Rumbo a K2-18b

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Sinopsis

Pequeño relato espacial ambientado en la nave Paradise, donde la comandante Sarah tendrá que ingeniárselas para que todos los tripulantes sobrevivan al indicente que surge durante el viaje. Lo envié para un concurso donde se inscribieron 9137 personas de las que finalmente fueron seleccionados 2837 relatos. Aunque no gané nada, me alegra saber que el mío estaba entre todos esos. ¡Espero que os guste!

Genero:
Scifi
Autor/a:
Miguel J. Merino
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1 y Final

Un día me preguntaron si sabía lo que era el tiempo. ¡Claro que lo sabía!

El tiempo no es ni más ni menos que otra invención del ser humano, creado como una forma más de control sobre algo, pero sin tener control sobre nada. Estaba claro que por aquel entonces no se sabía lo que conocemos ahora: el tiempo en realidad no existe.

La ausencia de tiempo siempre fue algo que estuvo en entredicho hasta que se pudo demostrar que, en el espacio exterior, el tiempo no puede utilizarse para realizar ningún tipo de medición a excepción del protocolo de seguridad P-219. Es por eso que de pequeña me regalaron un reloj muy extraño: tan solo contenía 48 minutos.

Al principio no entendía nada, pero en la academia de pilotos acabé comprendiendo el por qué. El protocolo tenía esa duración porque son los minutos que tarda en aterrizar un vehículo interestelar con seguridad en cualquier planeta de manera automática, y es por eso que el reloj tiene exactamente esa misma cantidad de minutos.

Mi padre decía cuando me lo dio: Sarah, es mejor tener uno y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo. Que era mucho mejor que esos que regalaban cuando te graduabas en la academia.

Si algo no funcionaba en la nave, el reloj sí lo haría ya que no estaría vinculado a ningún dispositivo electrónico actual, y podría utilizarse para activar el protocolo y realizar un aterrizaje de forma manual aunque el sistema cayera o se viese comprometido. Algo así como una especie de llave que podría usarse en caso de emergencia.

Esa duración fue calculada meticulosamente y un complejo sistema de IA es el encargado de manejar la nave en modo automático durante ese intervalo de tiempo, teniendo en cuenta los diferentes factores existentes como el reajuste de la velocidad de la nave con la órbita y la gravedad del planeta en cuestión, el análisis de su atmósfera y la revisión de los sistemas de control y navegación.

También decía que nuestros antepasados de la Tierra estaban acostumbrados a vivir en un sistema basado en la medición del tiempo, donde un año duraba 365 días, un día 24 horas y una hora, 60 minutos, y que ese sistema se vino abajo cuando se estaban llevando a cabo unos importantes cálculos mientras revisaban un salto en la historia que hubo de trescientos años.

Se percataron de que no estaban viviendo en el siglo XXI, sino en el XVIII, concretamente en 1725, por lo tanto, los que vivieron el cambio de milenio realmente no lo habían hecho, pero sí lo hicieron sus descendientes trescientos años después, y como de milenios iba la cosa, los culpables de ese desfase fueron un emperador y un papa que se habían empeñado en vivir en el año 1000, entonces decidieron adelantar la fecha esos tres siglos para estar vivos en el cambio de milenio, a sabiendas de que ese no era el verdadero, aunque ahora todo eso ya no es importante...

He de reconocer que en su día sí lo fue, pero ahora lo que verdaderamente importaba era poner a salvo a los últimos habitantes de la Tierra que viajamos en la Paradise. Al principio y por proximidad, nuestro destino era una galaxia hermana en busca de algún planeta habitable, pero hemos tenido que descartar esa opción debido a un fallo en la IA instalada en la nave. Nadie nos aseguraba ahora que siguiera siendo viable viajar hasta allí.

-¿Funcionan los escudos exteriores?

-Sí comandante.

-¿El escudo protector solar también?

-Al cien por cien.

-Bien. ¿Cómo vamos de combustible?

-Ese indicador tampoco funciona comandante, pero en la última revisión estábamos al ochenta y tres por ciento.

