EL SECRETO DE JUNGKOOK

Sinopsis

Jimin y Jungkook han sido novios desde los dieciséis años. Juntos enfrentaron el closet, la universidad e incluso el rechazo de su familia. Su amor es sólido, puro. Pero al entrar en la universidad, Jungkook conoció un nuevo círculo y un lugar, Nexum Room. Lo que empezó como una curiosidad se convirtió en obsesión. Y lo que guardo en silencio…casi destruye lo que más amaba. Cuando la verdad sale a la luz, Jimin se enfrenta a una elección, ¿huir del deseo oculto de su novio o atreverse a explorarlo con él? ⚠️ ADVERTENCIA DEL AUTOR Esta historia es obra original de su autora y está protegida por derechos de autor. ❌ No se permite la reproducción, copia, traducción, adaptación, publicación parcial o total en ninguna plataforma (incluyendo redes sociales, blogs, foros o aplicaciones) sin autorización expresa y por escrito de la creadora. 🔞 Contenido exclusivo para mayores de 18 años: incluye situaciones emocionalmente intensas, lenguaje adulto y temas sensibles. 👁️ Léelo bajo tu propia responsabilidad. Cualquier uso no autorizado será denunciado conforme a las políticas de propiedad intelectual de la plataforma y las leyes vigentes.

Genero:
Erotica
Autor/a:
Kook4Minnie
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

EL SECRETO DE JUNGKOOK O.S.

Jimin estaba sentado en el pequeño porche de su hermosa casa. Había terminado de limpiar y se permitió unos minutos de descanso antes de volver al trabajo. Pensaba preparar ramen para comer; mantenerse ocupado era la única forma de hacer que el tiempo pasara más rápido. Cuando Jungkook no estaba con él, el mundo parecía ir demasiado lento.

Estiró las piernas, apoyó el peso del cuerpo sobre los brazos y alzó el rostro hacia el sol, dejando que el calor le acariciara la piel, como si necesitara absorber toda la luz posible.

--Mmm… sienta bien…--¿Qué es lo que sienta bien, bebé? --escuchó a su espalda, acompañado de unos pasos conocidos.

--¿Jungkook?-- exclamó al girarse--. ¿Qué haces aquí?

--¿No quieres verme? --preguntó él con esa sonrisa capaz de desarmarlo--. ¿Eh?

--Es lo que más espero cada día --respondió Jimin, mirándolo embobado--. Te he echado de menos.

--Y yo a ti, mi amor --susurró Jungkook, acariciándole la mejilla con ternura.

Jungkook era ese amor con el que sueñas desde niño y que casi nunca aparece.Pero yo tuve la suerte de encontrarlo.

Nos conocimos en el primer año de secundaria. Hasta entonces, mi vida sentimental había sido… inexistente. Había salido con algunas chicas, sí, pero todo se quedaba en paseos inocentes, charlas largas y helados compartidos. Nunca sentí nada que me hiciera cuestionarme quién era o qué deseaba realmente.

Di por hecho que era heterosexual. Nunca me detuve a analizarlo. Nunca sentí las mariposas de las que todo el mundo hablaba, nunca sentí deseo real. Hasta que lo vi a él.

No sé si eso me convirtió en algo distinto. No sé si soy gay, solo sé que me enamoré de Jeon Jungkook en el instante en que nuestras miradas se cruzaron.

Fue literal: cinco segundos bastaron para que todo cambiara.

Aquel primer día, mis amigos y yo estábamos sentados en el césped del instituto, hablando del verano, de historias exageradas, conquistas que quizá nunca habían ocurrido. Las risas eran constantes, el ambiente era ligero.

Alguien hizo un comentario subido de tono y todos estallaron en carcajadas.

--¿Y tú, Jimin? ¿Alguna vez te han hecho una buena mamada? --me preguntó uno, entre carcajadas.

--Ríete --me dijo otro--, pero no sabrás lo que es la felicidad hasta que lo pruebes.

Me reí, incómodo, hasta que levanté la mirada…y me encontré con unos ojos marrones, profundos, como los de un cervatillo asustado…o curioso. Y allí estaba

—Hazle caso a tu amigo rubio —dijo al pasar junto a mí, guiñandome un ojo.

Siguió caminando con su amigo sin mirar atrás.

Yo me quedé allí, inmóvil, con los labios entreabiertos y el corazón desbocado, intentando entender por qué mi cuerpo había reaccionado de una forma completamente nueva, por primera vez en mi vida, sentí una erección que no venía de mis sueños, ni de mis manos…venía de él.

Nos hicimos amigos, y sin darme cuenta, nuestros amigos también lo hicieron.

Al mes, ya no podía engañarme: algo en mí había cambiado. Cada vez que Jungkook aparecía, mi corazón se aceleraba como si anunciara una guerra interna. Me sudaban las manos si me hablaba y, cuando estábamos a solas, no lograba sostenerle la mirada. Se lo terminé confesando a Yoongi.

--Estás colado por Jeon --me dijo sin rodeos--. Ahora solo tienes dos opciones: intentarlo… o dejarlo pasar.

Olvidarlo nunca fue una opción. Durante los meses siguientes, con la ayuda de Taehyung, el novio de Yoongi, empecé a acercarme a él poco a poco. Nada descarado, solo gestos pequeños, intenciones claras para quien supiera mirar, me interesé por sus gustos, sus películas favoritas, los libros que le marcaban.

Jin me ayudó mucho. En poco tiempo me había adoptado como a un hermano menor, y yo le devolví el cariño con la misma intensidad.

A veces llevaba “casualmente” su comida favorita cuando coincidíamos solos. Le pedía recomendaciones, le acomodaba el cabello sin pensarlo demasiado, estaba ahí cada vez que me necesitaba, quería ser alguien importante para él.

Un día quedamos en mi casa para estudiar. Yo dominaba el inglés, mi madre es americana, para él era un suplicio, pero lo necesitaba para acceder a un buen posgrado. Tras horas de estudio, bajamos a la cocina a tomar algo, hablábamos de todo… hasta que, de repente, Jungkook me miró de una forma distinta.

—¿Ya te han hecho una mamada, Jimin?-- casi me atraganto.

