Personalizar legibilidad
Aa

Acuerdo Silencioso

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Liana Ferrer no cree en el azar. Presidenta de un holding patrimonial en Andorra, ha construido su vida sobre decisiones precisas y acuerdos impecables. Cuando una cláusula familiar la obliga a casarse para proteger su apellido y su legado, el matrimonio se convierte en una estrategia más. Elixir Miranda, diseñadora de interiores, nunca imaginó que una sola propuesta podría reordenar su futuro. Aceptar significa estabilidad, lujo, una vida que siempre observó desde afuera. Rechazarla implicaría seguir donde está.

Genero:
Romance
Autor/a:
kinkysaori
Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Liana cruzó las piernas con elegancia mientras examinaba el dossier sobre su regazo. Estaba sentada en el interior silencioso de su oficina personal en Andorra, rodeada de ventanales amplios que ofrecían una vista imponente de las montañas. El crepúsculo teñía de dorado las cumbres nevadas, pero su atención estaba fija en las páginas prolijamente encuadernadas frente a ella. Eran informes privados, recopilados metódicamente a lo largo de semanas. En la portada figuraba un nombre escrito con sobriedad: Elixia Miranda.

Había estudiado ese expediente innumerables veces, desmenuzando cada detalle de la vida de Elixia. Sabía que tenía veintisiete años, que era diseñadora de interiores y que se había nacionalizado española tras emigrar de Colombia años atrás. Sabía que vivía en Barcelona con una amiga cercana, y que a pesar de su talento indudable en el diseño, aún no alcanzaba la estabilidad económica ni el reconocimiento profesional que merecía. También conocía los detalles más mundanos: sus restaurantes favoritos, algún proyecto independiente destacado que había realizado, incluso el hecho de que solía salir a correr al amanecer los domingos por el parque cercano a su departamento. Nada de lo investigado parecía señalar algo turbio; por el contrario, el perfil de Elixia presentaba a una mujer ambiciosa pero honesta, creativa, con la determinación suficiente para haber cruzado un océano en busca de un futuro mejor. Era, en suma, adecuada.

Liana cerró el dossier con cuidado y dejó escapar un suspiro que resonó en la quietud del despacho. Adecuada. ¿Era esa la palabra que quería para referirse a la que posiblemente sería su esposa? Apoyó la espalda contra el respaldo de cuero de la silla, reflexionando. El acuerdo al que estaba a punto de llegar con esa joven diseñadora era de naturaleza puramente práctica. Por lo menos, así debía ser. No había espacio para sentimentalismos ni impulsos emocionales: la decisión de casarse obedecía a razones institucionales, a la necesidad de asegurar la continuidad del apellido y del patrimonio familiar de los Ferrer en Andorra. Desde la muerte de su padre, Liana había asumido la presidencia del holding patrimonial de la familia con mano firme, y su madre – ya mayor y retirada de los asuntos empresariales – le había dejado claro entre líneas que la soledad no era opción si quería fortalecer la imagen y legado familiar. Era una cuestión de responsabilidad y deber.

A los cuarenta y dos años, Liana había construido una vida estructurada y disciplinada, con logros empresariales que muchos admiraban. Pero en ese proceso había sacrificado mucho de su vida personal. No es que fuera fría; simplemente había aprendido a no depender de nadie más que de sí misma. Sus relaciones pasadas, pocas y discretas, nunca habían llegado a atarla emocionalmente. Y ahora, para cumplir con ese deber familiar, estaba dispuesta a embarcarse en un matrimonio sin amor, negociado como un trato comercial más. El acuerdo silencioso, pensó con cierta ironía mientras contemplaba su reflejo difuso en el ventanal frente a ella, sería un pacto conveniente donde ambas partes obtendrían algo valioso.

Pasó una mano por su cabello castaño oscuro, recogido en un moño impecable. Incluso sola en casa, mantenía la costumbre de vestirse con pulcritud: una blusa de seda marfil y pantalones de vestir negros. Esa noche en particular, sin embargo, en la quietud previa a su viaje, sintió una pizca de inquietud poco habitual en ella. Se levantó llevando el dossier consigo, y caminó hasta una estantería donde guardó cuidadosamente el documento en un cajón bajo llave. Mañana volaría a Barcelona para reunirse con la mujer cuya fotografía había memorizado en esas páginas: un rostro de facciones suaves y expresivas, ojos oscuros llenos de vida e inteligencia, sonrisa fácil. Una mujer más joven, ajena hasta ahora al mundo reservado y silencioso de Liana.

—¿Necesita algo más, señora? —La voz de Silvia la sacó de sus pensamientos. Su asistente personal se asomaba por la puerta del despacho con su característica discreción. Silvia trabajaba con ella desde hacía años y era una de las pocas personas en quienes Liana confiaba plenamente.

—No, gracias, Silvia —respondió Liana volviéndose hacia ella con una leve sonrisa de cortesía—. Solo estaba repasando unos documentos. Puedes retirarte a casa ya, es tarde. Y una vez más, perdón por hacerte venir a mi casa a estas horas.

La asistente asintió, pero no se fue de inmediato. Con la familiaridad ganada tras años de labor codo a codo, Silvia estudió el semblante de su jefa antes de hablar. —Señora, sé que este asunto es… particular. Solo quiero recordarle que estoy aquí para lo que necesite.

El tono genuinamente preocupado de su asistente hizo que Liana se suavizara. Era consciente de que Silvia sabía del plan del matrimonio; ella misma le había confiado parte de la logística. Sin revelar detalles íntimos, le había dejado claro a Silvia que este matrimonio sería un acuerdo mutuamente beneficioso. La lealtad de su asistente significaba que no juzgaría.

—Lo sé, Silvia. Te lo agradezco —respondió con sinceridad—. Todo irá bien.

