Capítulo 1
La Mordida
Cuesta respirar mientras conducimos por las montañas. Llevamos casi 20 horas en la carretera. Odio los viajes por carretera. Aunque lo único que odio más que los viajes es el frío. Y hoy me siento quemado por ambos.
Papá siempre conducía como un loco, pero sabía que tenía que conocer estas colinas porque acelera como si no tuviera sentido común.
—¿Puedes ir más despacio?
—Joder, Nasir, ¿puedes actuar como un hombre por una vez?
Así es como habla papá. Me dice esas cosas a propósito. La cuestión es que nunca fui lo suficientemente hombre para él. Al crecer, todos decían que me parecía a mi madre. Tenía sus rasgos. Mi cuerpo era delgado y delicado como el suyo. Mi cabello largo, liso y castaño caía por mi espalda de una manera muy femenina. A mi padre es lo que más le molesta de mí. Cuando era pequeño, intentó cortármelo y, justo antes de empezar, me desperté gritando tan fuerte que los vecinos llamaron a la policía. Mi boca, mis labios, mi forma de hablar e, incluso, mi forma de caminar eran mucho más femeninos que los de los chicos que me rodeaban.
Siempre intenté impresionar a mi padre. Traté de practicar deportes a pesar de que era horrible en ellos. Salí con chicas aunque nunca me atrajeron.
Incluso ahora me dirigía a la universidad de mi padre... solo para que pudiera estar orgulloso de mí.
Solo para que pudiera verme como su hijo.
—Siento no ser duro. Siento no ser como Qadir.
Él gira el rostro: —No menciones a Qadir.
—Oh, claro, es demasiado valioso para mencionarlo.
Mi padre se gira hacia mí en ese momento, moviendo todo su cuerpo hacia mí. Puedo ver la ira en sus ojos. Conozco esa mirada. Mi padre, Travis Butler, era conocido por su agresividad. Hubo muchas veces en las que responderle terminó conmigo teniendo un ojo morado. Se vuelve hacia mí y casi me grita en la cara.
Me retraigo.
—Déjame decirte algo. Cuando tu hermano murió, mi mundo se acabó, joder. Eso no significa que no me importe tú. Pero necesitas ser un hombre. Ya tienes 18 años. Ya no eres un niñato de mierda. ¡¿Me oyes?! Nasir, ¿me estás escuchando?
—¡PAPÁ!
Mi padre no lo ve. El coche se desvía. Hay algo en la carretera. Solo está ahí de pie. ¡Mi corazón se acelera mientras el coche de mi padre gira! Puedo vernos saliendo de la carretera. Mi corazón late con fuerza. ¿Qué coño era eso en medio del camino?
Viramos. Mi vida pasa ante mis ojos.
Veo un árbol mientras mi padre extiende su brazo sobre mi pecho como si eso fuera a servir de algo. ¡Está pisando el freno! Estamos patinando. Cada vez más rápido. Cada vez más fuerte.
Entonces, de repente, nos detenemos, justo antes de chocar contra un roble.
—Qué... carajo...
—Lobos. Hay muchos aquí. Nasir... Nasir... más te vale no haberte meado encima, joder...
Miro hacia abajo y mi cara se enrojece. Tiene razón. Me meé encima. Al girarme de nuevo hacia la carretera, lo veo. El lobo en medio de la calle. Nos está mirando, todavía en medio de la vía, sin darse cuenta o sin importarle que casi me cuesta la vida. Es un lobo negro con unos hermosos ojos azules... tan azules que me recuerdan al hielo en un campo invernal.
Se queda mirándome, casi como si viera que me he meado encima. Entonces sucede lo más extraño. Gruñe. Gruñe y luego se aleja caminando.
—¡Tío Travis!
Miro a mi alrededor. La universidad es más grande de lo que pensaba. ¿Quién construye una universidad en la cima de una montaña? Ya está nevando. Esta mierda no tiene ni puta gracia. Esto no es el T. Estoy harto antes de bajar del coche. La nieve ya se está pegando al suelo.
—India, ¿cómo has estado, chiquilla? —dice mi padre.
Nos recibe mi prima. India Butler. Se parece mucho a mí. Tiene ese largo cabello de los Butler. Le llega hasta el culo, igual que a mí. Sin embargo, su pelo no es liso como el mío. Es grande, enmarañado y salvaje. Mientras se acerca a mí, no puedo evitar mirarlo. Quiero coger un peine y ponerme manos a la obra. Aunque India siempre ha sido así. Una niña salvaje. Probablemente me pelearía si le peinara el cabello y, por lo dura que es, probablemente ganaría.
