Encuentro
Scott Hunter no es solo un jugador de Hockey, no, es el capitán del equipo de los New York Admirals, Toma su trabajo como líder de su equipo muy en serio, tratando de que no exista discordia entre ellos, siempre se esfuerza por dar el ciento diez por ciento en cada juego para ganar.
Es una buena vida, fama, dinero, lujos y más, pero siempre hay algo, ese sentimiento de soledad al llegar a casa y no tener a nadie que lo reciba o que después de un partido vea a sus compañeros con sus parejas e hijos sin importar si han sido victoriosos o perdedores.
Como todas las mañanas antes de ir a entrenar con el equipo, sale a trotar y así poder despejar la mente de todo el estrés que carga día a día tanto de su vía personal, como laboral. Es en ese momento que se encuentra justo frente a un local de batidos, al que siempre mira de reojo cuando pasa casi todas las mañanas. No sabe que lo hace entrar por primera vez, pero lo hace y al entrar, un ambiente cálido y acogedor lo recibe.
Como pasan de las nueve casi no hay clientes, por lo que puede pasar un momento tranquilo sin tener que esconderse o pedirle amablemente a las personas que lo reconocen que le den un momento para poder estar tranquilo. Camina hasta el mostrador donde encuentra un empleando de espaldas, con una revista y sus auriculares puestos.
—Hola.
Aquel empleado no lo escucha por lo que extiende la mano, le toca el hombro para llamar su atención, pero ante la repentina acción este se asusta y tira la revista, pegando un leve grito por el susto.
—Lo siento, lo siento —Scott se preocupa y trata de disculparse—. Perdón, yo solo quería...
Sus disculpas se ven interrumpidas al ver ya al chico frente, aún un poco asustado, pero con una leve sonrisa en la cara.
—No lo escuché —se rasca la nuca—. ¿Qué le puedo ofrecer?
Pero Scott no puede escuchar nada a su alrededor, mucho menos lo que el guapo chico le está diciendo, solo se puede centrar en la belleza de aquel completo extraño, que lo ha cautivado.
—¿Se encuentra bien? —se ríe un poco tímido por la mirada de aquel sujeto.
Scott se derrite internamente ante la sonrisa tímida que le están ofreciendo.
—¿Ya te han dicho lo hermoso que eres?