Cuando la puerta se cerró y volvió la soledad de la noche, Liana se permitió otro suspiro. Recogió su celular de la mesa en donde tenía un mensaje de su madre deseándole suerte en la “cita de negocios” de mañana. Su madre, por supuesto, no sabía mucho de la mujer con la que su hija planeaba casarse, pero confiaba en el juicio de Liana. Con el ceño ligeramente fruncido, Liana apagó la pantalla del teléfono. No quería pensar en las expectativas maternas ahora.

Salió al balcón un momento, dejando que el aire frío de la montaña la envolviera. Desde allí, las luces distantes de Andorra la Vella titilaban en el valle oscuro. La brisa nocturna era fresca incluso a mediados de primavera. Liana apoyó las manos en la barandilla de piedra y cerró los ojos un instante, buscando dentro de sí la misma convicción férrea con la que tomaba decisiones en la sala de juntas. Se dijo a sí misma que esto era lo correcto. Un matrimonio práctico, sin dependencia emocional. Dos vidas que se entrelazarían por conveniencia, manteniendo cada una su independencia. Así sería.

La imagen fugaz de unos ojos oscuros y vivaces cruzó su mente. Se preguntó en qué estaría pensando la señorita Miranda en ese momento, sin saber que la noche siguiente su vida daría un giro. Era injusto, tal vez, que alguien tan joven tuviera que tomar una decisión así de calculada. Pero Liana no la había elegido al azar. No quería a una mujer ingenua ni dócil; necesitaba a alguien con determinación y claridad, que supiera en lo que se estaba metiendo. A cambio, estaba dispuesta a ofrecerle oportunidades reales, un impulso para su carrera, estabilidad económica y un trato respetuoso.

De cualquier modo, averiguaría su respuesta al día siguiente, tenía la confianza de que la joven aceptaría su propuesta. Con ese pensamiento, volvió al interior y cerró el ventanal, dejando fuera el frío. Tomó un sorbo de agua de la botella sobre su escritorio y, disciplinada como siempre, decidió retirarse a dormir. Debía estar descansada para la reunión crucial que tendría lugar en pocas horas.

+++

El ajetreo matutino de Barcelona contrastaba con la serenidad de Andorra. En la concurrida cafetería del hotel Majestic, el murmullo de conversaciones en diversos idiomas se mezclaba con el tintineo de tazas y cubiertos. A esa hora, el elegante lobby art déco se llenaba de huéspedes desayunando o cerrando tratos de negocios entre sorbos de café.

Liana estaba sentada en una mesa discreta, situada junto a un ventanal con vista al Paseo de Gracia. Había llegado veinte minutos temprano; la puntualidad era una de sus costumbres inquebrantables. Llevaba un traje pantalón gris perla entallado que acentuaba su esbelta figura, y una blusa azul pálido. Sencilla pero impecable. Mientras removía lentamente el espresso en su taza, sus ojos se mantenían atentos a la entrada del restaurante.

A las 8:59, vio aparecer a Elixia. La reconoció de inmediato por las fotografías, aunque en persona había una energía que las imágenes no captaban del todo. Elixia Miranda era de estatura media, con cabello castaño oscuro cayendo lacio sobre sus hombros. Vestía con sencillez juvenil pero profesional: un vestido negro debajo de un saco color crema, y llevaba consigo un portafolio. Sus ojos grandes recorrieron el lugar hasta posarse en Liana. La joven se acercó con paso firme, aunque Liana notó cómo apretaba ligeramente el asa del portafolio; un gesto sutil de nerviosismo.

Liana se puso de pie al llegar Elixia a la mesa. —Señorita Miranda, un gusto conocerla. Soy Liana Ferrer.

—El gusto es mío, señora Ferrer —respondió Elixia con una voz suave pero decidida, extendiendo la mano.

Cuando sus palmas se encontraron en un apretón breve, Liana percibió la calidez de la mano de Elixia y una ligera tensión, confirmando que estaba nerviosa. Algo natural, considerando la extraña circunstancia. Aún así, en la expresión de la joven predominaba la determinación por encima de la duda.

—Por favor, dime Liana —añadió, invitándola a tomar asiento con un gesto cortés de la mano—. ¿Te gustaría tomar algo? ¿Un café, tal vez té?

—Un café estaría bien, gracias —dijo Elixia mientras se sentaba frente a ella, dejando el portafolio a un lado de la silla.

Liana hizo una seña al mesero cercano y en un instante otro espresso humeante fue servido para la invitada. Por un momento ambas se quedaron en silencio con Liana estudiando de cerca a Elixia, y esta última observando el rostro de Liana con franca curiosidad. La luz de la mañana entraba oblicua, iluminando las facciones serenas de la empresaria y los ojos oscuros de la diseñadora.

—Supongo que debe resultarte inusual todo esto —comenzó diciendo Liana despacio, envolviendo la taza con sus manos sin apartar la mirada de la joven—. Agradezco que aceptaras reunirte conmigo.

—Lo es —admitió Elixia con sinceridad, endulzando su café con una cucharadita de azúcar—. Cuando recibí la llamada de su... de tu asistente, no sabía qué pensar. Nunca imaginé tener este tipo de conversación.

—Tampoco yo imaginé tener que proponer algo así alguna vez —repuso Liana con una pequeña sonrisa autocrítica, que relajó ligeramente la atmósfera—. Pero las circunstancias nos han traído aquí. Y preferiría abordar el tema con la mayor transparencia posible.

Elixia asintió despacio. Sus ojos buscaban los de Liana, intentando leer más allá de la impecable fachada. Decidió ir directo al centro del asunto —: Tu asistente me dijo que querías discutir un acuerdo matrimonial. Un matrimonio... de conveniencia, digamos.

Aunque su tono era firme, Liana pudo notar la ligera incredulidad que aún coloreaba las palabras de la joven. Era comprensible. —Así es —confirmó sin rodeos—. Un matrimonio que beneficiaría a ambas partes, basado en términos claros desde el inicio.

