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Rivales Por Error

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Sinopsis

«“El día que entendí que perderte dolería más que cualquier derrota… fue el día en que dejé de verte como mi "rival"» Lucas y Mateo son los mejores estudiantes de su curso, rivales ante los ojos de todos. La competencia por el primer lugar ha hecho que los rumores crezcan, que la tensión se mantenga y que nadie espere verlos cerca el uno del otro… hasta que una profesora decide hacer un trabajos en parejas donde son pareja, y eso los obliga a trabajar juntos. ¿Será esta la oportunidad para confirmar todo lo que se dice de ellos… o el inicio de algo que nadie vio venir? Entre miradas, roces, presión académica y metas que no están dispuestos a soltar, deberán descubrir si trabajar en equipo es realmente una opción… o si prefieren fracasar antes que confiar el uno en el otro. ¿Qué pasa cuando un simple trabajo en parejas es capaz de cambiarlo todo? «A veces, el amor llega en la forma más inesperada… y de la persona que menos imaginabas.»

Genero:
Romance
Autor/a:
Vale
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1



"A veces, basta un solo evento para cambiar todo lo que creías saber... incluso sobre ti mismo."

Desde la primera vez que pisé una escuela lo tuve claro, a los adultos les encanta hablar de los logros de los demás en especial cuando son sus hijos, les fascina alardear de los tranquilos que son, que tan buenos son en deportes, pero sobre todo hablan de las notas que sus hijos obtienen, la regla estaba clara si eres listo y tienes buenas notas te catalogan como bueno, educado y un montón de cosas más y por el otro lado aquellos que sacan notas bajas los catalogan como burros, perezosos, malos o flojos, los ojos prejuiciosos de los adultos esperando opinar respecto a los demás, los adultos los seres que desde pequeños esperas que sean los seres más racionales sensatos o lógicos, hasta que creces y te das cuenta de que suelen ser los más juiciosos, dejan sus expectativas en ti como rocas en tu espalda que esperas no sentir al llegar al final del camino, cuando la vida te muestra desde joven los aplausos y la gloria que se le dan a los mejores me di cuenta de que no podía aspirar a nada más, deseaba esos aplausos e elogios y la mirada orgullosa que veía en los padres al ver a sus hijos ser aclamados y recibir premios. Y lo logré. Poco a poco me volví uno de ellos, era elogiado cotidianamente por ser el mejor de mi clase año tras año, hasta el punto de que eso era lo que me destacaba de los demás, lo que todos veían. Pese a las otras cosas que se me daban bien, como tocar la guitarra o practicar uno que otro deporte, mi foco se centró en ello que todos hablaban. El perfeccionismo en cada examen que se me presentaba se había vuelto una regla no escrita en mi vida.

Si bien para ojos de mis padres eso era una obligación, no quitaba que los demás lo asociaran a una parte vital de mi personalidad, normalizando mi conducta obsesiva como pan de cada día y poco a poco desaparecía la sorpresa en sus rostros cuando aclamaban mi nombre en competencias gracias a mis calificaciones o torneos deportivos.

Si bien todo suena bonito, no lo es cuando a un padre se le ocurre comparar a sus hijos contigo. No los juzgo, ya que hasta yo me sentiría mal en esa situación, todavía recuerdo las miradas tristes o enojadas en los rostros de mis compañeros cada que eso pasaba y, si bien los adultos no lo hacían con mala intención, no mejoraba la situación.

Al fin y al cabo, no creo que a nadie le gustaría que lo compararan con alguien más.

Yo mismo odiaba que mis padres lo hicieran.

Siempre había sido una rutina bastante monótona en donde nada cambiaba... hasta que llegó él.

En nuestro tercer año de enseñanza media, apareció Mateo. Y con él la cadena que sostenía la rutina se rompió. Él comenzó a destacar fácilmente en distintas clases, además de obtener altas calificaciones, logrando que estuviéramos a la par. Fue la primera vez que volví a sentir miedo gracias a la llegada de lo que parecía un rival.