Tosi y me limpié la boca con el dorso de la mano, las mejillas las tenía en llamas, Jungkook se inclinó, lentamente, y con el pulgar me limpió una gota en la comisura de los labios, el contacto fue breve, pero eléctrico. Le negué sin hablar, todo mi cuerpo estaba en alerta.

—¿Nunca has querido saber cómo se siente? —susurró, demasiado cerca, tragué saliva y asentí.

Era incapaz de hablar, pero Jungkook no apartó la mirada, se acercó a mi, hasta que su aliento rozó mi oreja. Y entonces, con una sonrisa que prometía pecado, me susurró:

--¿Quieres que yo te la haga?

Jungkook no esperó respuesta, no la necesitaba, sus dedos ya estaban en mi cinturón, desabrochándolo con una lentitud que rozaba la tortura, contube el aliento, no por miedo sino por asombro.

--Relájate --murmuró Jungkook, la frente apoyada en mi muslo--. Confía en mí.

Confuso y sintiendo vergüenza, solo escuchaba en mi mente “¡Confía, ciegamente!“, cuando la tela cedió y el aire frío rozó mi piel. Y aunque en ese instante me sentí expuesto y vulnerable, todo cambió cuando Jungkook puso sus dedos expertos en mí, comenzó a desabotonar mi pantalón, seduciéndome con cada movimiento, mientras me miraba fijamente a los ojos como si me estuviera devorando. La ropa se deslizó por mis piernas, dejando mi miembro al aire, que ya mostraba todos los signos de excitación y dejaba ver las gotas de pre semen que lo envolvían.

Con una ceja levantada y una sonrisa pícara en sus labios, me susurró: “¿Tienes ganas de que te la chupe, mi rubio bonito?“. Tragué saliva asintiendo, completamente drogado por su voz y la promesa de placer que contenía ese “sí”.

Lanzó mi ropa hacia un lado, y mirándome con esa media sonrisa suya, me dio la orden que mi cuerpo obedeció sin titubeos. Me subí a la encimera de la cocina y abrí mis piernas, ofreciéndole un lugar perfecto y un acceso total.

Con sus dedos rozando mi glande, me entregué al instante al placer y dejé escapar un gemido como el de una gata en celo, deseando liberar ese deseo contenido y entregarme a la pasión que nos envolvia. Sus manos, como expertas en el arte, envolvieron por completo mi miembro, comenzando un movimiento lento y cadencioso, haciendo que mi cuerpo se entregara por completo a este paraíso terrenal.

En apenas un instante, pude ver cómo se agachaba y lamió suavemente mi miembro desde abajo, recorriendo cada centímetro con su lengua. Casi exploto allí mismo, pero él notó mi calentura y me susurró: “Tranquilo, relájate; aún nos queda mucho por disfrutar”.

Sus labios seguían acariciando mi miembro, la lengua suave rozaba cada centímetro, haciéndome sentir placer en cada parte de mi ser. Mi cuerpo tembló ante esta sensación y, sin poder resistirme, tomé parte del asunto y, con la fuerza justa, comencé a mover la cabeza de Jeon, empujándolo más adentro, hacia mi deseo de sentir más placer.

Me mordí los labios, luchando por mantener mis gritos y gemidos contenidos, no quería perder el control que, en realidad, ya no tenía. Entonces clavé mi mirada en la suya y vi cómo sus ojos se encontraban con los míos, llenos de lujuria y ansias. Sus labios, enrojecidos e hinchados por el esfuerzo y el movimiento continuo, estaban cubiertos por esa deliciosa capa de esa viscosidad que me volvía loco.

En ese preciso instante, al ver su mirada y la sensualidad de ese espectáculo, mi cuerpo se entregó ciegamente al placer, llegando hasta el clímax, un éxtasis que me dejó sin fuerzas, pero me llevó a ese séptimo cielo que nunca antes había imaginado.

La sensación era tan placentera que podría haber muerto allí mismo y moriría completamente feliz. Jungkook me sostuvo hasta el final, limpiándome con cuidado, besando la piel sensible de mi abdomen como si fuera sagrada.

Jungkook se levantó despacio, con esa expresión suya que siempre parecía decir más de lo que pronunciaba. Pasó la lengua por sus labios, como saboreando algo más que mi esencia, y joder… ya estaba duro otra vez. Se acercó, me tomó el rostro entre sus manos y me besó, no fue apasionado, fue tierno, como si ya supiera que esto era el principio de algo más grande.

--¿Quieres ser mi novio? --preguntó, los ojos brillantes, la voz apenas un susurro.

No lo dudé ni un segundo, mi respuesta fue un sí torpe, precipitado, lleno de nervios y de una felicidad que me explotaba en el pecho. No había sido romántico en el sentido clásico, no hubo velas ni promesas eternas, pero había sido real, y eso de algún modo era perfecto.

Desde entonces, todo fue in crescendo. Nuestros sentimientos, nuestras citas improvisadas, la forma en la que aprendíamos el cuerpo del otro como si fuera un idioma nuevo, Jungkook sabía cuidarme, sabía cuándo abrazarme y cuándo dejarme espacio. Sabía hacerme sentir único e importante.

Cuando llegó el verano antes de empezar la universidad, decidimos contarlo en casa. Mi familia se sorprendió al principio, lo entendimos, pero en pocos días lo aceptaron. Jungkook empezó a pasar tanto tiempo conmigo que prácticamente vivía allí.

Con su familia no fue igual. Le obligaron a elegir entre su sexualidad o su familia, y cuando eligió ser quien era, lo echaron de casa. Así que se quedó conmigo.

Nos mudamos juntos desde el primer día de clases. Nuestras carreras no tenían nada que ver, pero era la única forma de seguir viéndonos cada noche, de no perdernos en rutinas distintas.

Todo iba bien… hasta segundo año.

Fue entonces cuando Jungkook empezó a juntarse con un nuevo grupo de chicos, un grupo de su club de artes marciales. Salía más, volvía más tarde y había veces ni siquiera volvía. Alguna noche me dejó esperando hasta la madrugada y apareció borracho, con la sonrisa ladeada y promesas que sonaban a excusas. Me convencí de que era una etapa, yo era su novio, no su madre o su carcelero.