Elixia tomó aire profundamente, y sus dedos jugaron un instante con el asa de la taza antes de soltarse. —Seré honesta, cuando escuché la propuesta, en un comienzo se me hizo una broma, porque comúnmente, este es el tipo de situaciones que solamente he visto en películas y telenovelas, no creí que se daría en la vida real. Cuando constaté que no era un juego, me sorprendió. Pero también despertó mi curiosidad. Me cuesta imaginar por qué alguien en tu posición necesitaría llegar a algo así.

Liana apreció la franqueza. Prefería esa actitud directa a la sumisión ciega. —Tengo mis razones, por supuesto. Mi situación familiar y empresarial es... particular —explicó, eligiendo con cuidado las palabras—. Como quizás sepas, provengo de una familia muy antigua de Andorra. El apellido Ferrer está ligado a nuestro holding, y hay expectativas tradicionales en cuanto a su continuidad. No tengo hijos ni herederos directos, y, bueno, estoy soltera.

—¿Y tu familia espera que te cases para continuar el apellido? —Preguntó Elixia, ladeando ligeramente la cabeza.

—Es más que un simple deseo familiar y es más que solo continuar el apellido —Liana entrelazó las manos sobre la mesa—. Hay aspectos legales y de imagen corporativa también. Para consolidar cierta reestructuración en el consejo administrativo de nuestras empresas, la estabilidad personal del presidente juega un rol. Podría parecer absurdo, pero algunos inversionistas tradicionales se sienten más tranquilos cuando ven una vida familiar estable tras el liderazgo. Además —añadió tras una pausa—, sinceramente, quiero asegurar que el legado familiar no caiga en manos de parientes lejanos con menos escrúpulos.

Los ojos de Elixia brillaron con comprensión. —Entiendo. Y supongo que dado que... no tenías a alguien con quien casarte por las vías tradicionales, pensaste en esta alternativa.

Liana esbozó una mueca parecida a una sonrisa. —Digamos que las opciones en mi círculo son limitadas y poco atractivas para mí. Preferí buscar fuera de ese ámbito, alguien con quien pudiera establecer un acuerdo sincero. Alguien que también ganara algo significativo con esto.

Elixia se recargó suavemente en el respaldo de su silla, sin quitarle la vista de encima. —¿Y cómo fue que... diste conmigo? —Esa era la gran incógnita que la había acompañado desde la llamada inicial.

—Investigué varias posibilidades —admitió Liana sin ofensa—. Pedí ayuda para identificar a personas que cumplieran ciertos criterios.

No mencionó directamente que había contratado a un investigador privado; no quería intimidarla más de la cuenta. Aun así, prefería ser honesta. —Buscaba a alguien joven pero adulta, independiente, sin relaciones sentimentales serias en este momento, de buena reputación, inteligente... y dispuesta a tomar riesgos por una oportunidad real.

—Un perfil bastante específico —comentó Elixia arqueando una ceja con una mezcla de ironía y nerviosismo.

—Lo es. Y entre los nombres que aparecieron, el tuyo me llamó la atención en particular.

—¿Por algo en especial? —Indagó, genuinamente curiosa.

Liana se permitió revelar una parte personal de sus motivaciones. —Vi tu trabajo en diseño de interiores. Me gustó tu estilo, la sensibilidad que muestras en tus proyectos. También leí sobre cómo te mudaste muy joven a España para perseguir tu carrera. Eso me dice que tienes determinación y que no temes salir de tu zona de confort. Necesito a alguien así a mi lado en este trato, que sea adaptable, con sus propios sueños, pero con la valentía de hacer algo fuera de lo común para alcanzarlos.

Elixia se sonrojó ligeramente ante los elogios implícitos, pero no apartó la mirada. —Cuando me llamaron, pensé que quizás buscabas... no sé, a alguien desesperado por dinero al punto de casarse sin amor.

Liana negó suavemente. —No quiero a nadie forzada por la desesperación, sino a alguien que consciente y libremente decida que esto puede convenirle. Por eso, antes de seguir, quisiera saber qué piensas tú. ¿Por qué aceptaste venir hoy?

Elixia exhaló despacio, ya que era su turno de sincerarse. —La verdad, mi carrera en España no avanza como quisiera. Trabajo mucho, tengo algunos clientes, pero siento que estoy estancada. He tocado puertas que no se abren porque no tengo contactos suficientes, ni capital para emprender algo propio en grande. Estoy... cansada de preocuparme por pagar la renta cada mes y ver que mis esfuerzos rinden tan poco económicamente. —Hizo una pausa breve, sopesando sus próximas palabras—. Cuando escuché que alguien como tú ofrecía un acuerdo que incluía estabilidad, respaldo financiero e incluso oportunidades profesionales, supe que debía al menos averiguar más. Quizá suene frío, pero sí, me interesó la idea de cambiar mi vida de forma tan radical, siempre y cuando sea algo digno.

—Eso último es importante —asintió Liana—. Esto no se trata de comprarte ni de humillarte. Sería una unión legal, con beneficios mutuos claros.

—Así lo espero. —Elixia apretó las manos una contra otra pensativa—. Obviamente tendría que saber exactamente qué implicaría para mí. Quiero decir, condiciones de convivencia, expectativas...

—Por supuesto. —Liana tomó un folder que había mantenido a un lado sobre la mesa desde antes de la llegada de Elixia. Lo abrió revelando un documento de varias páginas—. He preparado un borrador de contrato prenupcial. Aquí se detallan algunos términos: Por ejemplo, una asignación económica mensual para ti, fondos para que desarrolles tu carrera de diseño o incluso montar tu propia firma si lo deseas, viajes, vivienda asegurada... En resumen, que no tengas preocupaciones materiales mientras dure nuestro acuerdo.

Elixia miró las hojas, pero no las tomó aún. —¿Y qué hay de tu parte? Es decir, ¿qué esperas tú de mí exactamente?

—Formalmente, que seas mi cónyuge ante la ley y la sociedad. —Liana respondió con claridad—. Eso implica acompañarme a eventos sociales o corporativos donde la presencia de una esposa sea esperable. Proyectar una imagen de matrimonio estable. En lo privado, convivir conmigo en Andorra bajo el mismo techo, al menos en ciertos periodos. Si tienes proyectos o trabajo que requiera estar en España u otro lugar, lo hablaríamos; no pretendo cortar tus alas profesionales.