Y ahora, 1 año después, ¿de verdad estaba dispuesto a arriesgar mis notas solo por no querer trabajar con él?

No sé qué estaba pensando la profesora Sofía cuando decidió que, para comenzar nuestro último año escolar, haríamos un ensayo en parejas... ¡Formadas por ella! Como si fuéramos niños pequeños. Y, como si la broma necesitará remate, a mí me tocó con Mateo...

Sí. Ese Mateo, seriamente empiezo a pensar que el universo me odia.

De quien ya les había hablado, ese chico inteligente que desde su llegada había destacado y había sido capaz de estar en mi nivel, incluso hasta más, quien se había vuelto mi competencia directa desde su llegada. El mérito del mejor de la clase se volvió una competencia de tirar la cuerda entre ambos.

Él y yo no somos amigos y jamás lo seremos menos después de las cosas horribles que se dicen de él.

Pero si eso no suena desafiante, siempre solían separarnos en los debates, dejándonos en bandos contrarios a propósito. Entonces la cosa se volvía bastante tensa, en especial para los que tienen un mal concepto de lo que es un debate y lo ven como una pelea verbal, por lo que siempre que nos tocaba argumentar contra lo que decía el otro de fondo, siempre se escuchaba un "uhh" o uno que otro comentario que buscaba acaparar la situación y generar una pelea entre nosotros.

Nunca habíamos "hablado" como tal, digo cada que uno abre la boca el otro está listo para contraatacar como si el simple hecho de que el otro hable fuera molesto para el otro, pero incluso sin ninguna palabra todos sabían de la tensión invisible que nos unía. Los profesores mismos la alimentaban con sus comentarios "A ver si será Lucas o Mateo quien saca más nota esta vez". Y, claro, nuestros compañeros tampoco perdían la oportunidad de hacer chismes o comparaciones absurdas. Al principio era sofocante, después simplemente se volvió parte del aire que respiraba, pero no quitaba lo incómodo que era oír toda clase de comentarios.

Sentí como mis ojos se dirigían a él, quien estaba al otro lado de la sala, se veía despreocupado mientras limpiaba sus lentes con un pequeño pañuelo. Siempre he pensado que él vive en su propia burbuja, supongo que es lo que hace que, a pesar de su buena apariencia, se mantenga alejado de los demás, eso y el hecho de que los demás lo evitan como si fuera un insecto, debido a los rumores de su anterior colegio, desde su llegada el se a vuelto bastante solitario.

Supongo que se lo merece por no pensar antes de abrir la boca.

¿Y ahora... trabajar con él en literatura? Si fuera una tarea corta, no me importaría. Pero un ensayo... todos sabemos que eso significa al menos cuatro clases de trabajo, como mínimo.

-Ya saben cómo es, acérquense a sus parejas y elijan el tema del ensayo. Anótenlo en la pizarra para que no se repita -dijo la profesora Sofía con tranquilidad, como si no hubiera lanzado una bomba.

Los murmullos comenzaron al instante.

-¿Mateo y Lucas? Y yo pensaba que era yo la de la mala suerte...

-Escuché a alguien decir detrás de mí.

-Es verdad, nunca los he visto hablar... -agregó otra voz entre risas.

-¿Y te acuerdas cuando casi se pelean? -susurró un compañero al fondo, en un tono que no era precisamente bajo.

-¡Shhh, te van a oír!

El silencio de la sala pronto se llenó de miradas y cuchicheos, como siempre, mis compañeros son unos chismosos de primera. Intenté ignorarlos, aunque era imposible no sentir sus ojos encima.

Finalmente, con un gesto de resignación, me puse de pie.

No podía quedarme paralizado mientras todos ya buscaban a sus parejas.

Mis ojos se apresuraron en busca de mis amigos, quienes, por fortuna, seguían en sus asientos cerca de mí. Martina me devolvió una mirada nerviosa, levantando la mano en un gesto pequeño de apoyo. Benja, en cambio, tenía una sonrisa burlona y Cata pues seguía siendo Cata.

