que acosa al genio de la escuela.

—¡No lo estoy acosando! —gruñó Asher y se fue rápido hacia su salón. Para su desgracia, Mason le pisaba los talones. Sus piernas largas hacían que fuera fácil seguirle el ritmo, incluso cuando Asher apuraba el paso.

—Yo no dije que fueras tú, Ash... ¿Qué pasa? ¿Tienes la conciencia sucia?

Asher le lanzó una mirada de pocos amigos a Mason y siguió caminando. Sabía hacia dónde iba esa conversación y no quería llegar a eso.

—Ya, Ash, invítalo a salir de una vez —gritó Mason prácticamente por todo el pasillo. La gente que pasaba se volteó a ver quién gritaba, pero quitaron la vista rápido al ver a Asher y a Mason. Era el resultado de la mala fama de Asher y la estatura de gigante de Mason.

Asher gruñó para sus adentros. Quería mucho a ese tonto, pero a veces su bocota le daba ganas de pegarle. Mason alcanzó a su amigo, se puso a su lado y le dio una palmada en la espalda. Fue más fuerte de lo que pretendía, pero Asher ya estaba acostumbrado a la fuerza bruta de su amigo.

—No lo entiendes, Mason, simplemente no lo entiendes —murmuró Asher al entrar en su salón de primera hora, dando por terminada la plática. La clase era Álgebra y la odiaba con toda su alma. Reprobó el año pasado y tenía que recursarla ahora o no se graduaba. Pero no le importaba mucho, las matemáticas no eran lo suyo.

Faltaban unos minutos para que sonara el timbre, así que solo había unos pocos alumnos sentados. Mientras caminaba hacia el fondo, no pudo evitar notar las miradas de reojo y las muecas de desprecio. Otros movían sus bolsas con disimulo, como si él fuera a meter la mano para robarles algo.

Asher ignoró todo mientras se sentaba. Todos eran unos falsos y unos pendejos que juzgaban por la apariencia. Aunque, para ser honestos, su apariencia no era muy amigable. Su aspecto era parte de la razón por la que no se atrevía a invitar a salir a Colin. No era feo, él se consideraba un poco más guapo que el promedio. Pero tenía facha de problemas: botas de motociclista, jeans rotos de las rodillas, todo el cuero que pudiera ponerse encima y una playera ajustada, preferiblemente negra.

Era el polo opuesto del sexy e inocente Colin Anderson con sus chalecos de lana. No había forma de que alguien tan inteligente como Colin quisiera a un idiota como él.

Asher soltó un suspiro y se recostó en su asiento, cruzando las piernas sobre el pupitre. Cruzó los dedos detrás de la nuca e intentó ponerse cómodo, dejando que las imágenes de Colin en su chaleco dominaran su mente.

El timbre sonó y los chicos que estaban en el pasillo empezaron a entrar al salón. Todos se sentaron. Notó que evitaban los asientos de atrás, pero decidió ignorarlo. Si ellos no querían estar cerca de él, él tampoco quería estar cerca de ellos.

Un segundo timbre sonó justo cuando el profesor de álgebra, el Sr. Hexly, entró al salón. —Silencio todos —dijo con su voz gangosa. Recorrió el salón hasta que sus ojos se cruzaron con los de Asher—. Sr. Nix, los pupitres son para escribir, no para descansar sus sucias botas. ¡Siéntese bien!

Asher puso los ojos en blanco, bajó los pies del pupitre y puso la silla bien en el suelo. Sin embargo, no se sentó derecho; prefirió quedarse encorvado y lanzarle miradas de odio a ese estúpido profesor.

El Sr. Hexly lo miró con desprecio y comenzó la clase.

—¡Dios, cómo odio a este imbécil! —pensó Asher mientras dejaba de prestar atención. Dejó que su mente volara de nuevo hacia Colin. Casi siempre estaba pensando en él. Estaba tan perdido en sus pensamientos que no oyó al Sr. Hexly llamándolo, hasta que el hombre se paró frente a su lugar y azotó un libro sobre la mesa.

—¿Eh? —balbuceó Asher, negándose a mostrarse asustado. Miró al profesor con flojera y apoyó la barbilla en la palma de la mano.

—Sr. Nix, no estoy acostumbrado a tener que llamar a alguien tres veces para que me responda.

—Bueno, yo no estoy acostumbrado a que gente grosera me azote libros en la cara, así que estamos a mano. —La furia en la mirada del Sr. Hexly habría asustado a otros alumnos, pero Asher veía a diario a gente mucho más peligrosa que daba miedo con solo sonreír.

—Sr. Nix, pase al pizarrón y resuelva el problema.

Asher puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos. —No sé cómo. —Eso era mentira, se acordaba del año pasado. La verdadera razón por la que no quería levantarse era que tanto pensar en Colin lo había puesto caliente y tenía una erección que no quería que toda la clase viera.

—Si hubiera estado poniendo atención sabría cómo, Sr. Nix —escupió el Sr. Hexly y se dirigió al resto de la clase—. ¿Quién sabe cómo resolver el problema?

Una sabandija de la primera fila levantó la mano. Era Damien Porter, un dolor de cabeza para cualquiera con dos dedos de frente. Ese lamebotas era tan profesional en besar traseros que Asher a veces se preguntaba si era gay.

—¿Sí, Sr. Porter?

—La respuesta es X=2.45.

—Correcto, Sr. Porter, pero le pedí que me dijera cómo resolverlo.