Elixia asintió lentamente, procesando. —¿Habría un tiempo mínimo definido para este matrimonio?

—Pensé en un mínimo de dos años para cumplir con los objetivos familiares y de imagen —respondió Liana—. Después de ese periodo, si cualquiera de las dos desea terminar el acuerdo, podríamos divorciarnos sin consecuencias negativas para ti. Habría una compensación económica de salida ya estipulada, además de quedarte con cualquier bien que te haya otorgado durante ese tiempo, para que puedas seguir adelante cómodamente.

Liana observó cómo Elixia absorbía esa información. La joven mantenía la postura erguida, su mirada fija en un punto sobre la mesa mientras hacía cálculos internos. Quería darle espacio para pensar, pero había un tema más delicado que debía poner sobre la mesa antes de avanzar.

—Hay algo más que debo aclarar —dijo con voz calmada, atrayendo de nuevo los ojos de Elixia hacia los suyos—. Es un asunto personal, pero considero justo que lo sepas antes de decidir nada.

Elixia frunció ligeramente el ceño, atenta. Liana sintió por primera vez en mucho tiempo una pequeña traba en la lengua; no por vergüenza, sino por lo inusual de explicar aquello en este contexto tan frío. Pero no pensaba ocultarlo ni convertirlo en un secreto que luego complicara las cosas a pesar de que la intimidad estaba fuera de la mesa.

—Verás... —inició, manteniendo un tono neutro—. Yo soy intersexual. Nací con una condición poco común: aunque me identifico y vivo como mujer, mi anatomía incluye atributos masculinos. En concreto, tengo genitales masculinos funcionales.

Por un instante, la expresión de Elixia quedó en blanco, procesando lo que acababa de oír. Sus pupilas se dilataron apenas por la sorpresa, pero no había repulsión ni alarma en su rostro, solo asombro. Liana continuó con suavidad: —Te cuento esto porque, bueno, es parte de quién soy. No es algo que vaya pregonando, pero tampoco es un drama. Mis allegados cercanos lo saben. Y si vamos a compartir una vida, es justo que tú lo sepas desde ahora.

Hubo un breve silencio entre ambas, amortiguado por el ruido de fondo del café. El corazón de Liana latía un poco más de prisa de lo habitual; siempre existía ese pequeño miedo irracional a la reacción ajena, por mucho que tuviera la situación bajo control. Pero entonces, Elixia hizo algo que la desarmó: sonrió ligeramente, con calidez.

—Gracias por confiarme esto —dijo la joven despacio—. Debo admitir que... Bueno, no lo esperaba. Pero te agradezco la franqueza.

—Si esto te hace sentir incómoda o te genera dudas, lo entenderé —añadió Liana con cautela—. Quiero decir, en cuanto a intimidad o expectativas...

Elixia negó en seguida, alzando una mano como para disipar las preocupaciones de Liana. —No, no me escandaliza. Solo es... nuevo para mí, supongo. —Sus mejillas se ruborizaron apenas al mencionar la intimidad implícita en el tema, pero mantuvo la compostura—. Pero aprecio mucho que me lo digas. Prefiero saber exactamente con qué... con quién me voy a involucrar.

Liana relajó los hombros sin darse cuenta de que los tenía tensos esperando la reacción. Asintió con una leve sonrisa. —Bien. Quería que todo estuviera sobre la mesa. Y para ser clara, en este acuerdo no estoy exigiendo una relación física ni íntima. Eso sería algo que, de ocurrir, sucedería solo si ambas lo deseamos en su momento. No formaría parte de la obligación.

No quería ser tajante y decir que era algo completamente descartado, pero la vida tenía un modo algo curioso en el que nunca se podía dar todo por sentado. Cualquier cosa podía pasar, sería ingenuo obviarlo. Notó en los ojos de Elixia un destello curioso, quizás de alivio mezclado con algo más, pero la joven solo tomó su café y bebió un sorbo antes de responder.

—Entiendo.

Tras esa revelación, un silencio contemplativo cayó sobre ellas unos segundos. Liana deslizó el contrato hacia Elixia.

—Puedes llevarte este borrador, leerlo con calma o con un abogado si quieres. Ahí se detallan las condiciones que hablamos y algunas otras, como confidencialidad —por supuesto esto era vital— y ciertos límites para protegernos ambas. Si hay algo que no te parezca bien, podemos discutirlo y ajustarlo.

Elixia apoyó la punta de sus dedos sobre las hojas, pero en lugar de revisarlas inmediatamente, dirigió de nuevo su mirada a Liana. —Todo esto suena... muy bien pensado. Y sé que me beneficia en muchos sentidos. Aun así, es una decisión enorme. Casarse con alguien que apenas conoces, aunque sea de forma contractual... —Dejó la frase en el aire, mordiéndose suavemente el labio inferior.

—Lo sé. —La voz de Liana se suavizó un poco. En ese momento, a través de la formalidad, pudo ver a la mujer joven lidiando con la emoción humana de un cambio drástico—. No espero que decidas ahora mismo. De hecho, preferiría que te tomes un tiempo para pensarlo.

Elixia inclinó la cabeza, agradecida. —¿Cuánto tiempo podría...?

—El necesario para que estés segura —dijo Liana, y se sorprendió de sentirlo realmente. Una parte de ella, quizás más humana que la ejecutiva calculadora, no quería forzar a Elixia con un ultimátum perentorio—. Aunque, siendo franca, mi situación también tiene cierto sentido de urgencia. Idealmente, necesitaría una respuesta en las próximas dos semanas. Pero si requieres un poco más, dímelo.

—Dos semanas... —repitió Elixia pensativa, probablemente calibrando que no es tanto, pero suficiente para meditarlo con seriedad.