—¡Qué pasa, PUNK! Bienvenido a la Universidad de Vanderbilt.
India me da un puñetazo. Sí. Y duele, joder.
—Ay... qué cojones...
—Sigues siendo tan frágil, ¿eh, primo? —me pregunta India.
Pongo los ojos en blanco. India y mi hermano siempre hacían las locuras cuando eran más jóvenes. Yo siempre me quedaba dentro. Cuando mi padre consiguió el trabajo en Los Ángeles, ella venía de visita. Ella y mi hermano me hacían la vida imposible. Veo que las cosas no han cambiado mucho.
—Espero que Vanderbilt lo endurezca —le dice mi padre a mi prima.
—Está en buenas manos, señor —dice un chico en ese momento.
El chico está de pie junto a India. Es un tipo blanco con cabello rubio. Es alto y guapo a su manera, pero parece un poco empollón. Me mira de arriba abajo, casi evaluándome. Mi padre se interpone en mi camino. Mi padre es todo lo contrario a mí. Tiene un cuerpo de luchador profesional. De hecho, mucha gente confunde a mi padre con The Rock. Pero no es negro. Es completamente nativo americano. Nunca dice el nombre de su tribu, pero dice que estamos algo relacionados con los Shawnee. Mi madre sí era completamente negra, pero ya ha muerto. Murió cuando yo era bastante joven.
Después de que mi hermano muriera, solo hemos estado mi padre y yo. Así que entiendo por qué es tan protector conmigo. Se interpone en mi camino bloqueando al chico, como si yo estuviera hecho de vidrio precioso al que este nuevo tipo ni siquiera puede mirar.
—¿Quién cojones eres tú? —pregunta mi padre.
—Evan —responde él con la voz casi gimoteando.
—Es mi novio, tío Travis —responde India—, trabaja en el comité de bienvenida. Va a ser uno de los compañeros de cuarto de Nasir.
Mi padre mueve la cabeza y mira al tipo un par de veces: —¿Conociste a mi otro hijo? Qadir.
Evan sonríe un poco: —No demasiado. Qadir era un chico de fraternidad. Se juntaba con esos tipos.
Mi padre no parece muy impresionado por Evan. Hace falta mucho para impresionar a mi padre.
—Si le pasa algo a mi hijo, te haré responsable. ¿Me oyes? Tú también, India...
Puedo sentir cómo mi cara se enrojece. Mi padre me mira. No hace eso de padre sensible dejando a su hijo en la escuela. Amenaza a la gente, gruñe un seco «adiós» y me despeina antes de subirse al coche y salir acelerando como si estuviera en algún tipo de carrera. Ese es el tipo de persona que era mi padre. Cortante, directo y más hombre que nadie.
—Joder, casi me meo encima —dijo Evan—, tu padre da miedo, joder.
India mira a su alrededor y olfatea un poco: —Podría haber jurado que olía a pis...
—Estos son los dormitorios —me dice Evan—, cuando te instales, puedo llevarte a recoger tu horario. La orientación para los de primer año empieza mañana.
Puedo notar que este tal Evan todavía tiene miedo de mi padre mientras me acompaña a los dormitorios. Los dormitorios no son como los de las universidades normales. Odio el hecho de tener que ir a esta escuela. Quería ir a la UCLA. Hace un frío de cojones aquí. Es un frío que te cagas. India y Evan me llevan a clase. Por lo general, los padres se quedan un poco más, pero, sinceramente, no me molesta demasiado que mi padre se haya ido acelerando. Conociendo a mi padre, habría amenazado a media escuela, se habría metido en una pelea por nada y habría terminado sin camisa en un concurso de beber cerveza.
—Estas cosas parecen cabañas —le digo.
—Son cabañas —responde Evan riendo.
—Supongo que no tienen calefacción central...
Él se ríe un poco: —Vanderbilt es un poco... anticuada...
Cuando abre la puerta de la cabaña, casi me atraganto. Tiene que estar bromeando. Es una cabaña de madera. Una de muchas. La cabaña huele a gente mayor. Miro a mi alrededor y estoy simplemente en shock. Siento como si hubiera entrado en 1887. Al entrar, hay una sala común y una chimenea. Sí. ¡Una chimenea!