-Ya, pero míralo por el lado bueno, son los dos más inteligentes, imposible que les vaya mal. Aunque... si yo me saco mejor nota que tú y el otro cerebrito, me voy a burlar de ti todo el año -bromeó mientras me daba un empujón juguetón.

Quise sonreír, aunque por dentro suspiré.

-En tus sueños.

Con esa mezcla de nervios y resignación, mientras me levantaba y caminaba hasta el otro lado, finalmente llegué a su mesa. Y toda la seguridad que había intentado reunir se desmoronó en el acto.

-Eh... hola, Mateo -dije torpemente. Llevábamos un año compartiendo clases, y era la primera vez que nos tocaba trabajar juntos.

No levantó la vista ni hizo algún gesto.

Creí por un instante que me ignoraba, hasta que noté los pequeños audífonos blancos en sus orejas.

¿Al menos escuchó con quién trabajaría? No podía evitar sentir como empezaba a perder la calma.

-Oye -insistí, mientras me atrevía a tocarle el brazo, intentando llamar su atención.

Al fin levantó la cabeza, se quitó un audífono y, sin mirarme del todo, dijo

-Está bien, da igual. Lo voy haciendo yo y te aviso si necesito ayuda.

Volvió a su cuaderno, moviendo el lápiz como si yo no existiera.

Me quedé congelado. El enojo me subió de golpe. ¿De verdad pensaba hacer el trabajo solo? ¿Y yo qué? No podía permitirlo.

-¿Perdón? -dije indignado, apoyando mis manos sobre su mesa para obligarlo a mirarme-. ¿No se supone que es en pareja? Deberíamos trabajar los dos.

Noté cómo varios compañeros reducían la velocidad de sus pasos al pasar, atentos al posible choque.

Mierda, a saber qué rumor estúpido, sacarán de esto.

Mateo alzó los ojos. Sus pupilas verdes brillaron un segundo, notándose la sorpresa en ellas. Tras un parpadeo rápido, pareció recuperar la calma y quitarse ambos audífonos al fin.

-¿Qué necesitas? -dijo con indiferencia.

-¿Qué necesito? -repetí con una sonrisa que no me llegaba a los ojos-. Tal vez que escuches cuando la profesora habla, no dejaré mi nota en tus manos, por algo es trabajo en equipo debemos trabajar los dos, eso o un nuevo compañero.

Vi cómo fruncía el ceño, sorprendido por mi tono.

-mierda, eres tú-murmuró, con una cara de desagrado.


(EXTRA - Sala de profesores, unas horas después)

El murmullo distante de los alumnos, en el cambio de hora apenas se filtraba por la puerta. En la sala de profesores reinaba un silencio agradable, roto solo por el tecleo ocasional, el aroma a café recalentado, docentes corrigiendo pruebas, unos peleando con la fotocopiadora y otros durmiendo con los ojos abiertos. Lo normal.

-¿Miss Carolina, cómo le ha ido con las evaluaciones iniciales de los cuartos? -preguntó Sofía mientras dejaba unos papeles sobre la mesa.

-Bastante bien -respondió Carolina, acomodándose los lentes-, aunque he tenido que repasar algunos contenidos anteriores antes de avanzar. ¿Y usted, Miss Sofía? ¿Cómo se ha adaptado al colegio? Escuché que este es su primer año como profesora.

-¡Oh! Sí, sí, me ha ido bastante bien. Ya comenzamos con los ensayos -dijo Sofía, girando su silla hacia ella y rascándose la nuca con cierta incomodidad-. Aunque creo que cometí un error eligiendo a las parejas en algunos cursos.

Carolina alzó una ceja, interesada.

-¿Oh? ¿Por qué lo dice?

Sofía soltó un suspiro breve, casi riéndose de sí misma.

-Bueno... en uno de los cuartos puse a trabajar juntos a dos chicos que, al parecer, no se llevan muy bien. Y ahora estoy empezando a pensar que quizá fue una mala idea.

Carolina dejó su lapicero, mirándola con una mezcla de compasión y diversión.