—Puedes hacerme las preguntas que quieras ahora, o en los días siguientes —ofreció Liana—. Si decides que no es para ti, lo entenderé completamente y esta conversación quedará entre nosotras. —La joven asintió y finalmente esbozó una sonrisa ligera

—Ten por seguro que no vine hasta aquí para desperdiciar la oportunidad sin evaluarla bien. Tengo muchas preguntas, sí, pero creo que necesito digerir todo esto antes de siquiera saber qué preguntar.

—Por supuesto —concedió Liana. Consultó brevemente su reloj; llevaban casi una hora conversando, el tiempo había pasado volando—. ¿Hay algo más que te inquiete ahora?

Elixia dudó un instante, pero su franqueza ganó de nuevo. —Supongo que lo que más me cuesta imaginar es... ¿cómo sería el día a día? Es decir, mudarme a Andorra, vivir contigo, presentarnos como pareja ante los demás...

Liana pensó en cómo responder. —Sería una convivencia normal en muchos sentidos. Mi casa sería también tu casa. Tendrías tu espacio, por supuesto. En sociedad, nos presentaríamos como lo que seremos legalmente, esposas. Con el tiempo eso se volverá natural, imagino. Al principio podríamos planear cómo manejar las preguntas de la gente, qué historia contaremos de cómo nos conocimos —sonrió apenas—. Algo sencillo y coherente, sin muchos detalles.

—¿Y tus padres? ¿Tu familia? —Aventuró, intrigada—. ¿No les extrañará que de pronto aparezca yo?

—Mi madre sabe que estoy considerando casarme de forma poco convencional —admitió Liana con una media sonrisa—. Pero no quise darle detalles para no comprometerla. Solo le dije que conocí a alguien fuera de Andorra y que podría funcionar. Confía en mí. Y cuando sea el momento, se la presentaré. En cuanto a otros familiares, no hay muchos cercanos. Mis padres tuvieron solo dos hijas; mi hermana menor falleció hace años en un accidente, así que soy la única a cargo del legado familiar.

—Lo siento —murmuró Elixia con genuina empatía ante aquella pérdida mencionada con brevedad.

—Gracias —respondió Liana con un leve cabeceo, apreciando la compasión en la mirada de la joven—. Esa es otra de las razones por las que he vivido tan centrada en el trabajo. A veces una pérdida así te empuja a enfocarte en lo que puedes controlar.

Sus palabras quedaron flotando con sinceridad. Era quizá la primera confesión personal que hacía más allá de lo estrictamente relevante para el trato, y notó en sí misma una extraña sensación de alivio al compartirlo. Elixia le dedicó una sonrisa suave en reconocimiento del momento.

La conversación prosiguió unos minutos más, aclarando dudas sueltas. Elixia preguntó si podría seguir visitando a su mejor amiga en España de vez en cuando, o a su familia en Colombia, a lo que Liana respondió que claro, no pretendía aislarla; también hablaron brevemente de Andorra, de cómo era la vida allá. Liana describió la belleza tranquila del pequeño país, sus montañas, el ritmo más pausado pero lleno de lujos discretos y naturaleza.

Cuando ambas terminaron sus cafés, sintieron que por hoy habían cubierto lo esencial. Liana cubrió la cuenta antes de que Elixia pudiera siquiera pensar en su cartera. Luego caminaron juntas hacia la salida del hotel.

En la acera del majestuoso Paseo de Gracia, se detuvieron para despedirse. La brisa de la mañana urbana traía olor a pan recién horneado desde alguna cafetería cercana. Liana extendió la mano nuevamente, esta vez con menos formalidad y más calidez.

—Gracias por venir, Elixia. De verdad.

—Gracias a ti, Liana. Por la franqueza y... la oportunidad —respondió la joven, correspondiendo al apretón. Sus ojos oscuros parecían más tranquilos, aunque seguían reflejando las muchas ideas que seguramente le bullían en la cabeza.

—Hablamos pronto —dijo Liana en tono quedo—. Quedo a la espera de tu decisión.

—Sí. Te llamaré en cuanto la tenga —afirmó Elixia.

Un taxi que Liana había solicitado anticipadamente llegó en ese momento, deteniéndose frente a ellas. Liana le abrió gentilmente la puerta trasera a Elixia. La diseñadora subió con el portafolio abrazado contra sí.

Antes de cerrar la puerta, Liana se inclinó un poco. —Cuídate. Y por favor, no dudes en contactarme si necesitas aclarar cualquier cosa.

Elixia le dedicó una última mirada y una media sonrisa. —Lo haré. Hasta luego.

—Hasta luego.

El auto se incorporó al tráfico, llevándose a la joven. Liana se quedó unos segundos en la acera, observando cómo se alejaba. Respiró hondo, procesando todo lo que había sucedido. La reunión había ido bien, en su opinión. No había sido una negativa rotunda, lo cual ya era un triunfo. Pero tampoco una aceptación inmediata; y no debía serlo. Ahora, la pelota estaba del lado de Elixia.

Finalmente, se dirigió hacia donde Silvia la esperaba con el vehículo oficial a pocos metros. Subió en el asiento trasero, y mientras el chofer las encaminaba de vuelta al pequeño aeródromo donde un jet privado las llevaría de regreso a Andorra, Liana miró por la ventanilla los edificios pasar. No podía evitar preguntarse con leve ansiedad qué decidiría Elixia Miranda una vez que la primera impresión se asentara.

+++

Elixia cerró la puerta de su departamento en Barcelona y se apoyó contra ella, dejando escapar un largo suspiro. Era entrada la tarde; tras la reunión con Liana, había paseado sin rumbo fijo un par de horas para despejar la mente antes de volver a casa. Aún así, su cabeza seguía dando vueltas a mil por hora.

—¡Eli! —exclamó una voz femenina desde la sala—. ¿Cómo te fue? ¿Qué era esa reunión misteriosa? Casi me muero de la intriga todo el día.

La voz pertenecía a Gabriela, su mejor amiga y compañera de piso. Gabriela emergió del pequeño balcón donde aparentemente había estado regando unas plantas; tenía una regadera en la mano y el ceño fruncido de preocupación y curiosidad.