—Por favor, dime que esa no es la forma en que obtienen calefacción —le pregunto.
Evan se ríe y luego se vuelve hacia India: —Tu primo es divertido...
—Ya aprenderá —se ríe ella.
No sé a qué se refieren, pero me aterra de verdad. Conozco la reputación de Vanderbilt. Era una escuela para "hombres de verdad". Era conocida por sus equipos de deportes de invierno extremos. Esquí, hockey y otras mierdas raras por el estilo. La mitad de la gente que asistía estaba metida en deportes extremos. Eso nunca fue lo mío. Mi idea de deporte era caminar por las pasarelas.
Miro a mi alrededor. El sofá es viejo y polvoriento. Hay un horno alejado de la zona común. No hay microondas ni nada por el estilo. Siento que estoy en un experimento.
—¿Qué hacen ustedes para comer?
—Cazar —responde India.
—Estás bromeando...
Mi corazón se detiene. ¿Qué coño?
—Relájate, Princesa —responde India—, hay un mercado. Si no quieres unirte a la clase de caza, siempre puedes ir a comprar comida. Tu padre me dejó algo de dinero para ti. Estarás bien. De hecho, tengo que ir a comprarte algo de comida. Volveré.
—India, NO vas a dejarme aquí solo.
Mi corazón se acelera. Independientemente de lo molesta que sea India, ella es realmente la única que conozco. Este lugar no es mi hogar. Estoy en el bosque, al lado de una montaña enorme. No hay civilización real alrededor en kilómetros. La escuela es todo. No puedo creer que dejara que mi padre me convenciera de venir a este agujero de mierda. Si Qadir no hubiera muerto, él podría haber heredado la tradición familiar de asistir a Vanderbilt. Solo estoy molesto porque soy yo quien tiene que hacerlo.
—Estarás bien.
Ella pone los ojos en blanco y cierra la puerta detrás de ella.
Cuando cierra la puerta, el único que me mira es Evan. Él se está riendo.
—No te preocupes. Yo me sentí igual. Tampoco soy un machote como el resto de los tipos en Vanderbilt —responde Evan—, llevará tiempo, pero te acostumbrarás.
Me sorprende que Evan realmente parezca un poco normal. Realmente esperaba otra cosa. Me muestra mi habitación. Es una cabaña de tres dormitorios con una zona común en medio. La habitación no es tan fría como creo, pero la cama es incómoda. Saco mi portátil y me doy cuenta de que solo hay un enchufe en mi habitación. La molestia es simplemente una locura.
Evan es estudiante de segundo año. Es de Wisconsin. Sinceramente, ni siquiera sé dónde está eso, pero sonrío y finjo que lo sé. Intento ser lo más amable posible. Necesito más amigos. Es un poco nerd y, mientras habla, puedo ver que intenta saber si me gustan los videojuegos, Juego de Tronos y cosas de nerds por el estilo. Intento no actuar como si fuera el chico genial o algo así. Quiero decir, me juntaba con famosos en casa.
—Es genial que seas de LA, hermano. Mi nigga... —sonríe Evan.
—¿Qué me acabas de decir? —le pregunto.
Él se pone un poco rojo: —Lo siento. Esto debe ser un gran choque cultural para ti. ¿Venir de LA a aquí?
Suspiro: —Más o menos. No es lo mío venir a las montañas de Montana para estudiar. ¿Va a terminar esta nieve alguna vez?
—Básicamente va a empeorar.
—Genial —suspiro.
—Escucha —me dice Evan—, lo superaremos juntos. Créeme. El primer año siempre es el más difícil, pero tienes un amigo. ¿Cualquier familia de India es familia mía?
Casi quiero sonreír. No me sorprende que India salga con un chico más blando. No puedo imaginarla saliendo con un machote. Es demasiado dominante en mi opinión. De hecho, me sorprende que no sea una lesbiana total, para ser honesto. Es tan jodidamente butch a veces.
—¿Este lugar tiene ducha? —pregunto.
—Sí. Una fuera de la zona común. Cuando vuelvas, iremos a buscar tu horario.
Asiento.
Me siento algo feliz de haber conocido a alguien que tampoco es el típico chico de Vanderbilt. Entro en la sala de estar y, cuando lo hago, escucho algo que suena como gemidos. No me lo estoy imaginando. Alguien está, DEFINITIVAMENTE, gimiendo en la sala.
