✧.* Oh...no
Debí haberme quedado en casa T-T.
Te arrepentías de haber vuelto a tu trabajo anterior, no solo por el hecho de que ahora harías más trabajo que antes, sino aún más peligroso.
Pero ahora tendrías que compartir espacios con Satoru Gojo, el cual se sentaba como si todo estuviera bien durante una junta de suma importancia.
Llevabas años desaparecida para todos, exceptuando a Nanami, con quien mantenías contacto por un accidental encuentro en una pastelería que él frecuentaba. Terminaron hablando diariamente y, a partir de ahí, no sabes cómo terminaste aceptando y, si no hubiera sido porque Yaga te vio en la puerta, podías haberte ido como si nada.
El solo hecho de haber visto a Gojo de esa manera te hizo reconsiderar las cosas.
Tenías un orgullo que mantener y no por un aniñado peliblanco ibas a cambiar tus planes.
Harías una rabieta en tu break más tarde, si es que tenías uno, pero en caso de que no, solo llamarías a Nanami en la tarde.
Tu regreso a este trabajo era cambiar tu nombre a uno nuevo, después de años de haber trabajado en tu trabajo soñado. La cual eras muy buena y practicabas mucho en tus días de preparatoria, para vivir una vida más relajada.
Lejos del mundo completo, sin contacto con humanos y maldiciones, aun con los recuerdos frescos, establecerías un régimen en ti y tu siguiente vida.
Serías una chamán de nivel, perfección en su habilidad y la más buena en ello, pero, al parecer, Satoru Gojo tenía otros planes que involucran tu presencia.
No importa. Gojo puede hacer lo que quiera, no es de mi incumbencia. Hm!
Recriminabas la estancia del mayor, quien se encontraba estupefacto al verte ahí sentada; ni tenía la menor idea de que regresarías después de años perdida.
Buscándote por años para que terminaras al frente de él, si no hubiera sentido otra energía maldita y el chillido de indignación junto a las puertas de entrada.
Hubiera regresado a su extensa búsqueda para encontrarte, pero ya no lo tenía que hacer más.
Sentías la mirada del peliblanco; el aura de su mirada transmitía sentimientos confusos. No le diste nada de importancia y seguiste renegando su total existencia.
Algo así...
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
No eras para nada silenciosa, no te quedabas callada cuando algo no te gustaba, especialmente si esas ciertas cosas venían de Satoru.
O, como te le referías con frecuencia, “El gran bruto alfa estúpido”.
Eras demasiado expresiva con tus gestos; sin decir palabras, enseñabas tu disgusto por el menor de los defectos de Satoru, quien solo encogía sus hombros.
No era sorpresa que solo tú lo notaras y, como arte de magia, se hiciera más obvio.
“Satoru-san, su banda está chueca de la parte de atrás”.
“Satoru-san, si no puede pronunciarlo, no baje la voz, solo dígalo y ya.”
“Satoru-san, solo admite que te comiste el sándwich de Nanami”.
Satoru
Satoru
Satoru
Era lo único que se oía durante los días que te tocaba trabajar con tus compañeros laborales, los cuales pensaban que era bastante obsesivo de tu parte; lo era bastante para ser exactos.
Te era difícil ignorar esos pequeños defectos que lo hacían diferente a los demás; después de tanto tiempo conviviendo juntos, antes de irte, se quedó en ti corregir lo más mínimo.
Y ha sido así desde que regresaste, jugando al gato y al ratón; gritabas, reclamabas o a veces hasta demandabas mientras el peliblanco reía y se burlaba, tal y como en los viejos tiempos.
Regresabas a tu departamento con furia, llamando al pobre hombre de Nanami, el cual se arrepentía día con día de haberte puesto en el mismo ámbito laboral que Gojo.
El gran bruto alfa estúpido —pensó cansado—.
T/N: ¿Por qué está aquí otra vez? —te quejaste por novísima vez.—
Nanami: ¿Por qué la escuela le ofreció trabajo? —suspiró por décima vez—. Y él aceptó por cuestiones personales.
En cierta forma, agradecía la paciencia que había generado de solo ser tu amigo durante trece largos años; los cuales no admitiría en alto, le fueron de mucha ayuda desde su pérdida.
T/N: Aja, pero ¿por qué está aquí? —respondiste molesta—.
Nanami: Un día finalmente admitirás que te atrae —suspiró cansado nuevamente—.
T/N: No me atrae Gojo, muchas gracias —respondió indignada—.
Colgaste
NO te atrae Satoru y punto final.
Aceptabas que era guapo y fuerte; en ocasiones su presencia era innegable como alfa y puede que tu mirada soliera quedarse demasiado tiempo e inapropiadamente en sus hombros y espalda siempre que tenías oportunidad.
Shoko: Le harás un agujero en la espalda si lo sigues viendo así —se burló—.