Elixia sonrió con cansancio y se apartó de la puerta, dejando su portafolio y bolso sobre la mesita de la entrada. —Dame un segundo, Gaby. Necesito algo de beber.

Se encaminó a la cocina americana que se integraba en la sala. Gabriela la siguió de cerca, dejándose caer en una banqueta alta junto al mesón. —Me estás asustando, ¿sabes? Desde que esa asistente te llamó para agendarte con la gran empresaria misteriosa, estás como en una nube. ¡Y ni siquiera me sueltas prenda!

—Lo sé, lo sé... perdón —dijo Elixia abriendo la nevera para sacar una botella de agua fría. Llenó un vaso y bebió con ansias.

En parte había pospuesto hablar con Gabriela porque necesitaba ordenar sus ideas primero. Todavía no había firmado ningún acuerdo de confidencialidad, pero realmente no sabía cuánto podía hablar, qué decir y qué dejar fuera. Su amiga la observaba con ojos expectantes.

—¿Y bien? ¿Qué pasó? ¿Quién es esa tal Ferrer? ¿Por qué quería verte?

Elixia dejó el vaso sobre la encimera y respiró hondo. No había forma fácil ni decorosa de explicar todo aquello. Se apoyó con las manos detrás de sí. —Está bien... siéntate bien porque es una locura.

Gabriela abrió los ojos como platos. —Eso suena prometedor.

Con un ligero temblor de incredulidad en su propia voz, Elixia empezó a relatar. —Hace unos días recibí una llamada de una asistente, en representación de una empresaria de Andorra llamada Liana Ferrer. Me citaron para hoy en el centro, en el Majestic, con la promesa de una posible propuesta de negocio importante.

Gabriela asintió, siguiendo atenta.

—Pues fui... y resultó que no era una oferta de empleo ni de proyecto de diseño —soltó Elixia, llevando una mano a sus sienes como si aún le costara creerlo. La verdad es que supo incluso por teléfono que no era un proyecto, sino un acuerdo diferente, pero por inseguridad no le reveló esos detalles a su amiga anteriormente—. En realidad, me propuso casarme con ella.

Hubo un silencio tan súbito que se escuchó el goteo de la regadera que Gabriela aún sostenía en su mano. La amiga parpadeó varias veces. —¿Qué te... qué? ¿Casarse? ¿Así como así?

—Así como así —repitió Elixia con una risa nerviosa. Inmediatamente hizo un resumen de los puntos clave desde la razón de Liana para buscar un matrimonio de conveniencia, lo que ofrecía a cambio, las condiciones básicas. Decidió omitir de momento el detalle íntimo de la intersexualidad de Liana; sentía que era algo personal de ella que no debía ventilar a cualquiera. Quizás con el tiempo se lo contaría a Gaby, pero por ahora se centró en lo práctico.

Gabriela dejó la regadera en el piso sin quitarle la vista de encima. —Esto es... es como de película. ¿Estás segura de que no es una estafa o algo turbio?

—Lo pensé, créeme —respondió Elixia rápidamente—. Pero investigué un poco cuando supe que me citaría. Liana Ferrer sí es real. Preside Ferrer & Co., que es un holding grande en Andorra. Hay noticias de ella en la prensa financiera, es muy respetada, y también muy reservada. No hay ningún escándalo asociado ni nada extraño. Y en persona... Gaby, en persona se nota que es alguien seria, formal. Hasta diría que un poco intimidante, pero en el buen sentido. No me pareció que tuviera malas intenciones ocultas.

Gabriela se pasó la mano por el cabello, atónita. —¿Y qué le dijiste?

—Que lo pensaría —suspiró Elixia, sentándose ahora en la banqueta junto a su amiga—. Me dio un contrato borrador para revisar. La verdad es que... su oferta suena muy tentadora. Es prácticamente garantizarme una vida acomodada, la posibilidad de abrir mi propio estudio de diseño con respaldo económico, no preocuparme por cuentas, viajar, contactos... todo. A cambio de acompañarla unos años como su esposa, viviendo en Andorra, y básicamente comportarme como tal en público.

Gabriela arrugó la frente dudosa. —¿Y en privado? ¿Tendrás que... ya sabes...?

Elixia movió la cabeza con rapidez. —Dice que no es obligatorio. Que solo si ambas queremos. Que no es parte del trato forzado.

Su amiga levantó las cejas. —¿Y quieres?

—¡Gaby! —exclamó Elixia, escandalizada de que fuera tan directa. Sin embargo, aunque apreciaba esa confianza entre ellas, evitó la pregunta. En vez de responder directamente, se tomó un momento. Recordó a Liana en persona con su porte elegante, la serenidad en sus ojos verde-grisáceos, la voz firme pero amable. —Es guapa... muy atractiva en realidad. Y tiene algo... no sé cómo explicarlo, como una seguridad que te hace sentir que nada malo pasaría cerca de ella. Pero de ahí a querer estar con ella va un largo trecho.

—Vaya —Gabriela sonrió con picardía—, suenas medio embelesada. Eso es bueno, ¿no? Al menos no es una vieja horrible con mal aliento.

—¡Por Dios! Claro que no —rió Elixia negando con la cabeza. Luego su expresión volvió a la seriedad—. Aun así, estoy consciente de que es un matrimonio sin amor. No puedo dejarme llevar por tonterías románticas, porque esa no es la realidad.

Gabriela apoyó un codo en la barra y su mentón en la mano, examinándola con afecto. —Eli, eres una mujer adulta. Si decides hacerlo, sé que será con los ojos abiertos. Pero igual tengo que preguntarte: ¿No te da miedo? Es un cambio drástico. Mudarte a otro país, con alguien que apenas conoces, aunque te asegure el oro y el moro.

—Me aterra un poco, la verdad —admitió Elixia en un susurro—. Pero también... me emociona. Es la oportunidad de mi vida, Gaby. Podría lograr todo lo que he soñado en lo profesional, ayudar a mi familia quizá, tener estabilidad por primera vez.

