Sipnosis
En un imperio donde el poder pesa más que el amor, la Emperatriz cae de rodillas no por debilidad, sino por una verdad que puede destruir el trono. Frente a toda la corte, el Emperador sonríe con crueldad mientras sostiene a su concubina entre los brazos, dispuesto a humillarla con un divorcio público que sellará su caída.
Pero lo que parece el fin de una mujer es solo el inicio de una guerra silenciosa. Traiciones, deseos prohibidos y secretos capaces de incendiar el reino saldrán a la luz, porque cuando una reina es arrinconada... no suplica: aprende a reinar desde las sombras.
Entre el orgullo, el amor herido y la sed de justicia, el imperio está a punto de arder.
El gran salón del castillo estaba silencioso, salvo por el eco distante de los pasos que se perdían entre los mármoles helados. La luz de los candelabros danzaba sobre los muros dorados, reflejando destellos que parecían burlarse de la solemnidad del momento.
Delante de ella, el emperador permanecía erguido, su túnica azul celeste impecable, como el cielo antes de una tormenta. A su lado, la cuncubina, vestida con harapos que olían a humedad y desesperanza, parecía un contraste grotesco contra la majestad de la sala. Él la sostenía del brazo con firmeza, como quien exhibe un trofeo y teme perderlo.
La emperatriz estaba arrodillada frente a ambos, su espalda recta aunque el orgullo luchaba por no inclinarse por completo. Sus ojos, sin embargo, no bajaban la mirada; eran dos brasas que ardían con un fuego silencioso, observando cada gesto, cada respiración, cada pequeña traición que flotaba en el aire.
El silencio se hizo pesado, casi tangible, como si las paredes mismas contuvieran la respiración. Entonces, la voz del emperador rompió la quietud, suave y cortante al mismo tiempo, y la sala pareció inclinarse hacia su autoridad.
-Aurelia Elyrion- Que asco me das. Pensó la emperatriz aun tendida en el suelo sin quitar sus ojos del emperador. -Yo Cassian Thorne, te concedo la dicha de vivir, pero pagaras con sangre tus errores cometidos... 100 latigazos!-
La sala pasa de estar silenciosa a obtener murmullos, sostienen a la emperatriz por los brazos y esta no dice ninguna palabra, aceptando todo lo sucedido, no obstante, mientras esta es arrastrada de brazos empieza a reír mirando al emperador.
-¿Crees que esto acabara bien? Oh lord Cassian Thorne, esto te va a pesar mucho mas de lo que imaginas-
Esas fueron las ultimas palabras de la emperatriz antes de salir de la sala.
No fueron 2 o 3 latigazos, sino 100, causando así, la muerte de la emperatriz del Reino de Valenryth.