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Don't Forget | GL

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Sinopsis

Cuando el frío viento pase a mi alcance, aun podre oir tu voz. Cuando las primeras hojas de los arboles caigan, volveré a ti. Y cuando sientas aquella brisa tocar tu piel, piensa que son mis dedos los que te acarician.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

I

El bullicio en el mercado era ensordecedor, diferentes voces, varios gritos, distintas ofertas y una gran cantidad de personas, eso dejaba también una gran cantidad de aromas que no eran muy gratos para la nariz. La duquesa Agatha Belmont, mejor conocida como la duquesa Yecum: llamada así por su increíble belleza capaz de atraer la atención de cualquier persona, hipnotizado con sus ojos oscuros, esa piel de porcelana que atraía la tentación de cualquier ser humano, aquellos labios de cereza, deleitando a la vista de cualquiera, su dulce voz era un canto dulce y sutil que te dejaba boquiabierto; pero así como su voz era una dulce melodía, su lengua era tan certera y caótica para destruir el pensamiento de cualquiera que osara en retarla. Yecum, digna de un nombre demoníaco, pues su encantadora y brillante esencia y aparecían solo era un engaño para el monstruo que se ocultaba bajo ese rostro esculpido por los mismos dioses.

Aquella hermosa mujer caminó con paso apresurado en medio del gentío, intentando no rozar a ninguna persona, también evitaba mirar a alguien a los ojos; no era digno de una dama de su linaje pasearse por esos sitios, sin mencionar que no le gustaban las personas. El contacto humano estaba en una de sus listas de cosas que detestaba. No es que fuera una persona amargada, simplemente no encontraba a nadie de su agrado, solo había ido a ese lugar para calmarse y alejarse de la superficialidad que evocaba en las paredes de aquel ostentoso palacio que debía considerar su hogar. La cantidad de voces en el mercado solían apagar a las de su cabeza: esas que solían atacar en sus inseguridades, acumulando un sin fin de errores que cometía día tras día, aquellas voces que se encargaban de hacerla cuestionarse sobre su existencia. Yecum estuvo en constante frustración por todo la presión que ejercían sus padres con ella, si bien era una duquesa, debía ser entrenada como una reina, pues su padre estaba haciendo planes de casarla en cuestión de tiempo con un príncipe, lo cual haría que una vez mas su apellido estuviera por lo alto y que no fuera borrado de la historia. Ella no estaba en contra de su destino, solo quería ver que había fuera de todo el control que le imponían sus padres, por unos pocos minutos deseaba disfrutar algo y hacer lo que ella quería y no lo que debía hacer. Sabía que escapar de su destino sería un acto estúpido, por eso no estaba dispuesta a luchar e ir en contra de todo.

Mientras miraba los puestos se percató que había una multitud de personas en un solo lugar, no entendía la razón de ese bullicio exagerado, así que decidió acercarse para averiguar que ocurría, pero al llegar al lugar se quedo helada: varias personas estaban encadenadas mientras eran ofrecidas como si de un pedazo de carne se tratase. Las personas se peleaban, gritando como desesperados por poseer alguno de los esclavos que estaban arrodillados en el polvoso suelo. Parecían bestias hambrientas por aquellas ofrendas, la locura aparecía en sus ojos, y su éxtasis al comprar a algunos de los pobres aldeanos estaba impregnado en sus ojos.

—¡Vamos! ¡ofrezcan algo! —Un hombre de tez morena sujetaba a un débil niño por el brazo, como si fuese un muñeco de trapo—. Pueden hacer lo que quieran con él, está en buenas condiciones.

Yecum miró horrorizada como es que vendían a aquel niño, fue dado a un hombre corpulento y que veía al infante como un exquisito manjar, incluso pudo notar como las pupilas del hombre se dilataban mientras arrastraba al menor fuera de la vista de aquel gentío, parte de estos abucheando al hombre por haberse llevado aquel inofensivo niño. Y aunque en su interior ella quería hacer algo, la duquesa sabía que no podía hacer nada contra eso, después de todo, ella no tenía poder para detener esas acciones; se sentía impotente por eso, pero estaba consiente que no ganaría nada por el simple hecho de enfadarse. Cuando se dispuso a continuar su camino, vio como el hombre ahora tomaba el brazo de una chica que rondaba los diecisiete años, justo los mismos que ella. Los ojos de ambas chicas se conectaron, solo que la mirada de una de ellas suplicaba clemencia; gritaba en silencio por un poco de ayuda, algo de misericordia. La duquesa veía como los hombres se peleaba por la chica de vestido rasgado y sucio, con piel ligeramente bronceada y que poseía unos ojos de un color verde peculiar, aquellos grandes ojos apagados le robaron el aliento. Parecían animales todos a su alrededor, en busca de alimento. Su ira iba en aumento al escuchar los comentarios denigrantes que hacían hacían hacía le chica. Algo burbujeo en su interior, incluso el amargo sabor de la molestia se instaló en sus boca.