—¿Y sacrificarías tu libertad? —Preguntó Gabriela con suavidad.

—No lo veo así. Sería diferente, sí, pero no creo que Liana quiera encerrarme. Me dejó claro que puedo seguir con mi carrera, y la verdad, allá tendría más recursos. En cuanto a lo personal... —Elixia se encogió de hombros—. No tengo pareja ni prospectos serios ahora. Lo he intentado, ya lo sabes pero ninguna relación cuajó. Quizá no soy de las que se enamoran fácilmente. Así que no estaré perdiendo una historia de amor, solo... posponiéndola unos años, si se diera el caso.

Gabriela la escuchaba, seria ahora. —Es cierto. Pero, ¿y si a mitad de todo esto conoces a alguien y te enamoras, o ella, cómo se manejan esas cosas?

—Supongo que tendríamos que ser discretas si pasa. La verdad no lo hablamos en detalle. Imagino que mientras dure el contrato, lo lógico sería mantenernos fieles por apariencias. Ella no lo dijo explícitamente, pero creo que se sobreentiende.

—Mmh. —Gabriela tomó la mano de Elixia con cariño—. Amiga, no es una decisión fácil. Yo estaría muerta de miedo.

Elixia apretó los dedos de su amiga, buscando consuelo en esa cercanía familiar. —Yo también lo estoy, pero a la vez... siento que debo hacerlo. ¿Qué pasa si después llego a mi vejez hablando como mi madre diciendo que tuvo propuesta de un millonario y que Chayanne casi pudo haber sido mi padre? —Ambas se rieron porque sabían que todo eso que decía la madre de Elixia era pura broma, pero había algo de realidad en ello—. Puede ser un error, sí, pero si no lo hago, me preguntaré toda la vida qué hubiera pasado.

—Eso es cierto —admitió Gabriela—. Las oportunidades así no se presentan dos veces. Solo prométeme algo.

—¿Qué cosa?

—Que si en algún momento esa mujer te trata mal o te sientes infeliz, volverás corriendo. Que no aguantarás en silencio solo por cumplir.

—Lo prometo —asintió Elixia con firmeza—. Si me equivoco, cortaré por lo sano. Ella misma dijo que podría divorciarme después.

Se quedaron en silencio unos instantes. Gabriela suspiró, rindiéndose a la idea. —Bueno, entonces... parece que te vas a casar, amiga.

—Ni me lo digas —murmuró Elixia, pasándose las manos por la cara como si aún no creyera la locura en la que estaba a punto de meterse.

—¿Tus papás? —inquirió Gabriela—. ¿Les dirás algo?

Elixia frunció los labios, pensativa. —No sé aún. Tal vez no todos los detalles. Quizá solo que conocí a alguien y decidimos casarnos rápido. No quiero que piensen mal. Y siendo nacionalizada española no he podido, ya sabes... Puede que con ayuda de Liana los papeles de Andorra sean más fáciles de conseguir, quizá hasta suenen convenientes para ellos —bromeó con una mueca.

—Seguro se lo tomarán con sorpresa, igual que yo —Gabriela negó con la cabeza aún maravillada—. Hija, te nos casas por contrato con una millonaria andorrana.

Elixia rio entre dientes. Dicho en voz alta sonaba sacado de un culebrón televisivo. —Lo sé. Es surrealista.

Había dicho que lo pensaría, pero por el modo en que había hablado con su amiga, tal parecía que en su subconsciente ya lo había aceptado. Gabriela la abrazó por los hombros y Elixia apoyó la cabeza en su amiga un instante.

—Te voy a extrañar, ¿lo sabes?

—Yo también, Gaby —susurró—. Pero te llamaré cada día. Y puedes visitarme, espero.

—Más te vale. Alguien tendrá que asegurarse de que la señorona Ferrer te trate como mereces —bromeó Gabriela dándole un apretón cariñoso antes de soltarla.

La tarde transcurrió con ambas conversando más sobre el tema. Gabriela insistió en echarle un vistazo al contrato, ayudando a Elixia a entender la jerga legal. Todo parecía bien atado: confidencialidad absoluta, apoyo económico sustancial, y la opción de disolver el acuerdo sin consecuencias después de un tiempo acordado. No se apreciaban trampas ni letra pequeña alarmante, lo que tranquilizó un poco a Elixia.

Aun así, la magnitud de la decisión seguía pesando en su pecho. Tras despedirse de Gabriela, se quedó un largo rato despierta mirando el techo de su habitación a oscuras, con la mente dando vueltas. Un cosquilleo de incertidumbre y emoción no la dejaba dormir.

Se giró para encender la lamparita de su velador. En la penumbra, tomó su celular. Eran casi las dos de la madrugada, demasiado tarde para llamar a nadie. Pero podía enviar un mensaje a Liana, quizás. O tal vez sería mejor esperar hasta la mañana.

Vaciló, escribiendo y borrando un par de veces un simple “Hola, he decidido aceptar” antes de suspirar y posponerlo. No quería comunicar algo tan serio por mensaje de texto.

—Lo haré en persona, —se dijo.

Con esa resolución, finalmente pudo cerrar los ojos y dormir unas pocas horas inquietas. A la mañana siguiente, se levantó con determinación. Era domingo. Liana le había dicho que dos semanas era el margen, pero ¿para qué esperar tanto si ya estaba casi decidida? Mejor hacerlo antes de que el miedo la echara atrás.

Se vistió con unos jeans y una blusa cómoda, se preparó un café fuerte y se armó de valor. Gabriela aún dormía, así que salió al pequeño balcón para tener privacidad. El sol tibio de media mañana bañaba los tejados de Barcelona, las golondrinas trazaban arcos en el cielo azul claro.

Buscó en sus contactos el número que Liana le había dado en una tarjeta al final del contrato y marcó rápidamente antes de arrepentirse. Solo sonaron dos tonos antes de que atendieran.

—¿Hola? —La voz inconfundible de Liana llegó a través del teléfono, formal pero con un matiz de curiosidad expectante.