Hasta que un día, durante un receso, escuché murmullos. Alguien hablaba de una pelea en el tatami. Sentí un golpe seco en el pecho, mi sangre se heló y eché a correr sin pensarlo. Cuando llegué, la gente formaba un círculo cerrado y abrí paso como pude… y lo vi, era Jungkook. Tenía el labio partido. Frente a él, uno de sus nuevos amigos apenas se mantenía en pie, sangrando. Me coloqué entre los dos, suplicándole que parara. Cuando conseguí que me mirara a los ojos, se detuvo.

Esa noche, en casa, mientras le limpiaba las heridas y cambiaba las tiritas, intenté mantener la voz firme.

--¿Me vas a contar qué ha pasado, amor? --No respondió.

Y ese silencio me dio más miedo que cualquier golpe. Solo me miraba, los ojos húmedos, la mandíbula apretada.

—Si te lo cuento… me dejarás —dijo al fin, con la voz rota—. No quiero que eso pase. He sido un imbécil, Minnie, no te merezco. Quizá deberías dejarme tú.

Tragué saliva, mis manos temblaban, aquello solo podía significar una cosa.

—¿Me has sido infiel, Jeon?

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Sentí que algo dentro de mí se quebraba. Le había dado confianza, libertad, todo. Y ahora el karma parecía reírse de mí por haber presumido tanto de nuestra relación perfecta.

—No… —dijo al cabo de unos segundos que se me hicieron eternos—. Pero estuve a punto.

Fruncí el ceño, dolido y enfadado a partes iguales.

—¿Cómo que “a punto”? —mi voz salió más dura de lo que pretendía—. O se es infiel o no se es, Jungkook. No juegues conmigo, porque sabes que soy capaz de irme lejos… y no volver hasta olvidarte. Sabía que no le estaba tirando un farol, por eso temblaba.

—Si quieres… te lo cuento todo desde el principio —susurró—. Y si decides dejarme, lo entenderé.

Y en ese momento supe que, dijera lo que dijera, nada volvería a ser tan sencillo como antes.

Me contó que, cuando empezó a coger confianza con ese nuevo grupo, las conversaciones fueron derivando poco a poco hacia temas íntimos. Sexo, fantasías, experiencias. Para ellos no parecía existir nada más, al principio le resultó extraño, incluso incómodo, pero acabó tomándoselo como algo banal, casi como un juego.

Con el tiempo lo llevaron a un club, un lugar llamado Nexum Room.

--Es un club… --dijo, la voz baja, como si temiera que las paredes escucharan--. La gente va a mirar parejas, tríos, orgías… todo sucede en un escenario, BDSM, fetiches, juegos de poder… erotismo puro.

--Al principio solo observaba. Me fascinaba ver cómo el placer transformaba sus caras. Cómo el cuerpo hablaba cuando la mente callaba. Y luego… luego empezaron a hablar de ello como si fuera normal. Como si todos dieran por hecho que yo también quería probar.

Por las mañanas, entre risas y café, hablaban sin pudor de lo ocurrido la noche anterior.

—¿Por qué nunca me hablaste de esto? —le pregunté, con un nudo en la garganta—. Y no me digas que era “por mi bien”. Soy tu novio. No me gusta imaginarte rodeado de cosas así.

Bajó la mirada antes de responder.

—Porque… de algún modo sentía que era solo mío. Un secreto. Algo que compartía con ellos y no contigo.

Siguió contando cómo, en las madrugadas, analizaban cada acto, cada gemido, cada límite roto. Cómo, a veces, invitaban a otros a su mesa… y la conversación se volvía lasciva, llena de dobles sentidos, de insinuaciones descaradas, coqueteo puro.

--Follaron delante de mí --admitió--. Y yo… yo me iba, siempre me iba antes.

—¿Te gustaba mirar? —pregunté, la garganta seca.

—Sí —respondió, sin dudar—. Pero nunca sentí ganas de tocar a nadie. Solo… imaginaba hacerlo contigo.

Me aseguró que nunca cruzó la línea, que jamás deseó estar con ninguno de ellos, aunque admitió que le excitaba mirar y entonces lo entendí. Nuestros encuentros se habían ido espaciando, apagándose poco a poco. Yo lo había atribuido al estrés, a una etapa más pero nunca imaginé que el motivo fuera ese.

--¿Por eso ya no querías estar conmigo? --susurré, sin poder disimular el temblor en la voz-- Negó de inmediato.

--No, nunca fue ese el problema… —tragó saliva— es que lo que conocía ya no me bastaba. Empecé a imaginar cosas contigo, cosas que no sabía cómo pedirte. Me frustraba. Y esa frustración me estaba consumiendo.

La última noche fue el punto de quiebre. Me contó que, tras varias copas, empezó a sentirse extraño, mareado, acalorado, como si su cuerpo no le perteneciera del todo. A última hora, varias personas se unieron a la mesa y las historias subieron de tono. La excitación flotaba en el ambiente… y eso le asustó, sintió náuseas y corrió al baño.

--Allí, mientras me enjuagaba la boca, alguien entró tras de mí y cerró la puerta. Se acercó demasiado, me empezó a hablar como si todo aquello estuviera pactado de antemano, como si yo solo fuera solo una pieza más del juego.

--Se arrodilló, yo… no podía hablar, tenía la mente en blanco. Cuando bajó mi cremallera… Cerré los ojos, y en ese instante… imaginé que eras tú. Me puse duro como una piedra, pero entonces… sentí su mano dentro de mis bóxers y supe que no eras tú…No era tu tacto ni era tu calor.

—Lo empujé, salí corriendo y vomité de nuevo. Te juro que mi mente se quedó en blanco —me dijo con los ojos vidriosos—. No podía hablar, ni podía pensar, hubo un momento en que solo quería desaparecer.

--Después salí de allí como pude, tambaleándome. Tomé un taxi y fui directo a casa de Hoseok. Le conté todo. Hobi, alarmado, me llevó a su laboratorio y me hizo una prueba. El resultado llegó esta mañana, había restos de una sustancia estimulante en mi sangre, más concretamente Molly.

Sentí una rabia tan profunda que por un instante quise ir y destrozarlos a todos.

--Ahora todo encaja --continuó--. Me habían presionado durante semanas. Al negarme una y otra vez, alguien decidió hacerlo por mí. Matt me puso la droga en la copa, sabían que no cedería… así que decidieron forzarme a caer y si mi cuerpo no hubiera reaccionado como reaccionó… no sé qué habría pasado.

Tenía la mirada perdida. Entonces fue a pedir explicaciones y sucedió la pelea.