Es una chica. Está haciendo algo más que gemir. Parece que se lo está pasando como nunca en su vida.
—¡OH, FÓLLAME! SÍ... dame esa polla grande. ¡JODER, es tan grande!
Estoy sorprendido y algo divertido. Puedo escucharla teniendo un orgasmo. Estoy casi hipnotizado por los sonidos. ¡Quien sea que la esté follando la está haciendo trepar por las paredes! Nunca había escuchado nada igual. Si no estuviera rogando por ello, habría jurado que estaba en peligro. Así de fuerte está gritando en este momento.
En los siguientes minutos veo que la puerta se abre. Me giro. Sale una chica. Es guapa. Más guapa de lo que pensé que podían ser las chicas en esta parte de EE. UU. Es rubia y de tez clara.
En ese momento me escondo en el baño para que no me vean. Mantengo la puerta abierta y observo despacio.
—¿Por qué no puedo pasar la noche? —le pregunta a alguien.
Él niega con la cabeza: —Te lo dije. Yo no soy de romanticismos...
Ella se ve muy decepcionada. Me sorprende cómo el tipo la corta de esa manera. Ella sale de la casa casi avergonzada. La puerta se queda abierta. Pienso en ir a ducharme, pero tengo mucha curiosidad por saber quién estaba acostándose con ella.
Fue entonces cuando él salió.
¡Completamente desnudo!
Es velludo, pero no en exceso, y principalmente en el pecho. Su cuerpo es algo divino. Es alto, medirá como 1,88 m. Sus músculos están en su sitio. Me pregunto si juega al fútbol americano. Tiene un rostro fino y, aunque no parece concentrado en nada en particular, hay cierta intensidad en sus ojos. Camina hacia la cocina. Tiene ojos marrón oscuro y piel bronceada. No me cabe duda de que debe ser nativo americano. Sigo observándolo, hipnotizado.
Su polla se balancea entre sus piernas de un lado a otro. Entiendo por qué ella gemía. Su polla está semidura en este momento, pero aun así debe medir unos 28 centímetros. Estoy en shock. Mientras la miro, se me abre la boca un poco.
Este hombre es, literalmente, el tipo más sexy que probablemente haya visto nunca.
Va al refrigerador y bebe leche directamente del cartón. Le gotea por la cara y un poco cae sobre ese cuerpo sexy que tiene. Se lo limpia y vuelve a meter la leche en el refrigerador. Definitivamente, algo varonil y una locura. Luego se dirige al lavabo.
En ese momento observo cómo se toca los ojos. Se quita lo que parece ser una lentilla. Y veo la cosa más extraña.
Hay unos ojos verdes detrás. Verde esmeralda. El tono más hermoso que he visto jamás.
¿Por qué cubriría unos ojos tan bellos?
Exhalo un poco, atónito por él.
—¿Quién está ahí?
Lo ha oído. Imposible.
Se gira hacia la puerta del baño donde estoy. Ya no tengo opción. Sabe que estoy ahí. Hago un esfuerzo por controlarme y arreglarme el pelo mientras salgo del baño.
—Lo siento... —respondo mientras salgo.
—¿Te has dado un buen banquete visual? —preguntó.
Veo cómo se vuelve a poner la lentilla. Se queda mirándome. Sus ojos vuelven a ser marrones. No parece ocultar su desnudez ni le importa que lo esté mirando. Tiene confianza en sí mismo. Sabe que se ve bien. Lucho por no mirar hacia la anaconda que tiene entre las piernas. Es difícil no hacerlo.
—No pretendía... —
Me interrumpe: —¿Eres de primer año?
—Eh... sí...
—Bueno, no conoces las reglas aquí. Pronto oscurecerá. Las chicas no pueden estar en la residencia de chicos después del anochecer.
Joder. Otra vez no. Esto pasa todo el tiempo.
—Soy un chico.
Me mira de arriba abajo. Luego se ríe. Se le mueve el pecho. Probablemente esté mirando mi cuerpo delgado y mi pelo largo. Quizás esté mirando mi cara fina.
—Joder. ¿En serio? —pregunta.
Pongo los ojos en blanco, algo molesto porque realmente se ría de mí: —La última vez que comprobé mis huevos, estoy bastante seguro de que ambos seguían ahí.