-Bienvenida al mundo real, Miss Sofía. Los estudiantes casi nunca se conforman cuando no son ellos quienes eligen a sus parejas para estar con sus amigos. Después, en la universidad, lo agradecerán.

Sofía río, más tranquila.

-Bueno, ¿quiénes son? A veces los alumnos solo exageran.

Sofía abrió la boca para responder... pero en cuanto dijo los nombres, sintió un escalofrío.

-Oh... bueno, si no mal recuerdo, se llamaba Lucas y Mateo.

La reacción fue inmediata.

La sala entera quedó en silencio absoluto.

Incluso la fotocopiadora dejó de sonar.

El profesor que estaba durmiendo abrió un ojo.

Una taza de café se quedó a medio camino hacia una boca que jamás llegó a probarlo.

Todos estaban MIRANDO.

Carolina parpadeó, muy lentamente.

-¿Lucas... y Mateo? ¿Juntos? ¿Usted los puso juntos? -preguntó, bajando la voz como si fuera información clasificada.

Sofía tragó saliva.

-¿... Sí? ¿Pasa algo? ¿Son estudiantes problemáticos?

Los profesores intercambiaron miradas cómplices, casi divertidas.

-Para nada. De hecho, son los mejores de la generación.

-Ay, Sofía... -dijo uno desde el fondo-. Esas dos estrellas no se pueden poner en la misma órbita.

-¡El año pasado casi sacaban chispas en mi prueba de debate! Digamos que se toman todo muy personal -añadió otra profesora.

-Son competitivos a morir -comentó el profesor de matemáticas, sacando una moneda del bolsillo-. Bien, ¿quién se une a reanudar la apuesta del año pasado?

Varias manos se levantaron de inmediato.

-¿La... apuesta del año pasado? ¿Qué apuesta? -preguntó Sofía, confundida.

Carolina suspiró, cruzándose de brazos, como quien ya lo ha explicado demasiadas veces.

-La apuesta sobre cuánto tardan esos dos en pelearse -dijo con total naturalidad.

-¿... Qué?

-Esto es parte de ser docente, créame. -añadió otro docente, levantando la mano con una sonrisa-. Yo pongo cinco dólares a que discuten antes de que terminen el primer párrafo del ensayo.

Sofía se cubrió la cara con las manos.

-Dios mío... ¿Tan grave es?

Carolina le dio un golpe suave en el hombro.

-Digamos que... su relación es famosa entre el personal. Como un fenómeno natural. Una especie de rivalidad.

-Es como nuestra telenovela -agregó alguien, provocando risas contenidas.

-O como ver TikTok, ya sabes.

Sofía dejó caer los brazos, derrotada.

-Tranquila, si te hace sentir mejor, ellos jamás se han peleado mal o han llegado a los golpes. Es solo una batalla entre dos cerebritos.

Quién sabe, puede que no sea tan malo -dijo Carolina mientras apoyaba su mano en el hombro de Sofía.

-Yo solo quería que hicieran un ensayo...

-Pues ahora también tiene entretenimiento garantizado -dijo un profesor, levantando su taza de café en señal de brindis.

Toda la sala rio.

Sofía no.


(Aclaraciones del autor)

La historia transcurre en Chile, específicamente durante el último año de colegio (4° medio). Los personajes tienen 17 años y, debido al contexto, se utilizarán modismos chilenos a lo largo de los capítulos.

Respecto a la narración, el punto de vista irá cambiando entre los protagonistas. Para que sea fácil de identificar, cuando el separador sea rojo el narrador será Lucas, y cuando el separador sea azul, el punto de vista será de Mateo. El tema de los rumores sobre el pasado de Mateo y su supuesta pelea aparecerá más adelante, ya que es una historia de desarrollo lento donde nada es lo que parece al principio.


Este es mi primer libro, por lo que lamento si encuentran algún error técnico durante la lectura. Espero que la historia sea de su agrado y agradezco mucho la oportunidad que le dan a este proyecto. Gracias por leer el prólogo.



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