--Casi te soy infiel, cariño--susurró--. Y si hubiera ocurrido… no habría podido volver a mirarte a la cara… Pero hay algo que me aterra más --alzó los ojos, rotos--. Una parte de mí sabe que necesita algo más y no sé qué hacer con eso.

Fue como recibir un balde de agua helada, lo vi incapaz de sostenerme la mirada, encorvado, derrotado… Mi pecho se cerró, como si alguien lo estuviera apretando con fuerza…¿Quería decir eso que lo nuestro se estaba muriendo?

--¿Entonces deberíamos dejarlo? --pregunté, la voz temblando más de lo que quería admitir.

--¿Qué? --frunció el ceño, desconcertado--. ¿De qué demonios estás hablando, Jimin?

Tragué saliva antes de continuar.

--Si ya no te satisfago… y tus deseos no incluyen compartirlos conmigo, ¿qué se supone que debo pensar? --tomé aire, reuniendo valor--. No quiero una relación a medias, Jeon. No quiero quedarme esperando a que un día decidas irte. Si el final es inevitable, prefiero no alargarlo.

--No pienso dejarte, no quiero… no lo haré --me tomó la mano, acariciándola con una suavidad que contrastaba con la tormenta que llevábamos dentro--. Solo tenemos que encontrar la forma de unir nuestros mundos. Tú eres dulce, cuidadoso… amas el amor lento, las caricias, los besos que lo envuelven todo, y yo nunca quise cambiarte, nadie debería cambiar por nadie.

Una sonrisa ladeada se dibujó en mis labios. Alcé la vista y lo miré fijamente.

--¿Y quién te dijo que eso es lo único que me gusta? --arqueé una ceja--. Todas mis primeras veces fueron contigo, no conozco nada que no haya vivido a tu lado. ¿Nunca pensaste en confiar en mí? ¿En descubrir juntos?

Parecía desconcertado… y, al mismo tiempo, intrigado..Jungkook soltó una risa nerviosa, incrédulo.

--Vamos, Jimin… ¿ahora vas a decirme que te gustaría que te azotara? ¿Que te follara duro? ¿Que usáramos juguetes? ¿Hicieras roleplay?

En respuesta, un tirón caliente me recorrió la entrepierna…Sin pensarlo, llevé la mano al bulto en mis pantalones y lo rocé… lento, de forma necesitada. Los ojos de Jungkook se abrieron como platos.

--¿Acabas de tocarte… encima del pantalón?

--Y me he puesto durísimo --respondí, rozándome de nuevo, esta vez con más intención, así que cuéntame, Jeon…¿Qué cosas pensabas que haríamos mientras “hacíamos el amor”? ¿Qué te gustaría que probáramos?

Se quedó inmóvil. Pude ver cómo luchaba consigo mismo.

--No juegues conmigo, Minnie… --su voz era ronca, los ojos fijos en mi mano, donde ya había sacado mi miembro y lo acariciaba despacio, de arriba abajo, con deliberada lentitud, no sabes lo que estás provocando.

--¿Ah, no? --murmuré, la respiración entrecortada--. Pues quiero aprender…Soy un buen alumno… ¿No quieres ser mi profesor, Jeon?

--No digas que no te lo advertí --Él exhaló, como si contuviera un trueno.

El silencio que siguió fue denso, casi palpable. Finalmente, se apartó de mí y se dirigió hacia el pequeño ático de la casa. Regresó minutos después con una caja, no era grande, pero el peso simbólico que cargaba parecía enorme, era un pequeño baúl con cerradura.

Mi corazón latía como un tambor, pero no retrocedí.

--Déjate de rodeos --dije, la voz firme, aunque las manos me temblaran--. Dime qué tienes ahí.

Con cuidado, Jungkook depositó el baúl en el suelo y levantó la tapa. Un aroma a cuero envejecido y goma sintética se elevó en el aire, mezclándose con el calor de nuestras respiraciones. No pude creer lo que veía…Dentro, ordenados con una precisión casi ritual había dildos de distintos tamaños, vibradores silenciosos, látigos suaves, floggers de cuero, esposas acolchadas, frascos de lubricante, plugs anales…

Mi novio era un pervertido…Sentí una mezcla de sorpresa, vértigo… y una excitación que me recorrió sin pedir permiso. Jungkook bajó la mirada, como si esperara reproches.

--Cariño… yo casi te pierdo, casi te traiciono…Deberías estar enfadado conmigo.

Lo miré fijamente.

--Y lo estoy --admití--. Pero si esta vez eres sincero conmigo… quizá podamos empezar de nuevo.

Sus ojos se alzaron despacio, primero de incredulidad, luego algo más oscuro e intenso. Esa sonrisa suya , la que siempre lograba desarmarme apareció en sus labios.

--Entonces… --susurró acercándose-- lo vamos a pasar muy bien, Minnie.

Sus palabras me erizaron la piel. Me besó con suavidad, como si me estuviera pidiendo permiso una última vez.

--Voy a enseñarte cosas que no sabías que deseabas --continuó, rozando mi oído--. Voy a hacerte disfrutar… despacio.

Mi corazón latía con fuerza, apenas dudé un segundo.

--Enséñame, Jungkook --dije, la voz ronca, necesitada--. Quiero probarlo todo… contigo.

Sus ojos brillaron con una intensidad nueva.

--Lo vamos a pasar muy bien, Minnie --susurró, antes de besarme, su lengua trazó el contorno de mis labios de forma lenta y prometedora.

--Te voy a convertir en mi obsesión personal.

El estómago se me contrajo. “¿De verdad me gustaba que me llamara así?”pensé…Sentí un tirón caliente en la entrepierna, las perlas apretándose, y una humedad traicionera entre las nalgas, casi podía sentir cómo mi cuerpo ya se preparaba para él.

--Hazlo —dije, la voz temblando—. Haz lo que quieras conmigo, confío en ti.

Sus ojos brillaron, oscuros de deseo.

--Oh, sin duda, bebé…Ya no hay vuelta atrás, has abierto la caja de Pandora…y ahora tendrás que hacerte responsable de lo que hay dentro.

Se levantó, pero no sin antes rozar sus labios con los míos una última vez. Se apartó lo justo para mirarme de arriba abajo.

--Ve a ducharte --añadió--. Yo haré lo mismo. Te espero aquí.

