𓏲ּ𝄢𝑨 𝒑𝒍𝒂𝒄𝒆 𝒕𝒐 𝒃𝒆𝒍𝒐𝒏𝒈 ꗃ · 𝑘𝑚

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Sinopsis

국민 ִֶָ 𓂃⊹ ִֶָ Tras una vida de desprecio y servidumbre bajo el yugo de una madre que lo odia por su origen, Jimin, un omega cálido y roto, es finalmente reclamado por Jungkook. El alfa rudo que lo esperó en las sombras durante años lo lleva a su rancho para liberarlo de su pasado. En una entrega cruda, extensa y profundamente sensual, Jimin descubrirá que su única libertad es pertenecerle al hombre que juró sembrar en él la felicidad que siempre le fue negada. ╭ ┆ ╰ ⓘ 𝙽𝚘 𝚜𝚎 𝚊𝚌𝚎𝚙𝚝𝚊𝚗 𝚌𝚘𝚙𝚒𝚊𝚜, 𝚗𝚒 𝚊𝚍𝚊𝚙𝚝𝚊𝚌𝚒𝚘𝚗𝚎𝚜.. ⤷ . 𝚂𝙸 𝙽𝙾 𝙻𝙴𝚂 𝙶𝚄𝚂𝚃𝙰 𝙴𝚂𝚃𝙴 𝚂𝙷𝙸𝙿 𝙾 𝙴𝚂𝚃𝙴 𝚃𝙸𝙿𝙾 𝙳𝙴 𝙲𝙾𝙽𝚃𝙴𝙽𝙸𝙳𝙾 𝙽𝙾 𝙴𝚂 𝙳𝙴 𝚂𝚄 𝙰𝙶𝚁𝙰𝙳𝙾, 𝙻𝙴𝚂 𝚁𝙴𝙲𝙾𝙼𝙸𝙴𝙽𝙳𝙾 𝚀𝚄𝙴 𝙽𝙾 𝙻𝙾 𝙻𝙴𝙰𝙽 .

Genero:
Drama/Fantasy
Autor/a:
𖠌
Estado:
Completado
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

El polvo se adhería a la piel de Jimin como una segunda capa, un recordatorio constante de la vida que le había tocado. No era el polvo dorado de los campos al atardecer, sino el gris y pesado de los establos, de las tareas ingratas que llenaban sus días.


A sus veintidós años, Jimin era una figura esbelta, casi frágil, cuya belleza natural había sido opacada por años de servidumbre. Sus ojos, grandes y de un color miel, solían reflejar una tristeza profunda, un anhelo silencioso por algo que nunca creyó posible. Su piel pálida, a pesar del sol del rancho, conservaba una delicadeza que contrastaba con las pequeñas cicatrices y callosidades de sus manos, testigos mudos de una vida sin descanso. Vestía ropas sencillas, camisas de algodón gastadas y pantalones de trabajo que ocultaban la calidez innata de su cuerpo, pero no podían sofocar el dulce aroma a miel y flores silvestres que, a pesar de todo, emanaba de él, aunque él mismo intentara suprimirlo.


Jimin era el producto de una violación, un secreto a voces que su madre nunca le perdonó.


Desde su nacimiento, fue tratado como una mancha, un recordatorio constante de la humillación. Su infancia no conoció juegos ni risas, solo órdenes y castigos. Fue criado para estar por debajo de todos, para servir, para no soñar. La idea de una boda, de una familia propia, era un lujo inalcanzable, un cuento de hadas cruel que se contaba a otros, no a él.


Su destino, según su madre, era ser su sombra, su esclavo personal, pagando una deuda que nunca contrajo.


El día de la boda de su hermana menor fue un golpe devastador. Mientras veía a su hermana, radiante y feliz, caminar hacia el altar, un estrujón helado le apretó el corazón. Todos a su alrededor parecían cumplir sus sueños, construir sus vidas, mientras él permanecía atado, invisible, sirviendo bebidas y aperitivos, con una sonrisa forzada que apenas ocultaba el abismo de su desesperación.


Esa noche, bajo el manto de estrellas indiferentes, Jimin lloró en silencio, el sabor salado de sus lágrimas mezclándose con el polvo y el amargor de su existencia.


Pero no estaba solo. Nunca lo había estado del todo.


En las sombras, observando, esperando, había un alfa.. Jungkook.

Un hombre rudo, fuerte, con la tierra del rancho bajo sus uñas y el sol grabado en su piel. Jungkook se había enamorado de Jimin cuando apenas eran niños, un amor silencioso y feroz que había crecido con los años. Recordaba a un Jimin pequeño, con los ojos siempre asustados, pero con una chispa de bondad que lo había cautivado. Por eso, Jungkook se negó a casarse, a establecerse con cualquier otra omega.


Su rancho, sus tierras, su vida entera, eran una promesa silenciosa para el omega que un día sería suyo.


Jungkook había construido su rancho con sus propias manos, cada viga, cada cerca, cada establo, pensando en Jimin. Había trabajado incansablemente, acumulando riqueza y poder, no por ambición, sino por la necesidad de ofrecerle a Jimin un refugio, un santuario donde nadie pudiera tocarlo, donde nadie pudiera hacerle daño. Su mirada, normalmente afilada y penetrante, se suavizaba solo cuando pensaba en Jimin, en el día en que finalmente lo reclamaría. Había esperado pacientemente, observando desde la distancia, sintiendo el dolor de Jimin como propio, pero sabiendo que el momento de intervenir debía ser el correcto, el momento en que Jimin estuviera listo para ser liberado.


La noche de la boda de su hermana, Jungkook lo vio.


Vio la desesperación en los ojos de Jimin, la rendición silenciosa que lo estaba consumiendo. Y supo que el momento había llegado. Sin una palabra, se acercó a Jimin, que estaba sentado solo en un banco, con la mirada perdida en la oscuridad. El aroma a miel y flores silvestres de Jimin, ahora teñido de tristeza, le apretó el pecho a Jungkook. Se sentó a su lado, su presencia imponente pero reconfortante.


Jimin.. —su voz era grave, un susurro ronco que cortó el silencio de la noche— Ya no tienes que servirle a nadie. Ya no tienes que vivir así.. —Extendió una mano, grande y callosa, y con una delicadeza sorprendente, acarició la mejilla de Jimin, limpiando una lágrima solitaria— Mi rancho es tuyo. Mi vida es tuya. Siempre lo ha sido..

Jimin levantó la vista, sus ojos miel encontrándose con los oscuros y firmes de Jungkook. En ellos no había lástima, solo una promesa inquebrantable, una devoción que había esperado toda una vida. Y por primera vez, Jimin sintió una chispa de esperanza, una calidez que se extendía por su pecho, disipando el frío de años de soledad.


Lejos de todos, por fin, podrían empezar. La felicidad, que siempre le había sido negada, estaba al alcance de su mano, en la promesa silenciosa de un alfa rudo y un rancho que lo esperaba.









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