T/N: ¿D-de qué, de qué hablas!? - tartamudeaste—. Simplemente es una apreciación objetiva.
Oías cómo Shoko reía suave y bajo, evitando llamar la atención de Satoru, quien se encontraba a unos metros de distancia hablando con uno de sus alumnos que mágicamente había revivido.
Terminando tu labor, te dirigías a tu hogar pensante y todavía con la risa de tu amiga en tu mente, haciendo te re farfullar en el camino.
No porque aprecie ciertos atributos significa que me atrae.
...
Cómo me llegaría a atraer un hombre que me atormenta día tras día, no he perdido la cabeza.
Estabas más que en un estado de negación, generándote conflicto día tras día, dándote cuenta de que Satoru en ningún momento fue grosero contigo.
Nunca fue grosero contigo desde el principio. Se comportó de manera más madura a tu alrededor porque pensaba que lo odiabas. Hizo bromas sencillas y usó apodos lindos para evitar lastimar tus sentimientos.
Es como si tu desaparición sí le hubiera afectado más de lo que pensabas, y no tenías ni la menor idea del porqué, pero tampoco te quejabas del trato.
Lo peor…
Es que ya no escondías tus sentimientos desde entonces.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Nanami: Entonces, ¿está diciendo que le gusta ese gran y estúpido alfa? —dijo burlonamente—.
T/N: Ni una sola palabra más, Kento-san - dijiste abatida—.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Molestar a Satoru no era como antes; sus preguntas se volvieron genuinas. Se volvía más común cuando estaban solos; solicitaba tu ayuda con papeleo cuando lo ocupaba.
Para la cereza del pastel, no podías acusarlo de nada; se había vuelto tan sincero que te ponías nerviosa al estar con él a solas.
Con el paso de los meses, el trato se volvió más atento, invitándote a cenar o llevarte comida hacia tu oficina, traerte recuerdos cuando regresaba de sus misiones, todos ellos siendo cosas que amabas.
Mientras te los daba, reclamaba que era lo único que pudo encontrar a la mano, cuando en realidad se acordaba de cada detalle que le contabas, manteniéndolo para sí mismo en caso de que te burlaras.
Dejándote incluso que fueras la líder toda la semana que les tocó trabajar en equipo, solo con muecas disgustadas hacías que rápidamente cambiara de opinión, dejándote asombrada.
Sospechabas desde ese día que Satoru te estaba cortejando, enamorándote, excepto que solo eran sospechas para ti y una realidad para todos alrededor tuyo, que a este punto no entendían cómo no lo notabas.
Era obvio que quería enamorarte a toda costa, generando esta rivalidad unilateral con Nanami, quien solo dejaba que tomara su lugar cuando se sentía cansado de trabajar.
Y en uno de esos días, todo fue confesado de una inconveniente manera; Satoru tomó tu mano para llevarla a su pecho, dejándote totalmente perpleja, sin saber qué hacer.
Acababan de aniquilar a una de las maldiciones de grado especial, la cual casi acababa contigo si no hubiera sido por Satoru, a quien veías que le temblaban los labios al hablar.
Gojo: T-T/N, NUNCA vuelvas a hacer eso - tartamudeo—. Por favor, no lo vuelvas a hacer.
T/N: S-satoru-san... —Llamaste sorprendida—.
Él solo te jaló hacia un abrazo, saltando del susto a tal acción tan repentina; no estaban en sus mejores estados, por lo cual cayeron de rodillas al piso, casi colapsaban en sus brazos por todo el trabajo que habían hecho.
Sentándose después de un rato, dedos entrelazados suavemente, mejillas enrojecidas por parte de los dos y ojos fijos en la noche estrellada.
Llevaba tiempo desde que te sentías tan cálida y vulnerable; tu corazón iba a mil por hora por algo tan sencillo pero dulce, comenzando a amar ese lado de él.
Al principio te burlabas con cariño de lo tan amoroso y atento que podía ser Satoru con sus sentimientos; lo molestabas hasta que te mimara. Te malcriaba de más, era lo que pensaba el público.
La madurez que habías generado todos esos meses no la aplicabas a la relación que tenías con Satoru, el cual no hacía más que seguirte la corriente y sonreír.
Era tu alfa, para bien o para mal.
…
O intermedio
T/N: Mío —murmuraste malhumorada—.
Escondiste tu cabeza en el pecho de Satoru, el cual no tardó en enredar sus brazos en tu cuerpo, suspirando una risa dulce.
Gojo: Siempre lo fui, Usagi-chan —dijo con anhelo—.
Miró cómo uno de tus mechones de pelo se paraba de indignación, exasperación, cariño e impotencia, sonriendo en silencio al ver lo lindo que reaccionaba tu cuerpo cuando estabas enamorada.