Me giré sin responder, el temblor en mis manos lo decía todo.

Y obedecí. No fue una ducha cualquiera, fue mi consagración. El agua caliente deslizándose por cada curva, cada pliegue, como si preparara mi cuerpo para un ritual sagrado… Me tomé mi tiempo, cuidando cada gesto, cada caricia sobre mi propia piel, buscando sentirme limpio, seguro… dispuesto y con devoción, limpié lo que debía estar limpio. Usé la lavativa con calma, sabiendo que esta noche no habría lugar para la vergüenza, solo para la entrega.

Luego, la cera, con cada tira arranqué no solo bello, sino inseguridades y cuando terminé, mi piel estaba suave… como si naciera de nuevo.

Salí del baño envuelto en una toalla, el corazón golpeando contra mis costillas. En el cajón, encontré esas culottes negras que llevaban meses escondidas, esperando a que yo tuviera el valor de usarlas y me las puse. Un pijama corto de seda fresca, no necesitaba nada más, respiré hondo antes de salir del dormitorio.

Cuando entré en la habitación, allí estaba él…Sin camisa, con unos vaqueros negros gastados y descalzo, apoyado de forma despreocupada, como si supiera exactamente el efecto que causaba… Me detuve un segundo, admirando su belleza ¿Era posible que alguien fuera tan peligrosamente atractivo? Y era mío.

Cuando me vio, sonrió. Esa sonrisa ladeada, traviesa, que siempre prometía problemas… de los buenos. Extendió la mano hacia mí.

--Ven aquí, cariño…--Su mirada me recorrió sin prisa, como si me desnudara sin tocarme --Despacio… --ordenó con voz baja--. Quiero verte.

Se sentó entonces, con una postura relajada pero dominante, observándome con atención absoluta y tuve que tragar saliva.

--Hazlo lento --añadió--. Déjame desearte.

El calor me subió a mi cara, ese no era el Jungkook tierno y cuidadoso que conocía tan bien… Era otro más oscuro, más seguro pero igualmente mío. Y, sorprendentemente, no quería que se fuera.

Mirándole a los ojos me deshice de cada prenda despacio y con cada una, me acaricié buscando mi propio placer. Tocaba mis pezones rosados con la camiseta, mi miembro ya semiduro y mis cachetes mientras bajaba mi pantalón y me puse de espaldas a él. Bajé el pantalón lentamente y sentí que mi trasero se ponía firme, enseñando mis braguitas. El olor a sudor y excitación llenaba la habitación mientras que el sonido de mis jadeos creaba una sinfonía cautivadora.

--Uff, esto ha sido caliente, Jimin, me estás poniendo muy duro...-- Se estaba empezando a tocar por encima de aquel vaquero mientras me observaba. Bájate las bragas, enséñame tu bonita polla.

Sabía que quería verme desnudo y vulnerable para él, así que lo hice despacio hasta que se dio cuenta de que estaba completamente depilado y siseó, sorprendido.

--¿Quizás he subestimado a mi pequeño novio?--- decía mientras iba hacia mí y me rodeaba caminando despacio -- Eres un pecado capital.

Pude sentir su aliento caliente en mi nuca y eso hizo que mi piel se erizara por completo.

--¿Tiene algo ese baúl que no quieras usar?-- Negué con la cabeza, sintiendo que mi corazón latía rápido de emoción. --Habla con palabras, necesito saber qué piensas.

--No, estoy dispuesto a jugar con lo que quieras -- Contesté, luchando con mis propios deseos. Jungkook estaba haciendo cosas que nunca había imaginado, pero también estaba descubriendo cosas nuevas sobre mí mismo y eso me asustaba y excitaba a partes iguales

--Buen chico -- Besó mi cuello y mordió mi clavícula -- Eres tan delicioso que no puedo dejar de pensar en morderte, devorarte... --Mientras sus palabras sensuales resonaban en la habitación, comenzó a besarme en los pezones, lamiéndolos y chupando hasta que empezaron a ponerse duros y doloridos. Bajó a mis muslos y repitió el mismo proceso. Abrió mis piernas, besó y succionó la cara interna de mis muslos, provocándome escalofríos y estremecimientos en todo el cuerpo.

Finalmente, llevó su boca a mi dolorida polla, calentándola y embutiéndola en su boca suave hasta el final. Comenzó a moverla hacia adentro y hacia afuera, lamiendo como si fuera un helado que se está derritiendo y masturbándola mientras rozaba su lengua en la punta. La forma en que lo hacía era tan intensa que parecía gustarle tanto que más que placer, parecía ser una demostración de la gula de Jungkook por mi cuerpo.

--Jungkook... voy a correrme en tu cara... Ahora --gimoteaba mientras intentaba aguantar un poco más, mi cuerpo temblando de anticipación.

--Correte bebe, encima de mí, donde quieras... Vamos--y ese fue el detonante para explotar. Hilos de semen caían sobre su cara y yo gemía mientras los últimos espasmos de placer sacudían mi cuerpo, vaciándome por completo sobre mi novio.

--Lo has hecho tan bien, mi chico bueno--me decía mientras nos mirábamos a los ojos, ambos jadeantes y sudorosos -- Ahora quiero que me limpies y te lo tragues todo, quiero que veas lo bien que sabes-- Uff, esto se va a poner intenso.

Me acerqué sin pensar, guiado por un impulso que ya no sabía, ni quería, contener, saqué mi lengua comenzando a lamer toda mi esencia extendida en su cara , su sabor estaba mezclado con la salazón del sudor de su cara, extrañamente aquello me estaba calentando,..Mis labios buscaron los suyos con una urgencia distinta, más oscura, más consciente. El beso fue profundo, lento al principio, y luego cargado de una electricidad que me recorrió entero. Su respuesta fue inmediata, me sostuvo con firmeza, como si me anclara al suelo mientras el mundo desaparecía.

--Ahora —murmuré contra su boca--… ahora quiero perderme contigo.

Su sonrisa fue peligrosa, de esas que no prometen nada bueno… y aun así lo deseas.

--Mira allí --dijo en voz baja.

Seguí su mirada y algo permanecía cubierto, esperando… No pregunté aunque la curiosidad y el deseo iban de la mano.

--Tráelo --ordenó--. Pero despacio.