—Lo siento, es solo por el pelo y... lo siento. Joder. Um... Soy Walid.
Camina hacia mí. Sigue completamente desnudo. Ni siquiera creo que se dé cuenta en este momento. Huele a sexo cuando se acerca. No tengo duda de que no se lavó las manos, pero no quiero ser grosero, así que le doy la mano de todos modos.
—Um... Soy... ...
—¿Qué?
—Estás un poco desnudo —le digo.
Él se encoge de hombros en ese momento: —¿Y?
A este tipo le importa una mierda todo. Estoy luchando por no ponerme cachondo solo de mirarlo. Me concentro en todo menos en esta estatua de Adonis nativo americano que tengo delante. Las paredes de la cabaña. La chimenea parpadeante. Mis hormonas están como locas.
—Nada. Eh... nada...
—Bueno...
—¿Bueno, qué?
—¿Me vas a decir tu nombre o no, bicho raro? —pregunta mientras sonríe.
—Nasir. Nasir Butler —respondo.
La sonrisa se desvanece. Hay un reconocimiento en sus ojos. No estoy seguro de qué significa, pero la sonrisa murió tan rápido como apareció. De repente, ya no parece el tipo demasiado amable que acabo de conocer hace unos minutos. La sonrisa ha sido reemplazada por un ceño fruncido y serio.
Se da la vuelta y se aleja. Es muy extraño. Intento preguntarme por qué, pero me distraigo con su trasero musculoso y firme mientras se aleja de mí.
—Es luna llena esta noche —me dice—: Será mejor que vayas a ocuparte de tus asuntos. No querrás verte envuelto en todo eso.
Es algo muy raro de decir, y se aleja como si hubiera dicho lo más importante del mundo.
Qué tipo... tan raro...
Más tarde ese día consigo mi horario con Evan. Inglés y Matemáticas son solo clases normales. Las otras clases están muy orientadas a "Vanderbilt". Habilidades de supervivencia 1.0. Caza. Educación física. Snowboarding. Niego con la cabeza. Definitivamente, estas son las mierdas en las que mi hermano se habría metido cuando vino aquí. Vanderbilt es una escuela más grande de lo que pensaba. El grupo de primer año es de unos 100 estudiantes y, por suerte, tengo a Evan conmigo para guiarme por el caos de conseguir los horarios.
Camino con Evan de vuelta a la residencia.
—Mañana es la orientación. Estarás bien —dice él.
Noto que puede leerme la mente. Me siento incómodo con todo esto. No es difícil de notar. Estoy abrumado.
—Le doy un semestre a esto y me transfiero.
—¿Por qué viniste aquí en primer lugar? —pregunta—: Tu hermano murió aquí. Yo estaría súper asustado de venir. ¿No fue atacado o algo así?
Asiento: —Sí. Lo mató un animal salvaje.
Evan niega con la cabeza: —Verás muchos de esos. Por eso me quedo en mi habitación. Tomb Raider es toda la exposición a la vida salvaje que necesito.
Evan se ríe y debo admitir que me río con él. Volvemos a la residencia. Al llegar, veo a Walid. No está solo. Lleva una chaqueta que combina con la de otro chico. El otro chico es casi tan guapo como Walid. Llevan chaquetas con las mismas letras griegas. Ambos van acompañados de chicas. Noto que la chica que lleva Walid no es la misma de antes. Es igual de guapa, pero es una chica negra.
Walid y los otros pasan de largo. Actúan como si ni siquiera nos vieran a Evan y a mí, pasando a nuestro lado sin decir ni palabra.
—Ese tío es un puto bicho raro...
—¿Has conocido a Walid? —pregunta Evan.
—Sí. Antes estaba caminando completamente desnudo por la cabaña —le digo a Evan.
Evan se ríe: —Sí. Acostúmbrate. Ese es Walid. Te hace sentir un poco menos hombre, ¿eh? Ese maldito tercer brazo que tiene. Lo ondea como si fuera una maldita bandera. Es súper molesto.
La verdad es que si fuera mi compañero de habitación, definitivamente no me importaría eso...
Solo le sonrío a Evan y miento: —Sí, súper molesto.
—Él y el resto de su fraternidad se creen que dirigen Vanderbilt.
—Dijo algo raro... algo sobre la luna llena.
Evan niega con la cabeza: —Ah, chorradas. Hay mitos urbanos. No pensaba que Walid creyera en ese tipo de cosas.