—¡¿Quién da...

—¡Yo la compraré!

No se había dado cuenta que levantó su voz y mucho menos que su mano estaba hacia arriba para reafirmar sus palabras. No supo que pasaba por su mente en esos momentos, ni cuando decidió alzar la mano para llamar la atención y menos entendía por qué de entre todas las voces, la suya fue la más escuchada. No comprendía que era lo que le impedía apartar la mirada de aquella chica de ojos verdes, ni mucho menos se cuestionó en el momento que quitó la delicada capa que cubría su rostro para mostrarse ante todos los presentes. Estaba consiente que su posición como duquesa no era la mas alta, pero al menos eso le servía para ser reconocida entre todos los habitante, también para que el vendedor la nótese y le hiciera una señal para que se acercara. Sentía que su corazón estaba a punto de salirse de su pecho, sus oídos zumbaban y en sus manos una pequeña capa de sudor iba apareciendo. Mas algo le impedía bajar la mirada o quitar ese porte orgulloso y arrogante que siempre poseía y por primera vez uso al propósito esa mirada fulminante que tanto le caracterizaba. El hombre levanto a la chica del suelo justo cuando la duquesa se paro frente a él y lo miro fijamente.

—¿Usted quiere comprar a esta esclava? Duquesa Yecum de Xyrlos —preguntó con una sonrisa en su rostro, la cual le dejaba ver a Agatha que el hombre no tenia dos de sus dientes frontales—. Ella cuesta mucho, varios...

—No pregunté si costaba mucho o poco, dije que la compraría.

Aquel sujeto sonrió con más ganas antes de soltar una carcajada y mirar con burla a Yecum, si bien la duquesa tenia ese titulo, no era como si la pudiesen tratar en serio. Con la misma elegancia a la que se enseñó, se quitó su collar que mantenía oculto detrás de ese vestido que no era ni por asomo tan hermoso y elegante a los que siempre solía usar. Cuidadosa de cada una de sus acciones, optó por lanzar el collar a los pies del hombre y lo miró con desprecio antes de de sonreír.

—Mi collar vale más que tu vida y la de todos los esclavos que tienes a tu disposición. Dame a la chica.

Yecum no tuvo ni que decirlo dos veces, el hombre le lanzó a la chica y se apresuró a levantar el collar, pues sabía que en cualquier momento alguien decidiría levantarlo y llevarlo consigo. Para cuando alzó la mirada, la duquesa y esa esclava habían desaparecido, como si de la espuma del mar se tratara. Todos estaban tan concentrados en aquel objeto, que no se dieron cuenta cuando ambas chicas se fueron de aquel lugar, como un par de fugitivas. Y es que la duquesa no quería que mas gente llegara al lugar y los rumores se extendieran, aunque con esto que había sucedido había una gran probabilidad de que sus padres supieran del gran acto infame que había hecho, una duquesa de su nivel yendo a esos lugares y salvando a una simple esclava, que a como se veía su pureza había sido robada miles de veces ya.

Aun sentía el pulso acelerado por haber corrido de aquél lugar, y su mano sujetaba con fuerza la de la chica, no pensaba soltarla, no hasta que por fin llegara a su casa, pero había algo en aquella chica, su mano se sentía demasiado delgada, podía notar a la perfección cada uno de sus huesos, pero a pesar de todo eso se notaba una calidez inigualable, estaba tibia su mano, su agarré era firme, como si en silencio le dijera que no la iba a soltar por nada del mundo. Mientras tanto, la chica que hasta hace unos minutos había sido esclava, se sentía perdida, no sabía que estaba ocurriendo ni siquiera podía procesar por qué aquella hermosa dama de piel pálida y tersa como la porcelana estaba tomando su mano, mucho menos entendía porque ella misma se aferraba a esta con tanta ansiedad. Miró la nuca de aquella mujer, notando como el delicado cabello negro y ligeramente rizado estaba moviéndose a cada paso que daban.

—Sigue corriendo, no mires atrás.

La voz agitada de la duquesa hizo que los ojos de aquella esclava se abrieran con sorpresa. ¿Por qué? Esa pregunta se repetía en su mente una y otra vez, ¿por qué quería salvarla? ¿Qué tenía de especial para que pudiera arriesgarse a aquello? Pero al mismo tiempo eso no le importaba mucho, solo sabia una cosa...

No iba a desobedecer a su ama.

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