-Hay que hacer funcionar de nuevo la IA como sea.

-A la orden.

-John, lo que verdaderamente me preocupa es que no si no funciona la IA, no podremos activar el protocolo P-219 salvo si lo activamos de manera manual.

-¿Manual? Pero Sarah... Eso sería una locura. ¿Y si fallamos en algún calculo?

-Pues empieza a rezar lo que sepas para que todo salga bien... Por favor, prueba todo lo que se te ocurra por muy descabellado que sea y mantenme informada. Yo haré lo mismo.

-Sí comandante.

Después de probar diferentes opciones, ninguno éramos capaces de encontrar el fallo de la IA ni de recuperar su funcionamiento.

-Hay que activar el protocolo manual...

-¿Estás segura...?

En ese momento era muy consciente de mi responsabilidad, pero nunca había imaginado que íbamos a ser los primeros en realizar un viaje interplanetario. Que ya habría habido otros comandantes antes que yo que ya hubiesen realizado las pruebas pertinentes antes de lanzarnos al espacio exterior, pero no. Durante las simulaciones en la academia y fuera de ella la IA nunca había fallado, ¿por qué ahora si?

Todo ocurrió tan deprisa... Lo del calentamiento global era de esperar, pero quién iba a imaginar que pocos años después se derritieran los polos de esa forma tan rápida, provocando un colapso de tal magnitud en el planeta. La gente empezó a morir de forma descontrolada por culpa de la radiación solar, y apenas hubo margen de tiempo para que terminaran de revisar la nave, porque la Paradise apareció durante el deshielo, en un remoto lugar de lo que era la Antártida unas semanas después, cumpliéndose así la profecía de un antiguo manuscrito que sólo con la ayuda de la IA pudo ser descifrado.

Como siempre, los americanos quisieron ser los primeros en tomar parte en el asunto de la nave, pero desde que se desmanteló el Área 51 y salió a la luz aquello de que nunca llegaron a la Luna y que poseían tecnología extraterrestre para viajar al espacio, el C.O.P.U (Comité Oficial de los Países Unidos) creado para salvar a los pocos habitantes que quedaban, no se lo permitió y pusieron fin a toda forma de contacto desde que descrubrieron que durante esas primeras negociaciones estaban intentando realizar por su cuenta un viaje en su propia nave. Evidentemente no les salió bien porque desconocían que aquella tecnología, saliera de donde saliese, estaba obsoleta y no funcionaba.

Aun así, el Comité fue benevolente porque muchos americanos supervivientes no habían tenido nada que ver en aquel asunto.

-Sí. Estoy segura.

Acto seguido saqué el reloj de mi padre de uno de mis bolsillos, abrí el pequeño compartimento de la consola de mandos y lo coloqué en el hueco que allí había destinado para ello. Enseguida se encendió su pequeña pantalla y, tras confirmar su activación, los 48 minutos empezaron a contar.

-Capitán. Busque a Rolan.

-¿A Rolan? Sí comandante.

Miller salió a buscarle y apenas tardó unos minutos en regresar con él.

-¿Comandante? Aquí está Rolan.

-Gracias capitán Miller. Rolan, acompáñeme por favor.

Rolan asintió con la cabeza y siguió tras mis pasos hasta la habitación contigua.

-Necesito que hagas algo que hace mucho tiempo que nadie hace...

-Puedo hacerme una idea.

-Te voy a ser sincera Rolan. Vamos a ciegas. La navegación de la IA no funciona y no sabemos por qué ha fallado.

-Quieres un mapeo porque has tenido que activar el protocolo de forma manual, ¿verdad?

-No he tenido otra opción. ¿Puedes hacerlo?

-Sí -. Respondió al mismo tiempo que me dedicó una sonrisa.

-¿Cuánto tiempo necesitas?

-Si todo va bien, unos 10 minutos, 15 como máximo. ¿Cuánto tiempo nos queda?

-Quedarán unos 46 minutos.