Quiero preguntarle a Evan qué clase de mitos urbanos, pero no lo hago. Vanderbilt parece mucho más extraño de lo que pensaba.
El día pasa y me quedo dormido después de hablar con Evan durante horas y aprender más sobre su pasado. Es una persona más genial de lo que creía y, honestamente, al final del día no estoy tan deprimido como pensaba que estaría. Al menos he podido hacer un amigo, aunque su idea de conversación sea hablar de sus pequeñas aficiones raras.
Al menos no estoy solo.
Se va a dormir a su habitación. Me quedo tumbado en mi cama mirando al techo y preguntándome qué demonios he hecho viniendo a Vanderbilt. Había animales salvajes aquí. Había deportes extremos. Había un millón de formas de salir herido. Esto simplemente no era para mí.
Sigo escuchando la voz de mi padre en mi cabeza.
—Algún día tendrás que convertirte en hombre —me decía.
Se me queda grabado. Tengo que dejar mis formas femeninas en algún momento. Tengo que ser más varonil. Mi cuerpo es delgado... con forma de chica. Me levanto pensando en esto y miro mi cuerpo en el espejo. Delgado... flaco... patético. Esas son las únicas cosas que me vienen a la mente. Antiguamente, mi hermano solía bromear diciendo que sería un excelente travesti. Probablemente tenía razón.
Mientras miro al espejo, escucho el sonido más extraño. Lloriqueos...
Casi... como un animal.
Es mitad de la noche. Intento ignorar los sonidos, pero se hacen más y más fuertes fuera de la puerta de mi cabaña. Es un sonido tan extraño... casi como una llamada. Casi como un perro que necesita más agua o algo así.
Me encuentro levantándome en ese momento y saliendo al frío. Está nevando. No tengo una chaqueta grande aparte de la vieja de mi padre que me dio, y me queda enorme. Da vergüenza llevarla, la verdad, incluso si es mitad de la noche. Lucho contra el frío. Caen copos de nieve en el aire. Miro hacia arriba. Walid tenía razón... es luna llena.
Lloriqueos.
Me giro a mi derecha. Las residencias estaban llenas de estudiantes durante el día, pero a estas horas de la noche casi no hay nadie fuera.
—¿Hola? —grito.
Los lloriqueos se hacen más y más fuertes.
Me encuentro siguiéndolos hacia la parte trasera de la residencia. Las residencias de Vanderbilt están alineadas en cabañas. Si sigues la fila hasta el final, llegas a los edificios escolares que están hechos de piedra a la antigua. Hay un par de edificios grandes y todos parecen iglesias católicas, de verdad. En la oscuridad, parece que he retrocedido a otra época.
Sigo el sonido de los lloriqueos. Despacio. Doblo la esquina y entonces lo veo.
Un lobo.
Es EXACTAMENTE el mismo lobo negro con unos hermosos ojos azules. Es el mismo que estaba en medio de la calle cuando venía conduciendo con mi padre hacia Vanderbilt. Me está mirando. Me detengo en seco mientras me observa. Apenas puedo respirar.
Estoy paralizado. No se mueve.
Mi corazón se acelera. Pongo un pie detrás del otro. Esto no está pasando. ¡Este lobo no está en el campus! Esto no me puede estar pasando, joder.
Quiero gritar, pero no quiero alarmar al lobo. Doy un pequeño paso atrás y observo cómo el lobo también da un paso hacia mí.
Me observa. Mirándome fijamente. Por segunda vez en el día, quiero mearme encima.
—Buen perro... —digo.
No sé por qué digo eso, pero parece calmar un poco al lobo. Es entonces cuando me giro. Tengo que hacerlo. Tengo que salir corriendo.
Me giro y empiezo a correr tan rápido como puedo.
No llego lejos. ¡Puedo oír al lobo detrás de mí! Me persigue. ¡Se lanza contra mí!
Me muerde... ¡justo en el culo!
No sé qué pasa después de eso. Me caigo. Espero que mi vida termine. Espero que me destroce la cara. Espero acabar como mi hermano Qadir.
Sin embargo, ese no es el caso.
Me giro y el lobo ya no está.
El mordisco en mi culo escuece. Es carne desgarrada, pero estoy vivo. ¡Estoy vivo y se ha terminado!
Al menos eso creo. Poco sé que ese momento iba a cambiar mi vida... para siempre...