Damien se levantó, fue al pizarrón y en un momento escribió toda la ecuación. El Sr. Hexly sonrió y asintió con aprobación. —Sí, Sr. Damien, perfecto.

Damien miró con suficiencia a la clase, y todos pusieron los ojos en blanco. Luego regresó a su asiento. Qué lambiscón.

—Así es como se resuelve esta ecuación. Si se concentran, problemas como este serán pan comido —dijo el Sr. Hexly a la clase, aunque miraba fijamente a Asher. Asher lo mandó a la mierda mentalmente y fingió que prestaba atención el resto de la clase.

***

—¡Ozman, fuera! —rugió el entrenador Reggie en la cancha.

Asher miraba el juego de quemados con poco interés desde las gradas. Estaba en la última clase del día, educación física. Era por mucho su favorita, pero no por el ejercicio. Miró hacia la otra parte de las gradas. Colin estaba sentado en un rincón, lejos de todos. Estaba en su propio mundo garabateando algo en un cuaderno grande. Siempre que lo veía, Colin traía ese cuaderno, pero nunca se había acercado lo suficiente para ver qué escribía. Una sonrisita apareció en sus labios al verlo. Siempre estaba tan concentrado en lo que fuera que tuviera ahí.

—¡Zobberman, fuera! Gana el equipo ROJO 2 —gritó el entrenador Reggie. Los equipos rojo y azul salieron de la cancha y fueron a las gradas—. Equipo ROJO 3 y equipo AZUL 3, a la cancha.

Asher vio cómo Colin se levantaba de su asiento y se unía al grupo de chicos que iban a jugar. La playera gigante y los shorts que llevaba le molestaban a Asher. Parecían cortinas para esconder su cuerpo. Preferiría que Colin usara ropa más ajustada que mostrara toda esa gordura magnífica.

El entrenador tocó el silbato y el juego empezó. A mitad del partido, Asher recordó por qué esa clase era su favorita. Colin seguía en el juego; corría y esquivaba haciendo su mayor esfuerzo para que no le pegaran. Todo ese movimiento lo hacía sudar, y la playera grande se le mojaba y se le pegaba al cuerpo.

Asher se mordió el labio mientras veía a Colin moverse, guardando en su memoria cómo su cuerpo rebotaba y se sacudía con cada paso para luego fantasear a solas. Sintió que su polla daba un salto y se ponía dura. Sin darse cuenta, se la agarró por encima del short, pero entonces sintió un golpe fuerte en la cabeza.

—¡Ni lo pienses! —le gruñó al oído su hermana, Hel. Asher le lanzó una mirada asesina. Estaba tan concentrado en Colin que olvidó que ella estaba sentada a su lado.

Su nombre real era Helen, pero todos le decían Hel, sobre todo porque a veces podía ser una verdadera perra. Tenía dieciséis años, dos menos que Asher.

Hel lo miró divertida, se rió de su mirada de enojo y le señaló la entrepierna. —Mírame todo lo que quieras, pero no me voy a quedar aquí a ver cómo te la jalas pensando en tu gordito.

Asher le gruñó a su hermana. —No le digas gordito —le advirtió. Sintió esa rabia de siempre cuando alguien insultaba a Colin.

—Sabes que esta obsesión con él es una puta locura, ¿verdad?

—No es ninguna obsesión.

—Claro que no —se rió ella—. Como tampoco lo acosas, ni te la jalas pensando en él, ni escribes "Asher y Colin" dentro de un corazoncito en tu libreta.

—¡No hago eso! —gritó él. —¡Mierda, sí lo hago! ¡Qué carajos me pasa! —

—¡Anderson, fuera! —gritó el entrenador Reggie—. El equipo Azul 3 gana el partido.

Asher volvió a mirar a la cancha y vio a Colin en el suelo agarrándose el estómago. Dos tipos del otro equipo se estaban muriendo de risa; uno presumía lo fuerte que le había lanzado la pelota. Asher gruñó y se puso de pie. Quería moler a golpes a esos dos pendejos, pero antes de que pudiera moverse, su hermana lo agarró del brazo.

—No quiero que te suspendan en el primer mes de clases, Ash —dijo ella tironeando de su brazo para que se sentara. Él miró a Colin, que ya estaba de pie sacudiéndose el polvo. Asher soltó un bufido y volvió a sentarse.

—¡Muy bien, todos a las regaderas! —gritó el entrenador Reggie. Todos se levantaron hacia los vestidores. Asher clavó la vista en el imbécil que había derribado a Colin y lo siguió. Cuando estuvo cerca, le dio un hombrazo tan fuerte que lo tiró al suelo.

—¡Fíjate por dónde caminas, carajo! —ladró Asher. El amigo del tipo abrió la boca como para decir algo y Asher se le plantó enfrente de inmediato.

—¿Tienes algo que decir? —El chico retrocedió y sacudió la cabeza.

—¡N-no! —Se había formado un grupito para ver qué pasaba.

Asher se dio la vuelta, miró a los dos y torció el labio con asco. El entrenador Reggie se abrió paso entre la gente y se puso frente a los tres.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó.

—¡Nada, entrenador! —respondieron los dos chicos al mismo tiempo. El entrenador los miró con severidad y luego miró a Asher.

—Te buscan en la dirección, Nix. No sé para qué.

Asher frunció el ceño y pasó de largo del entrenador y del grupito. Que lo llamaran a la oficina nunca era para algo bueno, pensó con amargura mientras caminaba hacia la salida.