-Muy bien. Voy a ponerme con ello.

Rolan era el mejor amigo de mi padre. Siempre ha estado ahí cuando le he necesitado. Estoy segura de que todo va a salir bien.

Me senté de nuevo delante de la consola de mandos a esperar a que Rolan terminara su trabajo y a seguir probando cosas por si podía hacer funcionar de nuevo la dichosa IA.

Unos minutos después Rolan ya me estaba llamado desde la otra habitación.

-¿Todo va bien?

-Sí. Ya he terminado. ¿Qué necesitas saber exactamente?

-¿Dónde estamos?

-Cerca del cuadrante veintinueve. Básicamente en medio de ninguna parte.

En este instante, el capitán Miller entró en la estancia bastante agitado.

-Comandante. Están fallando más sistemas. El control de estabilidad y el de propulsión se acaban de apagar, pero aún nos seguimos moviendo. Espero que la depuración del aire no falle o nos quedaremos sin oxígeno...

-Vale. Que no cunda el pánico. Tenemos que hacer algo antes de que falle algo más. ¿Conocéis a alguien que conozca estos cuadrantes? ¿Qué sepa de algún planeta habitable que no ande muy lejos? Necesito también si sabéis de alguien que me ayude a calcular la velocidad, tanto de la nave como la de la órbita del planeta de destino, y los necesito ya.

-Creo que sé de alguien -. Dijo Rolan.

-Yo también -dijo Miller-. Mi hermana se pasó media academia estudiando sobre posibles planetas habitables. Seguro que nos puede ayudar.

-Bien. Daos prisa por favor. Coged un comunicador antes de marcharos. Tenemos exactamente 39 minutos.

Rápidamente, Miller y Rolan iniciaron su misión de búsqueda. No había forma de saber a qué velocidad estábamos yendo ni en qué posición, pero al menos el sistema gravitatorio seguía a pleno rendimiento y no estábamos flotando a lo largo y ancho de toda la nave.

-¿Comandante? Aquí Miller. Ya he encontrado a mi hermana. Ahora vamos hacia su posición. -Dijo a través del comunicador.

-Bien Miller. Buen trabajo.

Al momento, Rolan también informó a través del comunicador.

-¿Sarah? Ya he dado con alguien, vamos hacía allá.

Al poco rato Miller regresó junto a su hermana, y apenas un par de minutos después lo hizo Rollan con una de mis antiguas profesoras de la academia.

-Hola Sarah, me alegro mucho de volver a verte.

-¿Lucy, Lucy McGraham, eres tú? Ignoraba por completo que estabas aquí -. Dije al mismo tiempo en el que recibía un cálido abrazo por su parte.

-Comandante, esta es mi hermana Clara.

-Encantada de conocerte Clara -. Dije al mismo tiempo que estrechaba su mano.

-¿Qué ocurre Sarah? ¿Por qué necesitas nuestra ayuda? -Preguntó Lucy.

-No me voy a andar con rodeos. El sistema de IA ha fallado, y poco después el control de velocidad y el de estabilidad. He tenido que activar el protocolo P-219 de forma manual. Es cuestión de tiempo que empiecen a fallar otros sistemas. Necesito conocer la ubicación exacta de algún planeta cercano habitable, para eso te necesito a ti Clara. Y a ti Lucy, para que me ayudes a calcular junto a Rolan la velocidad y la posición actual de la nave y la del planeta en cuestión para poder aterrizar con seguridad.

-Muy bien -dijo Clara. -¿Sabéis por dónde estamos más o menos?

-Cuadrante veintinueve.

-Vale... Parece que estamos cerca de la constelación de Leo. Supuestamente hay un exoplaneta muy similar al nuestro. El P2-18b. Algunos en su día lo bautizaron como Terra.

-Terra, Tierra... Es una señal de algo. -Apuntó Lucy.

-¿Es habitable?

-Es muy posible. -Afirmó Clara-. Tiene agua, atmósfera...

-Vale. Rolan, Lucy. ¿Empezamos? Disponemos de 33 minutos.