El corazón de Elixia dio un brinco. Por un segundo se quedó muda, dándose cuenta de que esta llamada cambiaría su vida por completo.

—Hola, Liana. — Reuniendo sus fuerzas, habló por fin —. Soy Elixia.

Al otro lado hubo un breve silencio de reconocimiento, luego la voz de Liana pareció suavizarse apenas. —Hola, Elixia. Buen día.

—Buen día... —repitió ella, tragando saliva. Apretó con la mano libre la barandilla del balcón mientras sus nervios bailaban—. Te llamo porque... he tomado una decisión.

Notó cómo la respiración de Liana al teléfono se contenía un instante. La mujer en Andorra no dijo nada, esperando. La calma junto al silencio le dieron espacio y ánimos para continuar.

—He pensado mucho en todo. Y quiero aceptar tu propuesta. Quiero... casarme contigo.

Del otro lado llegó un suspiro que sonó a alivio. La voz de Liana se volvió ligeramente más cálida, con una cortesía que rozaba la alegría mesurada.

—Me alegra escucharlo, Elixia. No te vas a arrepentir.

Elixia soltó el aire que no sabía que retenía y esbozó una sonrisa nerviosa. —Eso espero. Estoy... un poco asustada, para ser honesta, pero también segura de que es lo que quiero intentar.

—Es normal sentir algo de miedo —reconoció Liana con franqueza—. Pero no te preocupes, haré todo lo posible para que esta transición sea cómoda para ti.

Hubo un silencio breve, esta vez cómodo, como si ambas asimilaran ese momento. Finalmente, Liana retomó un tono más práctico:

—Si te parece bien, organizaré lo necesario para tu traslado a Andorra. ¿Te vendría bien en unos días? Puedo enviar un auto por ti para que te lleve al aeropuerto o incluso puedo ir personalmente a buscarte, como prefieras.

—No tienes que molestarte en venir tú —respondió Elixia, sorprendida de la consideración—. Con que organices el viaje está bien. Solo necesitaré empacar mis cosas y arreglar algunas cosas aquí.

No iba a cancelarlo todo porque no sabía qué tan bien o mal iría todo por allá, necesitaba estar segura antes de cerrar todas sus cosas en España. No obstante, aunque pocas, sí había cosas que arreglar y discutir.

—Por supuesto. Hoy mismo haré los arreglos. ¿Crees que estarás lista, digamos, el miércoles? Así tendrás unos días para arreglar lo que necesites en Barcelona.

¿Menos de una semana? Eso sí que sería rápido.

—Miércoles... Sí, creo que sí —asintió ella. En tres días su vida daría un vuelco, pensó con un vuelco en el estómago—. Es suficiente tiempo.

—Perfecto. Mi asistente, Silvia, te contactará para coordinar detalles y ayudarte en lo que necesites. También nos aseguraremos de preparar tu habitación aquí y cualquier cosa que requieras.

—Gracias, Liana —dijo Elixia sinceramente—. Aprecio que hagas esto más fácil.

—Gracias a ti por la confianza —repuso—. Nos vemos el miércoles, entonces.

—Nos vemos pronto —confirmó Elixia.

Colgó la llamada con la sensación de estar flotando. Lo había hecho. Había dicho que sí. Apoyó el teléfono contra su pecho un momento, cerrando los ojos bajo el sol de la mañana. Un acuerdo silencioso acababa de sellarse con esas palabras. Un acuerdo que pronto dejaría de ser solo un plan sobre papel para convertirse en su nueva realidad.

Con el corazón acelerado entre temor y emoción, Elixia entró al departamento para empezar a empacar su antigua vida y prepararse para la siguiente etapa que la aguardaba en las montañas de Andorra.

¡Cuéntale a kinkysaori lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

5

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

1

Impactante

Bien escrito

2

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

2

Buenos personajes

Diálogos potentes

1

Diálogos potentes

author

mi autora favorita volvió!!! 🤩

5 meses
1
author

muy interesante primer capítulo 👍

5 meses

Otras recomendaciones

Charly's Weihnachten

T.M: Ich kann es gar nicht anders sagen also ich liebe diese Geschichte einfach. Sie hat für mich einfach alles was es braucht. Sie hat mich einfach mitgenommen auf eine echt schöne Reise. Danke❤️

Leer ahora
Destino Secreto

Karin Rogowski: Gut geschrieben und beschrieben. Die Charaktere und Situationen sind stimmig und nehmen einen gefangen. Mich hat das Buch ab der ersten Zeile fasziniert, genau wie die anderen Bücher davor. Sehr guter Schreibstil und eine sehr gute Übersetzung, nebenbei bemerkt. Dankeschön, dass Du Deine Bücher ...

Leer ahora
Die Wölfe von Welby

maryketteler: Ich bin von diesem Roman sehr angetan. Es handelt sich um eine wunderschöne Geschichte, die durch ein tolles Happy End abgeschlossen wird.

Leer ahora
A Blessing in Disguise

C.: Well written, good story and some spice, tons of personal growth!

Leer ahora
Silver's Second Chance

T: Leider kann ich weder zu den Abschnitten noch zu den Kapitel meine Gedanken abgeben. Nach einem Buchstaben wird die Möglichkeit zu schreiben abgebrochen.Die ersten beiden Kapitel bieten einen grandiosen Einstieg in die Geschichte.Nun bin ich ans Ende der Geschichte gekommen. Die Handlung hat mich au...

Leer ahora
Alien Claim: Book 1

Moonlitscribe: I really liked the book! It had a good storyline and is exciting and has great character development.

Leer ahora
The Orc's Pet

mtasker: I really loved this story. Author, please keep writing such amazing and interesting stories.

Leer ahora
Alpha’s Claim

Duckieusaf: Great read

Leer ahora
Ruthless Lord

franny_panchis: Su padre la separó de ella por que no soportaba verla ya que se parece a su madre.Su padre, un lord, le arregla un matrimonio con el mejor soldado del rey .

Leer ahora