Cada paso era un latido, cuando lo tuve frente a nosotros, volvió a sentarse, observándome con una atención que me quemaba la piel.

--Abrelo, confía en mí --susurró.

Descubrí lo que ocultaba y el aire se me quedó atrapado en el pecho. ¿Qué demonios era eso? ¿ de donde lo había sacado ?. No por lo que era… sino por lo que significaba, por lo que implicaba: entrega, fantasía, un límite cruzado juntos.

--Esto que ves aquí , es un culo de silicona --dijo Jungkook, levantando el objeto con una calma que contrastaba con el latido acelerado en mis sienes-- no es un trasero cualquiera. Es una réplica exacta del mío, a tamaño natural. Cada pliegue, cada vena, cada imperfección… está ahí. No lo compré en una tienda ni un sexshop, lo hice moldear para ti, porque quería que, incluso cuando no estuviera contigo…algo de mí te tocara.

No pude hablar, solo miré aquel juguete de silicona, realista hasta lo inquietante, y sentí un escalofrío que no era de asco… sino de posesión.

--¿Y… qué tengo que hacer con él? --pregunté, la voz apenas un hilo, la garganta seca.

Jungkook no respondió de inmediato, solo me miró, y en sus ojos no había burla, había perversión, excitación..

--Lo que quieras, Minnie. Pero recuerda…cada vez que lo toques, estarás tocando mi piel, cada vez que lo beses…estarás besándome a mí, cuando lo folles será a mi quien penetres

Tragué saliva porque en ese instante, entendí que esto no era un juguete, era una forma de decir “Incluso mis partes más extrañas… son tuyas.”

—Hay cosas —continuó— que solo existen porque tú estás aquí. Porque eres tú.

Alcé la vista. Sus ojos no tenían rastro de duda, solo deseo… y algo mucho más profundo

—¿Sigues conmigo? —preguntó.

Asentí. Sin palabras. Sin miedo.

--Entonces escúchame, quiero que lo folles --dijo--. Déjate sentir. Yo guiaré… tú solo respira, llevo mucho tiempo pensando en mirar como te acuestas con otro, que seas tu quien lo penetre. Pero ambos sabemos que mis celos y mi posesión no lo dejarían ni acercarse a ti. --me miró-- ¿quieres cumplir mi fantasía cariño ?

Y en ese instante entendí que no se trataba de cuerpos, ni de juegos, ni siquiera de deseo.Era la intimidad más desnuda que habíamos compartido jamás. Y yo estaba listo.

Me senté en la cama y coloqué la réplica frente a mí. Casi no había tocado el objeto, pero algo en su presencia me atraía. Sentía una mezcla de morbo y curiosidad que no podía dejar de explorar mientras mis manos recorrían mi pecho, rozando mis pezones erectos con las yemas de mis dedos. Metí mis dedos en mi boca, sacándolos llenos de saliva resbaladiza, y el roce de mis dedos sobre mis pezones se volvió aún más placentero.

La excitación me invadió y me puse de rodillas, echando mi cuerpo hacia delante en busca de fricción contra el colchón mientras comenzaba un vaivén lento y tortuoso, masturbándome y acariciando mis pezones al mismo tiempo. Mi polla ya estaba expulsando presemen y, en un arrebato de placer, pellizqué uno de mis pezones, mezclando la sensación de placer y dolor en un orgasmo abrumador.

--Ahhh, Jungkook...-- Un gemido agudo y prolongado salió de mi garganta -- ¿Cómo pude haber sentido tanto placer con ese dolor?

Estaba ansioso por sumergirme aún más en esa sensación, hundiendo mi polla dolorida en el colchón una vez más.

--Eso es, bebe, sigue así, me estás poniendo muy cachondo... Estoy tan duro por ti -- Jungkook decía esto mientras se maltrataba su propia polla, su boca entreabierta en un gesto de placer -- Folla el juguete Jimin, folla el culo de tu novio, date placer al penetrarlo...

La idea me calentó más aún, si eso era posible. Esta vez me levanté y cogí el juguete, poniéndolo frente a mí mientras seguía masturbándome. Todo era tan morboso y sensual que me perdí en la experiencia. Sentí la suavidad del juguete con mi mano, explorándolo como si fuera real. Había pensado muchas veces cómo sería practicar el beso negro con Jungkook, pero siempre me había quedado con la duda.

Sin saber muy bien por qué, me dirigí hacia el agujero de silicona, sintiendo su textura suave y realista que me erizó la piel. Acaricié suavemente el borde del agujero, metiendo mis dedos en él y sintiendo su calor y suavidad. La sensación no fue desagradable, de hecho, me encantó, y comencé a pensar como sería tocar uno de verdad.

--¿Te estás preguntando si se siente como uno real? --preguntó Jungkook, esa sonrisa traviesa curvando sus labios.

--¿Qué comes que adivinas mis pensamientos, amor? --respondí, la voz ronca.

Le miré, curioso, fascinado.

--Ven aquí, bebé. A partir de ahora, entre nosotros no habrá secretos, ni ascos, ni miedos, solo… placer, y si tú pruebas todo por mí…yo haré lo mismo por ti. Sin dudar y sin esconderme.

Sus palabras me golpearon como una ola caliente. Porque no era solo sexo lo que prometía sino una entrega total. Y en ese instante, mis manos se deslizaban por el cuerpo de Jungkook, acariciando cada curva y cada músculo. Su piel estaba caliente por la anticipación y el deseo, y yo quería saborear cada parte de él. Mi boca encontró la suya, y nos besamos profundamente, nuestras lenguas entrelazadas en una danza sensual. Pude sentir el rítmico latido de su corazón contra mi pecho, y eso me hizo desearlo aún más.

Mis dedos encontraron su miembro, erguido y listo para el placer. Lo acaricié suavemente, disfrutando de su textura suave y cálida. Jungkook gimió contra mi boca, y ese sonido me embriagó. Comencé a mover mi mano hacia arriba y hacia abajo, masturbándolo con un ritmo constante. Su respiración se hizo más pesada, y pude sentir cómo se tensaba contra mí, perdido en el momento.

Mientras mis manos exploraban cada parte de su cuerpo, mi boca también buscaba su placer. Besé su cuello, su pecho, su estómago, sintiendo su piel ardiente. Cuando llegué a su culo, lo recibí en mi boca con avidez, lamiéndolo y chupándolo como si fuera el manjar más delicioso. Jungkook dejó escapar un jadeo, y sus manos se enterraron en mi cabello, acercándome más a él.