Mientras Clara nos seguía informando sobre las características del planeta, realizábamos los cálculos necesarios para poder llevar a cabo el aterrizaje, cuando de pronto una alarma empezó a sonar en la cabina de mando.

-¡Maldita sea! Tenemos una fuga de combustible. -Dijo Miller.

-Está bien. Centrémonos. Luego nos preocuparemos de eso.

Con los resultados de las operaciones listos ya solo quedaba introducirlos en el sistema manual, pero no sin antes informar a la gente a través de los altavoces del sistema de comunicación general de la nave.

-Tripulantes de la Paradise, les habla su comandante, Sarah Ortiz. Debido a un reciente mal funcionamiento en uno de los dispositivos de la nave, por la seguridad de todos nos hemos visto forzados a tomar la decisión de abortar el viaje hasta la galaxia hermana de Andrómeda y buscar un planeta cercano a nuestra ubicación actual. No se alarmen. Ya está todo en marcha y ya hemos realizado los cálculos necesarios para realizar el aterrizaje con total seguridad. El planeta en cuestión es muy similar a la Tierra y según los cálculos, existe un 89% de probabilidades de que la vida sea viable en él. No disponemos de otra opción mejor para la situación en la que estamos. Acudan a sus cabinas y abróchense los cinturones de seguridad.

Acto seguido, los dispositivos que aún funcionaban empezaron a apagarse, dejando toda la nave en completa oscuridad a excepción de la iluminación de emergencia.

-¡Rápido Miller, activa el reinicio! A ver si así conseguimos que algo vuelva a encenderse.

John accionó el dispositivo y mientras todos permanecían a la espera, un completo silencio se adueñó de la cabina de mando. A continuación, un leve sonido electrónico empezó a escucharse y varios de los sistemas que estaban fallando se encendieron y volvieron a la normalidad, a excepción de la IA y del sistema de estabilización, que había desajustado completamente la verticalidad de la nave y, en consecuencia, no paraba de dar vueltas.

-Comandante... Ya casi no nos queda combustible. Está próximo a agotarse. Con esa cantidad no sé si va ser suficiente para poder aterrizar en el exoplaneta.

-¿Qué opciones tenemos?

Para estabilizar la nave, a Miller se le ocurrió la idea de utilizar parte del combustible, y para obtener la velocidad suficiente, utilizar el campo gravitacional de algún otro planeta que estuviese de camino que nos lanzara directos hacia Terra.

No teníamos tiempo que perder, solo nos quedaban 28 minutos, así que de nuevo le pedí a Clara que localizara otro planeta que se ajustara a lo que necesitábamos en ese momento.

-No va a ser fácil -dijo ella. -Tendríamos que desviarnos totalmente de la ruta, dejar nuestro destino a la derecha y rodear prácticamente en su totalidad el planeta para coger impulso y, a continuación, acelerar para salir de la fuerza gravitacional en el punto exacto para que nos lleve en la dirección deseada.

-¿Cuánto tiempo necesitamos para llevarlo a cabo todo eso?

-25 minutos -respondió Lucy. -15 minutos para rodear el planeta y otros 10 para llegar hasta Terra.

-¿Y la nave dejará de dar vueltas?

-En cuanto entremos en el campo gravitacional, como decía Miller, solo hay que gastar el combustible necesario para enderezar la nave. La fuerza centrífuga propia del planeta nos impedirá seguir girando, dejando la nave en posición.

-Muy bien. ¡Miller!, introduzca los cálculos. Es ahora o nunca.

En cuanto metió los parámetros la nave se adentró en la órbita dirigiéndose hacia lo programado. Miré el reloj, ya no quedaba tiempo, al acelerar se gastó el combustible que quedaba con lo que solo pudimos rezar para que el aterrizaje fuese bien, y por suerte así fue.

¿Qué haríamos a partir de ahora? Quién sabe. Solo nos queda esperar y ver qué nos deparará este nuevo mundo, y todo gracias al reloj de mi padre.