Perdí la noción del tiempo, entregado por completo al placer que compartíamos. Nuestros cuerpos se movían al unísono, buscando el clímax que prometía liberarnos de esta tensión increíble. Nuestros gemidos se mezclaron en el aire.

Saqué mi lengua y la coloqué entre sus nalgas, presionando suavemente contra su entrada. Era un momento surrealista, ambos llenos de lujuria y deseo. Lentamente, empujé y sentí cómo comenzaba a ceder, permitiéndome entrar en él.

--Ah, sí, Jimin...-- Jungkook gimió suavemente, su respiración entrecortada y sus ojos clavados en los míos, llenos de deseo y placer. Sus manos apretaban el sillón, mientras yo comenzaba a hacer movimientos rítmicos, cada vez más profundos.

--Te gusta mi vida -- susurré mientras la pasión crecía entre nosotros.

Nuestros cuerpos se movían en perfecta sincronía, cada intromisión con mi lengua era más intensa que la última. Podía sentir cómo nos estábamos aproximando al clímax, no sabía quien estaba disfrutando de esto más, nuestras almas conectadas al deseo de ese momento, incapaces de pensar en nada más que en el placer del otro. Jungkook alcanzó su orgasmo, su cuerpo temblando contra el mío mientras emitía una serie de gemidos y suspiros. Ese sonido, el sonido de su placer, fue suficiente para llevarme al borde y, casi, hacerme caer al abismo del éxtasis.

--Fóllame Jimin…--me dijo mirando al juguete encima de la cama-- vas a disfrutarlo

Estaba tan excitado que me dolían los huevos de aguantar. Me acerque a aquel culo y posicioné mi polla en agujero, sería la primera vez que yo penetraba a algo o alguien..y me deslice dentro… despacio notando la fricción. La sensación mando calambres a través de todo mi cuerpo. Aquel juguete tenía mi polla deliciosamente atrapada en aquel agujero estrecho. Me deje llevar. Eché el objeto hacia delante y me puse de rodillas, lo sujeté bien de los dos cachetes y comencé a follármelo.

Me estaba volviendo loco, yo disfrutaba mucho de ser pasivo, me gustaba sentir la polla de Jeon abriéndome y llenándome, pero penetrar aquel culo también me estaba dando placer. Mi polla estaba dura y rezumaba líquido de ella facilitando las embestidas que le daba.

La cálida respiración de Jungkook en mi nuca y el leve roce de sus dedos en mi entrada me pusieron en alerta de inmediato. Mi adrenalina comenzó a fluir mientras sus penetraciones lentas y cuidadosas me sumergían en un torbellino de placer y deseo.

--¿Te gusta esto, bebe, te gusta follarlo? --susurró en mi oído mientras sus dedos se movían dentro y fuera de mí, haciendo que el calor se acumulara entre nosotros. Tenía razón al recordarme que esto apenas era el principio

--Sí, Kook... —le contesté entre jadeos, saboreando el deleite que cada movimiento de sus dedos me proporcionaba—. Me encanta follarlo, y me encanta que me mires.

Acto seguido, sentí el primer azote. Cerré los ojos y dejé escapar un grito, mientras mis manos buscaban algo a qué agarrarme.

Me giré un poco para observar su rostro, intentando descifrar la razón detrás de sus acciones. Jungkook caminó hacia un baúl y sacó un bote de lubricante, vertiendo su contenido sobre su miembro erguido y distribuyéndolo cuidadosamente. Luego se acercó a mí y, con suavidad, sostuvo mi cara y comenzó a besarme apasionadamente.

--Relájate, cariño —murmuró contra mis labios, mientras continuaba acariciando su miembro.

Sentía su glande presionando contra mi entrada lentamente, esparciendo el lubricante y haciendo que mi cuerpo se estremeciera de anticipación.

--No voy a poder aguantarlo, Kook —gemí con la respiración entrecortada—. Tu polla me tiene al borde del orgasmo.

Jungkook comenzó a penetrarme lentamente, permitiéndome acostumbrarme a su presencia y disfrutar de la deliciosa mezcla de placer y dolor. Sí, sentía ardor al ser invadido por su dureza, pero no había nada más placentero que el sentimiento de ser llenado y estar embistiendo el juguete, el placer venia de todos los sitios.

Estirando mi polla hacia el falso culo otra vez, me moví rítmicamente, haciendo que la polla de Jungkook entrara más en mi interior. Con cada movimiento, sentía cómo la presión aumentaba y mi cuerpo se acercaba al clímax.

--¡Me corro, Jungkook! —grité, agitándome y buscando el alivio del orgasmo. En ese momento, otro azote me hizo soltar un gemido de placer. Entonces llegué al clímax, la sensación de dolor y placer hizo que mi semen inundara el falso culo que estaba follando.

El sudor y la adrenalina me cubrieron por completo mientras Jungkook, tenaz, continuaba maltratando mi entrada con fuerza y pasión. Mientras movía mi trasero y experimentaba sensaciones desconocidas, sentí que la pasión se iba construyendo en mi interior.

--Me vuelves loco, cariño —rugió Jungkook, agarrándome del pelo y elevando mi deseo hasta un nuevo nivel—. ¿Cómo puedes joderme tanto y hacerme querer más?

--Jungkook, por favor... —sollocé, intentando aminorar el dolor—. Estoy cerca de correrme de nuevo o eso creo, tengo la sensación de querer ir al baño

Desgraciadamente para mí, Jungkook ignoró mi súplica y siguió follándome salvajemente.

--Lo siento, Jimin —gimió, claramente disfrutando cada instante de la experiencia—, no puedo parar, quiero romperte, quiero sentir como me aprietas ... .Voy a correrme.

--me vuelves loco bebe..quiero follarte tan mal…estás jodidamente caliente y me has apretado tan bien al correrte y sigues haciéndolo ¿como haces eso ehh ?--- sus embestidas eran duras y en algún momento cogió mi cara y me decia al oido --Voy a llenarte de mi leche, voy a dejar tu culo tan lleno que tardarás días en sacarlo

Sus embestidas eran duras y enérgicas. Me dejó disfrutar de la sensación de su miembro golpeando mi próstata, realizando estocadas lentas pero profundas.

--Jungkook para...para un poco esta muy profundo --sollozaba sintiendo algo en mi que no sabía que era …-- tengo ganas de ir al baño

Pero Jungkook ignoró de nuevo mi súplica e hizo eso varias veces maltratando una y otra vez mi próstata.

--Lo siento Jimin no puedo parar, lo intento pero no puedo dejar de follarte. -- jadeaba por la intensidad --voy a correrme…

Sentí como su semen desbordaba dentro de mí, sus gemidos y jadeos me estaban calentando tanto que mi polla se hinchó más y chorros de un líquido que no era ni semen ni otra cosa era expulsado por mi miembro.

Entre espasmos y respiraciones erraticas nuestros cuerpos empezaron a relajarse.

Cuando todo terminó, levanté la mirada hacia Jungkook. Su expresión era pura calma… y satisfacción. Me rodeó la cintura con firmeza y me atrajo hacia él, besándome con una dulzura que contrastaba con la intensidad que aún vibraba en mi cuerpo.

—Ven aquí…mi bebe ha tenido su primer squirt —susurró viendo mi cara de confusion y vergüenza —. Tranquilo.

Sus manos me sostuvieron como si temiera que pudiera romperme, y ese gesto —tan simple— me desarmó por completo. Llevó su mano a mi entrada y la acarició suavemente

—¿Estás bien, amor?¿ Te duele ? —preguntó, con la voz baja, sincera.

Asentí enseguida. No había dolor. Solo una sensación nueva, profunda, abrumadora… como si el placer hubiera dejado eco.

—No entiendo muy bien qué me ha pasado —admití con una sonrisa tímida—, pero sé que fue increíble. Sentí tanto… que pensé que iba a perder el sentido.

Él sonrió, orgulloso y cuidadoso a la vez.

—Ya lo descubriremos juntos —dijo—. Sin prisas.

Me tomó de la mano y me llevó hasta la ducha. El agua caliente cayó sobre mi piel y no pude evitar soltar un pequeño suspiro. Jungkook me lavó con una delicadeza casi reverencial, como si cada gesto fuera una disculpa, una promesa, una caricia prolongada. Sus besos eran suaves, tranquilos, reconfortantes.

—Mi chico bonito… —murmuró—. Tan dulce… y tan valiente. Eres mío.

Cuando salimos, ordenamos el cuarto en silencio, compartiendo miradas cómplices, sonrisas cansadas. Después fuimos a la cocina; necesitábamos algo frío, algo que nos devolviera al mundo real. Bebimos juntos, riendo bajo, como dos adolescentes que acababan de descubrir un secreto.

Jungkook me rodeó por detrás y me atrajo contra su pecho. Sus labios rozaron los míos, pidiendo permiso sin palabras. El beso que siguió no fue urgente ni voraz, era cálido y lento

—¿Te gustó? —preguntó, mirándome a los ojos.

No supe por qué, pero una emoción inesperada me apretó el pecho. Bajé la mirada, avergonzado, y escondí el rostro en su cuello. Él rió suavemente y me acarició la nuca.

—Oye… —susurró—. Podemos hablarlo todo. Explorar, probar, descubrir. Lo que tú quieras. A tu ritmo.

Cerré los ojos, por primera vez en mucho tiempo, no sentí miedo solo, confianza.

--me ha encantado Kook --le mire a los ojos para que sintiera mi sinceridad -- me has vuelto loco de placer. He disfrutado de marturbar tu culo, el de verdad -- le dije levantando mi ceja riendo-- de penetrar ese juguete . --joder sienta tan bien sentir tu polla enterrada dentro de mi, mientras la mia entra y sale de ese agujero tan calentito…pero cuando me has azotado el culo y me has follado de esa forma tan ruda, crei volverme loco de placer.

Su sonrisa se ensanchó, triunfante, antes de besarme de nuevo. Cuando el beso terminó, apoyó su frente contra la mía, los ojos brillando con una vulnerabilidad que rara vez mostraba.

--Te amo, Park Jimin --dijo, y fue la primera vez que lo decía en voz alta--. Jamás podré amar a nadie más. Todo en ti me excita: tu forma de pensar, tu manera de caminar, hasta las palabras saliendo de tu boca con ese tono de niño bueno…Me pone tremendamente duro.

--A mí me pasa igual --confesé, acariciando su mejilla--. Me enamoré de ti el día que me sonreíste en el instituto. Y no ha disminuido, al contrario… ha crecido. Y esta tarde… vi a tu yo más oscuro, más sucio, más real…y me volviste a enamorar.

Hizo una pausa y me sonrió

--Yo también te amo, Jeon Jungkook. -- besé sus labios -- Ahora mueve ese culo bonito y pon una película… o uno de esos documentales de crímenes que tanto te gustan mientras, hazme cosquillitas como sabes que me gustan.

Le di una suave palmada en el trasero, justo donde la tela del vaquero se tensaba.

--Y después… volveremos a explorar ese baúl. Tengo ganas de probar más.

Se rió, echando la cabeza hacia atrás.

--He creado un monstruo…

--Y eso te encanta —murmuré, mordiéndome el labio mientras lo veía caminar hacia el salón.

Su trasero se movía con esa cadencia que siempre me robaba el aliento. Algún día, pensé, le pediré probarlo de verdad.

Pero eso…es otra historia.

FIN

Gracias por leer y compartir este pequeño regalo conmigo.

Este one shot nació del corazón, como un abrazo íntimo mientras termino los capítulos de mi próxima historia —la que lleva días latiendo en mis noches y en mis sueños.

Espero que estas páginas te hayan hecho sentir, temblar, sonreír… o incluso suspirar en voz baja. Porque escribir para ti es, ante todo, un acto de amor.

Y sí… vendrán más. Tengo ideas ardiendo en mis cuadernos: historias de deseo contenido, de segundas oportunidades, de secretos que se revelan bajo la luna, de amores que desafían el tiempo…

Si tienes una fantasía, un tropo que te haga latir el corazón, o un “¿y si…?” que no te deja dormir…

escríbeme.

Porque si tu idea me roba el aliento,

te dedicaré el corto…

y pondré tu nombre en los créditos como la musa (o el muso) que inspiró la historia.

Con todo mi cariño,

— kookminforminnie 🖤